De musas y sus directores; ¿Es la mujer la principal fuente de inspiración artística?

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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¿Por qué será que desde la antigua Grecia la inspiración artística es representada con cuerpo de mujer? La mitología griega optó por las curvas y los rasgos faciales femeninos para darle figura a cada una de las artes: Las musas.

Son nueve las musas, hijas de Zeus, padre de los dioses y de los hombres, y de Mnemósine, diosa de la memoria. A cada una de ellas corresponde una disciplina artística distinta, por lo que su beldad física varía dependiendo de lo que simbolice. Está Calíope, musa de la poesía épica. Clío, la dueña de la historia. Erato, fuente de poesía lírica-amorosa. Euterpe, a quien le corresponde la música. Melpómene, musa de la tragedia (teatro).  Polimnia, compositora de cantos sagrados. Talía, proveedora de comedia. Terpsícore, la danzante. Urania, astróloga. Así, cada una de estas divinidades inunda de inspiración la cabeza del artista al que elige, hace que de su mente broten historias, versos, armonía, baile o sed de sabiduría.

Tomando en cuenta el hecho de que el modelo de perfección griega era el hombre, es irónico que la mujer sea percibida como el origen de toda iluminación artística o creativa. Pero más irónico es que esto no haya cambiado ni un ápice desde entonces. El arte es la expresión material del mundo espiritual. Para el varón que ha decidido dedicar su vida a la creación, la mujer sigue siendo la luz que lo guía por el camino de las artes, la que lo inclina a la sensibilidad y a la simpatía, a la estética. La que lo lleva a acariciar lo intangible, a atañerse por lo cultural.

Bueno, para rematar con las ironías del asunto, a pesar de que la literatura, las artes plásticas, el teatro o cualquier arte no se agote de citar a la mujer como nacimiento de toda inspiración, cuando se trata de nombres plasmados en libros de historia, los femeninos escasean. Somos las exiliadas de la historia del arte y, yéndonos a planos más actuales, las ignoradas de la creatividad cinematográfica. Tristemente, las cosas siguen siendo como la canción de James Brown: It’s a man’s man’s man’s World. Pero a pesar del poco crédito que se nos otorga, ¿existiría el arte de no ser por la inspiración femenina? ¿Y qué decir de los más grandes directores de la historia del cine? ¿Qué sería de ellos sin sus musas 

Las musas no cobran derechos de autor. – Joaquín Sabina.

Ingrid Bergman y Roberto Rossellini

Todo comenzó con una carta que decía así:

Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas Roma Ciudad abierta y Paisá y las he disfrutado mucho. Si usted necesita a una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. – Ingrid Bergman.

Estas líneas de 1948 desataron uno de los amoríos más emblemáticos de la historia del cine. Él le devolvió la carta enunciándole lo emocionado que estaba por incluirla en sus proyectos y donde narraba el filme que nacía en su mente: Stromboli (1952), ejemplo clásico del neorrealismo italiano. ¡Vaya combinación! Ambos grandes exponentes, Ingrid con un Óscar a Mejor Actriz y Rossellini –bueno pues era Rossellini. Se conocieron en Nueva York “La mujer más hermosa que habia visto en mi vida,” dijo el director sobre su primer encuentro “Resplandecía. La cámara jamás podría captar ese resplandor.”

La noticia del adulterio cometido por parte de ambos, -los dos casados desde hacía años– recorrió los tabloides de los periódicos internacionales. Al terminar de rodar Stromboli, Ingrid había anunciado estar embarazada del director italiano.

Llegaron cartas de odio al buzón de Bergman, preguntándole cómo se atrevía a haber hecho semejante cosa. La iglesia condenó públicamente el romance e Ingrid fue denunciada ante el senado de Estados Unidos. A pesar de todo esto, contrajeron nupcias en México en 1950, donde nacieron sus dos gemelas.

Rossellini le prohibía a su musa trabajar con cualquier otro director –temía que la historia se repitiera con algún otro. Durante sus seis años de matrimonio filmaron juntos Europa 51 (1952), Siamo Donne (1953), Viaggio in Italia (1954), Giovanna d’Arco al Rogo (1954) y La Paura (1954).

Woody Allen y Diane Keaton

Woody Allen no es él sin sus fobias, ni sin sus traumas, pero tampoco es él sin sus musas, y a lo largo de su larga cinematografía ha inmortalizado a más de una veintena de iconos del séptimo arte. Sin embargo, con ninguna rió con tanta naturalidad; me atrevo a decir que pocas veces la cámara ha presenciado tanta química. Con ninguna otra se le vio tan cómodo, tan a fin. Con ninguna persiguió langostas vivas por el suelo de la cocina. Ninguna otra es su Annie Hall.

Keaton y Allen coincidieron en la obra teatral Sueños de conductor (1968), donde la actriz dice haberse enamorado tanto del ingenioso guión como del director. Fueron pareja hasta 1975, nunca se casaron, pero su cariño sigue vigente. “Echo de menos a Woody. Se estremecería si supiera cuánto le aprecio. ¿Qué le voy a hacer? Todavía le quiero.” Comentó Keaton en una entrevista hace unos años.

Siendo pareja filmaron Play it again, Sam (1972), Sleeper (1973), Men of Crisis: The Harvey Wallinger Story (1971). Sin el título de pareja de por medio, juntos dieron vida a las más grandes obras del director y guionista: Manhattan (1979), Interiors (1978), entre muchas otras. En 1977, Woody decidió retratar en un filme la vida en pareja en su estado más puro y auténtico, libre de todo estereotipo o superposición. El enamoramiento sin tapujos, con sus vicios, carencias y maravillas. La historia de una ruptura. Una carta de amor hecho película. Eligió a su Diane para darle vida al personaje histórico de Annie Hall (1977). 

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Steven Spielberg y Kate Capshaw

Fueron más de 100 mujeres las que salieron desconsoladas del casting para ser Willie Scott en la segunda aventura de Indiana Jones. Se quedó con el papel una bella rubia de ojos claros llamada Kate Capshaw. Fue así como se conocieron Spieldberg y su ahora esposa.

Entonces, 1983, el director más prolífico de Hollywood estaba casado con la actriz Amy Irvin. Se esparcieron rumores sobre un amorío en el set de Indiana Jones and the Temple of Doom (1984): Capshaw y Spielberg. Se cuenta que en una de las escenas de persecución de carros en la mina, Quan, intentando detener el carro, Spielberg golpeó inintencionadamente a la actriz en el ojo, dejándola moreteada. Al día siguiente, llegaron todos al estudio de producción con un ojo morado maquillado, a solicitud del director, para que su protagonista no se sintiera mal. Cuentan también que él borró una escena clave de la película en la que Capshaw tenía que tomar en brazos varias serpientes por la fobia que sentía la actriz hacía el animal. A cambio la escena se rodó con bichos, (esto antes de la entrada al Templo Maldito).

La película fue un verdero éxito en taquilla, aunque la interpretación de Capshaw no fue del agrado de la crítica ni tampoco del público, lo cual afectó gravemente su carrera en el mundo del cine.

En 1991, Kate se convirtió al judaísmo y contrajeron nupcias. Después de 23 años de matrimonio, tres hijos biológicos y tres adoptivos, siguen juntos.

Lo más bonito que ha surgido de un filme, fue mi futura esposa. Así conocí a Kate, mi protagonista. Mi protagonista, continua siendo la protagonista de mi vida.– Spielberg

Jean-Luc Godard y Anna Karina

Con una infancia desastrosa, abandonada por su padre, criada en gran medida por sus abuelos y atormentada por el amante de su madre, Anna creció siendo una niña introvertida que quería convertirse en actriz. La joven danesa huyó de su hogar para refugiarse en París, sin dinero y sin saber una palabra de francés. Hasta que un día una mujer, a orillas de la Seine, le propuso participar en un reportaje fotográfico. A los pocos meses ya era una de las modelos más solicitadas de Francia.

Godard, el gran exponente de la Nouvelle Vague, vio un anuncio de jabón donde aparecía Anna. Su cuerpo en la bañera y ese rostro cubierto de espuma, lo sedujó al punto que la contactó para ofrecerle un pequeño papel en su primer largometraje: À bout de soufflé (1960). La actriz rechazó el papel en cuanto le anunciaron que debía desnudarse. La llamó un año después para proponerle aparecer en Le petit soldat (1963). Aceptó.

El caprichoso director demoró el rodaje lo más posible. “Podía ver cómo Jean-Luc me miraba todo el rato, y yo le miraba a él, todo el día. Éramos como animales.” Recuerda Anna. El mítico director de fotografía del filme, Raoul Coutard, asegura que Gordard alargó el rodaje para poder cortejar a Anna.

Se casaron en 1961 para pasar por una tormentosa unión imperada por los celos del director mezclados con largos periodos de ausencia y las inseguridades de la actriz. Ella quedó embarazada mientras rodaban Un femme est une femme (1961). Perdió a su bebé poco después, a esto siguieron tres intentos de suicidio por parte de Anna, varias separaciones y apasionadas reconciliaciones. Decidieron no volver a verse después de pocos años.

En palabras de Coutard, las películas en las que ambos colaboraron como pareja eran “La postal más cara que un hombre haya enviada nunca a su mujer.”

Ingmar Bergman y  Liv Ullman

Ser la musa de un director tan introspectivo y analítico como Ingmar Bergman no debió haber sido fácil. Liv Ullman, dice haber sido feliz hasta que comenzó a conocer el enredado pensamiento detrás de los filmes del sueco. Rodó con él un total de nueve producciones: La hora del lobo (1968), La vergüenza (1968), Pasión (1969), Gritos y susurros (1972), Escenas de un matrimonio (1973), Cara a cara (1976), El huevo de la serpiente (1977), Sonata de otoño (1978). Incluyendo en este listado la obra maestra del revolucionario director Persona (1966).

Su amor superó las barreras del romance efímero para convertirlos en compañeros de vida, amigos, amantes, colaboradores de trabajo y almas gemelas que no supieron pasar su vida juntos pero que tampoco supieron pasarla separados. Bergman le solía repetir a su bella musa que él y ella estaban “dolorosamente conectados.” La historia de esta pareja está tan plagada de arte, de esencia, de belleza y de tormento, que se merecen un artículo completo. Esperen el próximo #IVACTOrecomienda donde -para complementar lo narrado en este #DetrásDeLaLente- recomendaremos el documental Liv & Ingmar (2012), que despliega el amor de esta pareja, esto narrado directamente por Ullman.

Cerremos con una frase del académico, escritor y productor inglés Colin MacCabe:

“Es una verdad universalmente aceptada que la historia del cine es la historia de una conjura de hombres tímidos, poco atractivos, para rodearse de mujeres arrebatadoras.”

¿Será cierto?  ¿Es ésta solamente una cuestión del séptimo arte? ¿O lo es de todas las disciplinas artísticas por igual? ¿Las mujeres inspiran al arte o es que nuestra naturaleza sensible nos orilla a enamorarnos del artista? Abramos el debate: ¿Ustedes, queridos lectores de éste, su blog de cine, qué opinan?

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