Oldboy: la maestría en emociones fuertes

David Azar: @DavidAzar93

Laugh, and the world laughs with you; weep, and you weep alone.”

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Imagina la siguiente situación: despiertas en la habitación de un hotel mediocre, encerrado, sólo. No sabes dónde estás, porqué estás ahí ni cuanto tiempo lo estarás. Tu único confidente es una pequeña televisión asentada en una mesa frente a la cama, que al pasar el tiempo se convertirá en el único amigo que compartirá tu soledad. Pasan días, semanas, meses, años; nadie nunca te da una respuesta y la televisión, que se transformó en tu universo, te avisa en un reportaje noticiero que tu esposa fue asesinada. Peor aún: creen que tú eres el asesino. 15 años después del día uno de tu encierro, despiertas en la azotea de un edificio y una llamada telefónica te advierte que cuentas con tan sólo 5 días para averiguar cuál es la razón de esta locura.

Suena a la situación más retorcida pero también a una trama que difícilmente dejarías de seguir, y el realizador coreano Chan-wook Park tuvo el ingenio para convertirla en una de las películas más interesantes de los últimos años. Oldboy (2003) es una adaptación del manga japonés del mismo nombre escrito por Nobuaki Minegishi y Garon Tsuchiya. La cinta es la segunda entrega de la famosa y no planeada “trilogía de la venganza” del mismo Park, junto con Sympathy For Mr. Vengeance (2002) y Lady Vengeance (2005).

Oldboy nos conquista desde el primer instante con una secuencia cardiaca. Park nos introduce a esta odisea de venganza con unos primeros 30 minutos en los que el espectador estará tan desorientado como nuestro protagonista, Oh Dae-su (interpretado por el célebre Choi Min-sik). Este filme es un universo meticulosamente diseñado en el que Park nos entrega las piezas del rompecabezas una por una, a su debido tiempo, con la intención de que anhelemos la siguiente; es de esas películas que te enamoran por hacerte interactuar mediante la inteligencia y la deducción, en las que se emprende el viaje del protagonista, casi de la mano, para descubrir sus secretos con él.

Chan-wook Park es bien conocido por su estilo visual, moldeado a lo largo de su carrera gracias al uso de planos peculiares como travellings ingeniosos, transiciones sutiles y planos a detalle que abarcan más de lo que quieren detallar. En Oldboy, el director no pierde su toque de esteticismo por el que es famoso, al contrario, lo eleva a su punto más alto con la ayuda de la impecable fotografía de Chung Chung-hoon. La influencia del film noir es evidente desde el primer acto de la cinta: el antihéroe y sus misterios por resolver, un romance inestable y, el más subrayado y un sello reconocible de Park, la sed de venganza. Si la venganza con fundamento es rica, la venganza que Oh Dae-su anhela es deliciosa. La cinta puede contener situaciones un poco difíciles de digerir, como el incesto o la emblemática escena en la que Choi Min-sik se come un pulpo vivo.

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Después de que Oh Dae-su es liberado de su encierro se topa, por aparentes azares del destino, con la compañía de Mi-do (Kang Hye-jung), una joven chef de sushi que acogerá a nuestro antihéroe vengador para acompañarlo en su búsqueda de respuestas, seducida por la curiosidad. Lo que sigue es el explosivo viaje de Oh Dae-su por cumplir su misión. En la película encontramos algunas joyas visuales, cortesía de Park, como lo es la escena en la que Oh Dae-su se enfrenta a un grupo de bandidos con tan sólo un martillo en uno de los planos secuencia más impresionantes de la historia del cine.

Oldboy cumple con todos los tintes de un thriller psicológico, pero abarca demasiados géneros e influencias, haciéndola una ensalada visual. El cine coreano suele ser absurdo e irreverente con su humor negro, incluso en sus dramas, y eso es algo que Park sabe manejar con maestría; los momentos cómicos de Oldboy nutren la historia sin sacarte del suspenso y del drama antes sugerido. El esteticismo visual es imprescindible en la obra de Park, y particularmente notable con Oldboy. Se puede sentir la influencia de otros cineastas asiáticos de renombre como Kurosawa, con la simetría y composición del encuadre, y Wong Kar Wai, con ese estilo del juego de sombras e iluminación.

Desde que Oldboy vio la luz del día es considerada una obra maestra, y excelentemente recibida también en el mundo occidental. Claro, después de consumir thriller tras thriller con argumentos reciclados a la merced de un Hollywood a veces en sequía de ideas, un thriller tan explosivo e inesperado como lo es Oldboy impacta al espectador mal acostumbrado. Chan-wook Park es uno de los directores que más ha explorado el campo visual del séptimo arte en los últimos años, y si a eso lo sumamos su constante intención por crear historias de emociones fuertes, estamos hablando de un visionario al que vale la pena seguirle la huella, y Oldboy sirve de evidencia.

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