La grandeza de Harry Potter. ¿Por qué mantener viva la tradición de la magia?

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Pósters de Harry Potter por Olly Moss

La literatura, así como el cine o cualquier disciplina artística, debe abordarse por orden, nivel a nivel. No podemos llegar al último escalón sin antes haber pasado por todos los demás peldaños. Comenzar es difícil. Nos situamos delante de aquella inmensa escalinata empinada sin tener muy claro con qué nos toparemos al llegar a la meta. ¿Qué logro metiendo las narices entre páginas empolvadas? ¿Cuál es la recompensa de tanto tiempo, tantas palabras? La respuesta es cada vez menos perceptible y no comenzará a despejarse hasta que no decidamos emprender el viaje.

Si este lector, indeciso y confundido, elige bien su primer libro, se convertirá- así como yo- en un loco enamorado de las letras, de los escritores despeinados y de las reflexiones profundas, de los mundos paralelos. Se le llenarán los ojos de lágrimas cuando Cortazar mencione a su maga, cada paisaje le recordará a los versos de Wordsworth, emprenderá un roadtrip de Estados Unidos a México en el asiento trasero del auto de Jack Kerouac, vivirá en las ciudades invisibles de Italo Calvino y, tal vez, alcance la cúspide literaria leyéndose de principio a fin Ulysses de James Joyce. Con cada libro cambiará un ápice de su alma, se abrirán nuevas ventanas en la barrera de su mente. ¡Qué grande es la vida del que elige bien su primer libro! Días siguiendo el más bello de los caminos: el de la magia encuadernada.

A muchos la invitación a una vida de la mano de esta mágica profesión nos llegó entre los diez y los quince años a manera de carta de Hogwarts. Estos libros nos marcaron. Siete tabicones que no le facilitaban al niño ningún tipo de ilustración. El lector tenía que echar a andar su imaginación, recreando en su mente cada pasillo o personaje que habitaba en la escuela de magia. J.K. Rowling, dirigiéndose a niños y jóvenes, invita a renunciar al entonces efervescente hechizo de la televisión para leer. Harry Potter y la piedra filosofal fue la primera odisea literaria de muchos niños que ahora, rondando entre los veintes y los treintas, aman y comprenden el enorme valor que la literatura ha dotado a su existencia.

“Es lo desconocido lo que tememos, cuando nos situamos delante de la muerte y la oscuridad, nada más que eso.”  – Albus Dumbledore.

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Harry Potter es uno de los acontecimientos editoriales más impresionantes de los últimos tiempos. Después del arrollador éxito que convirtió a su autora en la segunda mujer más rica de Inglaterra después de Queen Elizabeth, es de esperarse que muchos otros escritoras/es intenten correr con la misma suerte apostando por trilogías de fantasía o ciencia ficción para adolescentes.

Las monstruosas empresas de entretenimiento de nuestros días reciclan información, películas y sagas literarias a su antojo con tal de vender y revender. El furor adolescente que produce cada uno de estos fenómenos mediáticos se va apagando en cuestión de un par de días, pasó con Crepúsculo, pasó con 50 sombras de Grey.  Debido al proceso libro – película, muchos podrán apilar la saga de Harry Potter junto con productos como Los Juegos del Hambre, Divergente, Cazadores de Sombras, entre otros.  Muchos podrían llegar a suponer que Harry Potter se trata de un fenómeno mercadológico como el resto de estas sagas.

Sin embargo,  la historia de J.K. Rowling, como pionera de las sagas para adolescentes, es muy distinta a la de cualquiera de sus sucesores. El niño huérfano, de anteojos redondos y rotos que se alojaba en casa de sus repugnantes tíos, los Dursley, se le ocurrió mientras viajaba en un tren demorado de Mánchester hasta Londes. “No sé de dónde provino la idea” dijo en una entrevista al Boston Globe. “Comenzó con Harry, y luego todos los personajes y situaciones afloraron en mi cabeza.” Ese mismo día comenzó a escribir la novela, sin suponer el boom mediático en la que ésta se convertiría.

En 1995, después de la muerte de su madre por esclerosis múltiple, separada, con una hija y viviendo de la pensión del estado, logró escribir la totalidad del primer libro rondando entre varias cafeterías de Edimburgo. El libro, tras ser rechazado por más de doce editoriales, fue aceptado por el editor Barry Cunningham para Bloomsbury, una pequeña editorial Londinense. En 1997, la autora recibió una beca de 8000 libras para permitirle seguir escribiendo. Al año siguiente Scholastic Inc. En una subasta ofreció 105 000 dólares por los derechos de publicación de la novela. En conclusión, Joanne no pretendía hacer de su historia un producto mediático, es tal vez ésta la razón por la que los libros de Harry Potter contienen más alma que cualquier otra de las sagas que se postran en la vitrina de los Best Sellers actuales.

Cuando hablamos de Harry Potter, a diferencia de otros libros para adolescentes, estamos hablando de un clásico, a las diez páginas ya se te comienza a poner la piel de gallina al darte cuenta que estás frente a un libro que hará historia. Se preguntarán, entonces, qué es eso que le da su esencia.

Tanto el escritor italiano Umberto Eco en su libro Apocalípticos e integrados (1964) como Rollo May en The Cry for the Myth (1991), nos explican la necesidad del mito que tiene el ser humano para intentar darle sentido a un mundo que carece de significado. El mito es parte intrínseca de la tradición social: desde la Biblia hasta Beowulf. “Son esenciales – los mitos – para el proceso de mantener vivas nuestras almas con el fin de que nos aporten nuevos significados en un mundo difícil y a veces sin sentido.” – Rollo May.

A pesar de la necesidad del mito para la vida en sociedad, el ser humano contemporáneo se las ha arreglado para sustituirlo por una ráfaga de novedades superfluas – la televisón, qué comprar, qué no comprar, la moda, la nueva canción de reggaeton, etc. J.K. Rowling le dio al niño de nuestros días algo que nos es vital. Depositó sobre manitas minúsculas un nuevo mito que permitió a muchos pequeños y grandes descubrir su propia identidad, enamorarse de la literatura y adquirir un sentido de inclusión social que se basa en el respeto a las diferencias.

Aparte de ser un libro que teje de manera brillante un suspenso increscendo, Harry Potter, Hermione, Ron, Dumbledor, Hagrid e incluso Sirius Black, nos enseñan el tan necesario valor de la tolerancia, igualdad y rechazo a cualquier forma de discriminación. ¡Que necesario nos es, hoy, un mito que alimente el amor al prójimo y no el deseo de segregación!

“Si realmente quieres saber cómo es un hombre, observa como trata a los que están debajo de él, no a sus iguales.” – Sirius Black.

Cada tomo narra un año lectivo en la escuela de magia. A Hogwarts se llega tomando el Expreso de Hogwarts, desde el Andén Nueve y Tres Cuartos (9 ¾) en la estación de trenes de King’s Cross en Londres. El lector, aparte de identificarse con los salones, las clases, los exámenes, los rivales, los deportes, crece junto con Harry, con Ron y Hermione. Ve cómo estos personajes, – tan complejos, defectuosos, talentosos y llenos de vida – crecen con cada página, se sobreponen a la maldad, perfeccionan sus talentos, intentan dejar detrás sus egoísmos o prejuicios, forman fuertes lazos de amistad y se convierten en héroes.

Harry es un huérfano delgado, que tiene una rara cicatriz en zigzag sobre la frente, que lleva anteojos redondos y que, con todo lo dicho anteriormente, es el único capaz de salvar a todos de Lord Voldemort. Voldemort, es el heredero de Slytherin, que desea realizar una limpieza de sangre en el mundo de la magia. Dejar fuera de él a todo el que sea sangre sucia: descendientes de muggles que por tener poderes cuentan con el beneficio de entrar al mundo de la magia y estudiar en Hogwarts. Este ser divide a quienes piensan como él de los que buscan la equidad y el respeto igualitario. Es tan temido que los habitantes del mundo mágico ni siquiera se atreven a pronunciar su nombre.

“El temor al nombre solo acrecienta el temor al hombre” – Dumbledore.

En su mito, J.K. Rowling hace que el niño se sienta identificado con Harry y que desee ser como él. Que el lectorcito reconozca sus defectos humanos, acepte con reticencia su calidad de héroe y quiera luchar en contra de las injusticias sociales y se enfrente a ellas a pesar del miedo que le pueda causar a sus compañeros siquiera nombrar esas iniquidades.

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Hoy todos los niños que nos instruimos a leer riendo con Dobby, imitando a Hermoine en el salón de clases, aprendiendo de los consejos de Dumbledore o deseando un amigo como Hagrid, vivimos marcados por lo que este libro imprimió en nuestras almas cuando éramos pequeños. Un mito precioso que toma forma alrededor de valores como el coraje, la valentía, la amistad, la empatía y el respeto a todo ser humano sin importar de dónde venga o lo que crea.

En lo personal, me da gusto que ahora esté en el cine el filme de Fantastic Beasts and Where to Find Them (2016), la primera vez en que J.K. Rowling funge como guionista en una película. El mundo de la magia vuelve a la pantalla grande en el momento adecuado, hoy, que surgen nuevos poderes que fundamentan su victoria en el separatismo entre ideologías religiosas y supremacías raciales. Hoy, que cada vez se unen más personas a un discurso racial donde el odio al prójimo se ve justificado por enunciados sin argumentos. Hoy, que nos mostramos necesitados de un héroe que luche por cada uno, sin importar si es un Weasley, un muggle, un estudiante de Slytherin o un sangre impura.

Veamos esta nueva película, recordemos la ilusión que sentimos cuando de niños se nos abrieron las puertas de la literatura. Nuestras manos ya no serán tan pequeñas como cuando abrimos por primera vez Harry Potter y la piedra filosofal, ni nuestros ojos tan inexpertos. Pero esas manos que alguna vez aprendieron de Harry, serán las manos que tomarán el relevo de un futuro cada vez más cercano, bocas que no tienen miedo a enunciar injusticias para que éstas puedan ser erradicadas, una generación que abraza las diferencias sociales e ideológicas y se enorgullece de ellas. Los lectores de Harry Potter son los padres del mañana, los que se sentarán al pie de la cama de sus hijos y les leerán la historia de un niño que aunque a simple vista parece un chico común y corriente. ¡Es un mago!

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