Club de Cuervos; la (efectiva) telenovela de Netflix

Jose Hernández: @josechj7

screen-shot-2017-02-21-at-11-17-25-pm

Como a muchos, me habían recomendado esta serie desde hace ya algunos meses. Por una u otra razón no había hecho caso a dicha sugerencia; quizá por el leve escepticismo malinchista que puede aún estar en mí tras años de bombardeo mediático, quizá el elenco no llamó lo suficiente mi atención o sólo no era el momento para verla. Hace un mes decidí darle una oportunidad a esta serie original de Netflix, movido por mi gusto hacia el fútbol (y también porque no tenía mucho que hacer en el momento). Desde el primer contacto me sentí abrumado por el acento marcado que emplean los protagonistas y por la similitud que encontré con las telenovelas, lo que resultó en que perdiera total interés en la serie sin siquiera terminar el piloto. Semanas después decidí darle una segunda oportunidad. Tras 5 días, había terminado las 2 temporadas que hasta el momento están disponibles en la plataforma digital.

La historia de Club de Cuervos (2015-) no es nada nuevo. Un exitoso empresario y figura pública muere dejando su empresa a sus hijos pero en este caso se trata de un club de fútbol de primera división en la liga mexicana. Como mencioné antes, el football es lo que llamó mi atención y precisamente es lo que agrega algo de vida a lo largo de los 45 minutos que dura cada capítulo. Al empezar a ver la serie, tomaba como ejemplo otras producciones que he visto sobre el tema, como Super Campeones (Kyaputen Tsubasa, 1983-1986), las películas Goal! (2005) y Goal II: Living the Dream (2007), y aunque de diferente género pero mismo tema, documentales como The Class of ’92 (2013) y Becoming Zlatan (2016). Aunque vi toda la serie en menos de una semana, debo admitir que me decepcionó el que Club de Cuervos tenga de football sólo la portada.

En ciertos episodios tratan temas como la falta de disciplina en la institución, el tener que lidiar con la prensa desde la perspectiva de un club, la casi esclavitud que hay detrás del deporte e incluso las preferencias sexuales que en muchos casos los jugadores se ven obligados a ocultar. Todos temas muy interesantes y muy explotables en cuanto a narrativa, pero que tan pronto llegan a la serie son tratados de una forma infantil (culpa han de tener los protagonistas) o simplemente no se les trata con la debida relevancia que podrían aprovechar. A pesar de haber tocado estos aspectos que, en lo personal, me hubiese gustado ver propiamente desarrollados, Club de Cuervos no es un mal producto después todo. Que sí, llega a parecer telenovela; que sí, los personajes pueden llegar a ser infantiles; que sí, se introducen temas “actuales” relacionados con fútbol (tratados como si se tratara de un chisme). Pero al final creo entender el porqué de todo ello. Si no has visto esta serie, no esperes que tenga fondo como Better Call Saul (2015-), no esperes una narrativa como la de Stranger Things (2016-) o un guión como el de Breaking Bad (2008-2013). Club de Cuervos es la telenovela de Netflix y, como tal, he de decir que es una muy buena.

screen-shot-2017-02-21-at-11-17-17-pm

Lo que destacó para mi: las actuaciones de Luis Gerardo Méndez y Mariana Treviño, que reflejan muy bien la personalidad de sus personajes Chava e Isabel Iglesias. La serie tiene buena calidad de producción (sin tomar en cuenta las secuencias en el campo) y en lo particular recomiendo mucho el episodio 3 de la segunda temporada ¿A quién estás buscando?, en el que Chava se encuentra lidiando con una crisis de identidad en una fiesta en Acapulco, bajo los efectos de las drogas.

En enero empezó la filmación de la 3ra temporada de Club de Cuervos y será este mismo año cuando veremos si la serie puede mantenerse sobre algo más que un berrinche entre dos hermanos.

¿Y ahora a dónde vamos?; la solución femenina a los conflictos religiosos

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“Y entre sus portentos está la diversidad de vuestras lenguas y colores.” (Corán 22:67)

et-maintenant-on-va-ou

Han sido muchos los conflictos bélicos, las guerras, las matanzas forjadas en el nombre Dios. El medio oriente, el lugar en donde comenzó la maravillosa aventura de la humanidad, al ser la cuna y el crisol de los mitos religiosos, se encuentra en situación de guerra perpetua. Es justamente esa zona del planeta en la que surgieron las más ancestrales de las devociones y donde estas ideologías conviven cara a cara y día a día. Distintas versiones de Dios se encuentran en constante confluencia y choque. Cada una de las religiones busca erigirse sobre el pedestal de la verdad absoluta. Para cada una de estas ideologías, su interpretación de lo infinito, de lo eterno, de la salvación es la única admisible y debe monopolizar la materia de lo sobrenatural. Todos los demás están mal y yo estoy bien, nos decimos y este enunciado tan carente de argumentos se convierte en parte intrínseca del sentido común religioso.

¡Cómo nos gusta contradecirnos! La gran mayoría de las religiones han caído, en alguna etapa de su historia, en profesar a un Dios amoroso y compasivo pero que desea acabar con los infieles a como dé lugar, qué importa cuánta sangre se derrame en el intento.

El Líbano es el país  que agrupa a un mayor número de comunidades religiosas: los cristianos que se dividen en maronitas (19%), griegos ortodoxos (10%), griegos católicos (8%), y el grupo islámico separado en sunnitas (21%), chiítas (34%) y los heterodoxos drusos (8%). Un 37% contra un 63%. Los enfrentamientos armados, iniciados por el desacuerdo religioso, han brotado en distintas etapas de la historia del país. Sin embargo, en este pedacito de tierra, miembros de dos religiones “enemigas”, se ven obligados a vivir pared con pared, ser compañeros de clase, toparse en la panadería o en el restaurante, hacer negocios el uno con el otro, compartir la patria, el pueblo, la aldea. ¿Y cómo les va? Dejémos que la directora libanesa, Nadine Labaki, nos lo cuente.

“A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley y un modo de vida. Y si Dios hubiera querido, cierta­mente, os habría hecho una sola comunidad: pero para probaros en lo que os ha dado. ¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras! Habréis de volver to­dos a Dios: y, entonces, Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.”(Corán 5:48)

et_maintenant_on_va_ou_ver3_xlg

¿Y ahora a dónde vamos? (2011) es, como lo describe la directora, una pequeña película, de una pequeña aldea donde estas dos religiones parecen coexistir en armonía; una misión imposible, un sueño difícil de convertir en realidad. La historia retrata la manera en la que las mujeres de esta comunidad aislada desafían la inminente lucha entre cultos que comienza a desatarse en el país. Esto desde un punto de vista tanto humorístico, como trágico.

El 7 de mayo de 2008, la paz se tambalea en el Líbano. Beirut se convierte una vez más en zona de guerra. La televisión nacional muestra imágenes de enmascarados con armas y granadas. De nuevo, el país se encuentra sumergido en un conflicto liderado por sus dos principales religiones: cristianos y musulmanes.

La cinta comienza con los habitantes del pueblo reunidos delante de una televisión, la única en la aldea. Una presentadora en ropa muy ajustada presenta las noticias. Los varones abren los ojos emocionados mientras se codean. No a diario se ven mujeres con ese cuerpo y esa vestimenta andando por ahí. Las esposas de la aldea suben a la colina para desactivar la conexión televisiva. No en un intento de evitar que sus maridos se exciten viendo a la presentadora. No. Lo que querían era impedir que supieran lo que estaba pasando a las afueras del pueblo: el inicio del conflicto religioso. Si ellos no se enteran, los musulmanes y cristianos de la población seguirán llevándose bien y la amigable vida en comunidad no se vería afectada.

En un país donde la violencia se propaga, Nadine Labaki nos presenta al grupo de mujeres de la aldea en su intento por evitar que sus esposos e hijos se enteren de lo que sucede a las afueras de la pequeñísima realidad en la que se encuentran. Estas tentativas van desde milagros falsos, como una estatua de la Virgen María llorando, hasta contratar a strippers de Europa del este para ir a vivir un rato a la aldea y dejar así a los hombres pasmados con lo exótico de sus nuevas vecinas rubias y de piernas largas.

Vemos, en pantalla, a la mujer libanesa cristiana y a la musulmana, todas amigas, que instituyen como sede de conspiración la cocina – lugar al que nunca entra el hombre. Labaki nos muestra a una mujer astuta que le hace creer al hombre que él tiene el poder mientras ella mueve las cartas, disimuladamente, por debajo de la mesa. La directora fue capaz de crear una coqueta pero dura evocación a la resistencia, la empatía y la compasión femenina.

ahora-adonde-vamos-labaki-600

¿Y ahora a dónde vamos? Se postró, por su naturalidad y fluidez, como el tercer filme más taquillero en la historia del Líbano, después de Titanic (1997) y de Avatar (2009).

Nadine Labaki, al traducir su contexto a una narrativa tan divertida como conmovedora, abre el paso hacia un análisis individual de nuestra propia concepción hacia lo “distinto”. Ella percibe, analiza y entiende la situación de su patria para transmitirla en la pantalla grande con matices cómicos y trágicos. Nos pregunta qué tanto somos como esas mujeres, que hornean galletas juntas, cantan y bailan, ríen y se consuelan, forman parte del mismo bando, a pesar de pertenecer a dos grupos religiosos que han puesto en manifiesto su posición de adversarios.

“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre y una mujer, y os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso”. Cita del Corán (Las Habitaciones 49:13).

¿Luchar en nombre de Dios? ¿Guerras de conquista y conversión? ¿Cruzadas? ¿Terrorismo? ¿No sería más lógico entablar amistades y comprender al otro en nombre de ese Dios amoroso y compasivo del que tanto alardeamos?

“Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores sino de la forma más amable—a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal—y decid: ‘Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros, y también en lo que se ha hecho descender para vosotros: pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo’” (Corán 29,46)

 

Los tres sensei del cine japonés: Kurosawa, Ozu y Mizoguchi.

David Azar: @DavidAzar93

The Men who tread
The Men Who Tread on the Tiger’s Tail (1945), Akira Kurosawa

La era Meiji (1868-1912), que marcó el fin del Japón feudal y la transición a la modernización del país, trajo consigo la apertura a una serie productos occidentales que darían paso a la remodelación de la cultura nipona. Entre estos productos se encontraba el séptimo arte, el cual sería un vehículo importante en el florecimiento de una nueva ola de creatividad. Claro que el cine también fue una herramienta de comunicación aprovechada por el mismo gobierno para usos propagandísticos de acuerdo a sus ideales imperialistas. No obstante, gracias a este nuevo medio artístico, Japón desarrolló poco a poco su identidad cinematográfica.

Todo inició en noviembre de 1896, con la llegada del kinetoscopio de Thomas Alba Edison al país asiático. De 1897 al cierre de siglo, los japoneses producirían sus primeros intentos de películas, influenciados en sus tradiciones teatrales. La figura del benshi (narrador de cine silente en Japón) llegaría a principios del siglo XX con la consolidación de la industria y su popularidad con el público. La primer película sonora de Japón llegaría en 1930, aunque los japoneses regresarían constantemente a la producción de cine silente antes de adoptar el elemento sonoro en su totalidad. Fue realmente a lo largo de las primeras tres décadas del siglo pasado que la cinematografía japonesa adoptaría una forma sólida y establecida, pero se reservaría solamente a un consumo nacional. Esto cambiaría un par de décadas más tarde…

En 1951, Akira Kurosawa ganó el prestigioso León de oro en el Festival de Venecia por su película Rashomon (1950), una ingeniosa historia contada a través de distintos puntos de vista, protagonizada por su actor de cabecera e íntimo colaborador Toshiro Mifune (con quien haría otras 15 películas). Además de recibir dicho reconocimiento, Rashomon construiría un puente entre el público de occidente y el cine japonés. Fue así que las grandes figuras de la industria japonesa como Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu se descubrieron en países como Francia, Alemania y Estados Unidos.

En la actualidad, después de esta apertura de la cinematografía japonesa en todos los rincones de la Tierra, y que de igual manera nos permitió explorar sus distintas etapas, géneros y facetas en occidente, se encuentran estos tres directores mencionados en el párrafo anterior, quienes sobresalen en la historia de su país y, en la del mundo, por sus proezas técnicas y artísticas.

Kenji Mizoguchi (1898 – 1956)

Kenji Mizoguchi

Nacido en 1898, poco antes de estallar la guerra ruso-japonesa, Kenji Mizoguchi vivió una infancia muy difícil: después de fracasar en un negocio efímero, el padre de Mizoguchi se vio obligado a vender a su hermana mayor, Suzu, a una casa de geishas. La frustración llevó a su padre al maltrato familiar en casa. Estos eventos marcaron de por vida a Mizoguchi, y sería el inicio de una mala relación con su padre. No solo sufrió el director estas atrocidades en el seno del hogar, sino que también soportó una adolescencia con artritis reumatoide, imposibilitándolo para una gran cantidad de labores físicas. En un cambio repentino de suerte, Suzu contrajo matrimonio con un aristócrata y, gracias a su nueva riqueza, rescató a su hermano de la miseria: Mizoguchi se encaminó a una carrera artística por medio de trabajos que iban desde el diseño publicitario hasta la actuación. No resulta extraño pensar que su cine tenga como tema central el papel de la mujer en la sociedad japonesa, ilustrado tanto en películas de época (jidai-geki) –The Life of Oharu (1952) y Sansho the Bailiff (1953)- como en historias contemporáneas (gendai-geki) –Sisters of the Gion (1936) y Street of Shame (1956). Después de ser actor, Mizoguchi trabajó como asistente de director por un tiempo hasta que, finalmente, el estudio de cine Nikkatsu le daría la oportunidad de dirigir películas. Desafortunadamente, las primeras 41 películas de Mizoguchi están perdidas, lo que imposibilita desarrollar un análisis completo de su obra.

“[Mizoguchi] parece ser en único director japonés que es completamente japonés y, al mismo tiempo, el único que alcanza una verdadera universalidad, aquélla del individuo” Jacques Rivette

A través de un extenso cuerpo de trabajo con más de ochenta películas, Mizoguchi se dedicó a retratar el sufrimiento de la mujer en una sociedad estrictamente patriarcal y rígida, partiendo de conceptos como la prostitución, la pobreza y el sacrificio, temas mismos que el director vivió recurrentemente a lo largo de su infancia. Contradictoriamente, y por lo menos basándonos en los testimonios de sus colaboradores, Mizoguchi fue un machista enervado en su vida privada: se dice que el director violentaba constantemente a su esposa y que, cuando ésta fue internada por el mismo Mizoguchi en una institución psiquiátrica a raíz de una locura -posiblemente generada por un sífilis hereditario-, se fue vivir con su cuñada, quien era viuda en aquel momento.

En el aspecto técnico, Mizoguchi definió su estilo encuadrando a sus personajes en planos amplios, largos, y muchas veces con un implacable seguimiento de cámara; con este estilo visual, el director ilustra de manera eficaz el dolor reprimido de sus personajes y engloba sus alrededores con una impotencia y melancolía que complementa su sufrimiento.

Life of Oharu
The Life of Oharu (1952)

Hoy en día, tanto en Japón como en el mundo entero, se le atribuye a Mizoguchi el titulo de leyenda: militó con fervor en contra de la miserable condición de la mujer en Japón a través de su obra artística, realizó más de ochenta películas en un periodo de casi veinte años, fue el único director que trabajó en todos los estudios japoneses de cine (y también llegó a fundar el suyo, el Daiichi Eiga, en 1935) y dominó tanto los diferentes estilos del teatro japonés (Nō, Kabuki, Bunraku) -en cintas como Osaka Elegy (1936)The Story of the Last Chrysanthemums (1939)- como la ambientación histórica en la producción cinematográfica.

Kenji Mizoguchi murió en 1956, a causa de leucemia, con tan sólo 58 años de edad. Su trabajo sería descubierto en occidente por la revista francesa Cahiers du cinéma en los 60’s, después de una racha de reconocimientos al cine nipón en festivales como Venecia y Cannes. Los entonces críticos de cine Jean-Luc Godard y Jacques Rivette encontrarían en su figura la de un auténtico autor de cine, consolidándolo en el resto del mundo.

Filmografía selecta:

Osaka ElegyThe Life of OharuUgestu (1953)Sansho the BailiffStreet of Shame.

Yasujiro Ozu (1903 – 1963)

Yasujiro Ozu

En su juventud, Yasujiro Ozu era un estudiante que reprobaba sus exámenes de admisión a diferentes universidades y se escapaba de clases para ver películas en el cine. Cuando un tío suyo que era actor le consigue un trabajo en el estudio de cine Shochiku, inicia su carrera de cine como asistente en el departamento de fotografía. Poco a poco, en los 30’s, Ozu se formó como director con pequeñas comedias silentes que gustaban mucho a la crítica, pero fracasaban en taquilla, debilitando su relación laboral con el estudio. Con su película I Was Born, But (1932), aunque aún en el terreno de la comedia, Ozu comenzó a desarrollar crítica social, sumándole puntos a su fama como nuevo talento del cine japonés. Cuando estalló la Segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), Ozu se enlistó en el ejército imperial japonés y estuvo al frente en las batallas de Nanchang y del Río Xiushui, ambas en 1939.

Ozu regresaría a Japón hasta 1946, ansioso y con nuevas energías para reanudar su carrera cinematográfica. Fue de este período en adelante que el director se consolidaría en la industria como una promesa cumplida, dominando el melodrama a través de un fiel retrato de la familia tradicional japonesa, la nostalgia entre los lazos familiares, la relación entre dos generaciones distintas (tema de suma sensibilidad en la sociedad japonesa) y la melancolía de las relaciones humanas en general.

“[Ozu] elevó el cine, el arte del siglo XX, a su forma más bella, una que no puede ser imitada o repetida. Para mi, su trabajo es algo como un santuario cinemático” Wim Wenders

Ozu, junto con el director de fotografía y colaborador de toda la vida Yuharu Atsuta, desarrollaron un lenguaje visual muy específico que definiría su estilo para el resto de sus películas. Perfeccionista en su composición (algo que se vería de nuevo en cineastas como Stanley Kubrick), los planos sostenidos y abiertos de Ozu capturaban con mucha fuerza las emociones de los personajes, al mismo tiempo que usaba los objetos cotidianos como elementos con los que los actores se expresaban constantemente. Durante su período de cine a color, el cual inauguró su cinta Equinox Flower (1958), sus planos abandonarían el movimiento por completo, y Ozu recaería en planos fijos y simétricos para contar sus historias. Este estilo redefinió el lenguaje cinematográfico para el mundo occidental una vez que la cinematografía japonesa abriera sus puertas en los 50’s y 60’s; el cine americano  y europeo estaba acostumbrado a ciertas convenciones, como los planos por encima del hombro para filmar un diálogo, mientras que Ozu posicionaba la cámara justo enfrente del personaje que llevaba la acción, tal como si éste se dirigiera hacia nosotros personalmente. Otro sello distintivo del director es su famoso tatami shot, un plano abierto dentro de una habitación con la cámara a dos pies del suelo, aproximadamente. A esta altura, Ozu captura las conversaciones entre sus personajes de manera íntima  y cercana, y requería de trípoides especiales para mantener la estabilidad de la cámara.

Tokyo Story
Tokyo Story (1953)

Así como el cine de Kenji Mizoguchi fue descubierto por los críticos de la Nouvelle vague cuando el cine japonés se abrió a occidente (por un suceso que se relata más abajo, en el apartado de Kurosawa), Yasujiro Ozu fue encontrado y promovido, en Estados Unidos, por los historiadores y eminencias de la crítica Donald Richie y David Bordwell, así como por el guionista y director Paul Schrader (American Gigolo, 1980; Mishima: A Life in Four Chapters, 1985).

En el documental Talking With Ozu (1993), realizado por Shochiku en conmemoración al 90 aniversario del natalicio del director, distinguidas figuras de la cinematografía mundial como Claire Denis, Hou Hsiao-hsien, Aki Kaurismäki y Wim Wenders hablan acerca de la importancia e impacto que tiene Ozu en el cine como forma de arte y en sus vidas personales, además de sus impresiones cuando se toparon por primera vez con una película del japonés. Desde 1952, la revista británica Sight & Sound realiza una lista de las mejores diez películas de la historia a través de un sondeo en el que participan diferentes críticos y directores de cine. En 2012, se nombró a Tokyo Story (1953) de Ozu como la mejor película de la historia en la lista de los directores y la tercera mejor en la de los críticos -solo por debajo de Vertigo (1958) de Alfred Hitchcock y Citizen Kane (1941) de Orson Welles.

Han pasado más de cincuenta años desde la muerte de Yasujiro Ozu, y hasta la fecha conserva su lugar como uno de los mejores directores en retratar fielmente las relaciones humanas, particularmente el núcleo familiar, que si bien reflejaba la noción japonesa de la familia, consiguió expandirlo a una nivel universal.

“La familia universal es la que aparece en toda variación posible dentro del trabajo de Ozu. He visto a mi propia familia reflejada ahí […] Para mi, ‘familia’ ha tornado imaginable y entendible solo a través de las películas de Ozu” Wim Wenders

Filmografía selecta:

I Was Born, But…The Only Son (1936), Late Spring (1949), Tokyo StoryAn Autumn Afternoon (1962).

Akira Kurosawa (1910 – 1998)

Akira Kurosawa

Considerado uno de los directores de cine más importante e influyente de todos los tiempos, Akira Kurosawa es, sin lugar a duda, el cineasta japonés más popular del mundo. Con treinta películas filmadas en un período de medio siglo, Kurosawa abarcó una enorme variedad de géneros: películas de samuráis (chanbara) con Seven Samurai (1954) y Yojimbo (1961); thrillers meticulosos con Stray Dog (1949) y High and Low (1963); melodramas modernos con Drunken Angel (1948) e Ikiru (1952); y películas épicas con Kagemusha (1980) y Ran (1985). Incluso adaptó (y apropió culturalmente) a dos grandes de la literatura occidental: Macbeth y King Lear de William Shakespeare en Throne of Blood (1957) y Ranrespectivamente, y a Fiódor Dostoyevski en The Idiot (1951).

El menor de ocho hermanos, Kurosawa encontró su sensibilidad artística en la pintura antes que en el cine, pero perdió la motivación al notar que esta disciplina no dejaba muchos ingresos y que buscaba aludir constantemente a los ideales políticos del movimiento comunista de la época y no al arte en sí. Sin embargo, Kurosawa recurriría a la pintura posteriormente para sus procesos cinematográfica: el cineasta pintaba sus storyboards a pincel. Su hermano Heigo, mayor que él cuatro años, lo indujo en el mundo del cine y el teatro cuando encontró trabajo como. Kurosawa probaría suerte en el entonces recién fundado estudio de cine Photo Chemical Laboratories (posteriormente conocido como Toho) cuando éste buscaba asistentes de dirección en su cantera. Una vez dentro y con apenas 25 años de edad, Kurosawa iniciaría una carrera como asistente que duraría cinco años, colaborando en 24 películas. Fue el director de cine Kajiro Yamamoto, a quien Kurosawa asistiría en 17 producciones, el que vio potencial en su joven asistente de director y, bajo su influencia en el estudio, ayudó a que este diera su salto a la dirección. Cuando le dieron esta oportunidad, Kurosawa se topó con una novela recién publicada de Tsuneo Tomita, acerca de un luchador de Judo, y supo enseguida que era la mejor opción para su debut: Sanshiro Sugata (1943) fue un éxito comercial y gustó a la crítica también. El resto es historia.

Kurosawa fue un cineasta completo y multifacético que buscaba involucrarse, desde sus inicios, en todos los procesos y aspectos de sus películas: desde la escritura del guión, que siempre él escribía (o co-escribía), hasta el diseño de la producción, los ensayos con los actores, la meticulosa planeación de sus encuadres, la edición y musicalización de sus cintas, Kurosawa estuvo ahí, concentrado y activo, cuidando cada detalle por más minucioso que fuera.

Cualquiera que haya sido el tema y ambiente de una película, Kurosawa dejaba su sello visual estampada en ella. Para el director japonés, el movimiento, tanto de la cámara como de los personajes, era esencial en el lenguaje cinematográfico. A través de un mismo plano en movimiento -en el que empezaba con una primera composición, se mudaba a una segunda y concluía en una tercera- Kurosawa transmitía con destreza toda la información emocional y psicológica que era necesaria. De la misma manera trabajaba con sus personajes: los actores recibían direcciones específicas en cuanto al lenguaje corporal que debían adoptar, y así los personajes dictaban sus estados de ánimo a través de posturas y movimientos.

No obstante su obsesión y esfuerzo en todos los aspectos de su obra, Kurosawa resaltaba un elemento en particular dentro del proceso cinematográfico que era el más importante para una película, algo vital en que un director debe concentrar sus mayores esfuerzos: el guión. Para este tema, les compartimos sus propias palabras:

“Así de simple: Akira Kurosawa fue mi maestro, y el maestro de muchos otros cineastas a través de los años” Martin Scorsese

El legado de Kurosawa habla por sí solo. Los elogios por parte de los cineastas sobran; desde los pilares del séptimo arte como Ingmar Bergman, Satyajit Ray y Federico Fellini, hasta directores del Nuevo Hollywood como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y George Lucas, la admiración por el cineasta japonés es inmensa. Casi dos décadas después de su muerte, Akira Kurosawa sigue siendo revisitado por cineastas, cinéfilos y críticos por igual, ya sea con el afán de aprender nuevos trucos, encontrar nuevas lecturas, o dejarse llevar por un espectáculo visual como ningún otro.

Filmografía selecta:

Rashomon, Ikiru, Seven Samurai, High and Low, Ran.

Fuentes:

  • Galbraith IV, S. (2009) Cine japonés. Taschen: Köln.
  • Páginas de Wikipedia: Cinema of Japan [https://en.wikipedia.org/wiki/Cinema_of_Japan]; Akira Kurosawa [https://en.wikipedia.org/wiki/Akira_Kurosawa]; Yasujiro Ozu [https://en.wikipedia.org/wiki/Yasujirō_Ozu].
  • Valdés Peña, J.A. (2014) Colección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Colección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Cuadernos de la Cineteca. Cineteca Nacional: Ciudad de México.
  • Talking With Ozu (1983) de Kogi Tanaka. Estudios Shochiku.
  • Valdés Peña, J.A. (2014) Colección Grandes Autores: Kenji MizoguchiColección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Cuadernos de la Cineteca. Cineteca Nacional: Ciudad de México.

Persepolis; el turbulento camino a la madurez de una mujer iraní

David Azar: @DavidAzar93

persepolis 2

En 2007, la artista gráfica y escritora iraní Marjane Satrapi hizo mancuerna con el dibujante francés Vincent Paronnoud para llevar a la pantalla su famosa novela gráfica y autobiografía Persepolis (2000). En un primer salto al cine, Satrapi y Paronnoud se dieron a la tarea de adaptar la historia al guión y animar las imágenes ellos mismos, dando como resultado un emotivo viaje por la infancia, adolescencia y madurez de su autora, ilustrado en un bellísimo blanco y negro.

Fiel a su material original, la película sigue la historia de Marjane, una chica iraní muy curiosa y entusiasta que nace y crece en medio de transiciones complicadas en la escena política y social de su país; la revolución iraní de 1979 la sorprende con apenas diez años de edad y, mientras la nueva república se va asentando sobre las heridas de la guerra, el pueblo de Teherán se ve optimista ante un futuro aparentemente prometedor. La película muestra a Marjane explorando sus alrededores con su ingenuidad infantil, dejando en evidencia las repercusiones culturales y psicológicas de la violencia y opresión que vivió su país, mientras se desenvuelve en la armonía del hogar con sus padres Ebi y Tadji, su abuela y su tío Anouche. Dos meses después de haber concluido la revolución, el panorama torna oscuro cuando un grupo islámico fundamentalista gana las elecciones y cubre Irán bajo una ola de ultra-conservadurismo, encarcelando y ejecutando a los héroes de la revolución y degradando la calidad de vida de las familias iraníes. Es en medio de este caos que los padres de Marjane deciden que ésta vaya a Viena a continuar sus estudios, lejos de sus raíces. El mundo occidental la abrumará con una vuelta de tuerca cultural en su transición a la adolescencia, donde Marjane se enfrentará a nuevos retos, nuevas experiencias, nuevos conflictos.

Satrapi no buscaba la oportunidad de realizar una película de su aclamada novela gráfica, más bien fue la oportunidad quien la encontró a ella cuando un amigo suyo quiso adentrarse en la industria cinematográfica. A pesar de su escepticismo inicial frente el proyecto, Satrapi logró plasmar eficazmente un balance entre la historia de su vida y la de su país, contado a través de su perspectiva, sin miedo a exponer las situaciones sociales y culturales que implicaba ser una mujer iraní en los 70’s y 80’s. Los personajes que pasan por la vida de Marjane gozan de gran complejidad y detalle; Satrapi reconstruye con precisión las personalidades de sus familiares y amigos, especialmente el personaje de su abuela, quien será un guía espiritual tanto para Marjane como para el espectador a lo largo de la historia. Por otra parte, Paronnoud trae a la mesa una gran aportación en el diseño visual de la cinta con un estilo muy característico en su manejo del blanco y negro y elaboradas secuencias de animación. La película maneja también un humor ácido que hace buena mancuerna con los momentos de carga dramática, haciendo de la película una experiencia divertida, introspectiva y emotiva.

persepolis

Persepolis (2007) tuvo su estreno internacional en el Festival de Cannes, donde se llevó el premio del Jurado (compartido en empate con la mexicana Luz silenciosa de Carlos Reygadas), consolidando el talento de sus realizadores en el campo de la cinematografía. Ese mismo año, la película sería reconocida con la nominación al Oscar a Mejor película animada (perdiendo finalmente contra Ratatouille de Brad Bird). Sin embargo, los fantasmas de la ideología conservadora de aquella época acosarían a Satrapi una vez más; el gobierno iraní intentó que la película no se proyectara ni en el certamen francés ni en ninguna otra pantalla al rededor del mundo, acusándola de “indecente” y de “presentar los logros y resultados de la gloriosa revolución islámica de manera irreal”. La presión del gobierno iraní no logró censurar la cinta del todo, aunque sí convenció al Festival internacional de cine de Bangkok de sacarla de su selección oficial.

Diez años más tarde, Persepolis conserva su lugar como una pieza valiosa en el cine de animación y como relato de las complicaciones de una infancia y adolescencia en medio de conflictos ideológicos, políticos e históricos, contrastes culturales muy marcados, la búsqueda de la identidad y, finalmente, como le dijo su abuela a Marjane, la integridad.

The Matrix; la puerta al mundo de la filosofía.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“¿Por qué hay algo y no más bien nada?” – Martin Heidegger

neo_spoon

En 1999, a pocos meses del inicio de un nuevo siglo, debutó en la gran pantalla un filme que revolucionaría y dejaría una huella profunda en la manera de hacer cine, marcando el comienzo de la era digital en la cinematografía. The Matrix (1999), la primera entrega de la trilogía de los Wachowski, nos sitúa en un futuro distópico. Presenta a Thomas Anderson (Keanu Reeves), un hacker que trabaja bajo el pseudónimo de Neo, que comienza a dudar de la totalidad que lo rodea, de su propia existencia, de lo que es real y lo que no. Un tal Morpheus (Laurence Fishburne) lo recluta. Le presenta dos alternativas: Tomar la píldora azul -dejar de dudar para rendirse ante la aceptación de la realidad tal y como se le presenta, andar por la vida con el bienestar que supone la ignorancia- u optar por la píldora roja -recorrer el arduo y angustiante viaje hacía el conocimiento de la verdad, de la insatisfacción, el pensamiento crítico, la sabiduría. ¿Qué hacer? Neo opta por emprender el tan severo viaje sin retorno de la filosofía.

Entendamos el argumento: En un mundo regido por máquinas que para funcionar necesitan energía, se han erigido “granjas” en las que los humanos son cultivados dentro de embalajes individuales y conectados a un enorme computador. La única manera de mantener a las personas vivas pero cautivas en aquellas cubiertas es creando una realidad virtual para tener sus mentes ocupadas e inconscientes de su estado físico. Ellos viven, trabajan, envejecen en lo que suponen es “el mundo real”. Esta realidad alternativa se llama Matrix.

A su vez, existe una ciudad habitada por los que han logrado liberarse de esta condición. Zion, conformada de desechos y ruinas, es el lugar desde el que los rebeldes se dedican a jaquear Matrix en búsqueda de los que están mentalmente listos para ser desconectados.

Sí, The Matrix es una de las películas de ciencia ficción más emblemáticas de todos los tiempos, pero es también una atinada metáfora de lo que supone la lucha intelectual de un pensador en su búsqueda por alcanzar la verdad. Una clara alusión sobre el control mental ejercido sobre las masas desde siglos antes del Concilio de Trento hasta la masificación de los medios de comunicación de nuestros días y la lucha emprendida por las personas que se hacen conscientes de este sistema. En resumen, el filme se edifica sobre las preguntas básicas de la historia del pensamiento humano. Así que hablemos de lo que la hace tan grande: sus bases filosóficas.

¿Qué es lo real? La duda de la realidad perceptible con Platón y Descartes

“¿Qué es lo que veo por la ventana? Sombreros y capas, que muy bien podrían ocultar unas máquinas artificiales, movidas por resortes” – René Descartes

¿Has dudado alguna vez entre estar despierto o dormido? ¿Suponer que tu sueño es la realidad y tu vida un sueño? ¿Por tu cabeza han rondado preguntas que cuestionan lo tangible, creyendo que hay una especie de arquitecto todopoderoso que controla lo que percibes con tus sentidos? ¿Has llegado a cuestionar la capacidad de razonar de las personas que te rodean? ¿Que si soy el único que piensa, siente, ve y los demás son máquinas preprogramadas? ¡Sí, suena a locura, pero no te preocupes! Para la psiquiatría podrías estar mostrando los primeros síntomas de una psicosis. Desde un punto de vista filosófico, has escalado el primer peldaño del escalofriante pero hermoso viaje del pensamiento.

“¿Qué es real? ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podría ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.” – Morpheus.

Comencemos tomando como referencia la alegoría de la cueva de Platón, una metáfora que se parece mucho a lo que propone Matrix. El pensador griego nos plantea a un grupo de hombres que desde su nacimiento están encadenados en una caverna sin poder girar la cabeza hacía la luz, miran la penumbra siendo testigos solamente de las sombras que se plasman sobre el muro como producto de una hoguera. Para los encadenados, las sombras son lo “real”. Uno de los prisioneros logra liberarse y salir, la luz del mundo exterior le molesta mucho, pero se adapta y con esta conciliación viene el deseo por rescatar a sus amigos. Vuelve. Ellos, incapaces de concebir lo que él señala, lo juzgan loco y amenazan con quitarle la vida si él osa recatarlos.

“Tienes que comprender que la mayor parte de los humanos son todavía parte del sistema. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo.” – Morpheus.

En el siglo XVII, un francés llamado René Descartes se convirtió en uno de los pocos prisioneros de esa caverna que apenas iniciaba a girar la cabeza para ver el exterior. El filósofo, así como Neo, comenzó a plantearse dudas básicas sobre su realidad perceptible. “¿Alguna vez has tenido la sensación de no saber con seguridad si sueñas o estás despierto?” le pregunta Neo a su amigo. Esta cita de la película está claramente inspirada en el pensamiento cartesiano: “¡Cuantas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! (…) no hay indicios ciertos para distinguir el sueño de la vigilia.”

El dualismo cartesiano se posiciona como el centro del pensamiento de Descartes, esto se refiere al problema cuerpo-mente. Él, al dudar, logra comprobar la existencia de la razón: “Pienso, luego existo”. La complicación reside en: ¿Cómo comprobar la realidad externa? ¿Cómo diferenciar la realidad del sueño? Si mi mente es capaz de hacerme vivir vidas paralelas, sentir, andar, conocer, hablar, escuchar, mientras sueño, ¿cómo hago para confiar en lo que veo al estar despierto?

Somos dos sustancias distintas, pero una no existe sin la otra, escribe Descartes. La mente no es timón sin su nave que es el cuerpo y la nave no puede navegar sin un timón. Esto lo revela Morpheus al explicarle a Neo que si la mente de alguien muere en Matrix, esa persona muere también en el mundo real.

Descartes se posicionó como el padre de la subjetividad y principal promotor de la duda al resolver cuestionarlo todo. ¿Qué si hay un “genio maligno” y poderoso que ha puesto toda una ilusión frente a mis ojos para engañarme y controlarme? Se preguntaba el pensador francés -así como probablemente tú también te lo has preguntado. En el filme, ese genio maligno que propone Descartes son las maquinas que para mantener el control y conseguir la energía que necesitan para funcionar, crean una realidad alternativa para el ser humano. ¡Cuán fascinante es que una tesis así se haya planteado desde 1600!

¿Soy Libre? La libertad desde el existencialismo de Heidegger y Sartre

La pregunta por la realidad inmediatamente nos lleva a cuestionarnos sobre nuestra propia libertad. El padre del existencialismo es -aunque no se le incluya en las tertulias existencialistas parisinas- el alemán Martin Heidegger. En su libro Ser y tiempo (1927), Heidegger nos habla de dos tipos de vidas humanas: la existencia auténtica y la inauténtica. Expliquemos primero la inauténtica. En este grupo se encuentran los humanos en estado de negación permanente, los que no dudan de lo que dicen las modas o los preceptos sociales, que siguen a las masas o a ciertas instituciones sin cuestionarlo. Los que se entregan al mundo del se dice que –“Se dice que esto es en lo que debo creer… que esto es lo que debo hacer… que éste es el libro que debo leer… que así es como debo llevar mi vida.” Los que llevan una existencia inauténtica jamás se cuestionan quién es la persona que lo dijo y cuáles fueron las razones por las que se instituyó alguna ley, pauta o dogma “irrefutable”. Al contrario, acusan a la duda de ser una falta en contra de los valores establecidos. El jurar que hay cosas que no se deben cuestionar es el primer síntoma de una existencia inauténtica. O sea, los que están dentro de Matrix y siguen con sus vidas creyendo que todo lo que viven, ven, escuchan y sienten es real.

Por otro lado, tenemos a la existencia auténtica, el antónimo, es un ser humano que tras un enorme duelo supo aceptar y entender su naturaleza y lo que le rodea. Es al que su vida le pertenece, su existencia no se disuelve en el anonimato del que vive según lo que se le dice o informa, ya que no siente más miedo por cuestionarse todo lo que se dice. Éste es el hombre que elige por sí mismo –es el que sale de Matrix para alcanzar la libertad. Pero en la vida, al igual que en la película, los que optan por una existencia auténtica son muy pocos. La ignorancia es felicidad, dicen.

“Descubrí una solución según la cual el 99% de los individuos aceptaba el programa mientras pudieran elegir, aunque únicamente lo percibieran en un nivel casi inconsciente”. – El arquitecto.

Así que Neo tuvo que elegir entre la pastilla roja (lo auténtico) o la azul (lo inauténtico). Bien decía Jean Paul Sartre que el ser humano está condenado a la libertad: “Si no elijo, también elijo”. Sembrada en la mente de cada uno, por naturaleza, está esa duda, el cuestionamiento, la razón. La elección radica entre si regar esa semilla –seguir soñando, luchando, decidiendo por nosotros mismos- o dejarla intacta y dejar que alguien más elija por mí.

***

Las referencias en The Matrix no son solamente de índole filosófico. Encontramos menciones a obras literarias como Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll; mitología griega en personajes como el Oráculo, Neo, Morpheus, Perséfone; referencias al cristianismo en Neo siendo el elegido, y en Trinity; el budismo y la cultura oriental aparecen citados en la metáfora del espejo, el karma, las artes marciales; entre varias otras cosas. No obstante, The Matrix huele a filosofía, es filosofía. El filme no gozaría de ese carácter laberíntico, ni de su esoterismo o intriga si no sembrara en el espectador las cuestiones básicas de nuestra condición humana.

La filosofía es la ciencia de las preguntas grandes, ésas que nos causan tanta angustia y que buscamos suprimir y encarcelar – ¡Que alguien más nos explique eso que tanto miedo me da! Hoy, en tiempos de rapidez, instantaneidad, parece que nadie tiene tiempo para detenerse a pensar. Las preguntas se hacen más grandes, nuestra capacidad de razonar más pequeña. Las alternativas para escapar de nuestra cabeza abundan. La información vacía y poco argumentada, las modas, los qué hacer y qué no hacer nos bombardean hasta por debajo de la cama. La filosofía, casi sin aliento, ya oxidada y cansada de gritar y gritar para intentar avivar nuestro entendimiento, parece estarse rindiendo.

The Matrix es una verdadera joya de la cinematografía que pasó a la posteridad, no solamente por sus revolucionarios efectos especiales y su carácter de ciencia ficción, sino porque intenta salvar el llamado que cada ser humano tiene a la sabiduría, y lo hace de una forma muy atractiva. El filme da dos opciones al espectador: verlo como una simple película de acción, salir de la sala y continuar con nuestras vidas, o convertirlo en el preámbulo a una vida en búsqueda de la verdad. Repitiendo a Sartre, no somos libres de dejar de ser libres. La elección entre si tomar la píldora azul o la roja queda en ti.

“Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él.” –Jean Paul Sartre.

matrix-1

Podcast de cine: los que tienes qué conocer

Jorge Durán: @JEDZ1138

La época en que vivimos nos permite saciar nuestra sed por conocimiento de una forma más dinámica que antes. Cuando se trata de cine, el material en la red es infinito con Rotten TomatoesIMDb e incluso Wikipedia siendo los primeros sitios a los que acude cualquier interesado en búsqueda de información inmediata. Los blogs especializados en hablar y comentar acerca de cine son cada vez más. Tratar de seguir el paso con las noticias o con los artículos relacionados a una película en específico puede ser una tarea difícil. Los podcast se han convertido, poco a poco, en una excelente alternativa para digerir conocimiento e información enfocado en el séptimo arte. El podcast es un medio que puede consumirse de manera mucho más versátil que los textos o el video, lo que ha ayudado a su crecimiento en la última década. Pero, ¿qué podcasts escuchar cuando se trata de cine?, ¿por dónde empezar?. Esas preguntas fueron las que yo me formulé hace varios años. Y después de más de una década de escuchar contenido, es momento de compartir una breve lista que ayudará a muchos a comenzar en el terreno de los podcasts de cine.

No hay mejor aportación que un fanático de cine pueda hacer que compartir información. Compartir conocimiento siempre será la mejor herencia que uno pueda dejar. Es por eso que he decido realizar esta lista concentrando podcasts de cine, una guía que puede ser el primer paso para muchos y complemento para los conocimientos de otros . Es es una pequeña aportación que mezcla un contenido diverso: entrevistas, conversaciones, análisis, crítica, teoría de cine; la lista podría seguir y seguir, pero mejor escúchenlo por ustedes mismos:

NOTA: La lista presenta podcasts en inglés, salvo uno (que está en español). El contenido fue el factor decisivo para incluir cada podcast en esta lista. Todos los podcasts presentados pueden disfrutarse via iTunes de manera gratuita.

The Empire Film Podcast

Empire es una de las mejores revistas especializadas en cine y me atrevería a considerarla la mejor. El contenido de Empire siempre es referido en la mayoría de los blogs de cine. Por 27 años la revista inglesa a mantenido una calidad y un criterio característico en cada edición. Sus reseñas son excepcionales, sus exclusivas, sus listas y su contenido son esperados por cada lector, mes con mes. Simplemente no hay otra revista como Empire. Cualquier amante del cine debe tener una edición de Empire en su biblioteca. Y cualquier amante del cine debe tener, por lo menos, un capítulo del Empire Film Podcast en su playlist. Este podcast nació como una extensión de la revista y se ha sostenido gracias a su contenido de primer nivel, al presentar entrevistas y conversaciones con los realizadores y artistas dentro del medio: directores, escritores, productores y actores; The Empire Film Podcast tiene contacto directo con todos. Semanalmente podrán encontrar contenido actualizado. Chris Hewitt y compañía mantienen viva la conversación, ofreciendo comentarios atinados. Continuamente encontraran capítulos enfocados en “spoilers”, diálogos con directores como Gareth Edwards (Rogue One – A Star Wars Story, 2016) o Robert Zemeckis (Back To The Future, 1985). Además, la edición digital de la revista también ofrece contacto directo con el podcast.

empire

/Filmcast

Si Empire es una de las mejores revistas de cine, entonces /Film (Slashfilm) debe ser uno de los mejores blogs de cine. El podcast de /Film se caracteriza por sus conductores: David Chen, Devindra Hardawar y Jeff Cannata, juntos hacen una química única y cada uno disfruta platicar de cine. Si tuviera que elegir un podcast para escuchar en una isla desierta sería el /Filmcast, definitivo. Por casi 10 años he escuchado de manera semanal este podcast y la calidad es una constante. Sus listas con lo mejor del año son los capítulos más escuchados y los más descargados. El podcast está construido con diversos segmentos donde se abarca: las noticias más importantes de la semana, una sugerencia por parte de los anfitriones (cine, TV, libros, video juegos, etc.) y una crítica a fondo de una cinta en específico. Los capítulos pueden variar en duración, desde una hora hasta más de dos, aproximadamente. Los podcasts no tienen los límites que la radio impone, así que ¿por que frenarse? Aquí la edición es mínima, ya que se saca jugo de cada minuto al aire. David Chen y compañía confían totalmente en su contenido, además de entender el medio en el que transmiten. Este trío sabe que todos los tópicos deben ponerse sobre la mesa; por algo este es uno de los podcasts de mayor vida, además de sostenerse como uno de los más descargados en la categoría “Film & TV” dentro de iTunes. Si quieren pasar un buen rato mientras trabajan o mientras transitan por la ciudad, /Filmcast es la opción.

slash-film

The Q&A with Jeff Goldsmith

Jeff Goldsmith se ha caracterizado por ofrecer un espacio donde los creadores y los fanáticos se cruzan. Como el título del podcast lo indica, The Q&A with Jeff Goldsmith es una sesión de preguntas y respuestas conducido por Goldsmith. Cada capítulo se enfoca en el realizador de una cinta en particular, puede ser un director, un escritor, una mancuerna de escritores, etc. Goldsmith realiza las preguntas que todo fanático se formula al momento de ver una cinta. Este podcast es el complemento perfecto para escuchar después de ver una película. Cada capitulo puede describirse como una “Masterclass”. Si desean conocer notas más detalladas de cómo se concibió un proyecto o cómo se realiza el desarrollo de un guión de una cinta en particular, este es lugar donde encontrarán información. El contenido de este podcast es de primera categoría y ha impulsado a Goldsmith a desarrollar la revista digital Backstory Magazine (también muy recomendable), un espacio para aquellos que quieren conocer un poco más dentro del mundo del cine.

jeff-goldsmith

The Nerdist Podcast

Quizás hayan escuchado el nombre de Chris Hardwick antes. Cómo conductor de diversos paneles en la Comic-Con de San Diego cada año o como conductor de los programas de TV especializados: Talking Bad y Talking Dead, derivados de las series Breaking Bad (2008-2013) y The Walking Dead (2010-). A través de Nerdist Industries, Hardwick se ha convertido en la voz de toda una generación de fanáticos y de gente apasionada por diversos géneros. Hardwick es una persona muy dinámica y ha aprovechado las oportunidades que se le han presentado como resultado de su trabajo. Es así como tenemos el Nerdist Podcast. Un podcast donde, en cada capítulo, Harwick conversa con gente de diversos medios: Cine, TV, música, cómics, etc. Harwick logra un ambiente amigable y divertido donde cada invitado puede sentirse cómodo y conversar sin restricciones. Algunos de los invitados van desde Quentin Tarantino y Tom Cruise hasta Guillermo del Toro y Keanu Reeves, pasando por realizadores como el aclamado escritor de cómics Paul Dini y el mismo Mark Hamill. La clave de este podcast es la constancia y la calidad de los invitados y por supuesto su conductor. Podrán encontrar una variedad de capítulos semanalmente.

chris-herdwick

IndieWire: Screen Talk

Todo conocedor pasa por IndieWire por lo menos una vez al día. Es un sitio que ha equilibrado un contenido diverso para los amantes del cine. Sus análisis y sus críticas son las más citadas en la red. Continuamente encontrarán referencias de IndieWire en las portadas de algunos DVD’s/Blu-Ray’s o en algunos pósters antes de entrar a la sala de cine. Lo que convierte a IndieWire en un referente de calidad es su staff, el cual se ha unido para crear el podcast IndieWire: Screen Talk. Este es un podcast relativamente joven, pero en poco tiempo se ha catapultado para posicionarse como uno de los mejores para todos aquellos que quieren conocer las entrañas de la industria. Aquí encontrarán comentarios y un análisis denso acerca de la realización de distintos proyectos, los festivales más importantes del año y las ceremonias de premiación más destacadas. Eric Kohn, Jefe de Crítica Cinematográfica y Senior Editor dentro de IndieWire y Anne Thompson, Editor at Large, también dentro del mismo blog (además de ser la fundadora del blog Thompson on Hollywood) comparten cada semana una conversación donde se tocan tópicos diversos y relevantes con la opinion y el conocimiento de años de experiencia. Este es uno de los podcast más especializados que podrán encontrar y uno con el contenido más específico que escucharán. Si desean conocer el “por qué” y el “cómo” dentro del mundo del cine independiente y los componentes del cine mainstream, aquí encontrarán las respuestas.

indie-wire

CinemaNET

CinemaNET es un proyecto multimediático mexicano que se enfoca en la cobertura, crítica y reseña cinematográfica fundado en 2005. Podemos encontrar sus comentarios en televisión (Efecto TV) y en radio (Radio Capital), pero es realmente su programa por lo que CinemaNET destaca. En él, Charlie Del Río, Roberto Ortíz y Paulina Villavicencio se juntan cada semana para traernos un detallado resumen de la cartelera de cine, decantándose en recomendaciones, análisis, referencias y más información que ayuda a sus seguidores a resolver el típico dilema cinéfilo de “¿Qué ver este fin de semana?”. Además, el podcast cuenta con episodios especiales donde directores, productores, actores y guionistas de lo mejor del cine mexicano platican de sus últimos proyectos y sus experiencias al realizarlos. Con más de 800 episodios, CinemaNET se corona como el podcast mexicano de cine más longevo, vigente y constante del medio.

logocinemanet1

Esta lista presenta cientos de horas de contenido y es un buen comienzo para aquellos que desean conocer mucho más del mundo del cine y la industria que lo construye. Espero sirva de apoyo si es que desean una alternativa nueva y diferente a lo habitual

Rosemary’s Baby: dominando el terror psicológico por cinco décadas

David Azar: @DavidAzar93

rosemarys-baby

En 1967, después de un exitoso debut como novelista con el thriller A Kiss Before Dying (1953) y un largo tiempo trabajando en teatro, el escritor Ira Levin regresaría con una segunda novela que instauraría un nuevo boom comercial de la literatura de terror: Rosemary’s Baby. El bestseller de Levin se basa en Manhattan y relata la historia el tormentoso embarazo de Rosemary Woodhouse, una chica de provincia recién casada con un actor que no encuentra suerte en su profesión. A raíz de unas pesadillas casi tangibles y aterradoras, Rosemary caerá en un espiral de neurosis, imaginando que sus extraños vecinos conspiran para hacerle daño a su bebe. Impulsada por el instinto maternal, Rosemary no descansará hasta descubrir la verdad detrás de su insufrible embarazo. La novela de Levin fue un éxito rotundo, pero fue incluso antes de ver la luz día que sintió el llamado del séptimo arte: William Castle, legendario productor y director de cine de terror de serie B, se vio muy astuto al adquirir los derechos de la obra justo antes de que ésta fuera publicada. Después de que Hitchcock haya rechazado la oferta, Castle probó suerte tocando las puertas del estudio de Hollywood más devaluado en aquella época: Paramount Pictures. En ese entonces, un joven y ambicioso productor llamado Robert Evans había sido nombrado cabeza de Paramount, heredando la decadencia del estudio. Evans buscaba desesperadamente un guión que cambiara su suerte. Llegó a su escritorio la copia de la todavía inédita novela de Levin.

Paralelamente, los directores emergentes de Europa empezaban a ser contratados por los estudios de Hollywood para traer frescura a las pantallas. Evans y Castle encontrarían la última pieza del rompecabezas en un director que había hecho un par de filmes exitosos en Polonia y  Francia. Con 34 años de edad, y previo a la grandiosa trayectoria que nos traería títulos como Macbeth (1971) y Chinatown (1974), Roman Polanski se topó con la oportunidad de debutar en la tierra de los sueños. Un mes después de haber aceptado la oferta, Polanski regresó a la oficina de Evans con un borrador que se traducía en casi cuatro horas de duración. Bastaron unos cuantos ajustes y el guión de cine de Rosemary’s Baby estaba listo. Polanski no fue el único primerizo en Hollywood a bordo de la producción: Mia Farrow hizo su debut en la pantalla grande encarnando a Rosemary Woodhouse. El papel de Guy Woodhouse, el esposo de Rosemary, fue para John Cassavetes.

Polanski ya había explorado el terreno del thriller psicológico en Europa con Knife in the Water (1962) y Repulsion (1965), pero fue con Rosemary’s Baby (1968) que aprendería a dominar el género. Determinado a cuidar todos los detalles con excesiva atención, Polanski edificó un suspenso auténtico y gradual valiéndose de personajes muy bien construidos. Farrow ha, incluso, mencionado que nunca ha recibido direcciones tan específicas como cuando trabajó con Polanski. Aparte de la intensidad con la que la actriz encarna a Rosemary, las actuaciones de Ruth Gordon y Sydney Blackmer (como los exóticos vecinos Minnie y Roman Castevet) son muy precisas y transmiten efectivamente el aura misteriosa a la que hace alusión el libro. Además del aspecto interpretativo, la música de Krzysztof Komeda, gran compositor polaco y viejo colaborador del director, complementa el ambiente de incertidumbre que aflige a Rosemary, y fortalece el factor del terror a lo largo de toda la película.

mondo
Poster conmemorativo de Mondo Gallery, diseñado por Jonathan Burton (@jonathanburton)

La calidad del detalle en la visión de Polanski se refleja en su fidelidad al material original. Los colores en el diseño de producción y el vestuario (a cargo del dúo-matrimonio Richard y Anthea Sylbert, respectivamente) son exactamente los mismos que la novela indica y los diálogos se acercan lo más posible a los que Levin escribió. El autor confiesa que en un principio fue escéptico ante la producción de la cinta, pero su opinión cambió.

“La película de Rosemary’s Baby es la adaptación más fiel de una novela que jamás allá salido de Hollywood” – Ira Levin

La apuesta que jugó la Paramount en la realización de Rosemary’s Baby fue de mucho riesgo. A pesar de ser su segunda novela, Ira Levin ya había visto tres de sus trabajos convertidos en películas y, siendo un autor bestseller y un dramaturgo de renombre en Broadway, se tenían altas espectativas para la adaptación de su joya del terror. Sin embargo, un director primerizo en el sistema hollywoodense, un ejecutivo joven y ansioso por un éxito que lo rescatara y un productor de cine de terror de serie B no parecía una trifecta a la altura de dicho reto. En el producto final, Polanski dejó muy claro que la libertad creativa, el respeto al material y la confianza en los diferentes departamentos de la producción son los elementos que conforman una película sincera y emocionalmente efectiva. El  debut estadounidense del director iría más lejos de lo que todos los implicados en su realización imaginaron. Rosemary’s Baby fue un gran éxito comercial, recaudando en taquilla diez veces el valor de su presupuesto, aunque esto sólo sería la punta del iceberg. La película limpió el nombre de Paramount e impulsó una serie de éxitos bajo la dirección de Evans, entre ellos The Godfather (1972) y Serpico (1973). De igual manera, Rosemary’s Baby catapultó las carreras de Roman Polanski y Mia Farrow en Hollywood y, finalmente, sería la película que inspiraría una futura serie de éxitos taquilleros en el género de lo diabólico: The Exorcist (1973), The Omen (1976) y Poltergeist (1982), por mencionar las más famosas.

“[Polanski] sabía cómo manipular la mente. Y manipular la mente en el cine, y hacerlo efectivamente, es una pieza de arte” Robert Evans.

Hoy en día, Rosemary’s Baby se sostiene como una joya cinematográfica y la pionera del género de terror que, aunque sus artimañas y trucos nos parezcan anticuados actualmente, la carga psicológica de sus personajes y la manera en que su director los lleva a sus escalofriantes destinos sigue igual de vigente: la escena final, cuando Rosemary se asoma a la cuna de su bebe por primera vez, es de las secuencias más espeluznantes jamás filmadas.

rosemarys-baby-2