Rosemary’s Baby: dominando el terror psicológico por cinco décadas

David Azar: @DavidAzar93

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En 1967, después de un exitoso debut como novelista con el thriller A Kiss Before Dying (1953) y un largo tiempo trabajando en teatro, el escritor Ira Levin regresaría con una segunda novela que instauraría un nuevo boom comercial de la literatura de terror: Rosemary’s Baby. El bestseller de Levin se basa en Manhattan y relata la historia el tormentoso embarazo de Rosemary Woodhouse, una chica de provincia recién casada con un actor que no encuentra suerte en su profesión. A raíz de unas pesadillas casi tangibles y aterradoras, Rosemary caerá en un espiral de neurosis, imaginando que sus extraños vecinos conspiran para hacerle daño a su bebe. Impulsada por el instinto maternal, Rosemary no descansará hasta descubrir la verdad detrás de su insufrible embarazo. La novela de Levin fue un éxito rotundo, pero fue incluso antes de ver la luz día que sintió el llamado del séptimo arte: William Castle, legendario productor y director de cine de terror de serie B, se vio muy astuto al adquirir los derechos de la obra justo antes de que ésta fuera publicada. Después de que Hitchcock haya rechazado la oferta, Castle probó suerte tocando las puertas del estudio de Hollywood más devaluado en aquella época: Paramount Pictures. En ese entonces, un joven y ambicioso productor llamado Robert Evans había sido nombrado cabeza de Paramount, heredando la decadencia del estudio. Evans buscaba desesperadamente un guión que cambiara su suerte. Llegó a su escritorio la copia de la todavía inédita novela de Levin.

Paralelamente, los directores emergentes de Europa empezaban a ser contratados por los estudios de Hollywood para traer frescura a las pantallas. Evans y Castle encontrarían la última pieza del rompecabezas en un director que había hecho un par de filmes exitosos en Polonia y  Francia. Con 34 años de edad, y previo a la grandiosa trayectoria que nos traería títulos como Macbeth (1971) y Chinatown (1974), Roman Polanski se topó con la oportunidad de debutar en la tierra de los sueños. Un mes después de haber aceptado la oferta, Polanski regresó a la oficina de Evans con un borrador que se traducía en casi cuatro horas de duración. Bastaron unos cuantos ajustes y el guión de cine de Rosemary’s Baby estaba listo. Polanski no fue el único primerizo en Hollywood a bordo de la producción: Mia Farrow hizo su debut en la pantalla grande encarnando a Rosemary Woodhouse. El papel de Guy Woodhouse, el esposo de Rosemary, fue para John Cassavetes.

Polanski ya había explorado el terreno del thriller psicológico en Europa con Knife in the Water (1962) y Repulsion (1965), pero fue con Rosemary’s Baby (1968) que aprendería a dominar el género. Determinado a cuidar todos los detalles con excesiva atención, Polanski edificó un suspenso auténtico y gradual valiéndose de personajes muy bien construidos. Farrow ha, incluso, mencionado que nunca ha recibido direcciones tan específicas como cuando trabajó con Polanski. Aparte de la intensidad con la que la actriz encarna a Rosemary, las actuaciones de Ruth Gordon y Sydney Blackmer (como los exóticos vecinos Minnie y Roman Castevet) son muy precisas y transmiten efectivamente el aura misteriosa a la que hace alusión el libro. Además del aspecto interpretativo, la música de Krzysztof Komeda, gran compositor polaco y viejo colaborador del director, complementa el ambiente de incertidumbre que aflige a Rosemary, y fortalece el factor del terror a lo largo de toda la película.

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Poster conmemorativo de Mondo Gallery, diseñado por Jonathan Burton (@jonathanburton)

La calidad del detalle en la visión de Polanski se refleja en su fidelidad al material original. Los colores en el diseño de producción y el vestuario (a cargo del dúo-matrimonio Richard y Anthea Sylbert, respectivamente) son exactamente los mismos que la novela indica y los diálogos se acercan lo más posible a los que Levin escribió. El autor confiesa que en un principio fue escéptico ante la producción de la cinta, pero su opinión cambió.

“La película de Rosemary’s Baby es la adaptación más fiel de una novela que jamás allá salido de Hollywood” – Ira Levin

La apuesta que jugó la Paramount en la realización de Rosemary’s Baby fue de mucho riesgo. A pesar de ser su segunda novela, Ira Levin ya había visto tres de sus trabajos convertidos en películas y, siendo un autor bestseller y un dramaturgo de renombre en Broadway, se tenían altas espectativas para la adaptación de su joya del terror. Sin embargo, un director primerizo en el sistema hollywoodense, un ejecutivo joven y ansioso por un éxito que lo rescatara y un productor de cine de terror de serie B no parecía una trifecta a la altura de dicho reto. En el producto final, Polanski dejó muy claro que la libertad creativa, el respeto al material y la confianza en los diferentes departamentos de la producción son los elementos que conforman una película sincera y emocionalmente efectiva. El  debut estadounidense del director iría más lejos de lo que todos los implicados en su realización imaginaron. Rosemary’s Baby fue un gran éxito comercial, recaudando en taquilla diez veces el valor de su presupuesto, aunque esto sólo sería la punta del iceberg. La película limpió el nombre de Paramount e impulsó una serie de éxitos bajo la dirección de Evans, entre ellos The Godfather (1972) y Serpico (1973). De igual manera, Rosemary’s Baby catapultó las carreras de Roman Polanski y Mia Farrow en Hollywood y, finalmente, sería la película que inspiraría una futura serie de éxitos taquilleros en el género de lo diabólico: The Exorcist (1973), The Omen (1976) y Poltergeist (1982), por mencionar las más famosas.

“[Polanski] sabía cómo manipular la mente. Y manipular la mente en el cine, y hacerlo efectivamente, es una pieza de arte” Robert Evans.

Hoy en día, Rosemary’s Baby se sostiene como una joya cinematográfica y la pionera del género de terror que, aunque sus artimañas y trucos nos parezcan anticuados actualmente, la carga psicológica de sus personajes y la manera en que su director los lleva a sus escalofriantes destinos sigue igual de vigente: la escena final, cuando Rosemary se asoma a la cuna de su bebe por primera vez, es de las secuencias más espeluznantes jamás filmadas.

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