La última tentación de Cristo: el Jesús imperfecto y controversial de Martin Scorsese

David Azar: @DavidAzar93

Una vez más, Martin Scorsese es la sensación del séptimo arte a razón de su nueva y muy esperada película, Silence (2016). Y es que digo muy esperada porque se trata de su segundo proyecto pasión, uno que tardó 28 años en poder concretarse debido al enorme presupuesto que implicaba su realización. Pero, ¿segundo proyecto pasión?, ¿y el primero, cuál es? Muchos recordarán un proyecto que el director hizo en los 80’s y que en México pasó un poco desapercibido gracias a su censura por parte de algunos grupos católicos y cristianos y demás simpatizantes de la “integridad moral”: The Last Temptation of Christ (1988).

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Basada en la novela homónima que Nikos Kazantzakis escribió en 1953, esta película sigue la historia de Jesús de Nazaret (Willem Dafoe), un sencillo carpintero que sufre a menudo de una serie de visiones y llamados que lo incitan a predicar el mensaje de Dios: el amor. Durante la larga travesía que comprende su nueva misión, Jesús tendrá que superar cierto tipo de ‘tentaciones’ para alcanzar la divinidad que el Todopoderoso le sugiere, y es particularmente alrededor de esta idea que la historia sigue una línea narrativa distinta a la que conocemos del evangelio. El guión, escrito por Paul Schrader en colaboración con el mismo Scorsese, ofrece una mirada más personal de la figura de Jesús, atribuyéndole la cualidad humana que permite al espectador identificarse de una manera más profunda e inmediata con él. Dafoe brinda una singular y fresca actuación como Jesús. Por otro lado, el inglés Peter Gabriel logró un sonido distintivo para la banda sonora de la película a través de un balance entre música ambiental moderna y estilos de otras partes del mundo al incorporar músicos del Medio Oriente, Sur de Asia y África al proyecto, valiéndole incluso el premio Grammy al Mejor Álbum New Age en 1990.

Además de los muchos atributos que la película luce, ésta, como suele ser el caso de muchos proyectos pasión, tiene una historia muy particular y turbulenta en cuanto a su recepción alrededor del mundo. Pero antes de hablar de lo anterior, es importante recalcar el papel del catolicismo en la vida y obra de Martin Scorsese. Criado en el seno de una familia italoamericana muy católica del barrio de Queens, en Nueva York, Scorsese llegó a contemplar la idea de dedicar su vida a Dios, al grado de considerar convertirse en sacerdote ¡¿Qué sería del cine sin joyas como Taxi Driver (1976), Raging Bull (1980) o Goodfellas (1990)?! En sus primeras películas, como su debut Who’s That Knocking at My Door (1967), o incluso su icónica Mean Streets (1973), el duelo de la fe, la culpa y el arrepentimiento son temas esencialmente recurrentes. De la misma manera, en Silence -adaptación de la novela homónima de Shusaku Endo- Scorsese retoma el concepto de religiosidad una vez más: en el Japón del siglo XVII, donde el cristianismo era estrictamente prohibido y condenado, dos sacerdotes jesuitas (Andrew Garfield y Adam Driver) intentan rescatar a un misionero jesuita (Liam Neeson) que ha perdido la fe.

Ahora bien, hablemos del contexto en que el proyecto pasión de Scorsese, The Last Temptation of Christ, se desenvolvió. Después de haber debutado como director de cine en el terreno del largometraje con su ya mencionada e inusual Who’s That Knocking at My Door, Scorsese se encontraba filmando una cinta exploitation bajo la tutela del mítico productor de cine Roger Corman, titulada Boxcar Bertha (1972) cuando descubrió la novela de Kazantzakis. Durante el rodaje de esta cinta, Scorsese le confesó a Barbara Hershey, quien interpretaba el papel de Bertha, que desde muy pequeño tenía el sueño de realizar una adaptación cinematográfica de la vida de Jesucristo. Fue cuando Hershey le regaló al, entonces joven, director una copia de la controversial novela del escritor griego. Dieciséis años después, la actriz interpretaría a María Magdalena en The Last Temptation of Christ.

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En 1983, después de forjarse un nombre en la industria con algunos éxitos, Paramount Pictures ofreció a Scorsese producirle The Last Temptation of Christ con un presupuesto de 20 millones de dólares e Israel como locación predilecta. Desafortunadamente, las cosas se calentaron cuando el estudio recibió toneladas de cartas con amenazas y desaprobaciones por parte de diversos grupos religiosos. Fue tanta la presión que pasó lo que se suponía: la producción tuvo que cancelarse. Cuatro años después, Universal Studios llegó al rescate del sueño del director con una nueva oferta para producir la cinta, aunque con menos de la mitad del presupuesto anterior. Scorsese encontró a su Jesucristo ideal en Willem Dafoe, mientras que Barbara Hershey obtuvo el papel de María Magdalena, Harvey Keitel el de Judas Iscariote y David Bowie el de Poncio Pilato. Filmada enteramente en Marruecos, Scorsese recuerda el rodaje de The Last Temptation of Christ como uno de “emergencia”, en el que todas las escenas tuvieron que filmarse con rapidez y precisión como resultado de un muy limitado presupuesto de entre 6 y 7 millones de dólares.

No obstante lo complicada que resultó la filmación, los verdaderos problemas empezaron justo después. Cuando la cinta estaba pronta a estrenarse, la iglesia católica trató de censurar la película en su totalidad (es curioso que, 28 años después, el Vaticano albergue la premier de Silence, con todo y la presencia de 300 sacerdotes jesuitas como audiencia). En octubre de ese año, hubo un atentado en el Théâtre Saint Michel de París durante una de las proyecciones de la cinta, donde un explosivo lastimó a un aproximado de trece personas, además de los graves daños que causó al complejo cinematográfico (el cual pudo reabrir sus puertas hasta tres años después). Otras de las embarazosas situaciones fueron desde la protesta de aproximadamente 600 personas liderada por el reverendo H.L. Hymers de California frente al hogar de Lew Wasserman, cabeza de WCA (en ese entonces compañía jefe de Universal Studios), hasta el intento de Bill Bright (evangelista del Campus Crusade for Christ) y Tim Penland (de Mastermedia) por comprarle al mismo estudio el negativo de la película para luego quemarlo.

En fin, el primer gran proyecto pasión de Martin Scorsese se vio afectado por una ola de odio e intolerancia de la cual muchos de sus dirigentes ni siquiera tuvieron la decencia de ver la película para juzgarla bajo un criterio racional. Al final del día, todo esto no ha hecho más que brindarle a The Last Temptation of Christ apoyo promocional; la controversia vende. Sin embargo, la crítica especializada la recibió con los brazos abiertos. El mítico Roger Ebert dijo que Scorsese y Schrader “le hicieron a Cristo un cumplido al tomarlo a él y su mensaje con seriedad”. Así que, a pesar de los infortunios que vivió Martin Scorsese al contar esta historia, The Last Temptation of Christ se sostiene como una obra cinematográfica bien consolidada y con una evidente singularidad dentro de su tipo. Les invito a que visiten, o revisiten, esta épica del cine acerca de la confusión y el miedo en su elemento más humano, independientemente de su inclinación espiritual, y les comparto las tres razones por las cuales Criterion Collection considera no perderse esta película:

Fuentes:

  • Ehrenstein, D. (2012). The Last Temptation of Christ: Passion Project. The Criterion Collection. Consultado en https://www.criterion.com/current/posts/2191-the-last-temptation-of-christ-passion-project

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