Whiplash: el latigazo necesario para la superación

David Azar: @DavidAzar93

“There are no two words in the english language more harmful than ‘good job'”

Whiplash 1

Si eres de los que piensan que en este mundo no hay nada más fuerte que el amor, tal vez no has visto Whiplash (2014), porque es más fuerte la obsesión. El segundo largometraje del realizador Damien Chazelle es, en mi opinión, uno de los filmes más intensos del 2014 y, por consecuente, de los nominados de ese año. ¿A qué me refiero con intenso exactamente? No hay una sola escena que no te ponga nervioso o ansioso, la música acarrea una energía vital todo el tiempo, las actuaciones sobrepasan los limites de la entrega, e incluso yo salí de la sala con una ligera sensación de taquicardia gracias a la odisea de percusión en el desenlace de la cinta; Whiplash es un triunfo.

La cinta sigue la historia de Andrew Neyman (Miles Teller), un baterista de 19 años que cursa su primer grado en el prestigioso conservatorio de música Shaffer Conservatory. El profesor y director de banda Terence Fletcher (J.K. Simmons) lo elige para ser el baterista suplente de su conjunto. Poco a poco, conocemos la verdadera identidad de Fletcher, un maestro que está dispuesto a sobrepasar cualquier barrera, por oscura que sea, para mantener la calidad de música en su banda.

Es aterrador como una figura de autoridad puede convertirse en una deidad para alguien que esté ciegamente obsesionado con la grandeza, y es esto mismo lo que marca el ritmo del filme. Fletcher opta por los medios más duros para que su banda toque la música más perfecta. La película es increíblemente dinámica en la construcción de sus personajes; Andrew se arroja a un abismo de descontrol in crescendo al intentar impresionar a Fletcher, al intentar ser el mejor. Fletcher, por otro lado, tiene un cambio aun más drástico y revelador cuando, después de las locuras por las que hace pasar a Andrew, le confiesa a éste el porqué de sus métodos, las razones detrás de su intensidad. Es justo en este momento cuando volteamos a vernos a nosotros mismos y nos decimos “aquí hay un hombre con visión como nadie”, y al mismo entramos en conflicto por pensarlo, pues hemos visto a lo largo de una hora cómo su actitud puede ser tan destructiva para sus alumnos, al grado de llegar al suicidio. Algunos diremos “el fin justifica los medios”, otros pensaremos que es demasiada su obsesión. Sea como sea, Fletcher está buscando a su Charlie Parker, y Andrew sigue anhelando serlo.

El desenlace de la película tiene la energía de un millón de soles tanto por su subtexto como por la fusión de su increíble montaje de imágenes y excelente composición musical de Jazz; es aquí cuando me pregunto con desesperación dónde está la nominación a Mejor Director para Damien Chazelle. Llegamos al punto en que Fletcher ya no busca que Andrew sobrepase las barreras ordinarias para convertirse en un músico único, ahora busca acabar con Andrew, destruirlo permanentemente. Una broma cruel es el platillo que se cocina Fletcher y lo sirve en el JVC Jazz Festival, donde su banda tocará con Andrew como baterista de cabecera. El delicioso giro se presenta cuando Andrew decide dar su todo para contraatacar a Fletcher en plena presentación y dirige la banda, dejando en ridículo a su mentor; Fletcher, después de tantos años de traumatizar alumnos con tal de encontrar una leyenda, y terminar siendo expulsado de Shaffer, decide vengarse de un mocoso más y termina descubriendo a su Charlie Parker en medio de una furia incandescente de percusión que ni el mismo Andrew sabía que llevaba dentro. La magia está en la idea del desenlace, pero la ejecución por medio de la dirección de Chazelle hace esta magia tan tangible que el espectador se lleva una experiencia grabada en su memoria. El alumno supera al maestro, y estos se agradecen el uno al otro de una manera muy poco convencional, lo que hace de Whiplash una propuesta de inminente calidad.

Resaltan, por si fuera poco, las actuaciones de Miles Teller y J.K. Simmons; el primero es una total revelación con muchas ofertas por delante, y el último pinta para ser el acreedor al Oscar como Mejor Actor de Reparto, totalmente merecido.

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