Trainspotting; drogas en exceso durante un día nublado

Jose Hernández: @josechj7

Trainspotting 3 copy

Hace diez años, uno de mis mejores amigos llevó a mi casa una película de la que había pasado los últimos meses hablando, convenciéndome de que si la veía me iba a gustar tanto como a él. Ésta era una de las referentes por excelencia del director británico Danny Boyle: Trainspotting (1996). El filme nos presenta a Mark Renton (interpretado por Ewan McGregor) y a su grupo de amigos: Spud (Ewen Bremner), Sickboy (Jonny Lee Miller), Begbie (Robert Carlyle) y Tommy (Kevin McKidd). Todos en sus veintes, todos escoceses y todos, a excepción de Begbie, drogadictos.

Renton abre la cinta con un monólogo en el que establece que él eligió la heroína a diferencia de las personas que por convención social eligen la vida, tener una familia, un carro, una casa, etc. En cuanto termina la voz en off, nuestro protagonista se propone a dejar la droga de una vez por todas, por lo que prepara un tratamiento inusual con música sedante, sopa de tomate (10 latas), sopa de hongos (8 latas, consumir frías), helado de vainilla (grande), leche de magnesia (1 botella), paracetamol, enjuague bucal, vitaminas, agua mineral, pornografía, un colchón, un balde para orina, otro para cagar, uno más para vomitar, una televisión y una caja de Valium. Tan pronto se instala en su búnker de rehabilitación, Renton decide salir en busca de un último golpe. Lo único que le consigue su dealer Mikey Forrester (interpretado por Irvine Welsh, autor de la novela homónima en la que se basa la cinta) es un supositorio de opio, dando pie a una de las escenas más emblemáticas de la película. Renton pesca una terrible diarrea a causa de la droga y se ve obligado a buscar un retrete imaginando un gran baño reluciente con camillas de oro, mármoles blancos, un inodoro de ébano, una cisterna llena de Chanel Nº5 y un lacayo que le pase papel higiénico de seda. Como única alternativa, Renton encuentra el baño asqueroso de un pub, o lo que él llama: El peor inodoro de Escocia. Una vez ahí, sintiendo un gran placer al liberarse de su tormento, escucha caer los supositorios de opio y decide sumergirse -literalmente- en su búsqueda. Desde esta secuencia somos ya testigos de la bien lograda fotografía de Brian Tufano. Planos como el nadir, el punto de vista y el plano general logran transmitir esa sensación de estar en un ambiente frío y nublado, muy característico del Reino Unido.

La obra de Dany Boyle nos presenta algo más que una historia sobre el problema de adicción a las drogas que se vivía en la época, y que el gobierno escocés combatía con apoyos económicos para que la gente consiguiera empleo más fácilmente (como en el caso del personaje de Spud). Por sobre todas las cosas, Trainspotting nos presenta una historia de amistad disfuncional nutrida por excesos.

La banda sonora, además de las excelentes actuaciones, es de lo que más destaca en la cinta; canciones como Lust For Life de Iggy PopPerfect Day de Lou Reed y Born Slippy (Nuxx) de Underworld denotan puntualmente el sentir del filme. El ingenio de Boyle y de su equipo se resume en la sensación que tiene el espectador de ser “absorbido por la tierra”, a través de diversas técnicas que son muy características de su estilo visual y estética de videoclip.

Han pasado veintiún años desde el estreno de Trainspotting y ocho desde que mis amigos y yo tomamos caminos distintos, por lo que no podía esperar para reunirme con ellos una vez más y disfrutar del nuevo filme de Danny Boyle T2: Trainspotting (2016), la secuela de uno de los filmes noventeros con los que crecimos. Y así lo hicimos.

T2 me pareció precisa respecto a la continuidad con su antecesora. Cabe resaltar que con tan sólo una vez que la haya visto, el director originario de Manchester me dio una cátedra sobre cómo hacer la secuela de un éxito y no morir en el intento. Dejando el tema de la drogadicción (al menos sólo un poco), Boyle se concentra ahora en la amistad de un grupo de individuos que se conocen desde niños, probablemente desde la primaria o incluso antes, cuya relación se encuentra destrozada por el hecho definitorio con el que termina la primera película. Los protagonistas nos llevan de la mano, reviviendo con y a través de ellos la nostalgia de su precuela, logrando así una experiencia que puede gozar tanto el fan familiarizado con esta pequeña saga como el espectador sin referentes. La banda sonora no baja en calidad y la estética del filme nos regresa nuevamente a ese día nublado que pasamos al norte de Inglaterra en 1996; Boyle se encargó firmemente de que el estilo audiovisual de Trainspotting no muriera en esta nueva entrega. Uno de mis temores cuando anunciaron T2 era si la película tendría escenas tan memorables e impresionantes como la primera parte, así como un alma individual que no debiera recargarse en ésta para encontrar su encanto. Mi veredicto final es que Boyle hizo un excelente trabajo.

T2: Trainspotting reúne no sólo a los actores principales del filme original, sino que también a personajes secundarios como Diane (Kelly Macdonald), Gail (Shirley Henderson) e incluso el mismo autor de la novela nuevamente encarnando a Mikey Forrester. T2 logra trascender gracias a la pasión y el amor que la producción le tiene al arte y cuyo esfuerzo en conjunto deja a Danny Boyle y Trainspotting como un referente importante del cine británico contemporáneo.

Trainspotting 2

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