Gomorra; la otra cara de la mafia en pantalla

David Azar: @DavidAzar93

Gomorra 1

La mafia es un tema que se ha retratado recurrentemente en el cine. Desde sus inicios, muchas películas de mafia han emergido y evolucionado hasta dar origen a un género multifacético, mostrando de distintas maneras el estilo de vida del gangster como temerario e incluso como antihéroe. Hollywood, al igual que con muchos de los géneros cinematográficos durante la época de oro, desarrolló clichés y fórmulas que convirtieron los filmes de gangsters en un conjunto de reglas convencionales que darían lugar a la creación de muchas películas con los mismos patrones establecidos: mafiosos italoamericanos con clase, fraternidades y traiciones, la importancia de la familia, el dominio del barrio o incluso la ciudad entera, etc.

Las excepciones a la regla surgieron cuando otros países plasmaron en pantalla sus puntos de vista de acuerdo al significado de crimen en sus respectivas culturas. Estos filmes mostraron una frescura por medio de diferentes rostros del crimen y establecieron el hecho de que un gangster no se mueve necesariamente alrededor de una vida elegante y entretenida. Tokyio Drifter (1966) de Seijun Suzuki en Japón, Cidade de Deus (2002) de Fernando Meirelles en Brasil, la trilogía Pusher (1996, 2004, 2005) de Nicolas Winding Refn en Dinamarca, La Haine (1995) de Mathieu Kassovitz y Un Prophète (2009) de Jacques Audiard en Francia y Sin Nombre (2009) de Cary Foji Fukunaga en México son tan solo algunos ejemplos de filmes que han demostrado que el crimen no es tan solo un fenómeno de chicos rudos en vidas estilizadas. El realismo no es una característica predilecta para Hollywood en su cine de gangsters.

Fue en el 2008 cuando Matteo Garrone sorprendió a las audiencias de todo el mundo con su filme Gomorra. El filme italiano, basado en el libro homónimo de Roberto Saviano, reúne diferentes tópicos y explora la iniciación y desarrollo de la vida criminal en un rincón del sur de Italia. Garrone construye una imágenes violentas y crudas a través de un ritmo lento, resultando en una sensación más realista. El realizador nos lleva al núcleo del clan Casalesi, un sindicato criminal dentro de la Camorra, para explicar todos los factores que crean y sostienen el estilo de vida tan violento de Nápoles, la ciudad donde se sitúa la historia.

El uso de imágenes violentas es una técnica especializada en la que Garrone destaca con maestría: el director sugiere que una violencia intensa está a punto de ser mostrada en cualquier momento y, de pronto, engaña a su audiencia con la ausencia de ésta, creando así una tensión que prevalece en la mayoría del filme. No es que la violencia nunca se concrete, sino que cuando la vemos en pantalla es impredecible y brutal. La acción aparece en el momento que menos lo esperas, y está ausente cuando más crees que estallará. La escena con la que abre la película es un ejemplo perfecto de cómo Garrone utiliza esta técnica.

Otro magnífico elemento ejecutado por el director es el desglose de la estructura del crimen organizado. Gomorra nos presenta la dura realidad de cómo funciona la mafia napolitana: la extorsión en donde familias de escasos recursos se ven involuntariamente involucradas, la iniciación de niños en la Camorra, los negocios y administración de la mafia, la jerarquía imprescindiblemente respetada, las soluciones precipitadas cuando las complicaciones se asoman, la corrupción que sirve de escudo protector a estos gangsters, etc. Todo está excepcionalmente desarrollado y construido en cuanto al estilo narrativo del filme: se siguen cada uno de estos tópicos a través de diferentes personajes, y cada uno de ellos lucha contra sus propios demonios. Garrone quiere mostrar a su audiencia todas las facetas del crimen; busca que todos seamos testigos impotentes de los que sufren y de los que se benefician de este fenómeno.

La película de Garrone, con sus características originales y elementos narrativos, se ha convertido un referente en el nuevo cine de crimen desde que se estrenó hace casi diez años. La banda sonora se mezcla con las sensaciones fuertes que las imágenes sugieren, y el uso de la violencia cruda es brillantemente expuesta con altibajos de imágenes y sonido.

Gomorra no es un acercamiento con fines de entretenimiento de lo que podría ser la mafia en Italia. Es más bien un ejercicio de análisis que hace del filme una experiencia gratificante para el espectador que disfruta ser parte de la historia, aunque sea como un testigo de las banalidades de los mafiosos y su destructiva naturaleza.

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