Crimson Peak; la cumbre del romanticismo en el cine de Guillermo Del Toro

David Azar: @DavidAzar93

Crimson 3

Esta majestuosa del terror gótico y esencia victoriana marca un salto olímpico entre la pasada cinta de Del Toro, Pacific Rim (2013), pero al mismo tiempo representa un regreso estilístico del director mexicano que ha plasmado ya en otras películas como El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006): lo fantasmagórico.

A pesar de su reparto de grandes ligas, donde figuran Tom Hiddleston, Mia Wasikowska y Jessica Chastain, y el excelso trabajo en sus decorados y dirección de arte, Crimson Peak cuenta con cerca de la tercera parte del presupuesto del homenaje kaiju que Del Toro vislumbró hace dos años. Y sí, visualmente es exquisita y bien aterrizada, pero otro elemento que resalta en esta historia de fantasmas es la elaboración psicológica de sus personajes, teniendo en cuenta la base del romanticismo gótico en la que Del Toro trabaja.

La película es romántica, desde los personajes hasta las tragedias, y debe ser tomada por lo mismo para poder ser apreciada como una cinta de terror. En este sentido, no es una película de terror para todos. El guión hace justicia en lo que al romanticismo respecta, revelando meticulosamente los puntos clave con una construcción de trama muy rítmica, que también hace mancuerna con diálogos que en su momento parecen carecer de importancia, pero conforme se aprietan los nudos de la historia es conveniente regresar a ellos. Para esta característica creativa se necesitó de Matthew Robins, con quien Del Toro comparte el crédito de guionista. Robbins es un veterano del guión cinematográfico, responsable de cintas como The Sugarland Express (1974) y Close Encounters of the Third Kind (1977) de Steven Spielberg, y no es novedosa su colaboración con el cineasta mexicano; ya han hecho mancuerna previamente con Mimic (1997) y más recientemente con Don’t Be Afraid of the Dark (2010), dirigida por Troy Nixey y producida por Del Toro.

Una vez más, el cineasta nos da una cátedra de Historia, específicamente sobre el desarrollo tecnológico de la revolución industrial, y lo hace con elegancia y sutilidad, jugando con una dinámica muy interesante: los conocimientos científicos para probar la existencia de los fantasmas. Esta amalgama de elementos narrativos le da un toque peculiar a la cinta de Del Toro, donde incluye artefactos como los cilindros de cera, precursores de la grabación de audio, y técnicas fotográficas de la época para el registro de seres del más allá. Muchos fanáticos apreciarán este detalle del director.

Las aportaciones de Thomas Sanders y Kate Hawley en el diseño de producción y vestuario, respectivamente, son de altísimo valor narrativo; te transportan a las locaciones lúgubres y frías, y sientes la historia llena de vida en todo momento. Me atrevería a decir, como dijo Edith (Wasikowska) en una de las escenas, que Crimson Peak no es una historia de fantasmas, sino una historia con fantasmas. La película trasciende en tantos otros temas como el amor y el perdón, haciendo del terror tan sólo la forma y no el contenido. Podría confesar que, junto con El laberinto del fauno, se trata de la película más humana de Del Toro.

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