¿Y ahora a dónde vamos?; la solución femenina a los conflictos religiosos

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“Y entre sus portentos está la diversidad de vuestras lenguas y colores.” (Corán 22:67)

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Han sido muchos los conflictos bélicos, las guerras, las matanzas forjadas en el nombre Dios. El medio oriente, el lugar en donde comenzó la maravillosa aventura de la humanidad, al ser la cuna y el crisol de los mitos religiosos, se encuentra en situación de guerra perpetua. Es justamente esa zona del planeta en la que surgieron las más ancestrales de las devociones y donde estas ideologías conviven cara a cara y día a día. Distintas versiones de Dios se encuentran en constante confluencia y choque. Cada una de las religiones busca erigirse sobre el pedestal de la verdad absoluta. Para cada una de estas ideologías, su interpretación de lo infinito, de lo eterno, de la salvación es la única admisible y debe monopolizar la materia de lo sobrenatural. Todos los demás están mal y yo estoy bien, nos decimos y este enunciado tan carente de argumentos se convierte en parte intrínseca del sentido común religioso.

¡Cómo nos gusta contradecirnos! La gran mayoría de las religiones han caído, en alguna etapa de su historia, en profesar a un Dios amoroso y compasivo pero que desea acabar con los infieles a como dé lugar, qué importa cuánta sangre se derrame en el intento.

El Líbano es el país  que agrupa a un mayor número de comunidades religiosas: los cristianos que se dividen en maronitas (19%), griegos ortodoxos (10%), griegos católicos (8%), y el grupo islámico separado en sunnitas (21%), chiítas (34%) y los heterodoxos drusos (8%). Un 37% contra un 63%. Los enfrentamientos armados, iniciados por el desacuerdo religioso, han brotado en distintas etapas de la historia del país. Sin embargo, en este pedacito de tierra, miembros de dos religiones “enemigas”, se ven obligados a vivir pared con pared, ser compañeros de clase, toparse en la panadería o en el restaurante, hacer negocios el uno con el otro, compartir la patria, el pueblo, la aldea. ¿Y cómo les va? Dejémos que la directora libanesa, Nadine Labaki, nos lo cuente.

“A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley y un modo de vida. Y si Dios hubiera querido, cierta­mente, os habría hecho una sola comunidad: pero para probaros en lo que os ha dado. ¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras! Habréis de volver to­dos a Dios: y, entonces, Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.”(Corán 5:48)

¿Y ahora a dónde vamos? (2011) es, como lo describe la directora, una pequeña película, de una pequeña aldea donde estas dos religiones parecen coexistir en armonía; una misión imposible, un sueño difícil de convertir en realidad. La historia retrata la manera en la que las mujeres de esta comunidad aislada desafían la inminente lucha entre cultos que comienza a desatarse en el país. Esto desde un punto de vista tanto humorístico, como trágico.

El 7 de mayo de 2008, la paz se tambalea en el Líbano. Beirut se convierte una vez más en zona de guerra. La televisión nacional muestra imágenes de enmascarados con armas y granadas. De nuevo, el país se encuentra sumergido en un conflicto liderado por sus dos principales religiones: cristianos y musulmanes.

La cinta comienza con los habitantes del pueblo reunidos delante de una televisión, la única en la aldea. Una presentadora en ropa muy ajustada presenta las noticias. Los varones abren los ojos emocionados mientras se codean. No a diario se ven mujeres con ese cuerpo y esa vestimenta andando por ahí. Las esposas de la aldea suben a la colina para desactivar la conexión televisiva. No en un intento de evitar que sus maridos se exciten viendo a la presentadora. No. Lo que querían era impedir que supieran lo que estaba pasando a las afueras del pueblo: el inicio del conflicto religioso. Si ellos no se enteran, los musulmanes y cristianos de la población seguirán llevándose bien y la amigable vida en comunidad no se vería afectada.

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En un país donde la violencia se propaga, Nadine Labaki nos presenta al grupo de mujeres de la aldea en su intento por evitar que sus esposos e hijos se enteren de lo que sucede a las afueras de la pequeñísima realidad en la que se encuentran. Estas tentativas van desde milagros falsos, como una estatua de la Virgen María llorando, hasta contratar a strippers de Europa del este para ir a vivir un rato a la aldea y dejar así a los hombres pasmados con lo exótico de sus nuevas vecinas rubias y de piernas largas.

Vemos, en pantalla, a la mujer libanesa cristiana y a la musulmana, todas amigas, que instituyen como sede de conspiración la cocina – lugar al que nunca entra el hombre. Labaki nos muestra a una mujer astuta que le hace creer al hombre que él tiene el poder mientras ella mueve las cartas, disimuladamente, por debajo de la mesa. La directora fue capaz de crear una coqueta pero dura evocación a la resistencia, la empatía y la compasión femenina.

¿Y ahora a dónde vamos? Se postró, por su naturalidad y fluidez, como el tercer filme más taquillero en la historia del Líbano, después de Titanic (1997) y de Avatar (2009).

Nadine Labaki, al traducir su contexto a una narrativa tan divertida como conmovedora, abre el paso hacia un análisis individual de nuestra propia concepción hacia lo “distinto”. Ella percibe, analiza y entiende la situación de su patria para transmitirla en la pantalla grande con matices cómicos y trágicos. Nos pregunta qué tanto somos como esas mujeres, que hornean galletas juntas, cantan y bailan, ríen y se consuelan, forman parte del mismo bando, a pesar de pertenecer a dos grupos religiosos que han puesto en manifiesto su posición de adversarios.

“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre y una mujer, y os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso”. Cita del Corán (Las Habitaciones 49:13).

¿Luchar en nombre de Dios? ¿Guerras de conquista y conversión? ¿Cruzadas? ¿Terrorismo? ¿No sería más lógico entablar amistades y comprender al otro en nombre de ese Dios amoroso y compasivo del que tanto alardeamos?

“Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores sino de la forma más amable—a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal—y decid: ‘Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros, y también en lo que se ha hecho descender para vosotros: pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo’” (Corán 29,46)

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