El cine y el nuevo feminismo; El sexismo subsiste en el séptimo arte.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

guys-and-dolls

Los condicionamientos culturales nacen de necesidades contextuales. Fue hace unos cuantos milenios, por cuestiones de supervivencia, que se estableció la idea de que la mujer era la que debía quedarse en casa haciendo los deberes. El hombre, por lo contrario, proveía. Esto, repito, hace unos cuantos milenios: cuando la fuerza física era el atributo indispensable para la supervivencia, cuando lo que se llevaba a la mesa venía del esfuerzo que requiere la caza.

Demasiados años han pasado desde entonces. Años de civilizaciones, de guerras y pleitos, de imperios, de “descubrimientos”, colonizaciones, independencias y revoluciones, de la creación de naciones y potencias, de leyes y parlamentos, de urbanización, de uniones políticas, de democracias, de globalización, de una supuesta evolución y progreso, para llegar al mundo en donde nos encontramos hoy. Una sociedad que ya no se rige por la fuerza física, sino por la capacidad intelectual, la innovación, por la creatividad, la inteligencia; características que en definitiva no tienen nada que ver con los cromosomas X o Y.

Sin embargo, y muy a pesar del supuesto triunfo de la civilización, al sexo masculino y al femenino se le han adjudicado y se le siguen adjudicando un sinnúmero de condicionamientos religiosos, culturales y sociales, que venimos arrastrando desde los tiempos de las cavernas. El varón prueba su masculinidad con la capacidad de proveer que en nuestros días se traduce a su poder adquisitivo. ¡Cuánta presión! Tener que demostrar que estás hecho todo un hombre pagando la cuenta de la cena y, eso es lo de menos, porque después te tocará pagar las deudas de la casa, la colegiatura y bueno… casi todo. Las mujeres, en cambio, cargan con la responsabilidad de convertirse en objetos de deseo para el hombre. Ser puras, anheladas, bellas, para lograr encontrar a un marido que quiera pagárselos todo. Y créanme, teniendo en cuenta que esto de la belleza física es pura suerte, también es mucha presión. Hoy, a pesar de nuestra supuesta evolución, para una mayoría significativa el éxito económico es cosa de hombres, mientras que el éxito sentimental es más bien femenino.

¿Qué no es cierto? Siendo el monstruo de las producciones cinematográficas, hablemos de Hollywood. Hablemos de cine. El séptimo arte no es solo un claro reflejo de la sociedad y de nuestras predisposiciones culturales, lo que vemos en la pantalla grande retrata lo que somos. Los filmes son hoy el método de educación cultural más efectivo. El contenido mediático moldea nuestra sociedad y condiciona al niño, al adolescente y al adulto a normalizar ciertas actitudes, ideas o prejuicios.

Y sí, al escuchar esto citarán algunos ejemplos de cine comercial en donde el personaje principal es alguna mujer poderosa, porque los hay. Pero si prestamos atención a la mayor parte de los personajes femeninos en los filmes, se darán cuenta de lo mal que andan las cosas. Hay que comenzar por recalcar que hasta el año 2011 solamente un 16% de los protagonistas en las películas fueron mujeres.

“Por lo general el contenido fílmico son historias de hombres, sobre la vida de estos hombres, y después tenemos el subgénero de las chick-flicks. Ésas parecen ser historias sobre mujeres. Pero si las analizas, te darás cuenta que también giran en torno a los hombres. ¿Cómo encontrar al hombre? ¿Cómo embarazarte? ¿Casarte?” – Caroline Heldman, Profesora de Ciencias políticas.

¿Un filme que le muestre a un hombre cómo encontrar y agradar a la mujer de sus sueños? No se me ocurre más que Hitch (2005). A la inversa, en cambio, este tipo de filmes abundan.

Entre 1937 y 2005, solamente hubo 13 mujeres protagonistas en películas de animación, y todas ellas, a excepción de una, tenían como única y principal aspiración la de encontrar el romance. Aprovechando que es el nuevo fenómeno mundial, pongamos como ejemplo la adaptación del cuento de La Bella y la Bestía de Disney. Una historia pseudo-feminista, que presenta a una protagonista “adelantada para su tiempo”, solamente porque le gusta leer, se atreve a rechazar al galán del pueblo y tiene inquietudes por abandonar la pequeña aldea donde vive con su padre. “Necesito aventura… Necesito más que esta vida provincial” canta Emma Watson, la feminista en voga. Pero sus inquietudes se ven saciadas cuando se queda con el príncipe dueño de un inmenso castillo.

Si se trata de retratar lideresas en las películas, nos encontramos con esas jefas demandantes, escalofriantes, de corazón de piedra. Las que han renunciado al amor y que descuidan de la familia para llegar al puesto en donde están. Es esa soledad lo que las hace tan frías. ¿Acaso existe alguna película de un hombre que haya tenido que renunciar a tener esposa por su alto rango? Un soltero, a sus cincuentas, con un gran puesto de trabajo: eso me suena más a sex appeal.

El más descarado de los géneros para ilustrar la tesis de este artículo es, sin lugar a dudas, el terror. En estas películas, por lo regular, el hombre es el asesino que carga con el hacha y la mujer es la que corre por los bosques mojada en sudor, con una blusa semitransparente y desgarrada que deja notar sus pezones estáticos. En los remotos casos en los que la mujer resulta ser la asesina, el estereotipo es más bien el de una femme fatale seductora, vampiresa, que atrae a su victima con juegos sexuales.

Continuando por el camino del horror, en más del 95% de los casos, las víctimas de posesiones demoniacas, son pequeñas niñas o jovencitas. ¿O has visto acaso que le pase esto a algún chico joven? Esto se debe al sentido de fragilidad femenino.

“Una niña poseída, despierta un instinto protector en el público. Los niños adolescentes son percibidos como violentos y peligrosos, así que si decidimos que sean ellos los que son poseídos, el público por lo regular no es capaz de percibir la diferencia.” Comentó Eli Roth, el director de películas como Hostel (2005), The Green Inferno (2013) y Knock, Knock (2015).

Por lo regular, las mujeres en las películas son bastante estereotípicas, simples, sosas, sin aspiraciones por encima del deseo de encontrar el amor. ¿Por qué será? Son poquísimos los guionistas, los directores que saben retratar a sus personajes femeninos como los seres humanos complejos que son en la vida real. Mientras más alto escalas, menos mujeres hay. Solamente un 19% de los guionistas en Hollywood son mujeres. ¿Y directoras? Las estadísticas son aún más desesperanzadoras. Estamos hablando de 7 mujeres por cada 93 hombres.

Al día de hoy, la cosificación mediática de la mujer ha pasado a justificarse con la máscara de un feminismo hueco y mal fundamentado. Escuchamos discursos de actrices de series o de Hollywood, cantantes pop, sobre un supuesto poder femenino que parece estar muy de moda. Estas nuevas feministas tienen el cutis perfecto, piernas largas y firmes, ojos pardos, nariz afilada y en sus películas o vídeos musicales dejan mostrar sus atributos usando ropa demasiado ajustada o escasa: tal como lo dicta el gusto sexual masculino.

Una buena manera de mantener los malos hábitos es disfrazándolos de activismo social. Así como lo dijo el ministro de propaganda de la Alemania Nazi, Joseph Goebbels, “Una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”.

El nuevo feminismo construido por y para que los medios de comunicación no cambien su trato hacia la imagen femenina para seguir vendiendo, es obviamente aceptado y aplaudido por las masas. ¿Qué pasa si una reportera seria decide no usar una mini falda y cuestionar a un hombre en su programa? ¿Y si una mujer se atreve a llevar pantalones de sastre y postrarse en un debate presidencial frente a un político? Contará con mucho menos aceptación de la que logran esas feministas que encajan con los estereotipos de belleza comercial. ¿Las niñas pequeñas prefieren ser representadas por Beyoncé o por Rigoberta Menchú? Cuestiónenselo ustedes.

La mujer ha sido criada para competir con otras mujeres en belleza, en estilo, en clase y porte. Ella triunfa si logra conquistar al amor de su vida. El hombre por el contrario debe ser fuerte, atrevido, intimidar a otros hombres, y contar con una buena cantidad de billetes en la cartera. Cuestiones que de genético no tienen nada, que no son más que creencias culturales. Estos condicionamientos afectan tanto al hombre como a la mujer.

“Alabamos a la mujer por su virginidad, pero no al hombre. Y siempre me he preguntado cómo se supone que esto debe funcionar porque la pérdida de la virginidad es, por lo general, una práctica que necesita a un hombre y a una mujer.” – Chimamanda Ngozi Adichie.

¿Me pregunto a veces dónde queda la calidad humana fuera del género? A la mujer se le educa en la vergüenza sexual, se le inculca una especie de culpabilidad por despertar el apetito masculino. A él en cambio se le justifica que se comporte como un verdadero predador desesperado. El padre puede felicitar a su hijo por haber estado con tres mujeres en una noche. ¿Qué diría el mismo padre si su hija hace lo mismo? ¿Cuestiones genéticas? No. Prescripciones sociales. Y éste es solamente uno de mil ejemplos. Hay muchas más de esas disposiciones mentales con las que cargamos que nos impiden ver al individuo por su condición de humano. Somos expertos en juzgar por lo que alguien como “mujer” hace, posicionándola bajo el degradante calificativo de niña bien. Si ser una niña buena o una niña bien requiere una dosis de sumisión y renuncia a mis propias aspiraciones intelectuales, profesionales o personales, para así no intimidar a los miembros del sexo opuesto, espero jamás serlo.

El feminismo no se traduce en un odio o la constante búsqueda por desacreditar al sexo masculino, como muchos creen. No es la que comienza con la alegata entre quién tiene la culpa de haber sido echados del paraíso, si yo Eva o tú, Adán. Tampoco la que acusa o achaca al hombre. El feminismo real, el feminismo bien argumentado, ése que es tan vital, busca la equidad. Se quita la venda del rol del género y mira las injusticias que se cometen tanto a hombres como a mujeres. Adopta un estilo de vida que se basa en el respeto, por encima de las condiciones biológicas. La dignidad humana por encima del género.

Según el diccionario de Oxford, feminista es una persona que cree en la igualdad económica, social y política de los sexos. Ser llamada feminista no debe ser un reproche, ni tampoco una banderola que justifique actitudes de desdén. Ser llamada feminista es un halago, porque quiere decir que eres lo suficientemente consciente de las falsedades, las arbitrariedades y velas por el respeto y la igualdad. Es la mujer que reparte la cuenta, que trabaja como equipo con su pareja, porque es consciente de la dificultad que implica el mantener a una familia. Es el hombre que no se siente intimidado por estar con una mujer exitosa, sino lo contrario. ¡Sí, he dicho hombre! El feminismo no es algo que se le debe atribuir únicamente a las mujeres. Hay que admitirlo, no hay cosa más bella que un hombre feminista.

“We should all be feminists” – Chimamanda Ngozi Adichie.

adam's rib

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s