¿Por qué Estados Unidos se convirtió en Trumpland? Entendiendo el fenómeno de la mano del documentalista Michael Moore.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Llevamos más de un año con un payaso amenazando en convertirse en el líder de la primera potencia mundial. Más de un año escuchando comentarios degradantes sobre los mexicanos y amenazas de que seremos nosotros los que con nuestras propias manos construiremos algo parecido a una muralla china que proteja a los norteamericanos. Más de un año de insultos, de enunciados sin argumentos. Más de un año en el que la economía mundial intenta balancearse sobre la cuerda floja. Sí, qué rápido pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando la personificación humana de la ignorancia y la ordinariez anunció que se lanzaría como presidente. Nadie lo tomó enserio entonces, o por lo menos yo no. ¡Qué equivocada estaba! Ahora, después de un año de una contienda electoral plagada de barrabasadas, de escándalos sexuales, de emails o no emails, de debates que parecen más pleitos de adolescentes hormonales, la velita de esperanza que alumbra la oscura habitación de la humanidad se encuentra en riesgo de ser apagada, con un soplido carente de esfuerzo y Trumpita parada, por un feo señor magnate de negocios.

Así es, el excéntrico al que le gusta decorar su casa al más puro estilo del vaticano, se encuentra a solo un punto porcentual de ser coronado como el presidente número uno del mundo. ¿Por qué? Es que no nos frenamos a pensar en la inestabilidad geopolítica que trae consigo el candidato. Entre los sectores que se verían más beneficiados con el triunfo de este personaje está el de las armas y la defensa (claro, la laxitud que muestra Trump con respecto a este asunto es notable), y los casinos. ¿¡Armas y casinos!?

Se reduciría el crecimiento mundial del 3% al 2%. Los mercados tiemblan con solo imaginar que Trump llegue a la casa blanca. El republicano quiere imponer impuestos del 35% a las importaciones mexicanas y el 45% a las chinas, lo que según un estudio del Tank Peterson Institute costaría 4 millones de empleos y llevaría la economía a recesión. Bueno, las razones abundan y las podría seguir enumerando. Pero creo mejor centrar este artículo en algo mucho más interesante: el por qué lo apoyan tanto, pero tanto. ¿Por qué sigue habiendo gente que vota por él o que alega que ambos candidatos están igual de mal? Los fenómenos sociales siempre han sido interesantes, pero éste… éste es una mina de oro para los sociólogos.

“El mundo es un extraño teatro en el que se encuentran momentos en los que las peores piezas obtienen el mayor de los éxitos.”

Alexis de Tocqueville.

Hablemos, pues, del más reciente trabajo de uno de los mejores documentalistas de nuestros tiempos. Michael Moore, fue ganador del Óscar en el 2002 por su filme Bowling for Columbine, donde expone el gran problema de la cultura armamentística en los Estados Unidos, tomando como punto de partida la masacre en la escuela Columbine en 1999. Prosiguió con Farenheit 9/11 donde se examina el cercano vínculo que existía entre las familias de George W. Bush y Osama bin Laden. Este filme, a pesar de ser vetado en la televisión norteamericana, se llevó la Palme d’Or en 2004 en Cannes.

Moore se caracteriza por un compromiso ferviente e irrevocable hacia su pueblo. El cineasta mastica verdades complicadas y difíciles de entender y las despliega de manera sencilla, comprensible. No es normal que un documental sea comercial, los de Moore lo son.

No obstante, este año el documentalista saltó, en un intento por dotar a sus compatriotas de un poco de compasión humana, del set al escenario. Realizó Micheal Moore in Trumpland, un stand-up hecho película en un pequeño pueblo de Ohio donde la simpatía por el candidato republicano supera por mucho a los que votarán por Hillary. Moore, a lo largo de su discurso, se muestra empático hacía los que apoyan a Trump. Explica lo mismo que alguna vez Noam Chomsky dijo en una de sus entrevistas: Donald es la representación en carne y hueso del enojo y la desesperación a la que nos ha orillado el sistema. Es la venganza, es la falta de entendimiento hacía muchos de los irrevocables cambios sociales que tanto asustan, es la nostalgia de un tiempo mejor ante la incomprensión de una actualidad apresurada.

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“El fenómeno con el que nos topamos aquí es ira generalizada.” Noam Chomsky.

La gran mayoría de la población ha sido exiliada de participar en cualquier medida en el crecimiento o en el desarrollo económico. Nos encontramos maniatados y forzados a elegir dentro de un rango limitado de opciones para lograr mantenernos a nosotros mismos y con suerte a los que habitan en nuestro hogar. Los blancos de clase media, los de las familias y valores tradicionales sienten que la amenaza de convertirse en la minoría es cada vez más real. ¿De quién pasará a ser el país? Se preguntan ¿De los mexicanos, de los chinos, de los musulmanes?

Desafortunadamente, nos explica Chomsky, la situación que vivimos hoy es una reminiscencia de la Alemania de 1920, que se encontraba en la cumbre del mundo occidental, era el modelo de democracia, así como Estados Unidos lo es hoy. El miedo trascendió en un odio generalizado hacia un grupo social. La fructífera Alemania pasó de estar en la cúspide de la civilización a situarse en el punto más bajo de la historia humana, y esto en cuestión de diez años. “No es idéntico, claro, pero no podemos negar las semejanzas entre ambos fenómenos sociales. ” Noam Chomsky.

Lo primordial para el funcionamiento de toda sociedad, como alguna vez lo argumentó Adam Smith, el hombre que ideó el capitalismo, es la empatía. Sea comunismo, sea capitalismo, da igual. Sin ella ningún colectivo humano, ningún sistema económico triunfa. Es básica. Por desgracia, somos cada vez más incapaces de comprender el contexto socio-cultural que lleva a un individuo a tomar ciertas decisiones. La ignorancia provoca miedo y el miedo odio. El odio hace que personajes como Donald sean considerados héroes por las masas.

Michael Moore en su discurso nos muestra lo indispensable que es el intentar comprender las razones más arraigadas del discurso conservador. No importa que te sientas identificado con los ideales demócratas o de centro izquierda. Ningún fenómeno social surge de a gratis. Existe un trasfondo que impulsa a que este discurso tan falto de humanidad se convirtiera en el estandarte de casi el 50% de una enorme nación.

Entendamos a los estados que van desde Idaho y Montana, hasta Mississippi y Alabama, donde Trump arrasa con las encuestas. Son lugares consagrados a la agricultura o al ganado, los de la materia prima, en donde la probabilidad de victoria de Donald llega a más de un 90%. Lugares donde el trabajo de muchos ganaderos, agricultores, mineros, etc. se ha visto desestimado. Los números son complicados, las matemáticas causan dolor de cabeza, no todos somos economistas, así que es mucho más fácil justificar esta desvaloración culpando a los inmigrantes, y a lo que se produce en el extranjero. A lo que se percibe a simple vista. Cuando son las grandes corporaciones las que han arrasado con la pequeña o mediana empresa.

Así que aparece un sujeto que grita a los cuatro vientos I’ll make America great again! Un tipo de cabello extraño que planea devolver lo tradicional, derrocar ese sistema que caracteriza al mundo de hoy. Una granada humana que se muestra como el enemigo de nuestro enemigo. Devolver, regresar: de vuelta a los valores de los cincuentas, a las familias, a los matrimonios jóvenes, al cultivo, al campo, a la religión. La campaña de Trump se fundamenta en alimentar constantemente ese miedo a la tan inevitable evolución social.

Los cambios asustan, amenazan lo establecido. Normal. De pronto parecen estar cambiando las reglas del juego. El romper con lo culturalmente determinado, lo que suponíamos bueno para abrir espacio a otras realidades y cosmovisiones requiere de un esfuerzo extrahumano. Es prácticamente imposible. Por eso las generaciones de los 60’s o 70’s cuestionan tanto la ideología de los jóvenes. ¿A dónde se han ido todos los valores que te inculqué? le preguntan los padres a sus hijos. ¿Por qué piensas así? Se cuestionan sintiéndose fuera de órbita, medio traicionados. Pero, saben qué, mamá, papá, abuelo, abuela, ustedes nos criaron y a pesar de que a veces se confundan con nuestra manera de ver el mundo, algo hicieron bien. ¡Siéntanse orgullosos! La gran mayoría de nosotros nos esforzamos, estudiamos, creamos fuertes lazos de amistad, trabajamos, viajamos, pero lo más importante, no odiamos. Un 80% de los millenials no juzga o desprecia por el color de piel que la persona tenga o por a quién decidan amar. Así como en Inglaterra fueron los jóvenes quienes votaron en contra del Brexit. En EEUU será raro, rarísimo, encontrarse con un estudiante universitario que apoye a Trump. Esto es gracias a ustedes, a los que fueron nuestros profesores, nuestros padres, nuestros mentores, a la generación X, a los baby boomers. ¡Gracias! Nos enseñaron el valor de la empatía.

Así que no hablemos de tolerancia, como se hace en cada spot publicitario, porque ése es sinónimo de resignación. Hablemos de comprensión, de humanidad. Empatía: que se repita mil veces. Alexis de Tocqueville, autor de La democracia en América, escribió que el gobierno que eliges es directamente proporcional al respeto que sientes por el prójimo y tiene razón.

***

Después de un año, por fin ha llegado la cuenta regresiva. ¿Queda algo más por decir? No mucho, a horas de una contienda electoral en la que mexicanos, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos no tenemos ni voz ni voto, pero de la que definitivamente depende el futuro de todos, no nos queda más que mantener encendida la velita de esperanza, y esperar que el miedo no ofusque la razón, la crítica, la humanidad de los norteamericanos. Ya escuchamos fuerte y claro este grito de desesperación, de ira, el miedo, el resentimiento que representa el candidato republicano. Ojalá este grito de desesperación no acabe provocando nuestro grito final.

3 thoughts on “¿Por qué Estados Unidos se convirtió en Trumpland? Entendiendo el fenómeno de la mano del documentalista Michael Moore.

  1. Fernando Ollero Butler 7 noviembre, 2016 / 6:18 pm

    El fenómeno socio-político al que llamaremos DT, irrumpe en las elecciones primarias del Partido Republicano cuando este se halla huérfano de líderes de calado y como paralizado por una, llamemos, crisis depresiva, como resultado de la política de electroencefalograma plano de la última camada, y digo bien, de presidentes del Partido Elefante. Ello unido a un general sentimiento de declive económico que vaticina peores tiempos que los actuales y al resultado a medio plazo de las aventuras -¿o pretenden ser algo más que aventuras?-, guerreras que el país ha comandado durante la última década en gran parte del mundo, tienen que influir necesariamente, como si de un terremoto se tratara, en la tan cacareada “american way of life”. Recuérdese que la gran euforia que fue a instalarse sobre el generalmente inculto y y nada pacífico ciudadano medio norteamericano tras el espectacular desmoronamiento de la Unión Soviética como resultado de las políticas de la última fase de la Guerra Fría, dio paso a una falsa percepción que se tradujo en la siempre errónea afirmación de Francis Fukuyama de que la Historia, considerada como lucha ideológica entre dos polos antagónicos, había terminado. Este grave error quedó en evidencia con el fracaso de la simplista y equivocada creencia de que, borrados del mapa los países comunistas y sus aliados, para los USA se inauguraba una era de hegemonía global incontestable que permitiría a la nación, y a sus estructuras coercitivas, moverse a sus anchas por doquier a todos los niveles, especialmente en el militar.

    Intentemos situarnos ahora en la mentalidad del campesino del empobrecido medio-oeste de la enorme nación del norte de América, tras la victoria final en la Guerra Fría. “Ahora viene el prometido progreso; somos los más grandes, los únicos que pueden exhibir el título de Imperio Mundial”. Y ese campesino pensaría genuinamente que, en el caso de que los planes de su gobierno consistieran, como este había asegurado, en procurar el bienestar de sus administrados, ahora que ya no había elementos que le frenaran en ese empeño, su vida y la de los suyos estaba solucionada por generaciones.

    Pero el complejo militar-industrial, el más influyente lobby de los muchos existentes en los USA, tenía otros planes, y embarcó al país en una travesía de consecuencias impredecibles que llevó, primero a las administraciones republicanas y después a las demócratas a pensar seriamente en hacerse con las reservas de petróleo de Oriente Medio para convertirse en la nación que albergara la mayor cantidad de crudo en sus depósitos. Y fueron a la guerra. Tras una campaña de propaganda patriótica y belicista sin precedentes, los estadounidenses presionaron a sus aliados en todo el mundo y estos fingieron creer en los motivos aducidos para justificar las invasiones militares de Kuwait, primero, Iraq -comprando las conciencias de Aznar (España), y de Blair (Reino Unido)- más tarde, y Afganistán y Libia para terminar, dejando atrás un reguero de muertos imposible de cuantificar.

    No es preciso recordar el resultado final de esta campaña belicista, pero lo cierto es que lo que en principio fueron guerras locales interminables han acabado por incendiar la totalidad del Próximo Oriente y por dañar aún más la economía de los USA, añadiendo a lo anterior las consecuencias de la crisis económica mundial y el gasto desorbitado que supone el mantenimiento en activo de un ejercito que bordea la obsolescencia.

    Pero, ¿qué actividad era la que por entonces ocupaba a los mandatarios de China continental y de la Rusia postsoviética? Conscientes de su atraso general frente a los USA, les dejaron hacer y aprovecharon inteligentemente el hecho de que la atención del mundo no estaba puesta sobre ellos, para robustecer sus economías y modernizar al máximo sus sociedades y sus ejércitos. Un buen día, el ciudadano medio empobrecido, ya encolerizado se levanta con la noticia de que los USA ya no son el Imperio hegemónico, de que China les disputa el primer puesto como potencia económica mundial y de que Rusia ha conseguido poner en pie un ejercito que, al decir de los analistas, pondría fin a la existencia de la NATO en apenas un mes. Imaginemos entonces el talante del campesino del Medio-Oeste y el de los integrantes de la depauperada clase media. Nunca se han visto en situación tal, y el descontento por su situación y la de su patria les acerca peligrosamente a la desobediencia civil.

    En ese contexto histórico aparecen en escena DT, Hillary Clinton -quien en palabras del cineasta Oliver Stone es la más peligrosa de los dos- y las elecciones presidenciales de 2016.

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