Antonioni Creando Vacíos

“Devo solo pensare che in fondo tutto quello che mi capita è la mia vita”

Deserto Rosso 4

Mi primer acercamiento a Michelangelo Antonioni fue, irónicamente, con uno de sus últimos títulos: Identificazione di una Donna (1982). Ésta es la faceta híper internacional de Antonioni, quien ya había sido visto por el público de todo el mundo y galardonado en todos los festivales de prestigio. Muchos los tachan de mero cine de contemplación, sin mucho contenido narrativo, sin mucha trama. Yo no lo creo así.

Un pase de cortesía para la función inaugural de la retrospectiva de Antonioni en la Cineteca Nacional fue el portero que me abrió las puertas a mi verdadero gusto por el realizador italiano. La función fue su aclamada Il Deserto Rosso (1964), ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia y mi segundo acercamiento a la misteriosa mente del director más poético de la modernidad. Tengo que admitir que no es un filme fácil de digerir; el cine de Antonioni no está hecho para todos.

Protagonizada por su musa, Monica Vitti, Il Deserto Rosso (o Red Desert, como se le suele conocer internacionalmente) toca dos temas bien explorados pero curiosamente mezclados por Antonioni: el terrible vacío de una mujer por falta de afecto, y el acelerado cambio que el desarrollo industrial trajo a Italia veinte años después de culminar la segunda guerra mundial. Este último se maneja con una dualidad sutil, pues el repentino cambio de la industria se da en lo tecnológico, pero Antonioni también sugiere un cambio moral en la gente, o mejor dicho, en los personajes.

Antonioni siempre fue considerado un poeta visual que trataba temas de la modernidad y sus descontentos, mejor reflejados en su famosa trilogía conformada por: L’Avventura (1960), La Notte (1961) y L’Eclisse (1962); Il Deserto Rosso no es la excepción, pero se complementa con los problemas que carcomen a la protagonista. El filme se centra en Ravenna, ciudad donde la industrialización italiana tuvo su auge, y sigue la historia de Giuliana (Vitti) y su sentimiento de alienación desde que tuvo en accidente automovilístico. Giuliana es una mujer casada con Ugo, un ingeniero importante encargado de una planta petroquímica. Ugo le ha dado todas las necesidades de vida básicas a Giuliana, pero nunca el amor y la atención que una mujer necesita. La semilla de la historia se siembra cuando Giuliana conoce a Corrado (Richard Harris), socio de Ugo. Corrado se siente sumamente atraído a Giuliana e intentará todo para ser la salvación de su aislamiento emocional.

Deserto Rosso 1

La película va de paseo en paseo, de un lado a otro, a la deriva entre paisajes que reflejan con exactitud los sentimientos de los personajes: terrenos grises y baldíos, secos y tristes, contaminados y contaminando, con Giuliana buscando la salvación, un sentido a la vida para llenar su vacío emocional. La relación que Giuliana desarrolla con Corrado es auténtica porque él también es un alma perdida; la única diferencia es que Corrado si ha logrado encontrar un modo de adaptarse al día a día. Il Deserto Rosso, o tal vez Antonioni en general, no te va a explicar convencionalmente el sufrimiento de los personajes; estos vienen sugeridos en pequeños fragmentos de diálogos y en lo que yo considero la maestría cinematográfica de Antonioni: el blocking de los personajes. Como dice el académico Mark Le Fanu en uno de sus ensayos acerca del filme: escuchamos lo que dicen (los personajes), pero por medio de sus movimientos, vemos lo que piensan. Antonioni nos mete en un espacio amplio (ya sea una habitación o al aire libre) con dos o tal vez tres personajes, dos páginas de guión con puro diálogo, y lo que logra con el blocking es magia: en muchas ocasiones vemos a Giuliana expresar sus miedos y frustraciones (en la misma marca de lugar) y a Corrado tratando de apaciguarla (avanzando hacia Giuliana), es entonces Giuliana expresa, por medio de diálogo, lo inútil que es la ayuda (se aleja de Corrado y busca otra marca de lugar) y Corrado busca otra forma de confortarla (se mueve de esa marca a otra, esperando otro momento para acercarse a Giuliana). Es un trabajo de talento entre director y editor el que se necesita para poder realizar esta técnica a la perfección; Antonioni y Eraldo Da Roma, su editor, lo entendían muy bien.

Cabe mencionar que Il Deserto Rosso es la primera cinta a color de Antonioni, quien ya tenia una trayectoria bien definida y galardonada en ese entonces. La década de los 60’s fue muy importante en el cine por la transición del blanco y negro al color, pero fue aún más interesante ver esta transición en directores que ya eran considerados maestros del séptimo arte; Antonioni era uno de estos. Antonioni, sin embargo, se va por un camino muy particular con el uso del color. La paleta de color del filme es muy pálido, con el propósito de acentuar la falta de vida dentro de Giuliana, quien vaga sola por estos tonos. Curiosamente, el título de la cinta cuenta con el nombre de un color, el cual es considerado como el color de la pasión o de la locura, y no es hasta las ultimas escenas de la película cuando Antonioni decide empaparnos de éste, inteligentemente pensado para ir de la mano con la catarsis de Giuliana. Il Deserto Rosso es una película muy colorida sin usar los colores porque es por medio de las emociones expresadas por los personajes que estos colores, de por sí opacos, hacen énfasis en la historia y tienen un sentido.

Deserto Rosso 2

No es que Antonioni se tarde mucho en planos de paisajes contemplativos con sus personajes deambulando inútilmente, ni que los actores se muevan a lo tonto en una habitación cerrada, sin sentido alguno, diciendo una sarta de cosas sin sentido; tenemos que entender la obra para poder verla como se pretende, y tenemos que entender que Antonioni es más poeta que novelista, es más metafórico que directo, más metafísico que conciso. La modernidad vino aplastando los valores tradicionales de la gente, y en el caso de Giuliana, vino aplastando su vida y le dejó una tremenda necesidad de compañía que no encuentra ni en el amor más sincero que Corrado pueda profesarle; eso es poesía, eso es Michelangelo Antonioni.

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