Heavy Metal; rock, gore y pechos gigantes

David Azar: @DavidAzar93

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Dentro del baúl de las películas de culto que cuentan historias efímeras, irreverentes, fantasiosas, surrealistas e incluso oníricas, encontramos la fantástica Heavy Metal (1981).

Para referirnos a la creación de esta antología de animación para adultos, primero es esencial referirnos a la fuente original de donde ésta surge. Todo comienza alrededor de 1974, en París, donde los genios del arte gráfico Jean Giraud (mejor conocido en el medio como Mœbius) y Philippe Druillet, el periodista Jean Pierre Dionnet y Bernard Farkas unen sus fuerzas para crear el proyecto de antología de comics Métal Hurlant. Bajo el nombre de Les Humanoïdes Asociés, y con trece años seguidos de publicar sus historias, los cuatro franceses crearon uno de los proyectos más reconocidos en la historia del arte gráfico francés. Tan grande fue su impacto en la cultura popular, que el publicista estadounidense Leonard Mogel descubrió Métal Hurlant y, seducido por su contenido, se hizo a la tarea de traerlo al continente americano. Así, en 1977, nace la revista de culto Heavy Metal.

Fue cuestión de un par de años más para que Ivan Reitman, el cineasta responsable de películas de gran talla como Ghostbusters (1984) y Twins (1988), se interesara en el material que Mogel logró traer a Estados Unidos, para aterrizarlo en el plano cinematográfico. A Reitman le interesaba la idea de experimentar en el terreno de animación, pero con una intención de por medio: romper el paradigma de aquél entonces de que la animación es para niños, mismo que el cineasta atribuía a razón de las producciones de la maquinaria de Disney. Con total fascinación por el arte conceptual de las historias de Heavy Metal y nula experiencia en el cine de animación, Reitman se enfundó como productor junto con Mogel y como consecuencia se concibe la primera gran referencia de animación norteamericana de culto de segunda mitad del siglo pasado: Heavy Metal, la película.

Para la dirección del proyecto se contrató a Gerald Potterton, quien previamente había colaborado en la animación Yellow Submarine (1968) de la banda The Beatles. Reitman y Mogel decidieron acudir directamente a las páginas de Heavy Metal como fuente principal de inspiración, decantándose en historias con personajes fantásticos y situaciones surrealistas. Todo ambientado en el género de la ciencia ficción. Para que el proyecto pudiera tener una estructura coherente, se pensó en un hilo conductor que uniera todos los segmentos que conformarían la película. Finalmente, se decidió que ese hilo conductor fuera el Loc-Nar, una esfera flotante -aparentemente extraterresetre- de color verde que contenía la maldad pura de todo el universo; la base narrativa de la adaptación de Heavy Metal. Este elemento, según el equipo de animadores y guionistas, fue uno de los más difíciles de desarrollar durante el proceso creativo de la película.

La película constituyó un éxito muy fresco para el concepto en el que se basó: la animación brindó la oportunidad de jugar con técnicas que lograron trucos visuales muy atractivos para la época. De igual manera, la música jugó un papel casi esencial para la película: el score de Elmer Bernstein, que interpretó la Royal Philharmonic Orchestra, se considera hoy en día como una de las mejores partituras en una película de culto. A esto le agregamos la variada banda sonora que hace justicia al titulo de la película, conformada por músicos de rock muy populares como Black Sabbath, Don Felder y Sammy Hagar, entre otros.

Las semanas que la película duró en cartelera fueron más de las que Reitman y Mogel habían previsto. La audiencia la conformaban principalmente jóvenes hipnotizados por el rock and roll. De alguna manera no intencional, Heavy Metal llegó a las pantallas de Estados Unidos al reinicio de una etapa conservadora de la sociedad norteamericana; Ronald Reagan comenzaba su administración y los valores liberales que tanto caracterizaba al país en ese entonces comenzaban a desvanecer. En este último sentido, Heavy Metal conformó uno de los últimos referentes de cultura popular para una sociedad desenfrenada y rebelde que buscaba excesos dentro de la norma impuesta por sus antecesores. Reitman menciona en el documental Imagining Heavy Metal que en una ocasión notó al público compartirse porros de marihuana constantemente durante la proyección de la película.

Hoy en día la recepción de Heavy Metal no ha cambiado mucho. En el colectivo imaginario, la cinta se percibe como una de esas experiencias cinematográficas fantásticas y efímeras por las que uno debe transitar al menos una vez en su vida. Es así como se ha formado un culto alrededor del estilo neo-noir de un taxista en el Nueva York de los 2030’s, la fantasía erótica de un adolescente, la sentencia de un desagradable capitán interespacial, o la violenta y sexy guerrera Taarna. Elementos que han trascendido a lo largo de casi cuatro décadas como música estridente, comedia negra, pechos gigantes y mucho, pero mucho gore conforman estas historias animadas que valen la pena ser exploradas.

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