Mommy: la caótica y dulce mirada maternal de Xavier Dolan

David Azar: @DavidAzar93

“Les sceptiques seront confondus”

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Después de escuchar maravillas acerca de un tal Xavier Dolan, realizador québécois, quien con apenas 25 años en este mundo ha realizado cinco filmes, y el último siendo acreedor al Premio del Jurado en Cannes y la elegida para representar a Canadá en los Oscar, me pregunté: ¿quién es Xavier Dolan?

Todo es cuestión de tiempo: este verano, recién bañado con una gran experiencia en el festival cine de Guanajuato, me topé con la cuarta película de Dolan en la Cineteca Nacional: Tom à la ferme (2013). Fue justo cuando apareció el primer rastro de los créditos finales que supe enseguida que Xavier Dolan era un fiel discípulo del séptimo arte.

Es así como mis ganas de ver Mommy (2014) aumentaron precipitadamente; la 57 Muestra de Cine Internacional sería quien le diera al último filme de Dolan un digno estreno en suelo mexicano. Me embarqué un viernes saliendo de clases, en la compañía de dos amigos, a descubrir la supuesta magia que el público y jurado de Cannes habían atestiguado. Vaya que tenían razón; Xavier Dolan me hizo olvidarme de Tom à la ferme para instalar en mis recuerdos una de las cintas más emotivas que he visto en el año.

Si hablamos de Mommy en términos prácticos, entonces me gusta referirme a ella como un melodrama que capta en todo su esplendor el amor y sufrimiento de una madre a quien le tocó una pésima mano de poker para enfrentarse a la vida. La película sigue la inusual relación de Diane Després (Anne Dorval) y su problemático hijo adolescente Steve (Antoine Olivier Pilon) cuando se cambian de casa tras un nuevo intento de llevar a cabo una vida estable. Kyla (Suzanne Clément), la vecina de enfrente, es testigo de las locuras y conflictos de este vinculo familiar, y por razones aquí y razones allá, se termina acoplando al par. El resultado es una fuerte relación, cual montaña rusa, con violencia, desesperación y mucho amor de por medio; Kyla encuentra en Diane y Steve una familia que ella nunca había imaginado, a pesar de ser ella una madre por su cuenta.

Ahora, si hablamos de Mommy en términos técnicos, prefiero referirme a ella como un logro visualmente innovador. Dolan tomó la peculiar decisión de filmar lo que hasta ahora es su obra maestra con un aspect ratio de 1.1 (es decir, un cuadrado perfecto como marco de pantalla). Los primeros cinco o diez minutos de metraje pueden parecer claustrofóbicos, pero lo que logra Dolan con esta técnica es magistral: el 1.1 nos encierra dentro de los problemas de nuestros protagonistas, haciéndonos más que meros cómplices de sus crisis. No es sólo la presencia del 1.1 lo que adereza la trama, sino la manipulación de la misma: el aspect ratio cambia de 1.1 al widescreen tradicional en tres ocasiones. Cuando la cinta está en widescreen se respiran los momentos más felices y armoniosos, amplificando así la metáfora visual que Dolan sugiere con el uso del 1.1; estos tres cambios son los momentos más emotivos de la historia. El primero sucede a manera de interacción cuando Steve está patinando en medio de la calle con sus audífonos a todo volumen; Steve está eufórico, pues la compañía de su madre y Kyla han llenado de alegría su vida. Steve junta sus manos frente a él y poco a poco las va abriendo a los lados. Las barras que encierran la pantalla del 1.1 se van abriendo conforme las manos las empujan hasta que la pantalla se convierte en un widescreen tradicional; mientras esto sucede, suena la clásica Wonderwall de Oasis. Los otros dos momentos se sugieren como sueños lejanos, como paseos por las nubes que los personajes emprenden para escapar de sus crudas realidades (una representa de una manera muy tierna la relatividad del tiempo cuando uno se imagina una vida en cuestión de segundos). No es la primera vez que Dolan juega con el aspect ratio del filme para despertar emociones: en el clímax de Tom à la ferme, el director emplea la misma técnica (con diferentes formatos de pantalla) para crear un ambiente de tensión y suspenso.

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El realizador quebecois es célebre por manejar el concepto de la homosexualidad en su filmografía (siendo él homosexual abiertamente). Sin embargo, en Mommy esto no se encuentra del todo presente. Uno podría asumir que hay algún tipo de romance lesbico entre Diane y Kyla, cortesía de diálogos que flotan en el aire con tendencias de doble sentido y la falta de presencia romántica por parte del esposo de Kyla. Lo interesante para algunos (o frustrante para otros) es lo indirecto que esta sensación es; supongo que queda a la interpretación del público.

El erotismo sí viene directo, pero de una manera un poco irregular: el complejo de Edipo. Steve tiene un lazo muy fuerte con su madre, que Dolan plasma en pantalla con besos en los labios e impulsos desenfrenados. El concepto psicoanalítico que Freud tomó de la famosa tragedia griega define muchas de las crisis por las que Steve pasa a lo largo de la cinta. Esto se justifica cuando Diane le menciona a Kyla que Steve sufre de Trastorno Negativista Desafiante, entre otros problemas psiquiátricos. Es un enfoque un poco torcido de una relación madre-hijo, pero conforme el filme se acerca a su clímax (y posterior resolución), este concepto se apacigua hasta transformarse en un brillo de amor maternal, cariñoso y auténtico.

Dos cosas que en lo personal terminé alabando del quinto filme de Dolan fueron la elección de la deliciosa banda sonora, que tal vez en otras circunstancias habría sido cursi, y la química tan perceptible entre los actores. Dolan ha hecho ruido al rededor del mundo por su ritmo acelerado de realización: cinco películas desde el 2009. Esto te hace pensar que el director apenas tiene tiempo entre la finalización de un proyecto y el despegue de otro. Sin embargo, con Mommy pareciera que el reparto convivió por muchísimo tiempo antes del rodaje por la dinámica tan realista que se percibe entre ellos.

Si la intención de Dolan era una propuesta fresca del amor maternal, yo me atrevo decir que lo logró por mucho. Con un metraje de 134 minutos, Dolan fue capaz de mantener una historia cargada de energía de principio a fin; no hubo un sola escena en la película que me cayera de más, ni tampoco una ausente que se necesite. Podría decirse que Mommy le sirvió a Dolan para graduarse de la academia de cineastas amateurs y contar ahora con su asiento en la mesa de los “niños grandes”. Una propuesta tan original y aterrizada como Mommy es, con mucho gusto, recomendada por un servidor.

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