Los tres sensei del cine japonés: Kurosawa, Ozu y Mizoguchi.

David Azar: @DavidAzar93

The Men who tread
The Men Who Tread on the Tiger’s Tail (1945), Akira Kurosawa

La era Meiji (1868-1912), que marcó el fin del Japón feudal y la transición a la modernización del país, trajo consigo la apertura a una serie productos occidentales que darían paso a la remodelación de la cultura nipona. Entre estos productos se encontraba el séptimo arte, el cual sería un vehículo importante en el florecimiento de una nueva ola de creatividad. Claro que el cine también fue una herramienta de comunicación aprovechada por el mismo gobierno para usos propagandísticos de acuerdo a sus ideales imperialistas. No obstante, gracias a este nuevo medio artístico, Japón desarrolló poco a poco su identidad cinematográfica.

Todo inició en noviembre de 1896, con la llegada del kinetoscopio de Thomas Alba Edison al país asiático. De 1897 al cierre de siglo, los japoneses producirían sus primeros intentos de películas, influenciados en sus tradiciones teatrales. La figura del benshi (narrador de cine silente en Japón) llegaría a principios del siglo XX con la consolidación de la industria y su popularidad con el público. La primer película sonora de Japón llegaría en 1930, aunque los japoneses regresarían constantemente a la producción de cine silente antes de adoptar el elemento sonoro en su totalidad. Fue realmente a lo largo de las primeras tres décadas del siglo pasado que la cinematografía japonesa adoptaría una forma sólida y establecida, pero se reservaría solamente a un consumo nacional. Esto cambiaría un par de décadas más tarde…

En 1951, Akira Kurosawa ganó el prestigioso León de oro en el Festival de Venecia por su película Rashomon (1950), una ingeniosa historia contada a través de distintos puntos de vista, protagonizada por su actor de cabecera e íntimo colaborador Toshiro Mifune (con quien haría otras 15 películas). Además de recibir dicho reconocimiento, Rashomon construiría un puente entre el público de occidente y el cine japonés. Fue así que las grandes figuras de la industria japonesa como Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu se descubrieron en países como Francia, Alemania y Estados Unidos.

En la actualidad, después de esta apertura de la cinematografía japonesa en todos los rincones de la Tierra, y que de igual manera nos permitió explorar sus distintas etapas, géneros y facetas en occidente, se encuentran estos tres directores mencionados en el párrafo anterior, quienes sobresalen en la historia de su país y, en la del mundo, por sus proezas técnicas y artísticas.

Kenji Mizoguchi (1898 – 1956)

Kenji Mizoguchi

Nacido en 1898, poco antes de estallar la guerra ruso-japonesa, Kenji Mizoguchi vivió una infancia muy difícil: después de fracasar en un negocio efímero, el padre de Mizoguchi se vio obligado a vender a su hermana mayor, Suzu, a una casa de geishas. La frustración llevó a su padre al maltrato familiar en casa. Estos eventos marcaron de por vida a Mizoguchi, y sería el inicio de una mala relación con su padre. No solo sufrió el director estas atrocidades en el seno del hogar, sino que también soportó una adolescencia con artritis reumatoide, imposibilitándolo para una gran cantidad de labores físicas. En un cambio repentino de suerte, Suzu contrajo matrimonio con un aristócrata y, gracias a su nueva riqueza, rescató a su hermano de la miseria: Mizoguchi se encaminó a una carrera artística por medio de trabajos que iban desde el diseño publicitario hasta la actuación. No resulta extraño pensar que su cine tenga como tema central el papel de la mujer en la sociedad japonesa, ilustrado tanto en películas de época (jidai-geki) –The Life of Oharu (1952) y Sansho the Bailiff (1953)- como en historias contemporáneas (gendai-geki) –Sisters of the Gion (1936) y Street of Shame (1956). Después de ser actor, Mizoguchi trabajó como asistente de director por un tiempo hasta que, finalmente, el estudio de cine Nikkatsu le daría la oportunidad de dirigir películas. Desafortunadamente, las primeras 41 películas de Mizoguchi están perdidas, lo que imposibilita desarrollar un análisis completo de su obra.

“[Mizoguchi] parece ser en único director japonés que es completamente japonés y, al mismo tiempo, el único que alcanza una verdadera universalidad, aquélla del individuo” Jacques Rivette

A través de un extenso cuerpo de trabajo con más de ochenta películas, Mizoguchi se dedicó a retratar el sufrimiento de la mujer en una sociedad estrictamente patriarcal y rígida, partiendo de conceptos como la prostitución, la pobreza y el sacrificio, temas mismos que el director vivió recurrentemente a lo largo de su infancia. Contradictoriamente, y por lo menos basándonos en los testimonios de sus colaboradores, Mizoguchi fue un machista enervado en su vida privada: se dice que el director violentaba constantemente a su esposa y que, cuando ésta fue internada por el mismo Mizoguchi en una institución psiquiátrica a raíz de una locura -posiblemente generada por un sífilis hereditario-, se fue vivir con su cuñada, quien era viuda en aquel momento.

En el aspecto técnico, Mizoguchi definió su estilo encuadrando a sus personajes en planos amplios, largos, y muchas veces con un implacable seguimiento de cámara; con este estilo visual, el director ilustra de manera eficaz el dolor reprimido de sus personajes y engloba sus alrededores con una impotencia y melancolía que complementa su sufrimiento.

Life of Oharu
The Life of Oharu (1952)

Hoy en día, tanto en Japón como en el mundo entero, se le atribuye a Mizoguchi el titulo de leyenda: militó con fervor en contra de la miserable condición de la mujer en Japón a través de su obra artística, realizó más de ochenta películas en un periodo de casi veinte años, fue el único director que trabajó en todos los estudios japoneses de cine (y también llegó a fundar el suyo, el Daiichi Eiga, en 1935) y dominó tanto los diferentes estilos del teatro japonés (Nō, Kabuki, Bunraku) -en cintas como Osaka Elegy (1936)The Story of the Last Chrysanthemums (1939)- como la ambientación histórica en la producción cinematográfica.

Kenji Mizoguchi murió en 1956, a causa de leucemia, con tan sólo 58 años de edad. Su trabajo sería descubierto en occidente por la revista francesa Cahiers du cinéma en los 60’s, después de una racha de reconocimientos al cine nipón en festivales como Venecia y Cannes. Los entonces críticos de cine Jean-Luc Godard y Jacques Rivette encontrarían en su figura la de un auténtico autor de cine, consolidándolo en el resto del mundo.

Filmografía selecta:

Osaka ElegyThe Life of OharuUgestu (1953)Sansho the BailiffStreet of Shame.

Yasujiro Ozu (1903 – 1963)

Yasujiro Ozu

En su juventud, Yasujiro Ozu era un estudiante que reprobaba sus exámenes de admisión a diferentes universidades y se escapaba de clases para ver películas en el cine. Cuando un tío suyo que era actor le consigue un trabajo en el estudio de cine Shochiku, inicia su carrera de cine como asistente en el departamento de fotografía. Poco a poco, en los 30’s, Ozu se formó como director con pequeñas comedias silentes que gustaban mucho a la crítica, pero fracasaban en taquilla, debilitando su relación laboral con el estudio. Con su película I Was Born, But (1932), aunque aún en el terreno de la comedia, Ozu comenzó a desarrollar crítica social, sumándole puntos a su fama como nuevo talento del cine japonés. Cuando estalló la Segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), Ozu se enlistó en el ejército imperial japonés y estuvo al frente en las batallas de Nanchang y del Río Xiushui, ambas en 1939.

Ozu regresaría a Japón hasta 1946, ansioso y con nuevas energías para reanudar su carrera cinematográfica. Fue de este período en adelante que el director se consolidaría en la industria como una promesa cumplida, dominando el melodrama a través de un fiel retrato de la familia tradicional japonesa, la nostalgia entre los lazos familiares, la relación entre dos generaciones distintas (tema de suma sensibilidad en la sociedad japonesa) y la melancolía de las relaciones humanas en general.

“[Ozu] elevó el cine, el arte del siglo XX, a su forma más bella, una que no puede ser imitada o repetida. Para mi, su trabajo es algo como un santuario cinemático” Wim Wenders

Ozu, junto con el director de fotografía y colaborador de toda la vida Yuharu Atsuta, desarrollaron un lenguaje visual muy específico que definiría su estilo para el resto de sus películas. Perfeccionista en su composición (algo que se vería de nuevo en cineastas como Stanley Kubrick), los planos sostenidos y abiertos de Ozu capturaban con mucha fuerza las emociones de los personajes, al mismo tiempo que usaba los objetos cotidianos como elementos con los que los actores se expresaban constantemente. Durante su período de cine a color, el cual inauguró su cinta Equinox Flower (1958), sus planos abandonarían el movimiento por completo, y Ozu recaería en planos fijos y simétricos para contar sus historias. Este estilo redefinió el lenguaje cinematográfico para el mundo occidental una vez que la cinematografía japonesa abriera sus puertas en los 50’s y 60’s; el cine americano  y europeo estaba acostumbrado a ciertas convenciones, como los planos por encima del hombro para filmar un diálogo, mientras que Ozu posicionaba la cámara justo enfrente del personaje que llevaba la acción, tal como si éste se dirigiera hacia nosotros personalmente. Otro sello distintivo del director es su famoso tatami shot, un plano abierto dentro de una habitación con la cámara a dos pies del suelo, aproximadamente. A esta altura, Ozu captura las conversaciones entre sus personajes de manera íntima  y cercana, y requería de trípoides especiales para mantener la estabilidad de la cámara.

Tokyo Story
Tokyo Story (1953)

Así como el cine de Kenji Mizoguchi fue descubierto por los críticos de la Nouvelle vague cuando el cine japonés se abrió a occidente (por un suceso que se relata más abajo, en el apartado de Kurosawa), Yasujiro Ozu fue encontrado y promovido, en Estados Unidos, por los historiadores y eminencias de la crítica Donald Richie y David Bordwell, así como por el guionista y director Paul Schrader (American Gigolo, 1980; Mishima: A Life in Four Chapters, 1985).

En el documental Talking With Ozu (1993), realizado por Shochiku en conmemoración al 90 aniversario del natalicio del director, distinguidas figuras de la cinematografía mundial como Claire Denis, Hou Hsiao-hsien, Aki Kaurismäki y Wim Wenders hablan acerca de la importancia e impacto que tiene Ozu en el cine como forma de arte y en sus vidas personales, además de sus impresiones cuando se toparon por primera vez con una película del japonés. Desde 1952, la revista británica Sight & Sound realiza una lista de las mejores diez películas de la historia a través de un sondeo en el que participan diferentes críticos y directores de cine. En 2012, se nombró a Tokyo Story (1953) de Ozu como la mejor película de la historia en la lista de los directores y la tercera mejor en la de los críticos -solo por debajo de Vertigo (1958) de Alfred Hitchcock y Citizen Kane (1941) de Orson Welles.

Han pasado más de cincuenta años desde la muerte de Yasujiro Ozu, y hasta la fecha conserva su lugar como uno de los mejores directores en retratar fielmente las relaciones humanas, particularmente el núcleo familiar, que si bien reflejaba la noción japonesa de la familia, consiguió expandirlo a una nivel universal.

“La familia universal es la que aparece en toda variación posible dentro del trabajo de Ozu. He visto a mi propia familia reflejada ahí […] Para mi, ‘familia’ ha tornado imaginable y entendible solo a través de las películas de Ozu” Wim Wenders

Filmografía selecta:

I Was Born, But…The Only Son (1936), Late Spring (1949), Tokyo StoryAn Autumn Afternoon (1962).

Akira Kurosawa (1910 – 1998)

Akira Kurosawa

Considerado uno de los directores de cine más importante e influyente de todos los tiempos, Akira Kurosawa es, sin lugar a duda, el cineasta japonés más popular del mundo. Con treinta películas filmadas en un período de medio siglo, Kurosawa abarcó una enorme variedad de géneros: películas de samuráis (chanbara) con Seven Samurai (1954) y Yojimbo (1961); thrillers meticulosos con Stray Dog (1949) y High and Low (1963); melodramas modernos con Drunken Angel (1948) e Ikiru (1952); y películas épicas con Kagemusha (1980) y Ran (1985). Incluso adaptó (y apropió culturalmente) a dos grandes de la literatura occidental: Macbeth y King Lear de William Shakespeare en Throne of Blood (1957) y Ranrespectivamente, y a Fiódor Dostoyevski en The Idiot (1951).

El menor de ocho hermanos, Kurosawa encontró su sensibilidad artística en la pintura antes que en el cine, pero perdió la motivación al notar que esta disciplina no dejaba muchos ingresos y que buscaba aludir constantemente a los ideales políticos del movimiento comunista de la época y no al arte en sí. Sin embargo, Kurosawa recurriría a la pintura posteriormente para sus procesos cinematográfica: el cineasta pintaba sus storyboards a pincel. Su hermano Heigo, mayor que él cuatro años, lo indujo en el mundo del cine y el teatro cuando encontró trabajo como. Kurosawa probaría suerte en el entonces recién fundado estudio de cine Photo Chemical Laboratories (posteriormente conocido como Toho) cuando éste buscaba asistentes de dirección en su cantera. Una vez dentro y con apenas 25 años de edad, Kurosawa iniciaría una carrera como asistente que duraría cinco años, colaborando en 24 películas. Fue el director de cine Kajiro Yamamoto, a quien Kurosawa asistiría en 17 producciones, el que vio potencial en su joven asistente de director y, bajo su influencia en el estudio, ayudó a que este diera su salto a la dirección. Cuando le dieron esta oportunidad, Kurosawa se topó con una novela recién publicada de Tsuneo Tomita, acerca de un luchador de Judo, y supo enseguida que era la mejor opción para su debut: Sanshiro Sugata (1943) fue un éxito comercial y gustó a la crítica también. El resto es historia.

Kurosawa fue un cineasta completo y multifacético que buscaba involucrarse, desde sus inicios, en todos los procesos y aspectos de sus películas: desde la escritura del guión, que siempre él escribía (o co-escribía), hasta el diseño de la producción, los ensayos con los actores, la meticulosa planeación de sus encuadres, la edición y musicalización de sus cintas, Kurosawa estuvo ahí, concentrado y activo, cuidando cada detalle por más minucioso que fuera.

Cualquiera que haya sido el tema y ambiente de una película, Kurosawa dejaba su sello visual estampada en ella. Para el director japonés, el movimiento, tanto de la cámara como de los personajes, era esencial en el lenguaje cinematográfico. A través de un mismo plano en movimiento -en el que empezaba con una primera composición, se mudaba a una segunda y concluía en una tercera- Kurosawa transmitía con destreza toda la información emocional y psicológica que era necesaria. De la misma manera trabajaba con sus personajes: los actores recibían direcciones específicas en cuanto al lenguaje corporal que debían adoptar, y así los personajes dictaban sus estados de ánimo a través de posturas y movimientos.

No obstante su obsesión y esfuerzo en todos los aspectos de su obra, Kurosawa resaltaba un elemento en particular dentro del proceso cinematográfico que era el más importante para una película, algo vital en que un director debe concentrar sus mayores esfuerzos: el guión. Para este tema, les compartimos sus propias palabras:

“Así de simple: Akira Kurosawa fue mi maestro, y el maestro de muchos otros cineastas a través de los años” Martin Scorsese

El legado de Kurosawa habla por sí solo. Los elogios por parte de los cineastas sobran; desde los pilares del séptimo arte como Ingmar Bergman, Satyajit Ray y Federico Fellini, hasta directores del Nuevo Hollywood como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y George Lucas, la admiración por el cineasta japonés es inmensa. Casi dos décadas después de su muerte, Akira Kurosawa sigue siendo revisitado por cineastas, cinéfilos y críticos por igual, ya sea con el afán de aprender nuevos trucos, encontrar nuevas lecturas, o dejarse llevar por un espectáculo visual como ningún otro.

Filmografía selecta:

Rashomon, Ikiru, Seven Samurai, High and Low, Ran.

Fuentes:

  • Galbraith IV, S. (2009) Cine japonés. Taschen: Köln.
  • Páginas de Wikipedia: Cinema of Japan [https://en.wikipedia.org/wiki/Cinema_of_Japan]; Akira Kurosawa [https://en.wikipedia.org/wiki/Akira_Kurosawa]; Yasujiro Ozu [https://en.wikipedia.org/wiki/Yasujirō_Ozu].
  • Valdés Peña, J.A. (2014) Colección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Colección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Cuadernos de la Cineteca. Cineteca Nacional: Ciudad de México.
  • Talking With Ozu (1983) de Kogi Tanaka. Estudios Shochiku.
  • Valdés Peña, J.A. (2014) Colección Grandes Autores: Kenji MizoguchiColección Grandes Autores: Kenji Mizoguchi. Cuadernos de la Cineteca. Cineteca Nacional: Ciudad de México.

¿Yo, Fascista? Un diagnóstico basado en los 14 síntomas del fascismo de Umberto Eco.

14 síntomas del fascista eterno relatados por Umberto Eco e ilustrados a través del cine.

Natalia Martínez: @Nataliama2

Selección de filmografía de David Azar (@DavidAzar93) y Natalia Martínez

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Fotograma de Er ist wieder da (2015).

Tenían razón: la historia es cíclica. Me era antes difícil creerlo porque no lo había vivido. Nunca había sido testigo de esa manía extraña que tiene el ser humano con acomodar deliberadamente delante de él la misma piedra con la que se había tropezado, roto la pierna y el brazo, para volver a tropezar con ella. Los seres humanos no solamente somos entes curiosos y peculiares, difíciles de entender, somos también el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces, o quizá incluso más de dos. Ya hemos visto antes cómo sujetos imponentes, de ultraderecha, radicales, conservadores hasta la médula, son elegidos por el pueblo para convertirse en los nuevos líderes mundiales. Nos ha pasado más de una vez y los resultados de esta terrible elección nunca han sido favorables: odio creciente hacia ciertas minorías, un nacionalismo poco fundamentado, sentimientos de superioridad racial… guerra. La última vez en que sucedió esto el resultado fue el exterminio sistemático de once millones de personas de los cuales más de la mitad eran judíos y un muro de la vergüenza separando a una misma ciudad en Este y Oeste.

Creí que habíamos aprendido: Mussolini, padre del fascismo, murió apaleado por su propio pueblo, la guerra civil española, dirigida por Francisco Franco, apoyado por el líder italiano y el alemán, claro, acabó con la vida de entre 500,000 y un millón de sus connacionales, sin contar a otros tantos cuya existencia se vio terriblemente destrozada, y Alemania acabó como acabó por Hitler, dejémoslo así.

¿De los errores se aprende? ¿No? El muro de Berlín se derribo la noche del 10 de noviembre de 1989, 28 años después de que se erigiera. Su caída representó una de las reflexiones más grandes a las que se ha visto sometida la humanidad: el perdón, un no volverá a pasar convencido, un mundo progresista de Tratados de Libre Comercio, de Uniones Europeas, de Naciones Unidas, de globalización, de tolerancia. Menos de un año después, en el Potsdamer Platz, Roger Waters cantó All in all you’re just another brick in the wall.

Hoy, “la nación de la libertad”, corona a un hombre tan radical e impulsivo como los mencionados anteriormente. La extrema derecha en Austria obtuvo su mejor resultado desde la Segunda Guerra Mundial. Una Marine Le Pen neurótica usa un discurso muy parecido al de Trump para ganar popularidad. Pasó Brexit. Viene Polonía, también Holanda. Un Bad hombre sentado en la silla presidencial de los Estados Unidos, no hace más que alentar a otros ansiosos de poder, de grandeza nacional, a intentar hacer lo mismo. A la cadena se le suma a diario un nuevo eslabón. De pronto las canciones de Pink Floyd vuelvan a ganar sentido: Of course mama’s gonna help build the Wall.

No nos confundamos. Si en tiempos de democracia personas así se están posicionando como los líderes, es porque un número importante de la población los eligió, porque un número relevante de coterráneos los creyeron su mejor opción. En conclusión, bastantes de las personas que nos rodean, por lo menos aquí en Europa, en Estados Unidos y tal vez en México se identifican con el pensamiento fascista.

En 1995 el escritor e intelectual italiano, Umberto Eco, presentó las 14 señales del fascismo en la Universidad de Columbia. Eco explicó cómo el fascismo, a pesar del contexto social o histórico del momento, puede permear la mente de muchas personas por igual.

SPETT.UMBERTO ECO A NAPOLI(SUD FOTO SERGIO SIANO)
Umberto Eco

Este artículo invitará a una reflexión exhaustiva sobre lo que es esta ideología, tomando como punto de referencia algunas películas (porque no hay nada que no se puede ilustrar con cinematografía) y los 14 síntomas del fascismo relatados por Umberto Eco. Recuerden, no es necesario caer en todos para ser considerado un fascista, con dos es más que suficiente.

Suerte con el diagnóstico. ¡Ojalá no les salga positivo!

1. Culto a la tradición: La primera característica del Fascismo eterno de Eco es el culto a la tradición, a las reglas sociales establecidas previamente. Hay que mantener en cuenta que el afecto a ciertas tradiciones, o el mantener vivas algunas usanzas pasadas no necesariamente nos hace pertenecer a esta categoría. Nos referimos a un culto obsesivo con lo tradicional, la incapacidad de hablar de cambios sociales porque las cosas no deben cambiar. El “antes todo era mejor”. El seguir reglas instituidas en un pasado lejano sin cuestionarlas. Para el fascista eterno, la verdad ya fue anunciada en más de cien ayeres y hay que seguir caminando sobre ese difuminado camino que ya no se acomoda al progreso tecnológico o científico de la sociedad. Como consecuencia, el avance del saber se ve castigado, oprimido.

Trailer de The Stepford Wives (2004) de Franz Oz.

2. Rechazo a la modernidad: Esta testarudez con el pasado nos lleva a un claro rechazo, miedo y falta de reflexión en torno a lo reciente, porque lo “nuevo” amenaza las tradiciones espirituales y nacionales. Para el Nacional Socialismo, por ejemplo, el iluminismo, la edad de la razón, era percibida como el inicio de la depravación moderna. Para un fascista la razón, al cuestionar verdades establecidas, corresponde al libertinaje. Por ende, el fascismo eterno corresponde a la falta de cuestionamiento, a la irracionalidad.

Clip de Mona Lisa Smile (2003) de Mike Newell.

 3. La acción por la acción: El actuar debe ser el primer motor del ser humano y debe realizarse antes de cualquier reflexión. El pensamiento, el estudio es signo de debilidad. “Yo actuo y doy resultados inmediatos”. Pues sí, cualquiera que cuestione -los intelectuales y los científicos, la cultural liberal- es considerado traidor:

Clip de Full Metal Jacket (1987) de Stanley Kubrick.

“Congressman John Lewis should spend more time on fixing and helping his district, which is in horrible shape and falling apart (not to mention crime infested) rather than falsely complaining about the election results. All talk, talk, talk – no action or results. Sad!”

(El congresista John Lewis debería usar su tiempo intentando arreglar o ayudar a su distrito, el cual está en terrible forma y se está desmoronando – sin mencionar su problema de criminalidad -en vez de quejarse sobre los resultados de la elección. Hablar, hablar, hablar, sin acción o resulturado. ¡Triste!)

4. Rechazo al pensamiento crítico: Normalmente el pensamiento crítico no coincide con las rigurosas normas tradicionales o con los pensamientos separatistas o ultranacionalistas, ya que ninguna de estas aptitudes logran su sustento trás haber sido sujetas a un ejercicio de reflexión. El desacuerdo es traición, por ende, la duda, el cuestionamiento racional es la primera señal que dan los desertores. El fascista es incapaz de aceptar críticas o datos que develen sus errores, por lo que acusa a los medios de comunicación, periodistas o cualqueira que esté en discrepancia de calumniosos.

Clip de Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut.

“Any negative polls are fake news, just like the CNN, ABC, NBC polls in the election. Sorry, people want border security and extreme vetting.”

(Cualquier sondeo negativo es noticia falsa, así como los sondeos de CNN, ABC, NBC para las elecciones. Lo siento, la gente quiere seguridad en las fronteras y veto extremo.)

5. Miedo a la diferencia: El desacuerdo, las ideas contradictorias, son señal de diversidad. El eterno fascista que retrata Umberto Eco, suele comenzar sus discursos políticos, su llamamiento al pueblo, acusando a los intrusos, incriminando a las personas con creencias, apariencia o cultura distinta. El ser humano, por naturaleza, le teme a lo desconocido: el fascista recurre a acentuar este sentimiento en el pueblo. “No es racismo, es protección ante una posible amenaza”.

Clip de The Day the Earth Stood Still (1951) de Robert Wise.

“Everybody is arguing whether or not it is a BAN. Call it what you want, it is about keeping bad people (with bad intentions) out of our country!”

(Todos discuten sobre si es una prohibición total. ¡Llámenlo como quieran, se trata de mantener a las malas personas – con malas intenciones – fuera del país!)

6. Llamamiento a las clases medias frustradas: Dejemos que el mismo Umberto Eco nos explique este punto. “Una de las características de los fascismos históricos ha sido apelar a las clases medias frustradas, desvalorizadas por alguna crisis económica o humillación  política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos. En nuestro tiempo, en que los viejos proletarios se están transformando en pequeña burguesía, el fascismo encontrará en esa nueva mayoría su público.” – Umberto Eco

Clip de Metropolis (1927) de Fritz Lang.

 “Today, we are not merely transferring power from one administration to another, or from one party to another — but we are transferring power from Washington, DC, and giving it back to you, the people.”

(Hoy, no solamente estamos transfiriendo poder de una administración a otra, o de un partido al otro – estamos transfiriendo el poder de Washington y devolviendoselos a ustedes, el pueblo.)

7. Obsesión por el “complot”: Como lo hemos podido apreciar, todas las características están claramente correlacionadas. El miedo a la diferencia, la cólera ocasionada por la desaprobación, el apoyo de los miembros más frustrados y poco educados de la sociedad, crea una obsesión con la conspiración hecha por parte de la oposición. El que no apoye al fascista es porque forma parte de una secreta red de “poderosos” que se conjuran en su contra.

Clip de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964) de Stanley Kubrick.

“I will be asking for a major investigation into VOTER FRAUD, including those registered to vote in two states, those who are illegal and…. even, those registered to vote who are dead (and many for a long time). Depending on results, we will strengthen up voting procedures!”

(Pediré que se haga una gran investigación sobre el FRAUDE ELECTORAL, incluyendo a aquellos que se registraron para votar en dos estados, a los ilegales e… incluso esos registrados para votar que están muertos. Dependiendo en los resultados, fortaleceremos los procedimientos de votación.)

8. Miedo al enemigo: lo desconocido causa temor, lo distinto resulta incomprensible por la falta de estudio o análisis que se le ha dedicado. Para el fascista el que es distinto religiosa, intelectual, culturalmente se convierte inmediatamente en indigno de comprensión y por ende una amenaza hacia los ideales o el estilo de vida de su nación. Por esto, Umberto Eco dice que la poca capacidad de evaluación objetiva, los condena a perder sus guerras.

Clip de Invasion of the Body Snatchers (1978) de Philip Kaufman.

“If the ban were announced with a one week notice, the bad would rush into our country during that week. A lot of bad dudes out there!”

(Si el veto se anunciara una semana antes, los malos entrarías en nuestro país esa misma semana. ¡Hay muchos tipos malos allá afuera!)

9. Antipacifismo: el pacifismo es un acuerdo de convivencia con el enemigo, por lo que no es opción para el fascista eterno retratado por Eco. La palabra “enemigo” es recurrente dentro de su vocabulario diario, así como la lucha por derrotar a ese supuesto adversario.

Clip de Return of the Jedi (1983) de Richard Marquand.

“Happy New Year to all, including to my many enemies and those who have fought me and lost so badly they just don’t know what to do. Love!”

(Feliz año nuevo a todos, incluyendo a mis muchos enemigos y a aquellos que intentaron vencerme y perdieron terriblemente, ellos no saben qué hacer. ¡Besos!)

10. Elitismo: Para el fascista existe un claro elitismo popular, nacional e ideológico. El traidor es por lo regular un depravado que no logra formar parte de ese grupo de ciudadanos moralmente superiores.

Trailer de The Riot Club (2014) de Lone Scherfig.

“The beauty in me is that I am very rich.”

(La belleza en mí recae en mi riqueza.)

11. Heroísmo: En la ideología fascista el héroe capaz de dar su vida por sus creencias, su nación o su partido político, resulta digno de respeto y de pasar a la posteridad como héroe nacional.

Clip de Captain America: the First Avenger (2011) de Joe Johnston.

“John McCain is a war hero because he was captured. I like people that weren’t captured.”

(John McCain es considerado herore porque fue capturado. A mi me gustan las personas que no han sido capturadas.)

12. Transferencia de la vonlutad de poder a cuestiones sexuales: Para el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, la voluntad de poder es el deseo ciego del hombre por dominar la voluntad del otro. El fascista considera este deseo de poder un elemento únicamente masculino por lo que le es difícil asumir el que existan miembros del género opuesto dedicándose a la política. Existen roles establecidos para cada genero. La condena a la homosexualidad o el observar a la mujer como una mera via de satisfacción sexual, son rasgos del fascismo eterno.

Clip de G.I. Jane (1997) de Ridley Scott.

“If Hillary Clinton couldn’t satisfy her husband what makes you think she can satisfy America?”

(¿Si Hillary Clinton no pudo satisfacer a su esposo, qué te hace pensar que podrá satisfacer a los Estados Unidos?)

13. Populismo cualitativo: Uno de los métodos para ganar la atención de las mayorías es el acusar al gobierno de ya no representar la voz del pueblo.

Clip de The Triumph of the Will (1935) de Leni Riefenstahl.

“El fascismo ha sido una revolución espiritual contra todas las viejas ideologías que corrompían los sagrados principios de la religión, de la Patria y de la Familia. Como revuelta espiritual, el Fascismo ha sido expresión directa del pueblo.” – Benito Mussolini.

14. Neolengua: ¡He aquí mi favorito! Una claveal del lenguaje utilizado por los líderes fascistas recae en la pobreza de su léxico y en su sintaxis básica. Las soluciones fáciles, los adjetivos peyorativos, insultos o halagos sencillos, la falta de argumentos. Un lenguaje que no deja espacio a la reflexión, al análisis, al razonamiento crítico. Es mucho más fácil controlar a un pueblo ignorante.

Clip de Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (1970) de Elio Petri.

En Febrero del 2016, en su discurso en Nevada, Trump proclamó su amor por ciertos grupos de la sociedad que contribuyeron a su victoria en el partido republicano. Exclamó “I love the poorly educated.”

(Amo a los que tienen bajos niveles de educación).

Como lo ha dejado ya muy claro Umberto Eco, el síntoma principal de toda característica fascista es la falta de reflexión. Esta enferma ideología política sustenta su triunfo en la ignorancia, la escasez de capacidad crítica. Maneja los instintos primarios que surgen en el ser humano en tiempos de incertidumbre económica o social: el miedo, la frustración, el sentimiento de abandono. Alimenta la nostalgia por un ayer sobrevalorado, promete acción inmediata, cambios rápidos, mejoras oportunas sin jamás decir exactamente cómo se llevarán a cabo todas esas promesas. Se alimenta del odio a las diferencias, de un absurdo sentimiento de superioridad, de ira. Sus simpatizantes aplauden eufóricos al escuchar que entre las propuestas está la de devolverles el protagonismo que algún día gozaron. – no hay sentimiento más irracional y nocivo para el ser humano que la ira.

Acusamos a los líderes fascistas de haber convencido a su pueblo con discursos brillantes, con un cañoneo incesante de propaganda. He escuchado a más de cien personas decir que Hitler fue un genio, maligno, pero un genio que logró llevar a una nación a cometer los más atroces de los crímenes. Los gobernantes no son genios que de pronto se alzan para, con mentes maquiavélicas, controlar a las masas. Los líderes no son más que el reflejo de su pueblo. En 1933 había democracia. Según el diccionario la democracia es el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir a sus gobernantes. Nuestra responsabilidad como miembros de un sistema democrático no es otra que la de la reflexión, libre de miedos o de ira o de doctrinas oxidadas. El cuestionarnos todas y cada una de las palabras que pronuncia un posible presidente en su campaña. El no tener solamente un punto de inflexión al momento de elegir, sino juzgar la totalidad de sus actitudes y proposiciones. Recordemos: Hitler y Mussolini fueron elegidos.

Los denominamos monstruos. Pero … ¿Quién eligió al monstruo?

Clip de The Great Dictator (1940) de Charlie Chaplin.

Los rasgos nocivos de nuestra “mexicanidad” en el cine de Luis Estrada

Natalia Martínez A: @NataliaMa2

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Antes el cine era diferente: llenaba de ilusión, exaltaba y llevaba al borde de las lágrimas a quien decidiera invertir dos horas de su ocupada jornada en una de esas butacas acartonadas. Los tiempos han cambiado. Ya no volverá Pedro Infante a cantarle a su enamorada con voz melancólica. ¿Habrá otra representación de la belleza mexicana como la del rostro de Dolores del Río? ¿Quién se atreverá a retratar nuestras nubes y paisajes como lo hizo Figueroa? Nadie parece estar interesado en contarnos ya aquellas historias llenas de folclore e indigenismo como lo hizo Emilio el Indio Fernández. La nostalgia por la tan aclamada Época de oro del cine mexicano, por esos tiempos en los que “todo era mejor”, se nos sujeta a la garganta mientras observamos cómo nuestro país se va consumiendo por las injusticias sociales, el sensacionalismo de un internet mal informado y sin argumentos, el miedo a dejar de ser la novia sometida de Estados Unidos, el nuevo PRI cuyo lema parece ser el de “saquear todo porque el 2018 seguro que no lo ganamos”, entre muchos otros dilemas.

Entonces, viéndonos rodeados por un panorama que nos hace dudar si saldremos con vida de este 2017, optamos por mirar atrás y recordar cuando las cosas eran mejores. “Ya no hacen cine así”, nos decimos y alzamos el pecho orgullosos pero melancólicos por lo que algún día fue la industria cinematográfica de nuestro país. ¿Qué es lo que hace del cine de los años 40’s y 50’s tan distinto a las crudas producciones posteriores? Su utopía. Pero recordemos que lo utópico carece de realidad.

La época del cine de oro mexicano expone, en palabras de Monsiváis, “los autos sacramentales de la sociedad”, personajes poco realistas, llenos de coraje, que aprovechan la grandeza de la tierra.

Estas películas, al igual que pasó en Hollywood, se cimentaron sobre las bases del melodrama dejando los problemas sociales como simple escenario. Aquí abundan los enfrentamientos entre el bien y el mal en los que el virtuoso resulta triunfador. La sociedad se ve reducida a un número de personajes estereotipados y a ciertos estilos de vida que caen en el cliché. Un país que convive en armonía a pesar de las abismales diferencias sociales. ¡El acentito ése! Los ambientes rurales, los trajes típicos. El macho con sombrero de charro y la mujer de trenzas largas y negras: la esencia de la “mexicanidad”.

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“Los pobres mueren como si fueran ricos, los ricos sufren por no gozar como si fueran pobres, las familias son el infierno celestial, y el amor es la única redención previa a la muerte.” – Carlos Monsiváis

El cine de la época de oro era un mural muy al estilo de Rivera, donde los miembros de esta nación tan problemática confluían en armonía y respeto, navegando con la resignación como estandarte y con la meta última de enamorarse. Siempre es mejor pasar nuestras dos horas en la butaca soñando, en lugar de despertando. Es tal vez por eso que añoramos tanto los tiempos en los que nuestro cine se caracterizaba por la belleza de una sociedad hegemónica y no una en caos. Pero una dosis de realidad nunca hace daño para caer en la cuenta de quienes somos en realidad. Un poco menos de amores prohibidos, de héroes valerosos, y más de cómo funcionan las cosas en el país es primordial para despertar nuestra conciencia tan adormecida. Para esto recomendamos tres películas incómodas de un cineasta claramente inconforme: Luis Estrada.

La Ley de Herodes (1999)

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Culpamos al gobierno de todas nuestras penas e infortunios, pero: si el gobernador te pidiera incorporarte al partido para hacerte el presidente municipal de tu pueblo, ¿qué harías? Y… ¿Cuánto robarías? Fue eso lo que le pasó al personaje principal de esta película. A Juan Vargas (Damián Alcázar) le ofrecen ser el nuevo presidente municipal de San Pedro de los Saguaros. “Modernidad, paz, progreso y justicia social” entona al tomar posesión, creyéndose cada palabra.

“Esto no es una dictadura. No, no, no, perdónenme. Si para eso hicimos una revolución. En este país el voto se respeta, no es nuestra culpa que la gente siempre vote por mi partido.” – Juan Vargas, La Ley de Herodes.

Al poco tiempo, el pobre, se da cuenta de lo corrompido que está el sistema. Y por sistema no nos referimos únicamente a los gobernantes, sino al padrecito del pueblo, al prostíbulo y a la manera de resolver problemas por los habitantes de San Pedro de los Saguaros. Juan Vargas entiende que la cosa en el país funciona según la Ley de Herodes: O te chingas, o te jodes. Recordemos que Herodes llega a la corona por medio de la sangrienta persecución de la antigua familia reinante para así quedarse en el trono. ¿Qué fue capaz de cometer un partido para consolidarse como la única opción política? ¿Y si tú fueras parte de ese partido en el poder, qué tanto hubieras concedido para que no se te quite de tu puesto?

“Recuerda que en este país el que no tranza, no avanza” – el gobernador Sánchez, La Ley de Herodes.

En 1999, el año de su estreno, se intentó vetar la película, por lo que renunció Eduardo Amerena a su puesto como director del Instituto Mexicano de Cinematografía, lo cual, obviamente, llevó al filme a ser uno de los más taquilleros de la historia. Podríamos decir que con este estreno dimos el primer paso hacia la liberación de una censura a la que llevábamos esposados más de 70 años.

El Infierno (2010)

“Esa guerra contra el narco ha dejado más muertos que la revolución.” – El Infierno

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Volvemos a lo mismo, pasar dos horas en una butaca para asumir que el país se encuentra secuestrado por la violencia no es fácil, pero sí necesario. Con dosis de sarcasmo y un humor muy negro, Luis Estrada nos muestra lo que es crecer y vivir en un rancho sumido en la pobreza y la negligencia en el que la única manera de ganar algo de dinero es vendiéndole tu alma al capo de alguno de los cárteles de la zona.

El filme narra el regreso de Benjamín García (otra vez Damián Alcázar) de los Estados Unidos a su pueblo San Miguel Narcángel con la ilusión de montarse, con sus ahorraditos, un negocio y ponerse a trabajar. Al volver nada es como él recordaba: la pequeña empresa en el país ya no subsiste, su rancho se ve conquistado por una ola de terror y muerte y la única manera de salir adelante es sumándose al crimen organizado.

El país es incapaz de proveer oportunidades de superación por medio de calidad educativa, trabajo y salarios dignos, a un elevado porcentaje de la población. Con decir que el 43% de los mexicanos de 15 años o más no cuenta con la educación básica completa. El gobierno, en lugar de erradicar el problema desde la raíz, opta por comenzar una “guerra contra el narcotráfico”. El infierno nos muestra la tan cruda realidad de las comunidades marginadas, rezagadas, esas a las que tantos no miran porque irritan. La vida desde el punto de vista del narcotraficante al que no le quedó de otra más que desmoralizarse por completo para así lograr darle de comer a sus cinco hijos, como es el caso del Cochiloco, un padre amoroso pero capaz de matar a su hermano. “En esta vida a todo se acostumbra uno, menos a no comer.”

En el 2014 el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres nos posicionó como el tercer país con más muertos por conflictos armados en el mundo. En el 2016 batimos record, según el reporte del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), en el país hay 56 asesinatos por día.

En el bicentenario de nuestra independencia Luis Estrada lanza esta película cuestionándonos: ¿Hay algo que celebrar?

La dictadura perfecta (2014)

El título de la película hace referencia a la manera en que describió Marío Vargas Llosa al país en cadena nacional el 30 de agosto de 1990.

“La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la unión soviética, no es Fidel Castro, es México, porque es la dictadura camuflada de tal modo que parece no ser una dictadura, pero que tiene, si uno escarba, todas las características de una dictadura: la permanencia de un partido inamovible.” – Marío Vargas Llosa

Un cuarto de siglo después de las declaraciones del Premio Nobel de Literatura, en el 2014, se estrena este filme y utiliza como título la denominación de Vargas Llosa a nuestro país: “La dictadura perfecta”. La última película de Luis Estrada no ha sido un éxito para la crítica especializada. No obstante, a pesar de la opiniones encontradas, el filme saca a relucir algunos elementos que hay que tomar en cuenta.

Estrada señala la mancuerna que utilizan los dictadores y la principal cadena de televisión de nuestro país para influir en la opinión pública y el voto de la población: ese sensacionalismo mediático tan barato con el que los políticos tapan sus errores y muestran sus escasas gracias. El melodrama telenovelezco hecho noticiero. En el filme Carmelo Vargas (Damián Alcázar, para no variar) en el afán de lavar su imagen firma un costoso contrato con la principal empresa televisiva de México. Así los medios se dedican a distraer al público de sus actos de corrupción y destruir a la oposición.

El filme atina en retratar el miedo tan poco fundamentado que se respira del norte al sur de la nación, señalar el creciente número de líderes de opinión que en vez de utilizar la verdad o el argumento como medida de valor usan la viralidad, nuestra afición por el escándalo por encima de la justicia y cómo el gobierno y los medios de comunicación se aprovechan de esto para prevalecer en el poder.

Por encima de su caricaturización y sus lugares comunes, esta cinta se encarga de desnudar a ese nuevo-viejo PRI que regresa a la silla presidencial con una Ley de Herodes renovada para que parezca estar ad hoc a los tiempos del Facebook.

Cubrirse los ojos con la venda de la nostalgia por un ayer sobrevalorado para evitar postrarnos ante nuestro escalofriante presente es fácil. Queremos ser ese pueblo de charros y de adelitas, de ideales revolucionarios con las ilusiones de la época de oro del cine mexicano. Abrir los ojos, caminar conscientes del bagaje tan vergonzoso que como mexicanos nos corresponde a todos y cada uno, siempre resulta mucho más difícil. Para dejar a un lado nuestras obsesiones y carencias, es necesario sobrepasar la etapa de negación colectiva en la que nos encontramos (nuestro constante creer que la culpa la tiene el de arriba o el de abajo o el de alado, pero nunca yo). Son necesarias las historias que no intenten cubrir los baches de nuestra sociedad con tintes de conformismo, con estereotipos simples y vidas quiméricas. Una dosis de realidad cinematográfica, de humor negro, de sarcasmo, de ironía política, puede ser un buen primer paso hacia la autoevaluación: ¿Ponemos de nuestra parte para que prevalezca la Ley de Herodes mexicana? ¿Cuánto seriamos capaz de auxiliar a la corrupción con tal de llevarnos una mochadita? ¿Qué tanto ignoramos o colaboramos en que la inequidad del país continúe nutriendo con personal al crimen organizado? ¿Qué hacemos para cambiar todo lo que nos muestra Estrada en su cine, aparte de subirnos al tren del altruismo cibernético con cada share o cada tuit pseudo-humanitario y poco objetado? Si formáramos parte del grupo que ahora gobierna este país, ¿Seríamos tan cínicos y desvergonzados como ellos?

El cine de Estrada es, al contrario de la época del cine de oro, pesimista. Retrata, sin maquillaje, a un país que se encuentra hundido en un caos cíclico y constante. Sin embargo, la realidad no siempre tiene que ir orientada al pesimismo: ojalá la próxima película de Luis Estrada contenga aunque sea un poquito de esperanza, pero, bueno, eso no depende más que de nosotros.

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De musas y sus directores; ¿Es la mujer la principal fuente de inspiración artística?

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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¿Por qué será que desde la antigua Grecia la inspiración artística es representada con cuerpo de mujer? La mitología griega optó por las curvas y los rasgos faciales femeninos para darle figura a cada una de las artes: Las musas.

Son nueve las musas, hijas de Zeus, padre de los dioses y de los hombres, y de Mnemósine, diosa de la memoria. A cada una de ellas corresponde una disciplina artística distinta, por lo que su beldad física varía dependiendo de lo que simbolice. Está Calíope, musa de la poesía épica. Clío, la dueña de la historia. Erato, fuente de poesía lírica-amorosa. Euterpe, a quien le corresponde la música. Melpómene, musa de la tragedia (teatro).  Polimnia, compositora de cantos sagrados. Talía, proveedora de comedia. Terpsícore, la danzante. Urania, astróloga. Así, cada una de estas divinidades inunda de inspiración la cabeza del artista al que elige, hace que de su mente broten historias, versos, armonía, baile o sed de sabiduría.

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Tomando en cuenta el hecho de que el modelo de perfección griega era el hombre, es irónico que la mujer sea percibida como el origen de toda iluminación artística o creativa. Pero más irónico es que esto no haya cambiado ni un ápice desde entonces. El arte es la expresión material del mundo espiritual. Para el varón que ha decidido dedicar su vida a la creación, la mujer sigue siendo la luz que lo guía por el camino de las artes, la que lo inclina a la sensibilidad y a la simpatía, a la estética. La que lo lleva a acariciar lo intangible, a atañerse por lo cultural.

Bueno, para rematar con las ironías del asunto, a pesar de que la literatura, las artes plásticas, el teatro o cualquier arte no se agote de citar a la mujer como nacimiento de toda inspiración, cuando se trata de nombres plasmados en libros de historia, los femeninos escasean. Somos las exiliadas de la historia del arte y, yéndonos a planos más actuales, las ignoradas de la creatividad cinematográfica. Tristemente, las cosas siguen siendo como la canción de James Brown: It’s a man’s man’s man’s World. Pero a pesar del poco crédito que se nos otorga, ¿existiría el arte de no ser por la inspiración femenina? ¿Y qué decir de los más grandes directores de la historia del cine? ¿Qué sería de ellos sin sus musas 

Las musas no cobran derechos de autor. – Joaquín Sabina.

Ingrid Bergman y Roberto Rossellini

Todo comenzó con una carta que decía así:

Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas Roma Ciudad abierta y Paisá y las he disfrutado mucho. Si usted necesita a una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. – Ingrid Bergman.

Estas líneas de 1948 desataron uno de los amoríos más emblemáticos de la historia del cine. Él le devolvió la carta enunciándole lo emocionado que estaba por incluirla en sus proyectos y donde narraba el filme que nacía en su mente: Stromboli (1952), ejemplo clásico del neorrealismo italiano. ¡Vaya combinación! Ambos grandes exponentes, Ingrid con un Óscar a Mejor Actriz y Rossellini –bueno pues era Rossellini. Se conocieron en Nueva York “La mujer más hermosa que habia visto en mi vida,” dijo el director sobre su primer encuentro “Resplandecía. La cámara jamás podría captar ese resplandor.”

La noticia del adulterio cometido por parte de ambos, -los dos casados desde hacía años– recorrió los tabloides de los periódicos internacionales. Al terminar de rodar Stromboli, Ingrid había anunciado estar embarazada del director italiano.

Llegaron cartas de odio al buzón de Bergman, preguntándole cómo se atrevía a haber hecho semejante cosa. La iglesia condenó públicamente el romance e Ingrid fue denunciada ante el senado de Estados Unidos. A pesar de todo esto, contrajeron nupcias en México en 1950, donde nacieron sus dos gemelas.

Rossellini le prohibía a su musa trabajar con cualquier otro director –temía que la historia se repitiera con algún otro. Durante sus seis años de matrimonio filmaron juntos Europa 51 (1952), Siamo Donne (1953), Viaggio in Italia (1954), Giovanna d’Arco al Rogo (1954) y La Paura (1954).

Woody Allen y Diane Keaton

Woody Allen no es él sin sus fobias, ni sin sus traumas, pero tampoco es él sin sus musas, y a lo largo de su larga cinematografía ha inmortalizado a más de una veintena de iconos del séptimo arte. Sin embargo, con ninguna rió con tanta naturalidad; me atrevo a decir que pocas veces la cámara ha presenciado tanta química. Con ninguna otra se le vio tan cómodo, tan a fin. Con ninguna persiguió langostas vivas por el suelo de la cocina. Ninguna otra es su Annie Hall.

Keaton y Allen coincidieron en la obra teatral Sueños de conductor (1968), donde la actriz dice haberse enamorado tanto del ingenioso guión como del director. Fueron pareja hasta 1975, nunca se casaron, pero su cariño sigue vigente. “Echo de menos a Woody. Se estremecería si supiera cuánto le aprecio. ¿Qué le voy a hacer? Todavía le quiero.” Comentó Keaton en una entrevista hace unos años.

Siendo pareja filmaron Play it again, Sam (1972), Sleeper (1973), Men of Crisis: The Harvey Wallinger Story (1971). Sin el título de pareja de por medio, juntos dieron vida a las más grandes obras del director y guionista: Manhattan (1979), Interiors (1978), entre muchas otras. En 1977, Woody decidió retratar en un filme la vida en pareja en su estado más puro y auténtico, libre de todo estereotipo o superposición. El enamoramiento sin tapujos, con sus vicios, carencias y maravillas. La historia de una ruptura. Una carta de amor hecho película. Eligió a su Diane para darle vida al personaje histórico de Annie Hall (1977). 

Steven Spielberg y Kate Capshaw

Fueron más de 100 mujeres las que salieron desconsoladas del casting para ser Willie Scott en la segunda aventura de Indiana Jones. Se quedó con el papel una bella rubia de ojos claros llamada Kate Capshaw. Fue así como se conocieron Spieldberg y su ahora esposa.

Entonces, 1983, el director más prolífico de Hollywood estaba casado con la actriz Amy Irvin. Se esparcieron rumores sobre un amorío en el set de Indiana Jones and the Temple of Doom (1984): Capshaw y Spielberg. Se cuenta que en una de las escenas de persecución de carros en la mina, Quan, intentando detener el carro, Spielberg golpeó inintencionadamente a la actriz en el ojo, dejándola moreteada. Al día siguiente, llegaron todos al estudio de producción con un ojo morado maquillado, a solicitud del director, para que su protagonista no se sintiera mal. Cuentan también que él borró una escena clave de la película en la que Capshaw tenía que tomar en brazos varias serpientes por la fobia que sentía la actriz hacía el animal. A cambio la escena se rodó con bichos, (esto antes de la entrada al Templo Maldito).

La película fue un verdero éxito en taquilla, aunque la interpretación de Capshaw no fue del agrado de la crítica ni tampoco del público, lo cual afectó gravemente su carrera en el mundo del cine.

En 1991, Kate se convirtió al judaísmo y contrajeron nupcias. Después de 23 años de matrimonio, tres hijos biológicos y tres adoptivos, siguen juntos.

Lo más bonito que ha surgido de un filme, fue mi futura esposa. Así conocí a Kate, mi protagonista. Mi protagonista, continua siendo la protagonista de mi vida.– Spielberg

Jean-Luc Godard y Anna Karina

Con una infancia desastrosa, abandonada por su padre, criada en gran medida por sus abuelos y atormentada por el amante de su madre, Anna creció siendo una niña introvertida que quería convertirse en actriz. La joven danesa huyó de su hogar para refugiarse en París, sin dinero y sin saber una palabra de francés. Hasta que un día una mujer, a orillas de la Seine, le propuso participar en un reportaje fotográfico. A los pocos meses ya era una de las modelos más solicitadas de Francia.

Godard, el gran exponente de la Nouvelle Vague, vio un anuncio de jabón donde aparecía Anna. Su cuerpo en la bañera y ese rostro cubierto de espuma, lo sedujó al punto que la contactó para ofrecerle un pequeño papel en su primer largometraje: À bout de soufflé (1960). La actriz rechazó el papel en cuanto le anunciaron que debía desnudarse. La llamó un año después para proponerle aparecer en Le Petit Soldat (1963). Aceptó.

El caprichoso director demoró el rodaje lo más posible. “Podía ver cómo Jean-Luc me miraba todo el rato, y yo le miraba a él, todo el día. Éramos como animales.” Recuerda Anna. El mítico director de fotografía del filme, Raoul Coutard, asegura que Gordard alargó el rodaje para poder cortejar a Anna.

Se casaron en 1961 para pasar por una tormentosa unión imperada por los celos del director mezclados con largos periodos de ausencia y las inseguridades de la actriz. Ella quedó embarazada mientras rodaban Un femme est une femme (1961). Perdió a su bebé poco después, a esto siguieron tres intentos de suicidio por parte de Anna, varias separaciones y apasionadas reconciliaciones. Decidieron no volver a verse después de pocos años.

En palabras de Coutard, las películas en las que ambos colaboraron como pareja eran “La postal más cara que un hombre haya enviada nunca a su mujer.”

Ingmar Bergman y  Liv Ullman

Ser la musa de un director tan introspectivo y analítico como Ingmar Bergman no debió haber sido fácil. Liv Ullman, dice haber sido feliz hasta que comenzó a conocer el enredado pensamiento detrás de los filmes del sueco. Rodó con él un total de nueve producciones: La hora del lobo (1968), La vergüenza (1968), Pasión (1969), Gritos y susurros (1972), Escenas de un matrimonio (1973), Cara a cara (1976), El huevo de la serpiente (1977), Sonata de otoño (1978). Incluyendo en este listado la obra maestra del revolucionario director Persona (1966).

Su amor superó las barreras del romance efímero para convertirlos en compañeros de vida, amigos, amantes, colaboradores de trabajo y almas gemelas que no supieron pasar su vida juntos pero que tampoco supieron pasarla separados. Bergman le solía repetir a su bella musa que él y ella estaban “dolorosamente conectados.” La historia de esta pareja está tan plagada de arte, de esencia, de belleza y de tormento, que se merecen un artículo completo. Esperen el próximo #IVACTOrecomienda donde -para complementar lo narrado en este #DetrásDeLaLente- recomendaremos el documental Liv & Ingmar (2012), que despliega el amor de esta pareja, esto narrado directamente por Ullman.

Cerremos con una frase del académico, escritor y productor inglés Colin MacCabe:

“Es una verdad universalmente aceptada que la historia del cine es la historia de una conjura de hombres tímidos, poco atractivos, para rodearse de mujeres arrebatadoras.”

¿Será cierto?  ¿Es ésta solamente una cuestión del séptimo arte? ¿O lo es de todas las disciplinas artísticas por igual? ¿Las mujeres inspiran al arte o es que nuestra naturaleza sensible nos orilla a enamorarnos del artista? Abramos el debate: ¿Ustedes, queridos lectores de éste, su blog de cine, qué opinan?

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La grandeza de Harry Potter. ¿Por qué mantener viva la tradición de la magia?

Natalia Martínez: @Nataliama2

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La literatura, así como el cine o cualquier disciplina artística, debe abordarse por orden, nivel a nivel. No podemos llegar al último escalón sin antes haber pasado por todos los demás peldaños. Comenzar es difícil. Nos situamos delante de aquella inmensa escalinata empinada sin tener muy claro con qué nos toparemos al llegar a la meta. ¿Qué logro metiendo las narices entre páginas empolvadas? ¿Cuál es la recompensa de tanto tiempo, tantas palabras? La respuesta es cada vez menos perceptible y no comenzará a despejarse hasta que no decidamos emprender el viaje.

Si este lector, indeciso y confundido, elige bien su primer libro, se convertirá- así como yo- en un loco enamorado de las letras, de los escritores despeinados y de las reflexiones profundas, de los mundos paralelos. Se le llenarán los ojos de lágrimas cuando Cortazar mencione a su maga, cada paisaje le recordará a los versos de Wordsworth, emprenderá un roadtrip de Estados Unidos a México en el asiento trasero del auto de Jack Kerouac, vivirá en las ciudades invisibles de Italo Calvino y, tal vez, alcance la cúspide literaria leyéndose de principio a fin Ulysses de James Joyce. Con cada libro cambiará un ápice de su alma, se abrirán nuevas ventanas en la barrera de su mente. ¡Qué grande es la vida del que elige bien su primer libro! Días siguiendo el más bello de los caminos: el de la magia encuadernada.

A muchos la invitación a una vida de la mano de esta mágica profesión nos llegó entre los diez y los quince años a manera de carta de Hogwarts. Estos libros nos marcaron. Siete tabicones que no le facilitaban al niño ningún tipo de ilustración. El lector tenía que echar a andar su imaginación, recreando en su mente cada pasillo o personaje que habitaba en la escuela de magia. J.K. Rowling, dirigiéndose a niños y jóvenes, invita a renunciar al entonces efervescente hechizo de la televisión para leer. Harry Potter y la piedra filosofal fue la primera odisea literaria de muchos niños que ahora, rondando entre los veintes y los treintas, aman y comprenden el enorme valor que la literatura ha dotado a su existencia.

“Es lo desconocido lo que tememos, cuando nos situamos delante de la muerte y la oscuridad, nada más que eso.”  – Albus Dumbledore.

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Harry Potter es uno de los acontecimientos editoriales más impresionantes de los últimos tiempos. Después del arrollador éxito que convirtió a su autora en la segunda mujer más rica de Inglaterra después de Queen Elizabeth, es de esperarse que muchos otros escritoras/es intenten correr con la misma suerte apostando por trilogías de fantasía o ciencia ficción para adolescentes.

Las monstruosas empresas de entretenimiento de nuestros días reciclan información, películas y sagas literarias a su antojo con tal de vender y revender. El furor adolescente que produce cada uno de estos fenómenos mediáticos se va apagando en cuestión de un par de días, pasó con Crepúsculo, pasó con 50 sombras de Grey.  Debido al proceso libro – película, muchos podrán apilar la saga de Harry Potter junto con productos como Los Juegos del Hambre, Divergente, Cazadores de Sombras, entre otros.  Muchos podrían llegar a suponer que Harry Potter se trata de un fenómeno mercadológico como el resto de estas sagas.

Sin embargo,  la historia de J.K. Rowling, como pionera de las sagas para adolescentes, es muy distinta a la de cualquiera de sus sucesores. El niño huérfano, de anteojos redondos y rotos que se alojaba en casa de sus repugnantes tíos, los Dursley, se le ocurrió mientras viajaba en un tren demorado de Mánchester hasta Londes. “No sé de dónde provino la idea” dijo en una entrevista al Boston Globe. “Comenzó con Harry, y luego todos los personajes y situaciones afloraron en mi cabeza.” Ese mismo día comenzó a escribir la novela, sin suponer el boom mediático en la que ésta se convertiría.

En 1995, después de la muerte de su madre por esclerosis múltiple, separada, con una hija y viviendo de la pensión del estado, logró escribir la totalidad del primer libro rondando entre varias cafeterías de Edimburgo. El libro, tras ser rechazado por más de doce editoriales, fue aceptado por el editor Barry Cunningham para Bloomsbury, una pequeña editorial Londinense. En 1997, la autora recibió una beca de 8000 libras para permitirle seguir escribiendo. Al año siguiente Scholastic Inc. En una subasta ofreció 105 000 dólares por los derechos de publicación de la novela. En conclusión, Joanne no pretendía hacer de su historia un producto mediático, es tal vez ésta la razón por la que los libros de Harry Potter contienen más alma que cualquier otra de las sagas que se postran en la vitrina de los Best Sellers actuales.

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Cuando hablamos de Harry Potter, a diferencia de otros libros para adolescentes, estamos hablando de un clásico, a las diez páginas ya se te comienza a poner la piel de gallina al darte cuenta que estás frente a un libro que hará historia. Se preguntarán, entonces, qué es eso que le da su esencia.

Tanto el escritor italiano Umberto Eco en su libro Apocalípticos e integrados (1964) como Rollo May en The Cry for the Myth (1991), nos explican la necesidad del mito que tiene el ser humano para intentar darle sentido a un mundo que carece de significado. El mito es parte intrínseca de la tradición social: desde la Biblia hasta Beowulf. “Son esenciales – los mitos – para el proceso de mantener vivas nuestras almas con el fin de que nos aporten nuevos significados en un mundo difícil y a veces sin sentido.” – Rollo May.

A pesar de la necesidad del mito para la vida en sociedad, el ser humano contemporáneo se las ha arreglado para sustituirlo por una ráfaga de novedades superfluas – la televisón, qué comprar, qué no comprar, la moda, la nueva canción de reggaeton, etc. J.K. Rowling le dio al niño de nuestros días algo que nos es vital. Depositó sobre manitas minúsculas un nuevo mito que permitió a muchos pequeños y grandes descubrir su propia identidad, enamorarse de la literatura y adquirir un sentido de inclusión social que se basa en el respeto a las diferencias.

Aparte de ser un libro que teje de manera brillante un suspenso increscendo, Harry Potter, Hermione, Ron, Dumbledor, Hagrid e incluso Sirius Black, nos enseñan el tan necesario valor de la tolerancia, igualdad y rechazo a cualquier forma de discriminación. ¡Que necesario nos es, hoy, un mito que alimente el amor al prójimo y no el deseo de segregación!

“Si realmente quieres saber cómo es un hombre, observa como trata a los que están debajo de él, no a sus iguales.” – Sirius Black.

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Cada tomo narra un año lectivo en la escuela de magia. A Hogwarts se llega tomando el Expreso de Hogwarts, desde el Andén Nueve y Tres Cuartos (9 ¾) en la estación de trenes de King’s Cross en Londres. El lector, aparte de identificarse con los salones, las clases, los exámenes, los rivales, los deportes, crece junto con Harry, con Ron y Hermione. Ve cómo estos personajes, – tan complejos, defectuosos, talentosos y llenos de vida – crecen con cada página, se sobreponen a la maldad, perfeccionan sus talentos, intentan dejar detrás sus egoísmos o prejuicios, forman fuertes lazos de amistad y se convierten en héroes.

Harry es un huérfano delgado, que tiene una rara cicatriz en zigzag sobre la frente, que lleva anteojos redondos y que, con todo lo dicho anteriormente, es el único capaz de salvar a todos de Lord Voldemort. Voldemort, es el heredero de Slytherin, que desea realizar una limpieza de sangre en el mundo de la magia. Dejar fuera de él a todo el que sea sangre sucia: descendientes de muggles que por tener poderes cuentan con el beneficio de entrar al mundo de la magia y estudiar en Hogwarts. Este ser divide a quienes piensan como él de los que buscan la equidad y el respeto igualitario. Es tan temido que los habitantes del mundo mágico ni siquiera se atreven a pronunciar su nombre.

“El temor al nombre solo acrecienta el temor al hombre” – Dumbledore.

En su mito, J.K. Rowling hace que el niño se sienta identificado con Harry y que desee ser como él. Que el lectorcito reconozca sus defectos humanos, acepte con reticencia su calidad de héroe y quiera luchar en contra de las injusticias sociales y se enfrente a ellas a pesar del miedo que le pueda causar a sus compañeros siquiera nombrar esas iniquidades.

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Hoy todos los niños que nos instruimos a leer riendo con Dobby, imitando a Hermoine en el salón de clases, aprendiendo de los consejos de Dumbledore o deseando un amigo como Hagrid, vivimos marcados por lo que este libro imprimió en nuestras almas cuando éramos pequeños. Un mito precioso que toma forma alrededor de valores como el coraje, la valentía, la amistad, la empatía y el respeto a todo ser humano sin importar de dónde venga o lo que crea.

En lo personal, me da gusto que ahora esté en el cine el filme de Fantastic Beasts and Where to Find Them (2016), la primera vez en que J.K. Rowling funge como guionista en una película. El mundo de la magia vuelve a la pantalla grande en el momento adecuado, hoy, que surgen nuevos poderes que fundamentan su victoria en el separatismo entre ideologías religiosas y supremacías raciales. Hoy, que cada vez se unen más personas a un discurso racial donde el odio al prójimo se ve justificado por enunciados sin argumentos. Hoy, que nos mostramos necesitados de un héroe que luche por cada uno, sin importar si es un Weasley, un muggle, un estudiante de Slytherin o un sangre impura.

Veamos esta nueva película, recordemos la ilusión que sentimos cuando de niños se nos abrieron las puertas de la literatura. Nuestras manos ya no serán tan pequeñas como cuando abrimos por primera vez Harry Potter y la piedra filosofal, ni nuestros ojos tan inexpertos. Pero esas manos que alguna vez aprendieron de Harry, serán las manos que tomarán el relevo de un futuro cada vez más cercano, bocas que no tienen miedo a enunciar injusticias para que éstas puedan ser erradicadas, una generación que abraza las diferencias sociales e ideológicas y se enorgullece de ellas. Los lectores de Harry Potter son los padres del mañana, los que se sentarán al pie de la cama de sus hijos y les leerán la historia de un niño que aunque a simple vista parece un chico común y corriente. ¡Es un mago!

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Bajo el cielo Mexicano: La grandeza de la fotografía de Gabriel Figueroa

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Fotograma de María Candelaria (Xochimilco), 1943.

La cinematografía es el idioma que utiliza el séptimo arte para comunicarse. Sí. Toda historia nace de una idea, de un guión, pero en el particular caso del cine, la cámara es la herramienta que provee la imagen en movimiento, el lenguaje que utiliza esta manifestación artística para llegar a sus miles y miles de aficionados. Los encuadres, la luz haciendo juego con la sombra, los ángulos, los movimientos de cámara y la paleta de colores constituyen elementos de este lenguaje articulado. Es importante considerar a la cinematografía como lo que es: no solamente la elección inerte de un encuadre, sino miles, millones de encuadres, uno después de otro, que al sumarse logran dar un cuerpo y una forma coherente a la historia que se desea trasmitir.

No lo pensamos, atribuimos ese mar de emociones que despierta en nosotros el cine a la brillantez de los diálogos o a las actuaciones: no se nos ocurre pensar que tal vez es el juego de luces, la velocidad de la cámara, el ángulo desde el que se presenta. La belleza y potencia del cine radica en su cinematografía.

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“Estoy seguro de que si algún mérito tengo, es saber servirme de mis ojos, que conducen a las cámaras en la tarea de aprisionar no sólo los colores, las luces y las sombras, sino el movimiento que es la vida.” – Gabriel Figueroa.

Nació en la Ciudad de México en 1907. Su madre murió al darlo a luz, por lo que creció bajo el cuidado de sus tías. Tras haber estudiado pintura, en 1935, los estudios CLASA lo enviaron a estudiar cinematografía a Hollywood, donde se convierte en el pupilo de Gregg Toland, director de fotografía de Citizen Kane (Orson Welles, 1941).

Un año después vuelve a México para encargarse de la fotografía del melodrama Allá en el Rancho Grande (Fernando de Fuentes, 1936). Con solo un filme como cinematógrafo, Figueroa enamoró los corazones del público internacional con su manera de capturar a México, logrando el primer reconocimiento internacional para la imagen latinoamericana en el Festival Internacional de Venecia (1938). 

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Se dice que el trabajo de Figueroa está fuertemente influenciado por el muralismo. “Fui el único director de fotografía que tuvo tal conexión con los muralistas. Siempre encontré en ellos lo que quería, ellos miraron mis películas, gustándoles y criticándolas. Decían que mis películas eran murales en movimiento.” Aprendió del muralismo y de sus exponentes la esencia que emana nuestra cultura. E intentó transportar el ímpetu que caracteriza la pintura muralista, al cine.  

En los años cuarenta, Figueroa realizó su primer trabajo bajo la dirección del Indio Fernández, Flor silvestre (1943), en la que se comienza apreciar la influencia que había impreso tanto Rivera como Siqueiros en la imagen del fotógrafo.

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Fotograma de Flor Silvestre, 1943.

La gran fotografía del filme María Candelaria (1943), se consiguió utilizando filtros infrarrojos, para lograr así darle a la imagen un efecto tridimensional y aumentar la intensidad del contraste entre las sombras y la luz de los planos.

Fue con este filme que los encuadres de Figueroa en el exterior se convirtieron en un verdadero hito, se comenzó a hablar de la majestuosidad de sus cielos o de la belleza de sus nubes. Al fotógrafo le encantaba enmarcar a los personajes de la manera más natural posible: con el cielo. Los cielos de María Candelaria se llevaron el premio a la Mejor fotografía en Cannes, en 1942.

Fotogramas de María Candelaria (Xochimilco), 1943.

En 1946, se llevó una vez más el premio a la mejor cinematografía de Venecia por la película La Perla. La historia de Quino, un clavadista que tras descubrir una perla en el fondo del mar, mata a un sujeto que se la intentó robar. Huye del rancho con su esposa Juana y su hijo. La película trata del viaje que realiza esta humilde familia para lograr darle una mejor educación a su hijo. Considerado por muchos críticos, un homenaje al indigenismo latinoamericano. El filme Enamorada (1946) y éste, contienen las tomas favoritas de Figueroa.

Fotogramas de La perla, 1946.

Enamorada posee una emoción plástica fabulosa, con todas las sombras alargadas de los soldados que están proyectados en la casa de ella, y ella corriendo en medio de las sombras. Es muy impresionante esa escena.” – Gabriel Figueroa.

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Fotograma de Enamorada, 1946

Entre las casi 200 producciones en las que trabajó, Figueroa retrató a actores y actrices como María Felix, Pedro Armendáriz y Dolores del Río. Fue un exponente valioso para los más grandes directores de la época de oro del cine nacional: Alejandro Galindo Mientras México duerme (1938), Roberto Gavaldón, Camelia (1954) y el español Luis Buñuel, Él (1952).

Lo apodaron el mago de la luz por sus claroscuros. Un pintor obsesionado con las sombras que se forman bajo el cielo mexicano. Con la sutilidad del blanco y negro captó, bajo las nubes, nuestros más bellos paisajes y rostros. La fotografía de Gabriel Figueroa, acatada a la realidad de nuestro pueblo, llenó de potencia y convirtió la imagen de la época de oro del cine mexicano en un emblema que se quedaría para siempre en el imaginario de nuestro país.

… La percepción épica de las masas (el pueblo como escultura en movimiento), la galería de los rostros significativos, la revelación de la estética popular (la belleza en la pobreza), el uso de la luz como el relato dentro del relato, donde afloran las verdades subterráneas”. – Carlos Monsivais.

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¿Por qué Estados Unidos se convirtió en Trumpland?

¿Por qué Estados Unidos se convirtió en Trumpland?  Entendiendo el fenómeno de la mano del documentalista Michael Moore. 

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Llevamos más de un año con un payaso amenazando en convertirse en el líder de la primera potencia mundial. Más de un año escuchando comentarios degradantes sobre los mexicanos y amenazas de que seremos nosotros los que con nuestras propias manos construiremos algo parecido a una muralla china que proteja a los norteamericanos. Más de un año de insultos, de enunciados sin argumentos. Más de un año en el que la economía mundial intenta balancearse sobre la cuerda floja. Sí, qué rápido pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando la personificación humana de la ignorancia y la ordinariez anunció que se lanzaría como presidente. Nadie lo tomó enserio entonces, o por lo menos yo no. ¡Qué equivocada estaba! Ahora, después de un año de una contienda electoral plagada de barrabasadas, de escándalos sexuales, de emails o no emails, de debates que parecen más pleitos de adolescentes hormonales, la velita de esperanza que alumbra la oscura habitación de la humanidad se encuentra en riesgo de ser apagada, con un soplido carente de esfuerzo y Trumpita parada, por un feo señor magnate de negocios.

Así es, el excéntrico al que le gusta decorar su casa al más puro estilo del vaticano, se encuentra a solo un punto porcentual de ser coronado como el presidente número uno del mundo. ¿Por qué? Es que no nos frenamos a pensar en la inestabilidad geopolítica que trae consigo el candidato. Entre los sectores que se verían más beneficiados con el triunfo de este personaje está el de las armas y la defensa (claro, la laxitud que muestra Trump con respecto a este asunto es notable), y los casinos. ¿¡Armas y casinos!?

Se reduciría el crecimiento mundial del 3% al 2%. Los mercados tiemblan con solo imaginar que Trump llegue a la casa blanca. El republicano quiere imponer impuestos del 35% a las importaciones mexicanas y el 45% a las chinas, lo que según un estudio del Tank Peterson Institute costaría 4 millones de empleos y llevaría la economía a recesión. Bueno, las razones abundan y las podría seguir enumerando. Pero creo mejor centrar este artículo en algo mucho más interesante: el por qué lo apoyan tanto, pero tanto. ¿Por qué sigue habiendo gente que vota por él o que alega que ambos candidatos están igual de mal? Los fenómenos sociales siempre han sido interesantes, pero éste… éste es una mina de oro para los sociólogos.

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“El mundo es un extraño teatro en el que se encuentran momentos en los que las peores piezas obtienen el mayor de los éxitos.”

Alexis de Tocqueville.

Hablemos, pues, del más reciente trabajo de uno de los mejores documentalistas de nuestros tiempos. Michael Moore, fue ganador del Óscar en el 2002 por su filme Bowling for Columbine, donde expone el gran problema de la cultura armamentística en los Estados Unidos, tomando como punto de partida la masacre en la escuela Columbine en 1999. Prosiguió con Farenheit 9/11 donde se examina el cercano vínculo que existía entre las familias de George W. Bush y Osama bin Laden. Este filme, a pesar de ser vetado en la televisión norteamericana, se llevó la Palme d’Or en 2004 en Cannes.

Moore se caracteriza por un compromiso ferviente e irrevocable hacia su pueblo. El cineasta mastica verdades complicadas y difíciles de entender y las despliega de manera sencilla, comprensible. No es normal que un documental sea comercial, los de Moore lo son.

No obstante, este año el documentalista saltó, en un intento por dotar a sus compatriotas de un poco de compasión humana, del set al escenario. Realizó Micheal Moore in Trumpland, un stand-up hecho película en un pequeño pueblo de Ohio donde la simpatía por el candidato republicano supera por mucho a los que votarán por Hillary. Moore, a lo largo de su discurso, se muestra empático hacía los que apoyan a Trump. Explica lo mismo que alguna vez Noam Chomsky dijo en una de sus entrevistas: Donald es la representación en carne y hueso del enojo y la desesperación a la que nos ha orillado el sistema. Es la venganza, es la falta de entendimiento hacía muchos de los irrevocables cambios sociales que tanto asustan, es la nostalgia de un tiempo mejor ante la incomprensión de una actualidad apresurada.

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“El fenómeno con el que nos topamos aquí es ira generalizada.” Noam Chomsky.

La gran mayoría de la población ha sido exiliada de participar en cualquier medida en el crecimiento o en el desarrollo económico. Nos encontramos maniatados y forzados a elegir dentro de un rango limitado de opciones para lograr mantenernos a nosotros mismos y con suerte a los que habitan en nuestro hogar. Los blancos de clase media, los de las familias y valores tradicionales sienten que la amenaza de convertirse en la minoría es cada vez más real. ¿De quién pasará a ser el país? Se preguntan ¿De los mexicanos, de los chinos, de los musulmanes?

Desafortunadamente, nos explica Chomsky, la situación que vivimos hoy es una reminiscencia de la Alemania de 1920, que se encontraba en la cumbre del mundo occidental, era el modelo de democracia, así como Estados Unidos lo es hoy. El miedo trascendió en un odio generalizado hacia un grupo social. La fructífera Alemania pasó de estar en la cúspide de la civilización a situarse en el punto más bajo de la historia humana, y esto en cuestión de diez años. “No es idéntico, claro, pero no podemos negar las semejanzas entre ambos fenómenos sociales. ” Noam Chomsky.

Lo primordial para el funcionamiento de toda sociedad, como alguna vez lo argumentó Adam Smith, el hombre que ideó el capitalismo, es la empatía. Sea comunismo, sea capitalismo, da igual. Sin ella ningún colectivo humano, ningún sistema económico triunfa. Es básica. Por desgracia, somos cada vez más incapaces de comprender el contexto socio-cultural que lleva a un individuo a tomar ciertas decisiones. La ignorancia provoca miedo y el miedo odio. El odio hace que personajes como Donald sean considerados héroes por las masas.

Michael Moore en su discurso nos muestra lo indispensable que es el intentar comprender las razones más arraigadas del discurso conservador. No importa que te sientas identificado con los ideales demócratas o de centro izquierda. Ningún fenómeno social surge de a gratis. Existe un trasfondo que impulsa a que este discurso tan falto de humanidad se convirtiera en el estandarte de casi el 50% de una enorme nación.

Entendamos a los estados que van desde Idaho y Montana, hasta Mississippi y Alabama, donde Trump arrasa con las encuestas. Son lugares consagrados a la agricultura o al ganado, los de la materia prima, en donde la probabilidad de victoria de Donald llega a más de un 90%. Lugares donde el trabajo de muchos ganaderos, agricultores, mineros, etc. se ha visto desestimado. Los números son complicados, las matemáticas causan dolor de cabeza, no todos somos economistas, así que es mucho más fácil justificar esta desvaloración culpando a los inmigrantes, y a lo que se produce en el extranjero. A lo que se percibe a simple vista. Cuando son las grandes corporaciones las que han arrasado con la pequeña o mediana empresa.

Así que aparece un sujeto que grita a los cuatro vientos I’ll make America great again! Un tipo de cabello extraño que planea devolver lo tradicional, derrocar ese sistema que caracteriza al mundo de hoy. Una granada humana que se muestra como el enemigo de nuestro enemigo. Devolver, regresar: de vuelta a los valores de los cincuentas, a las familias, a los matrimonios jóvenes, al cultivo, al campo, a la religión. La campaña de Trump se fundamenta en alimentar constantemente ese miedo a la tan inevitable evolución social.

Los cambios asustan, amenazan lo establecido. Normal. De pronto parecen estar cambiando las reglas del juego. El romper con lo culturalmente determinado, lo que suponíamos bueno para abrir espacio a otras realidades y cosmovisiones requiere de un esfuerzo extrahumano. Es prácticamente imposible. Por eso las generaciones de los 60’s o 70’s cuestionan tanto la ideología de los jóvenes. ¿A dónde se han ido todos los valores que te inculqué? le preguntan los padres a sus hijos. ¿Por qué piensas así? Se cuestionan sintiéndose fuera de órbita, medio traicionados. Pero, saben qué, mamá, papá, abuelo, abuela, ustedes nos criaron y a pesar de que a veces se confundan con nuestra manera de ver el mundo, algo hicieron bien. ¡Siéntanse orgullosos! La gran mayoría de nosotros nos esforzamos, estudiamos, creamos fuertes lazos de amistad, trabajamos, viajamos, pero lo más importante, no odiamos. Un 80% de los millenials no juzga o desprecia por el color de piel que la persona tenga o por a quién decidan amar. Así como en Inglaterra fueron los jóvenes quienes votaron en contra del Brexit. En EEUU será raro, rarísimo, encontrarse con un estudiante universitario que apoye a Trump. Esto es gracias a ustedes, a los que fueron nuestros profesores, nuestros padres, nuestros mentores, a la generación X, a los baby boomers. ¡Gracias! Nos enseñaron el valor de la empatía.

Así que no hablemos de tolerancia, como se hace en cada spot publicitario, porque ése es sinónimo de resignación. Hablemos de comprensión, de humanidad. Empatía: que se repita mil veces. Alexis de Tocqueville, autor de La democracia en América, escribió que el gobierno que eliges es directamente proporcional al respeto que sientes por el prójimo y tiene razón.

***

Después de un año, por fin ha llegado la cuenta regresiva. ¿Queda algo más por decir? No mucho, a horas de una contienda electoral en la que mexicanos, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos no tenemos ni voz ni voto, pero de la que definitivamente depende el futuro de todos, no nos queda más que mantener encendida la velita de esperanza, y esperar que el miedo no ofusque la razón, la crítica, la humanidad de los norteamericanos. Ya escuchamos fuerte y claro este grito de desesperación, de ira, el miedo, el resentimiento que representa el candidato republicano. Ojalá este grito de desesperación no acabe provocando nuestro grito final.