Isle of Dogs: un diálogo cinematográfico entre Wes Anderson y Japón

David Azar: @DavidAzar93

Isle of Dogs 1

A lo largo de su obra, Wes Anderson ha ido construyéndose una serie de convenciones que al día de hoy define su estilo: la singular paleta de colores en su diseño de producción y vestuario, el uso de lentes anamórficos y tracking-shots horizontales que añaden una sensación bidimensional a sus planos, el humor inexpresivo y ocurrente de sus personajes y su construcción de un mundo disparatado donde los adultos actúan como niños y la madurez de los niños es exagerada, son algunos de los más recurrentes. Sin embargo, una de las características que también ha destacado en la obra de este director es la elección de los escenarios donde se sitúan sus historias. Anderson parece no cansarse de llevarnos a mundos extravagantes y coloridos, así sea el fondo del mar (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004), la inmensidad de la India (The Darjeeling Limited, 2007), un campamento de niños scouts (Moonrise Kingdom, 2012), o los paisajes montañosos de Europa del Este (The Grand Budapest Hotel, 2014). En su noveno largometraje, Isle of Dogs (2018), Anderson decide llevarnos a Japón. En esta ocasión, el director texano nos sitúa en un escenario distópico, acompañado de marionetas vivientes gracias a la magia del stop-motion, y de la mano de nuestros mejores amigos: los perros.

Anderson también ha homenajeado a distintas personalidades del cine a través de sus películas; The Life Aquatic está inspirada en la vida y obra del teniente naval, investigador y cineasta francés Jacques Cousteau, quien dejó un legado muy importante para el estudio de la vida marítima con sus documentales. En esta ocasión, Anderson hace manifiesta su fascinación hacia la cultura japonesa y su admiración por Akira Kurosawa, el cineasta japonés más influyente en la historia del cine. A manera de carta de amor, Isle of Dogs es un diálogo entre Wes Anderson y Japón reflejado en su trama, diseño de producción, puesta en escena y casting, donde figuran actores y actrices angloparlantes y japoneses. Tratándose de una co-producción estadounidense-alemana,  el director logra un excelente balance en el empleo de estos dos idiomas; Anderson toma la decisión de privilegiar el idioma japonés entre los personajes humanos (a excepción de Tracy Walker, la estudiante americana de intercambio, interpretada por Greta Gerwig), mientras que el inglés es el dominio de los personajes caninos. En vez de recurrir a los subtítulos, el cineasta crea una brillante dinámica donde personajes hacen traducciones en tiempo real del japonés al inglés. De esta manera, Anderson coloca al inglés como el idioma de la película y al japonés como el idioma de la diegesis. En cuanto a la influencia de Kurosawa respecta, la música a cargo de Alexandre Desplat hace un estupendo trabajo en rememorar piezas icónicas como aquellas de Los siete samurái (1954) y Yojimbo (1961) de los compositores Fumio Hayasaka y Masaru Sato respectivamente, sin dejar de lado la originalidad que tanto caracteriza al compositor francés doblemente ganador del Oscar*.

Además de lo ya mencionado, Anderson llevó su fascinación por la cultura japonesa a otro nivel empleando el atributo más representativo de la tradición narrativa de Japón: el estilo presentacional. En su libro A Hundred Years of Japanese Film, el historiador y académico de cine Donald Richie hace mención de esta característica de la ficción japonesa rastreando su origen en las manifestaciones teatrales más antiguas del país asiático. Desde el surgimiento del teatro Noh en el siglo VIII, seguido por el teatro de marionetas Bunraku y el teatro Kabuki en el siglo XVII, y hasta los primeros ejercicios fílmicos en Japón con la llegada del cinematógrafo a finales del siglo XIX, la ficción japonesa es contada a través de una voz autoritaria, insistiendo en la naturaleza del relato como presentación ¿Qué tienen en común el coro del teatro Noh, el cantor joruri del Bunraku, el narrador gidayu del Kabuki y el benshi del cine japonés silente? Que todos estos juegan el papel de mediador entre el cuento y quien lo escucha. Este estilo presentacional, Richie afirma, es completamente lo opuesto al estilo representacional de Occidente, donde el espectador asume la realidad de lo que le es mostrado.

“En vez de ser presentada como un suceso, [en la tradición Japonesa] la ficción es presentada como un suceso relatado.” Donald Richie en A Hundred Years of Japanese Film

En la secuencia inicial de Isle of Dogs se nos relata la leyenda del niño samurái que salvó a la raza canina de un malvado gobernante en siglos pasados. Esta historia, que servirá de analogía para la trama de la película, se nos presenta por medio de una inmensa pintura acompañada de la voz de un narrador – un perrito al que después conoceremos como Jupiter (interpretado por F. Murray Abraham). Este prólogo es tan solo el primero de muchos momentos en que Anderson recurre al estilo presentaciones japonés. El empleo de flashbacks, con un énfasis en sus indicadores de principio y fin, es otra manera en la que Anderson emplea esta voz autoritaria, la mediación entre el relato y el espectador.

Finalmente, una característica distinguida de Isle of Dogs es la destreza de su animación. Los amantes de Fantastic Mr. Fox (2009), el primer esfuerzo de Anderson en el terreno del stop-motion, se van a encantar con la entrega al detalle en esta nueva producción. El movimiento del pelaje de los perros cuando los acaricia el viento, las peleas que cobran vida en una gran bola de algodón, aquella impecable secuencia del sushi (mi favorita por mucho), y la inclusión de animación 2D en ciertas escenas, son tan solo algunos ejemplos con los que Anderson demuestra nuevamente su talento en el stop-motion. Se necesitó de doscientos cuarenta micro-sets, mil marionetas y el esfuerzo de todo un ejército de artistas y animadores para dar vida al universo a este universo canino.

Porque nada puede ser perfecto, el desarrollo de la trama y de algunos personajes en Isle of Dogs queda un poco en deuda con la parte técnica. En ese ámbito, Fantastic Mr. Fox sigue llevando la delantera. No obstante, el relato de Anderson es entrañable y sumamente divertido, pero sobretodo, al igual que con Mr. Fox, no del todo infantil; Atari desenterrándose una estaca de la cabeza en dos ocasiones, el régimen fascista del alcalde Kobayashi (inspirado en el personaje que Toshiro Mifune interpreta en High and Low [1963], otro guiño a Kurosawa), y algún chiste de carácter sexual entre los perros son algunos ejemplos sutiles que hacen de Isle of Dogs un producto apto para chicos y grandes. Quizá los cabos se aten de manera un tanto atropellada durante el tercer acto de la película… y da igual. Al fin y al cabo, allá en el Japón de Megasaki, tal vez lo importante no sea el relato, sino como te lo presentan.

Isle of Dogs ya está en cartelera, también pueden verla en la Cineteca Nacional.

Isle of Dogs 2
Wes Anderson con las marionetas de Isle of Dogs

*A inicios de este año, Desplat se llevó su segundo Oscar a Mejor Música Original por su trabajo en The Shape of Water (Guillermo del Toro, 2017). Su primer Oscar lo ganó por The Grand Budapest Hotel.

Fuentes:

Desowitz, B. (2018) ‘Isle of Dogs’: How Team Wes Anderson Created a Stop-Motion Love Letter to Japanese Cinema. IndieWire. Consultado en: http://www.indiewire.com/2018/03/isle-of-dogs-wes-anderson-stop-motion-animation-japanese-cinema-1201942149/.

Richie, D. (2001) A Hundred Years of Japanese Film. Estados Unidos: Kodansha USA.

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