Distopía: filmes que auguran un futuro pesimista.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

¿Cómo será el futuro? Esta pregunta resuena a cada rato en la mente de los que aún perciben extenso el sendero de la vida, de los jóvenes conscientes del crecimiento tecnológico que ha logrado alterar toda regla de conducta social, de los padres novatos que toman la mano diminuta de su bebé para ayudarle a dar los primeros pasos. ¿Cómo será el futuro? Nos preguntamos muchos de repente, esperando con ansias que la pregunta se esfume y no aparezca en meses. Y es que al enumerar las vicisitudes de este presente tan revoltoso, tan caluroso, tan sensacionalista, tan tecnológico, tan irracional, sumergido en un sistema que convierte al individuo en engranajes que solo sirven para mantener la economía “estable” y sin blasón que nos defienda de la incertidumbre, tendemos a agachar la cabeza y pintar ese porvenir con tintes de pesimismo: al estilo desesperado del Grito de Münch.

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¿Cómo será el futuro? ¿Menos contacto físico? ¿Más realidad virtual? ¿Calentamiento global? ¿Armas nucleares? ¿Sobrepoblación? ¿Totalitarismo? ¿Qué nos espera?  Saca el aire, deja caer los hombros. Tranquilo. Como lo leíste en el título, este artículo habla de la distopía y ésta, a diferencia de la utopía, es una predicción pesimista de nuestro porvenir.

A lo largo de la historia muchos escritores y pensadores han intentado relatar la manera de llegar al futuro ideal, entre ellos podemos encontrar a Platón y a, claro, Tomás Moro. El progreso científico, social y político de la modernidad, nos hizo creer que ese futuro de paz y estabilidad estaba al alcance de nuestras manos. Sin embargo, ese mismo progreso que esperanzador se convirtió en motivo de competición, opresión y guerra. Así y entonces, fue que el género de la distopía – predicciones de un futuro pesimista siempre basándose en los caprichos del presente – tomó fuerza y vigor. ¿Cómo será el futuro? Se preguntaron  algunas de las mentes más brillantes y al momento de retratarlo, nadie optó por el optimismo.

H.G. Wells en pleno auge de la Revolución Industrial escribió La máquina del tiempo (1895), en el que imaginó a las clases privilegiadas y al proletariado evolucionando en especies distintas. Aldous Huxley, en Un mundo feliz (1932), cuando apenas comenzaba el fenómeno de la mass-media, imaginó a ciudadanos condicionados a llevar a cabo sus roles sociales mientras la propaganda, las drogas y el sexo mantienen a la sociedad distraída, satisfecha. George Orwell luchó contra el fascismo y el comunismo: primero se burló el Régimen Soviético con su libro Rebelión en la granja (1945), y en su novela 1984 (1949) arremetió contra el fascismo prediciendo un futuro en el que un gobierno totalitarista vigila cada momento en la vida de los habitantes.

Desde entonces, los escritores, testigos del crecimiento sin mesura de la tecnología, se preguntan, atemorizados, cómo será la existencia de la humanidad dentro de unos cuantos años. La ciencia ficción distópica se volvió recurrente y no solamente en libros, sino también en cine, comics, videojuegos. Robots rebelándose contra sus creadores como en Yo, robot (2004) o Ex Machina (2015). Sociedades carentes de derechos humanos como en la serie de comic books V de Vendetta (1982 – 1988) del brillante Alan Moore o la novela El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood. ¿Utopías? No se me ocurren muchas. La distopía parece ser un género cada vez más recurrente en el imaginario popular. Los escritores de este tipo de ficción intentan hacernos ver la manera en la que pueden llegar a desarrollarse nuestras actitudes actuales si no tomamos consciencia y rienda de ellas.

Te recomendamos aquí cinco películas distópicas: escalofriantes predicciones de nuestro futuro. ¿Qué tanto se acercan estas profecias a la realidad?

5. Metropolis (1927) de Fritz Lang

FRITZ LANG

Una de las primeras películas de ciencia ficción de la historia es esta producción de Fritz Lang perteneciente al Expresionismo Alemán.

Año 2026 en la ciudad de Metrópolis, la sociedad se ha dividido en dos. Por un lado, están los intelectuales, pensadores, que viven en la superficie y gozan de una vida cómoda. Debajo de la tierra se encuentran los trabajadores, esclavos que laboran sin parar para mantener la calidad de vida de los que nacieron privilegiados.

Marie (Brigitte Helm) es una trabajadora que lucha por la equidad de clases sociales. Freder (Gustav Froehlich), hijo del director de la ciudad y convenientemente ignorante de la vida debajo de su mundo, conocé a Marie y se enamora de ella. El joven baja a ese lugar desconocido para ser testigo de las tan abismales diferencias y de la terrible calidad de vida de los que habitan en el subsuelo. Freder, sintiéndose desgastado y repelido por lo que acaba de descubrir, decide unirse a la causa de su enamorada.

Un mundo en el que los poderosos saben que, para mantener su estilo de vida, es necesaria la sumisión de una gran parte de la población, la mano de obra barata y fácil, el ser humano que funcione como una pieza más en el rompecabezas de la manufactura y el servicio esclavizado e inconsciente de unos cuantos. Lanzada hace cien años y a menos de diez años de que lleguemos al año 2026: ¿Qué tanto nos parecemos a la sociedad que retrata Fritz Lang?

4. A Clockwork Orange (1971) de Stanley Kubrick

“Being the adventures of a Young man whose principal interests are rape, ultra-violence and Beethoven.”

A Clockwork Orange

La controversial película de Stanley Kubrick es la adaptación de la novela homónima de Anthony Burgess. Trata de un sociópata, carismático y amante de Beethoven, que, junto con su pandilla, los drugos, comete los más vehementes y atroces crímenes. Alex (Malcolm McDowell), después de haber asesinado brutalmente a una mujer, es aprendido y condenado a 14 años de prisión, dos de los cuales pasará sometido a una terapia para curar sus arranques de violencia. El proceso de “curación” consiste en ver imágenes violentas acompañadas por música de Beethoven, bajo el efecto de drogas.

El tratamiento lo incapacita de toda violencia, incluso ésa necesaria como defensa personal. Alex no es capaz de mantener contacto con el cuerpo desnudo de una mujer. Pierde los estribos al escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven. En un mundo que se preocupa más por probar sus avances científicos que por los dilemas humanos y éticos, el criminal o el demente se convierte en el candidato idóneo para ser el conejillo de indias de cuantos experimentos de condicionamiento social sean necesarios.

“¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?” – Michel Foucault. Vigilar y Castigar (1975).

3. Blade Runner (1982) de Ridley Scott

Adaptada de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), el filme sitúa a su público a inicios del siglo XXI (nuestra actualidad). Los hombres han creado androides llamados “Replicantes” que son superiores a la raza humana en fuerza y agilidad, e iguales en inteligencia. Después de una rebelión por parte de los androides, éstos fueron vetados de la tierra y ahora hay algunos policías, Blade Runners, encargados de encontrarlos y deshacerse de ellos.

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Usando como escenario una ciudad en decadencia, en la que el capitalismo se extrapoló hasta el más enfermizo de sus niveles: basura y más basura, calles atiborradas, cosmopolitismo, mercados merodeadores y una perene lluvia gris. El pináculo del progreso económico, científico, tecnológico.

 “¿Qué hace postmoderno a Blade Runner? (…) El mundo de sólidos datos científicos y una historia con finalidad que nos legó la Ilustración europea, ¿es meramente un anhelo?” – David Lyon. Postmodernidad.

El filme nos entierra bajo una avalancha de disyuntivas sobre lo humano. Para descubrir quién es un Replicante se utiliza una prueba de empatía. Y tú  ¿Te compadeces ante las tragedias que te muestra una pantalla? Sí. ¿Y qué? En el filme, después, esos mismos seres humanos “empáticos” al sumarse a las masas se vuelven fríos, crueles, impersonales, egoístas, seres centrados en la búsqueda de su propia identidad.

2. Children of Men (2006) de Alfonso Cuarón

Children of men

El personaje principal de la historia, Theo (Clive Owen), fue creado por P.D. James en su novela homónima (1992). Cuarón llevo ejemplarmente a la gran pantalla un mundo al borde del colapso social. Situándose en el año 2027, cuando la raza humana ha perdido su capacidad de reproducirse y la desesperanza, la violencia y el sinsentido de la existencia rige la vida en sociedad. El filme nos muestra a un mundo liderado por medios de comunicación erráticos, por mentiras masificadas. En esta visión del futuro, Gran Bretaña es el último rincón de la tierra que aún funciona con algunos rasgos cívicos que permiten la vida en sociedad, por más gris que esta sea. El resto de los países están hundidos en un caos irresoluble.

Theo recobra la esperanza en el porvenir al conocer a Kee, una inmigrante embarazada, probablemente la única mujer del planeta esperando a convertirse en madre. La historia nos lleva por el ir y venir de Theo; su lucha por salvar al bebé de Kee. Mientras la cámara sigue al personaje principal de la historia, esta misma nos muestra el mundo tan irascible al que Theo está ya acostumbrado. Un país “estable”, gris, deshecho, que atrapa y deporta a los montones de extranjeros que llegan en busca de una vida digna en jaulas, con habitantes que viven aterrorizados por la inmigración, con medios de comunicación que muestran el terror constante en el que viven sumergidos los otros países.

En el filme Cuarón se vale de situar al arte sobre el asfalto para metaforizar la situación política y social de aquel mundo: usa referencias que van desde la Venus de Botticelli como símbolo de fertilidad, el David o la Piedad de Miguel Ángel, Guernica de Picasso para hacer alusión a las atrocidades de la guerra, Banksy y su constante denuncia social, incluso el cerdo volador del álbum Animals de Pink Floyd, una sátira al socialismo autoritario.

The Children of Men, tanto el libro como el filme, parece ser una interpretación, una oda, al poema The Wasteland de T.S. Elliot: un mundo infértil, atemorizado, consumista, que parece haber perdido su rumbo. Nosotros. ¿Hoy?

1. Her (2014) de Spike Jonze

Muchos tal vez no consideran este filme una distopía. Primero, porque su paleta de colores huye de los cielos grises y los días lluviosos. Segundo, porque parece retratar un mundo en el que no se sufre o por lo menos no tanto como en los filmes mencionados anteriormente. Her es una película de amor, un filme de romance moderno, tecnológico.

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En un futuro cercano donde el mundo vive tranquilo cómodo, Theodore (Joaquín Phoenix) solitario, deprimido y recién separado de su pareja, inicializa un nuevo sistema operativo que promete acompañar a sus usuarios a lo largo de sus días. Ese sistema operativo es Samantha (la voz de Scarlett Johansson), de la que Theodore, obviamente sin poder tener ningún tipo de contacto físico, se enamora. Lo vemos absorto en sus aparatos tecnológicos, desconectado de su realidad física, compartiendo cada minuto de su vida con una voz que parece comprenderlo y acompañarlo. A su alrededor, las personas caminan y hablan solas, como él, ensimismados por relaciones artificiales, por seres que no están presencialmente con ellos. Sin una mano que sostener, sin una sonrisa de buenos días o un cuerpo al que ceñir por las noches. El amor en un aparato: una cámara, una voz, un teléfono móvil con el que hablar. ¿Será éste un cuento de amor contemporáneo?

¿Cómo cambian las reglas del afecto humano ahora que la tecnología nos acerca emocionalmente a las personas que están lejos, pero nos aleja físicamente de los que tenemos cerca?

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma” –  Aldous Huxley,  Un mundo feliz (1932).

El_jardín_de_las_Delicias,_de_El_Bosco
El jardín de las delicias, El Bosco. 1500 – 1505.

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