Punch-Drunk Love: una embriagante e impulsiva historia de amor

David Azar: @DavidAzar93

“I don’t know if there’s anything wrong because I don’t know how other people are”

punch-drunk-love

Hace apenas algunas semanas platicábamos acerca del nuevo proyecto de Paul Thomas Anderson, quien es en mi opinión uno de los cineastas norteamericanos más originales de las últimas tres décadas. Su versatilidad como guionista se refleja en la creación de sus personajes afligidos y excéntricos, y en la manera en que encuentran un giro extraordinario dentro de su cotidianeidad. Con una afinidad particular en las historias de tiempos pasados, y con un impecable uso de la música como recurso narrativo, Anderson ha creado personajes memorables que desafían las improbabilidades que sus contextos interponen, pero también personajes que se enjaulan por sí solos en sus miedos, obsesiones y ambiciones: en Boogie Nights (1997), la estrella porno Dirk Diggler (interpretado por un excelente Mark Wahlberg) hace realidad el sueño americano para luego perderse en una caótica vida de excesos durante la época de oro de la industria pornográfica en California; en el juego empresarial que fue la fiebre de oro a inicios del siglo XX en los Estados Unidos, Daniel Plainview (el segundo Oscar de Daniel Day-Lewis) se enferma de ambición al grado de hacer nula su confianza en cualquier ser humano, incluyendo su hijo, en la tragedia moderna There Will Be Blood (2007); y en Inherent Vice (2014), la adaptación de la nóvela homónima de Thomas Pynchon, Doc Sportello (el Joaquin Phoenix más excéntrico) es un detective privado y hippie que, con la ayuda de un buen porro y su pésima intuición, busca resolver el misterio detrás de la desaparición de su ex novia bajo un contexto político muy caliente en Los Ángeles de lo años 70’s.

En fin, los ejemplos son varios dentro de la filmografía de P.T.A., la cual comprende siete largometrajes y algunos proyectos alternos, como el mediometraje documental Junun (2015) en exclusiva con la plataforma Mubi acerca del álbum musical que Jonny Greenwood hizo con el artista israelí Shye Ben Tzur, o los videos musicales que ha realizado, como los de Radiohead y Fiona Apple. Dentro de este sólido cuerpo de trabajo, resalta un austero y muy distinto proyecto que el director estrenó hace 14 años, y que Criterion Collection relanzó el 15 de este mes en una genial edición: se trata de la pequeña joya Punch-Drunk Love (2002), esteralizada por Adam Sandler y Emily Watson. Si eres un seguidor de este director, aprecias la gran habilidad que tiene para dirigir actores y aún no has visto esta película, tal vez te preguntarás ¿Qué hace un actor como Adam Sandler en una película de P.T. Anderson? En ese caso, mi respuesta sería: la mejor interpretación que ha hecho en su carrera.

Punch-Drunk Love cuenta la historia de un hombre tímido y rutinario llamado Barry (Sandler) que divide su vida en atender su pequeño y propio negocio, evitar a sus fastidiosas siete hermanas y conseguir el mayor número posible de empaques de pudín para hacerse de una fortuna con millas de vuelo a raíz de un aparente error en una promoción. Anderson nos arroja a este personaje fascinante, encarnado genialmente por un Adam Sandler como nunca más lo hemos visto, y no es hasta que conoce a Lena (Watson) que la historia se convierte en una montaña rusa de akwardness y ternura, ingeniosamente escrita. P.T.A. ubica esta historia en un contexto actual, a diferencia de las mencionadas anteriormente, y con apenas un metraje de 95 minutos Punch-Drunk Love constituye el largometraje más inmediato del director, pero no menos cargado de ingenio y creatividad. La película usa como explosión dramática la liberación emocional de Barry, este personaje tan cuadrado y complicado que a lo largo de su vida no ha hecho más que acumular inseguridades y fobias a los cambios de su hermética rutina. Sin embargo, Barry suele encontrar destellos de lo extraordinario en el día a día, y se aferra a ellos como un efímero y no tan extremo escape de su realidad. Situaciones como el misterioso piano olvidado que encuentra al inicio de la historia, el impulso de portar un traje azul para adoptar un tono más “adulto” y, sobre todo, su obsesión por comprar enormes cantidades de pudines le dan tanto al personaje como a la historia en general el toque tan distintivo y poético que la cinta tiene. Por otro lado, los sonidos estridentes y ansiosos de la banda sonora de Jon Brion, y los flares azules en la fotografía de Robert Elswit, complementan la embriagante y desesperante personalidad de Barry.

Esta historia de amor es un acercamiento totalmente diferente y original de lo que podríamos catalogar como comedia romántica. Anderson crea un lazo muy fuerte entre Lena y Barry, construido por medio de momentos incómodamente divertidos. Punch-Drunk Love destaca dentro del cine de P.T.A. por ser lo más alienado, y sin embargo refrescante, en el estilo ya establecido del director. No quería dejarlos emocionados con solo la recomendación de la película y no acercarlos a ella, por lo que les comparto el enlace para ver Punch-Drunk Love de Paul Thomas Anderson en Netflix y, de haberles gustado, les invito a que exploren el resto de su filmografía.

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