Perdidos: el ‘found footage’ en el cine mexicano

David Azar: @DavidAzar93

Perdidos 3

El festival de cine de género Macabro FICH 2015 trajo consigo una propuesta muy fresca y revitalizadora para el cine de terror mexicano: Perdidos (2015), una película de Diego Cohen.

El filme se categoriza en el found footage, subgénero que vio la luz del día con la cinta que algunos consideran un bodrio y otros una joya del cine de terror y del cine independiente en general: The Blair Witch Project (1999). El found footage apuesta por un enfoque tipo realista que invita al espectador a un recorrido vertiginoso, casi tangible, contado a través de una narración en primera persona tipo documentalista, sin dejar de ser ficción. Las películas found footage juegan con la premisa del espeluznante material que ha sido encontrado en una cámara de video amateur extraviada. Algunos ejemplos del subgénero son la caótica épica de Matt Reeves Cloverfield (2008) y la exitosa saga de terror Paranormal Activity (2007-2015), de la cual la primera entrega recaudó más de siete mil veces su austero presupuesto. Si a la información anterior agregamos la escasa producción de cine de género en México, podemos entonces decir que Perdidos es, si acaso no un triunfo, una hazaña para la innovación cinematográfica del país.

Cohen nos cuenta la historia de cuatro estudiantes de cine que se reúnen para filmar un cortometraje documental acerca de unos baños olvidados en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Nunca se ha registrado material de este establecimiento que supuestamente está embrujado, y los protagonistas pretenden hacerla de caza fantasmas (incluyendo chistes locales de esta película) para realizar una tesis única. El realizador nos notifica acerca de los hechos ocurridos en torno a la parte paranormal de la película justo al inicio, a manera de prólogo, adjuntando una grabación de audio que nos pone prepara mentalmente para lo que veremos a lo largo de sus 93 minutos de duración. Lo siguiente es la aventura de estos estudiantes, con actuaciones precisas, diálogos pertinentes y naturales, y un ritmo muy eficiente y acorde a la premisa a desarrollar; a mi parecer, los atributos más fuertes de Cohen. No todo apunta a una experiencia inmaculada, pues las vacas flacas del director se manifiestan en la repetición de algunos elementos que pretenden espantar a su audiencia y en una aceleración desmesurada en su tercer acto.

¿Qué puedo concluir de Perdidos? Que es una propuesta con todas las de valer la pena por su valor fuera de lo convencional y por su frescura para el cine mexicano de terror contemporáneo, una propuesta percibida por el ojo de un artista que parece que brinda hasta el último gramo de su entusiasmo para brindarnos un espectáculo aterrador. No solo espero, sino también supongo que Diego Cohen mejorará de proyecto en proyecto. Por el momento les invito a ver Perdidos, que tendrá su estreno comercial en algún momento del 2016, nos comenta el joven director, además de la confidente noticia de estar trabajando ya en la secuela.

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