Drive: más allá del esteticismo

David Azar: @DavidAzar93

“Any dreams you have, or plans, or hopes for your future… I think you’re going to have to put that on hold. For the rest of your life you’re going to be looking over your shoulder.”

Drive 2

Tuvo que ser hasta después de la quinta vez que vi Drive (2011) que me digné a escribir mis impresiones sobre lo que considero que es una obra maestra del cine contemporáneo. Puede que este análisis les parezca muy subjetivo por lo mucho que alabo a Drive, pero es que la cinta de Nicolas Winding Refn se ha convertido en una de mis favoritas por razones que explicaré a lo largo del texto.

Primero que nada, quiero aclarar que antes de ver Drive ignoraba absolutamente quién era Nicolas Winding Refn y de qué iba su cine. El danés me cautivó con su estilo pseudo minimalista, sumamente estético y violento (hay que aclarar, no es que el cine de Refn sea continuamente violento, sino que cuando la violencia se presenta, se explota hasta llegar al gore que muchos cinéfilos simpatizantes del estilo Tarantinezco aprecian). Drive me sirvió como la puerta al cine de Refn, quien considero un artista nato, pues después de ésta devore ferozmente la filmografía del director (excepto por Bleeder [1999] y su aparente tropiezo Fear X [2003]) tratando de encontrar los encantos que Drive me regaló. Disfruté mucho el recorrido, empezando por su trilogía de culto Pusher (1996; 2004; 2005), recorriendo su retorcidamente divertida Bronson (2008), e incluso disfruté del simbolismo rebuscado de Valhalla Rising (2009) y Only God Forgives (2013). En mi opinión, ninguna ha superado Drive.

Con un guión de Hossein Amini (adaptación de la novela homónima de James Sallis), Drive sigue la simple historia de un stunt driver de películas hollywoodienses que al enamorarse de una mujer casada se ve envuelto en una serie de complicaciones con un grupo de mafiosos de Los Ángeles. Habrá quien me mande al carajo cuando digo lo siguiente: Drive no es una película de crimen, ni de acción, ni de drama; los tres anteriores están en la película, pero realmente Drive es una película de amor. Corrección, Drive es una excelente y bien fundamentada película de amor sincero: no nos enfoquemos en el estilo, tono y manejo de elementos cinemáticos típicos de una película (pacing, manejo de violencia, score, etc.).

Hagamos un verdadero análisis tomando en cuenta lo más importante (en términos narrativos) de una película: el protagonista, sus conflictos y las acciones que realiza para resolverlos. El conductor (me referiré así al personaje, pues no tiene un nombre y se acredita como driver en la película), interpretado fría pero eficazmente por Ryan Gosling, puede parecer la persona más desolada, seria y metódica posible, pero demuestra ser un hombre muy sensible y cariñoso cuando Irene (Carey Mulligan), su vecina de piso, le abre las puertas de su vida, la cual incluye a Benicio, su hijo. Ésta idea de personaje frio y robotizado que se enamora funciona muy bien; nos enseña que una persona con estas características de solitario ama con más intensidad cuando la oportunidad se le presenta (esta oportunidad siendo aparentemente más reducida en este tipo de personalidades).

A partir del momento en que el conductor y Irene pasean en coche y ésta posa su mano sobre la suya, como símbolo universal de amor, es cuando la película realmente empieza: nuestro protagonista está sumamente enamorado y desde ahora hará cualquier cosa por proteger y convivir con su alma gemela.

Los obstáculos llegan acarreados por Standard (Oscar Isaac), el esposo de Irene, quien regresa inesperadamente a casa después de salir de la cárcel gracias a la ayuda de algunos mafiosos. Digo acarreados porque Standard realmente no es una mala persona que viene a derramar problemas porque así lo desea, simplemente tiene deudas con gente mala, deudas que ponen en peligro el bienestar de Benicio y Irene; esto es algo que el conductor no puede dejar que ocurra. A esto me refiero cuando digo que Drive es una película de amor sincero; el amor que el conductor siente por Irene es tan grande que éste es capaz de arriesgar su vida (ofreciéndose como el conductor en el robo que Standard tiene que llevar a cabo para saldar su deuda) aun cuando sabe que al final, incluso si el robo sale bien, ella no le va a corresponder ese amor. Eso es poner a la otra persona primero que a ti, dar tu vida sin pedir nada a cambio solo por la certeza de que la persona que amas va a estar a salvo y será feliz; la definición de amor verdadero. Es triste que este concepto se vea opacado (sobre todo para las mujeres espectadoras de esta película) por escenas exageradamente violentas y un ritmo narrativo lento aunque notablemente in crescendo. Esta idea de amor verdadero también se define en la línea que Shannon (Bryan Cranston) le dice al conductor después de haberle removido una bala en el brazo: “A lot of guys mess around with married women, but you’re the only one I know who robs a joint just to pay back the husband. Crazy.”

Drive 1

Incluso el final amplifica el dramatismo del amor verdadero: el conductor nunca tuvo interés alguno por el dinero, al grado de abandonarlo junto al cadáver de Mr. Rose; su misión consistía en asegurar el bienestar de Irene y Benicio. Al final el conductor no regresa a su alma gemela, aunque ésta finalmente esté disponible para nuestro héroe, esperándolo; en cambio, el conductor se sumerge en las luces de la ciudad con su auto, su herida sangrante y lagrimas en los ojos, sin intenciones de regresar con Irene. He escuchado a muchos quejarse del final, acusando al protagonista de estúpido: ¿por qué no se fue con Irene al final? ¿y por qué no se llevó el dinero? Mi teoría es que la razón por la que no regresó fue por lo mismo: por amor. El conductor sabía que a partir del momento en el que liquida a Mr. Rose, ya no es seguro para Irene convivir con él porque más problemas vendrían para todos. Nuevamente el protagonista renuncia a lo que más ama por un bien más grande, eso demuestra aun más valentía que robar cualquier banco en Los Ángeles.

Es cuestión de enfocar la vista en los elementos narrativos que se esconden bajo el estilismo de Drive, algo que por cierto ha sido objeto de crítica negativa en la cinta: una bola de materialismo bonito comenzando por la elección del guapo Ryan Gosling como protagonista, una chaqueta sexy con un escorpión dorado bordado en la espalda, guantes de piel café, un palillo de dientes en boca, en un coche americano clásico con música electro pop al mero estilo de los 80’s. Sí, es verdad que Drive optó por un estilo estético peculiar y tal vez incluso artificial que puede ser interpretado como estrategia de marketing, pero no olvidemos que existe una historia bien construida y fundamentada en la cinta y el realizador danés se puede dar el lujo de tirar cuanto aceite le plazca en pantalla; como quien dice: lo demás es lo de menos.

En mi opinión, hay dos elementos que merecen suma atención en Drive: la proeza de la fotografía y la del sonido; toda la estética se resume en la primera y toda la tensión en la segunda. Refn optó por un estilo de narración lento que se traduce en planos muy tenues filmados con Dolly y otros planos fijos muy bien sostenidos y hermosamente iluminados (recuerdo haberla visto en una ocasión con un amigo quien no dejaba de repetir lo bonito que se veía cada plano). El sonido, por otra parte, es materia de suspenso y tensión, magistralmente colocados en momentos precisos; así como la película es lenta, también es silenciosa; y así como cuando aparece violencia, es harta, cuando aparece un momento digno de electrificarnos, es de harta calidad auditiva. La tensión que el audio produce puede ser perfectamente ejemplificada en el comienzo de la película: el conductor realiza un trabajo (robo) con dos sujetos desconocidos. El conductor espera en el auto mientras los sujetos realizan sus actividades ilícitas dentro de un edificio. El conductor les tiene el tiempo contado (una de sus condiciones de trabajo es cinco minutos exactos de espera durante el robo) y pronto somos victimas de la tensión cuando se arrojan varias capas de sonidos en la escena: el tic tac del reloj/cronometro, el juego de baloncesto por la radio, la señal de radio de la policía y el molesto sonido que el coche emite cuando está encendido y una puerta se encuentra abierta; toda una ensalada de sonidos que se convierte en buen suspenso mientras esperamos junto al conductor que los sujetos regresen al vehículo para su pronto escape. Otro ejemplo del excelente manejo del audio en la película se puede observar en el uso mismo de la violencia ¿es Drive realmente muy violenta? Pongamos un poco de atención en una de las escenas más violentas de la película: la escena del beso en el elevador (en lo personal, uno de los mejores besos en la historia del cine). Todos los que hemos visto Drive recordamos inconfundiblemente esta escena donde Ryan Gosling destruye el cráneo de un matón a pisotones, algo que todos tachamos rápidamente de gore en su momento, pero detengámonos un momento y tratemos de recordar… ¿qué tanta sangre y sesos vimos en pantalla? fueron aproximadamente dos tristes fotogramas los que muestran la cabeza de la victima del conductor siendo brutalmente aplastada. Es decir, es el audio el que crea una atmosfera de ultra violencia. Les propongo que vean nuevamente esa escena (o de preferencia toda la película para una nueva interpretación) y escuchen atentamente a los sonidos incomodos que se introdujeron para hacernos una imagen mental de lo que no se deja ver mas allá de dos fotogramas. Espléndido audio de posproducción y nada más.

Recomiendo Drive por muchas razones, pero más que nada por la intensidad que carga en su simplicidad. No por algo Refn se llevó el premio a Mejor Director en el Festival de Cannes por esta película.

One thought on “Drive: más allá del esteticismo

  1. Alexis 12 enero, 2015 / 2:34 am

    excelente análisis hermano, y excelente película. sin duda la veré again.. que sigan los éxitos bb

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