Distopía: filmes que auguran un futuro pesimista.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

¿Cómo será el futuro? Esta pregunta resuena a cada rato en la mente de los que aún perciben extenso el sendero de la vida, de los jóvenes conscientes del crecimiento tecnológico que ha logrado alterar toda regla de conducta social, de los padres novatos que toman la mano diminuta de su bebé para ayudarle a dar los primeros pasos. ¿Cómo será el futuro? Nos preguntamos muchos de repente, esperando con ansias que la pregunta se esfume y no aparezca en meses. Y es que al enumerar las vicisitudes de este presente tan revoltoso, tan caluroso, tan sensacionalista, tan tecnológico, tan irracional, sumergido en un sistema que convierte al individuo en engranajes que solo sirven para mantener la economía “estable” y sin blasón que nos defienda de la incertidumbre, tendemos a agachar la cabeza y pintar ese porvenir con tintes de pesimismo: al estilo desesperado del Grito de Münch.

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¿Cómo será el futuro? ¿Menos contacto físico? ¿Más realidad virtual? ¿Calentamiento global? ¿Armas nucleares? ¿Sobrepoblación? ¿Totalitarismo? ¿Qué nos espera?  Saca el aire, deja caer los hombros. Tranquilo. Como lo leíste en el título, este artículo habla de la distopía y ésta, a diferencia de la utopía, es una predicción pesimista de nuestro porvenir.

A lo largo de la historia muchos escritores y pensadores han intentado relatar la manera de llegar al futuro ideal, entre ellos podemos encontrar a Platón y a, claro, Tomás Moro. El progreso científico, social y político de la modernidad, nos hizo creer que ese futuro de paz y estabilidad estaba al alcance de nuestras manos. Sin embargo, ese mismo progreso que esperanzador se convirtió en motivo de competición, opresión y guerra. Así y entonces, fue que el género de la distopía – predicciones de un futuro pesimista siempre basándose en los caprichos del presente – tomó fuerza y vigor. ¿Cómo será el futuro? Se preguntaron  algunas de las mentes más brillantes y al momento de retratarlo, nadie optó por el optimismo.

H.G. Wells en pleno auge de la Revolución Industrial escribió La máquina del tiempo (1895), en el que imaginó a las clases privilegiadas y al proletariado evolucionando en especies distintas. Aldous Huxley, en Un mundo feliz (1932), cuando apenas comenzaba el fenómeno de la mass-media, imaginó a ciudadanos condicionados a llevar a cabo sus roles sociales mientras la propaganda, las drogas y el sexo mantienen a la sociedad distraída, satisfecha. George Orwell luchó contra el fascismo y el comunismo: primero se burló el Régimen Soviético con su libro Rebelión en la granja (1945), y en su novela 1984 (1949) arremetió contra el fascismo prediciendo un futuro en el que un gobierno totalitarista vigila cada momento en la vida de los habitantes.

Desde entonces, los escritores, testigos del crecimiento sin mesura de la tecnología, se preguntan, atemorizados, cómo será la existencia de la humanidad dentro de unos cuantos años. La ciencia ficción distópica se volvió recurrente y no solamente en libros, sino también en cine, comics, videojuegos. Robots rebelándose contra sus creadores como en Yo, robot (2004) o Ex Machina (2015). Sociedades carentes de derechos humanos como en la serie de comic books V de Vendetta (1982 – 1988) del brillante Alan Moore o la novela El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood. ¿Utopías? No se me ocurren muchas. La distopía parece ser un género cada vez más recurrente en el imaginario popular. Los escritores de este tipo de ficción intentan hacernos ver la manera en la que pueden llegar a desarrollarse nuestras actitudes actuales si no tomamos consciencia y rienda de ellas.

Te recomendamos aquí cinco películas distópicas: escalofriantes predicciones de nuestro futuro. ¿Qué tanto se acercan estas profecias a la realidad?

5. Metropolis (1927) de Fritz Lang

FRITZ LANG

Una de las primeras películas de ciencia ficción de la historia es esta producción de Fritz Lang perteneciente al Expresionismo Alemán.

Año 2026 en la ciudad de Metrópolis, la sociedad se ha dividido en dos. Por un lado, están los intelectuales, pensadores, que viven en la superficie y gozan de una vida cómoda. Debajo de la tierra se encuentran los trabajadores, esclavos que laboran sin parar para mantener la calidad de vida de los que nacieron privilegiados.

Marie (Brigitte Helm) es una trabajadora que lucha por la equidad de clases sociales. Freder (Gustav Froehlich), hijo del director de la ciudad y convenientemente ignorante de la vida debajo de su mundo, conocé a Marie y se enamora de ella. El joven baja a ese lugar desconocido para ser testigo de las tan abismales diferencias y de la terrible calidad de vida de los que habitan en el subsuelo. Freder, sintiéndose desgastado y repelido por lo que acaba de descubrir, decide unirse a la causa de su enamorada.

Un mundo en el que los poderosos saben que, para mantener su estilo de vida, es necesaria la sumisión de una gran parte de la población, la mano de obra barata y fácil, el ser humano que funcione como una pieza más en el rompecabezas de la manufactura y el servicio esclavizado e inconsciente de unos cuantos. Lanzada hace cien años y a menos de diez años de que lleguemos al año 2026: ¿Qué tanto nos parecemos a la sociedad que retrata Fritz Lang?

4. A Clockwork Orange (1971) de Stanley Kubrick

“Being the adventures of a Young man whose principal interests are rape, ultra-violence and Beethoven.”

A Clockwork Orange

La controversial película de Stanley Kubrick es la adaptación de la novela homónima de Anthony Burgess. Trata de un sociópata, carismático y amante de Beethoven, que, junto con su pandilla, los drugos, comete los más vehementes y atroces crímenes. Alex (Malcolm McDowell), después de haber asesinado brutalmente a una mujer, es aprendido y condenado a 14 años de prisión, dos de los cuales pasará sometido a una terapia para curar sus arranques de violencia. El proceso de “curación” consiste en ver imágenes violentas acompañadas por música de Beethoven, bajo el efecto de drogas.

El tratamiento lo incapacita de toda violencia, incluso ésa necesaria como defensa personal. Alex no es capaz de mantener contacto con el cuerpo desnudo de una mujer. Pierde los estribos al escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven. En un mundo que se preocupa más por probar sus avances científicos que por los dilemas humanos y éticos, el criminal o el demente se convierte en el candidato idóneo para ser el conejillo de indias de cuantos experimentos de condicionamiento social sean necesarios.

“¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?” – Michel Foucault. Vigilar y Castigar (1975).

3. Blade Runner (1982) de Ridley Scott

Adaptada de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), el filme sitúa a su público a inicios del siglo XXI (nuestra actualidad). Los hombres han creado androides llamados “Replicantes” que son superiores a la raza humana en fuerza y agilidad, e iguales en inteligencia. Después de una rebelión por parte de los androides, éstos fueron vetados de la tierra y ahora hay algunos policías, Blade Runners, encargados de encontrarlos y deshacerse de ellos.

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Usando como escenario una ciudad en decadencia, en la que el capitalismo se extrapoló hasta el más enfermizo de sus niveles: basura y más basura, calles atiborradas, cosmopolitismo, mercados merodeadores y una perene lluvia gris. El pináculo del progreso económico, científico, tecnológico.

 “¿Qué hace postmoderno a Blade Runner? (…) El mundo de sólidos datos científicos y una historia con finalidad que nos legó la Ilustración europea, ¿es meramente un anhelo?” – David Lyon. Postmodernidad.

El filme nos entierra bajo una avalancha de disyuntivas sobre lo humano. Para descubrir quién es un Replicante se utiliza una prueba de empatía. Y tú  ¿Te compadeces ante las tragedias que te muestra una pantalla? Sí. ¿Y qué? En el filme, después, esos mismos seres humanos “empáticos” al sumarse a las masas se vuelven fríos, crueles, impersonales, egoístas, seres centrados en la búsqueda de su propia identidad.

2. Children of Men (2006) de Alfonso Cuarón

Children of men

El personaje principal de la historia, Theo (Clive Owen), fue creado por P.D. James en su novela homónima (1992). Cuarón llevo ejemplarmente a la gran pantalla un mundo al borde del colapso social. Situándose en el año 2027, cuando la raza humana ha perdido su capacidad de reproducirse y la desesperanza, la violencia y el sinsentido de la existencia rige la vida en sociedad. El filme nos muestra a un mundo liderado por medios de comunicación erráticos, por mentiras masificadas. En esta visión del futuro, Gran Bretaña es el último rincón de la tierra que aún funciona con algunos rasgos cívicos que permiten la vida en sociedad, por más gris que esta sea. El resto de los países están hundidos en un caos irresoluble.

Theo recobra la esperanza en el porvenir al conocer a Kee, una inmigrante embarazada, probablemente la única mujer del planeta esperando a convertirse en madre. La historia nos lleva por el ir y venir de Theo; su lucha por salvar al bebé de Kee. Mientras la cámara sigue al personaje principal de la historia, esta misma nos muestra el mundo tan irascible al que Theo está ya acostumbrado. Un país “estable”, gris, deshecho, que atrapa y deporta a los montones de extranjeros que llegan en busca de una vida digna en jaulas, con habitantes que viven aterrorizados por la inmigración, con medios de comunicación que muestran el terror constante en el que viven sumergidos los otros países.

En el filme Cuarón se vale de situar al arte sobre el asfalto para metaforizar la situación política y social de aquel mundo: usa referencias que van desde la Venus de Botticelli como símbolo de fertilidad, el David o la Piedad de Miguel Ángel, Guernica de Picasso para hacer alusión a las atrocidades de la guerra, Banksy y su constante denuncia social, incluso el cerdo volador del álbum Animals de Pink Floyd, una sátira al socialismo autoritario.

The Children of Men, tanto el libro como el filme, parece ser una interpretación, una oda, al poema The Wasteland de T.S. Elliot: un mundo infértil, atemorizado, consumista, que parece haber perdido su rumbo. Nosotros. ¿Hoy?

1. Her (2014) de Spike Jonze

Muchos tal vez no consideran este filme una distopía. Primero, porque su paleta de colores huye de los cielos grises y los días lluviosos. Segundo, porque parece retratar un mundo en el que no se sufre o por lo menos no tanto como en los filmes mencionados anteriormente. Her es una película de amor, un filme de romance moderno, tecnológico.

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En un futuro cercano donde el mundo vive tranquilo cómodo, Theodore (Joaquín Phoenix) solitario, deprimido y recién separado de su pareja, inicializa un nuevo sistema operativo que promete acompañar a sus usuarios a lo largo de sus días. Ese sistema operativo es Samantha (la voz de Scarlett Johansson), de la que Theodore, obviamente sin poder tener ningún tipo de contacto físico, se enamora. Lo vemos absorto en sus aparatos tecnológicos, desconectado de su realidad física, compartiendo cada minuto de su vida con una voz que parece comprenderlo y acompañarlo. A su alrededor, las personas caminan y hablan solas, como él, ensimismados por relaciones artificiales, por seres que no están presencialmente con ellos. Sin una mano que sostener, sin una sonrisa de buenos días o un cuerpo al que ceñir por las noches. El amor en un aparato: una cámara, una voz, un teléfono móvil con el que hablar. ¿Será éste un cuento de amor contemporáneo?

¿Cómo cambian las reglas del afecto humano ahora que la tecnología nos acerca emocionalmente a las personas que están lejos, pero nos aleja físicamente de los que tenemos cerca?

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma” –  Aldous Huxley,  Un mundo feliz (1932).

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El jardín de las delicias, El Bosco. 1500 – 1505.

A24, la propuesta estrella del cine independiente

David Azar: @DavidAzar93

A24

¿El cine está muriendo? Muchos creen que sí, o al menos el aspecto ritualístico de éste. Cada vez es más la gente que prefiere ver algo en Netflix desde su sofá que ir al cine más cercano y vivir la experiencia en pantalla grande. Por otro lado, los consumidores muestran una afinidad en especial por las series de TV, siendo el mismo Netflix un proveedor por excelencia de este contenido. ¿Y qué me dicen del pozo sin fin de películas de superhéroes, secuelas, precuelas, remakes, reboots y las adaptaciones de adaptaciones provenientes de la industria estadounidense? Los grandes estudios de Hollywood siguen atravesando una sequía de creatividad donde los guiones originales se producen cada vez menos. No se puede negar que las plataformas en línea y el acceso a éstas por medio de la tecnología (el siempre fiel streaming al alcance de tu televisión, computadora, tablet o smartphone) están cambiando la manera de consumir el entretenimiento.

Sin embargo, el cine ha demostrado ser más que sólo eso. De hecho, el cine lleva más de cien años buscando su especificidad artística, su lenguaje único, y siempre nos topamos con películas que tienen ese carácter íntimo y crítico, contribuyendo así con dicha búsqueda. La cinefilia permite que se siga produciendo un contenido que confronta emocional e intelectualmente a su público, que los hace reflexionar sobre diversos aspectos de la existencia. Es gracias a estos esfuerzos que los cinéfilos podemos estar tranquilos; compañías productoras de cine y cineastas comprometidos mantienen este arte audiovisual con vida. Y justo entre los muchos esfuerzos y talentos, encontramos el caso de una productora independiente que desde hace cinco años no ha dejado de sorprendernos con su contenido: la compañía neoyorquina A24.

Fundada el 20 de agosto de 2012 por Daniel Katz, David Fenkel y John Hodges, A24 ha desarrollado una fórmula de éxito para la adquisición y producción de películas que muchos estudios envidian, incluyendo Amazon y Netflix, probablemente dos de sus competidores más fuertes. No sólo las cifras y las críticas positivas hablan del éxito de la compañía, sino que también muchos de los cineastas que han sido sus colaboradores se han referido a ella con mucho agradecimiento y admiración.

“[A24] no necesita saber de qué trata una película, sino de cómo te hace sentir”-  Barry Jenkins (Moonlight, 2016)

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Barry Jenkins, director de Moonlight (2016)

Además del objetivo inicial de distribuir ocho películas al año y su inclinación por el tono y estilo de una película por encima de su argumento, A24 cuenta con un elemento esencial para su éxito: el talento de sus tres fundadores. Previo a la creación de la compañía, Katz encabezaba el grupo de financiamiento para cine conocido como Guggenheim Partners, donde colaboró en el financiamiento de cintas como Zombieland (Ruben Fleischer, 2009), The Social Network (David Fincher, 2010) y la franquicia de Twilight (2008-2012). Fenkel, por su parte, era presidente y socio de la productora de cine Oscilloscope Laboratories, donde supervisaba todos los aspectos de la compañía: estrenos, venta de formato casero, distribución en plataformas digitales, adquisiciones y marketing. Finalmente, Hodges fungía como cabeza de producción y desarrollo en Big Beach Films. Entre sus créditos como productor ejecutivo, Hodges colaboró en Our Idiot Brother (Jesse Peretz, 2011) y Safety Not Guaranteed (Colin Trevorrow, 2012).

A pesar de su casi impecable trayectoria, A24 debutó en la industria de la distribución con el pie izquierdo cuando la productora adquirió los derechos de A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III (2012), el segundo largometraje de Roman Coppola, estrenándola en salas comerciales en febrero de 2013. El absurdo pastiche protagonizado por Charlie Sheen, acompañado por las actuaciones de Jason Schwartzman y Bill Murray, dejó mucho qué desear a la crítica y público por igual. Sin embargo, el mal sabor de boca duró apenas un mes; en marzo del mismo año la compañía estrenó su siguiente título: la sensación de Harmony Korine, Spring Breakers (2012).

“Tienen un ojo para estas pequeñas películas e historias únicas y ricas que tal vez no habrían llegado a la pantalla grande de no ser por ellos”- Colin Farrell, protagonista en The Lobster (2015)

A24 se consolidó como una de las productoras y distribuidoras más relevantes de la industria durante la embarazosa noche del 26 de febrero de este año, cuando la Academia le otorgó tres Óscares a Moonlight (2016), incluyendo el de Mejor Película, siendo la película menos costosa en ganar este reconocimiento (apenas 1.5 millones de dólares de presupuesto).

Pero si de éxito hablamos, el de A24 data de mucho antes. Además de haberse llevado tres Óscares en 2016 con Room (2015), Ex Machina (2015) y Amy (2015), A24 tiene fama encontrar y catapultar nuevos talentos -Robert Eggers (The Witch, 2016), Jeremy Saulnier (Green Room, 2016), Dan Kwan y Daniel Scheinert (Swiss Army Man, 2016)- y colaborar con algunos de los directores emergentes más reconocidos -Denis Villeneuve (Enemy, 2014), Jonathan Glazer (Under the Skin, 2016), Yorgos Lanthimos (The Lobster, 2016) y Andrea Arnold (American Honey, 2016), entre otros.

Después de arrancar el año con una victoria a Mejor película en los Óscares, A24 emprende una de sus temporadas más importantes de su corta vida. La compañía aterrizó tres películas en la Selección oficial del Festival de Cannes este año: Yorgos Lanthimos regresó con la ganadora a Mejor guión Killing of a Sacred Deer (2017), Josh y Benny Safdie con Good Time (2017) y John Cameron Mitchell con How to Talk to Girls at Parties (2017). Otros estrenos anticipados de A24 son la cinta de terror It Comes at Night (2017) de Trey Edward Shultz, Free Fire (2016) de Ben Wheatley y A Ghost Story (2017) de David Lowery, presentada en el Festival de Sundance este enero.

“Encontrar una distribuidora que le guste la película por las mismas razones que a la gente que la hizo—es algo muy raro” Daniel Radcliffe, actor en Swiss Army Man (2016)

Muchas de las cintas de A24 están disponibles en Netflix y iTunes Store. En cuanto al resto, tendremos que buscar en otros espacios y esperar algunos meses por los estrenos de sus nuevos proyectos. Muchos podrán decir que el cine está muriendo, pero los esfuerzos y tendencias como el que A24 está realizando demuestran lo contrario.

Referencias:

A David Bowie: El hombre que cayó a la Tierra

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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“Siempre he tendido una necesidad repulsiva de ser algo más que humano” – David Bowie.

Brixton vio nacer a uno de esos pocos locos que no pertenecen ni a este mundo, ni a este planeta el 8 de enero de 1947. David Robert Jones se crío en el seno de una familia convencional, de clase media, londinense. Convencional si exceptuamos la inestabilidad mental que afligía los genes de su familia materna: tres de las hermanas de su madre fueron diagnosticadas con esquizofrenia paranoide.

Su hermano mayor y modelo a seguir, Terry, fue quizá quien plantó en David esa ávida inquietud y curiosidad por el arte. Lo introdujo al mundo del jazz, de la música pop, de la Generación Beat con las frases convulsivas del Aullido de Allen Ginsberg “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas”, la literatura espontánea de Jack Kerouac que viene hilada a un apetito por alcanzar una vida más allá de lo establecido: de los suburbios, del televisor, del hijo y la hija, del supuesto sosiego que brinda un trabajo respetable.

La condición esquizoide de su familia llevó a Terry al psiquiátrico y a David a desconfiar de su propia razón, esperando el día en que él correría con la misma suerte. “Viví asustado” confesó. “Sentía que mi propia mente pendía de un hilo. Me preguntaba qué tan cerca estaba de esa línea.” Explicó después que Ziggy Stardust y muchos otros de sus alter egos, no eran más que esa locura consciente, una terapia para mantener la sensatez.

Una mañana de enero de 1985, Terry escapó del hospital mental donde estaba internado para ir hasta la estación más cercana y recostarse sobre los helados rieles del tren.

“Nunca fui a un analista, mis padres, mis hermanos, mis tías y mis tíos y mis primos… terminaron peor después de haber ido, así que yo me alejé. Pensé que sería mejor escribirme fuera de mis problemas.” –  David Bowie para la BBC

¿Es la locura algo más que una ruptura mental de las reducidas nociones de orden establecidas por la sociedad? Las personas clasifican y ordenan para simplificar la realidad, hacerla inteligible. David Bowie se caracterizó por desgajar, a través de una constante reinvención de su persona, un buen número de calificativos sociales. Era un camaleón, un comediante, un mimo, una caricatura. La columna vertebral de su carrera se encuentra en la confrontación entre identidad y locura. El intentar darle solución a la pregunta ¿Quién soy? Por encima de la taxonomía propia de la identidad personal. Es, a lo mejor por esto, que muchos lo denominaron alienígena, un ser raro venido de otro planeta.

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¿Hombre o mujer? ¿Bisexual? ¡Qué importa! Bowie sabía que había algo bastante femenino y estilizado en él. Utilizó este atributo a su favor para balancearse sobre la delgada línea del género, enervar a los medios y revolucionar el rostro del Rock n’ Roll. En la portada de su álbum Hunky Dory (1971), que incluye el sencillo Changes, parece más una guapa londinense rubia y de ojos azules, que un cantante de Rock emergente. Algunos años después, con su quinto disco, mutó en Ziggy Stardust. El álbum cuenta la historia de Ziggy, una estrella de rock que llega a la tierra para ser mensajero de seres extraterrestres. Este alíen tan femenino como masculino contaba con un poco de Lindsay Kemp, otro tanto de Warhol, bastante del teatro Kabuki y un montón de Bowie.

Alienígena del Rock. Rey y reina, princesa o príncipe, actor teatral o músico, lo que sea, impulsó en gran medida al Glam-Rock, siendo inspiración de varios grupos posteriores y de la película de culto The Rocky Horror Picture Show (1978).

A principios de los setenta y tan anormal y surreal como había decidido ser, Bowie era la amenaza de cualquier madre común que lleva a sus hijos a entrenamientos de futbol y predican que “los niños deben llevar el pelo corto”.  Una peligrosa tentación, un retorcido ejemplo a seguir: un andrógino de ancestros marcianos. ¡Hipnótico!

Al abandonar a Ziggy, contó Bowie, su personalidad quedó gravemente marcada. “No me dejó solo por años (…) fue peligroso, volvieron las dudas sobre mi cordura.”

Tan actor como compositor. Tan devoto al performance como a la música, David Bowie creía que el arte debía proveer realidades alternas a su público. La mayoría de sus principales influencias lo hacían. Dice no haber olvidado El gabinete del Dr. Caligari (1920) de Robert Wiene. Cesare, ese sonámbulo de circo, marcó el mundo que fue creando en torno a su música. Encantado a la vez por Le Chien Andalou (1929) de Salvador Dalí y Luis Buñuel, estaba convencido de que la imaginación es la única herramienta con la que logramos escapar de lo convencional para expandir los horizontes de nuestra precaria realidad. Su afición por el surrealismo lo llevó a darle música a letras como Life on Mars? Que cantó con sus ojos dispares maquillados de azul turquesa.

Ese constante reinventarse, esas sorpresas que nos dio con cada uno de sus saltos entre estilo y estilo, persona y persona, dejan al entrevisto su naturaleza tan admirable, una sincera humildad. No se sintió consolidado, nunca creyó haber llegado a la (inexistente) cúspide artística, su curiosidad jamás se vio saciada, ni tampoco su anhelo por seguir conociendo. Esto lo hace más sabio que cualquier otro exponente del Pop, que muchísimos otros creadores. Su creatividad fue acarreada por el deseo de aprender más, de seguir experimentando y no por un afán de aleccionar a su público.

 “No sé a dónde voy desde aquí, pero prometo que no será aburrido” – David Bowie.

Cuando Bowie se posicionó por primera vez en el top 10 de la BBC, hace casi cincuenta años, el Pop daba los primeros pasos hacia convertirse en el nucleo del todo. Fue así, sin saberlo, pionero del nuevo orden mundial basado en el sónido y la imagen. David pasó del vinilo al cassette, del CD a YouTube y Spotify. Viajó del Rock intergaláctico al Soul estadounidense, de la música experimental a la comercial, del teatro al cine.

Al final, ya con el cuerpo debilitado por un cáncer de hígado contra el que luchó por dieciocho meses y tras seis ataques al corazón, pero con la mente tan lucida e inquieta como siempre, se despidió regalándonos Lazarus y Blackstar.

My David don’t you worry
This cold world is not for you
So rest your head upon me
I have strength to carry you

-Lazarus de David Bowie

Él es la musa de los jóvenes que encontramos entre los discos arrumbados de nuestros padres la canción de Heroes para anhelar hundirnos en un amor capaz de hacernos nadar, like dolphins can swim. Él es el vivo recuerdo de los que acariciaron el futuro tarareando Space Oddity mientras el televisor anunciaba la llegada del hombre a la luna. Él es de entonces, de cuando los conciertos de rock clandestinos o cantar The Man Who Sold The World daba la esperanza de estarle haciendo algún bien a la humanidad.

Bowie nos inspira a convertirnos en uno de esos pocos extravagantes que, como él, están convencidos de que el arte puede llegar a mejorar la sociedad. ¡Cuánto nos mueves, cuánto vives! Pero, sobre todo, cuánto necesita este planeta a más de esos hombres que parecen haber caído a la tierra desde otra galaxia. Qué bueno sería que existieran más como tú, más Bowies, más imaginación y menos convencionalismos, más mentes geniales atrevidas y enamoradas del arte, más de esos curiosos insaciables, más antihéroes locos.

Gracias, David, por ser el hombre que cayó a la tierra.

I said that time may change me
But I can’t trace time

– Changes de David Bowie

Recomendamos aquí algunas de sus más fascinantes y excéntricas interpretaciones en el cine:

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Bibliografía:

  •  Ammon, G.T. (2016). David Bowie and Philosphy: Rebel Rebel. Chicago: Open Court.
  • Morley, P. (2016). Dalí, Duchamp and Dr Caligari: the surrealism that inspired David Bowie. The Guardian.
  • Morley, P. (2016). The Age of Bowie: How David Bowie Made a World of Difference. London: Simon & Schuter.

El talento detrás de Star Wars: Cuatro genios indiscutibles

David Azar: @DavidAzar93

Star Wars 1

Esta semana se celebró el día popular de Star Wars: el 4 de mayo (May the 4th be with you). Aproveché la fecha para escribir acerca de una saga que, a pesar de sus debates, conservo en un lugar muy especial de mi corazón, es decir, ¿Cuántos de nosotros no crecimos viendo La guerra de las galaxias? Este universo generado inicialmente en la cabeza de George Lucas se ha desarrollado exponencialmente, y ha llegado a lugares que muchos no veíamos venir; desde cómics, videojuegos, animaciones, novelas y demás, Star Wars ha encontrado la manera de expandirse cual universo.

Otro rasgo que no podemos pasar por alto es el talento que ha colaborado en la saga de alguna u otra manera. Empezando por el mismísimo Lucas, en seguida pensamos en los actores y actrices que encarnaron a los personajes que nos acompañan desde la infancia: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinnes, Peter Cushing y muchos más. ¿Pero qué hay de aquellos otros genios que han dejado su huella imborrable en estas historias?  A continuación les comparto una lista de cuatro personas que agregaron, cada quien en su estilo y campo, un trabajo valioso a la saga de Lucas.

Joseph Campbell

Joseph Campbell

Cuando el psicoanalista Carl Jung empleó su concepto de “arquetipo” -una idea inconsciente  y heredada colectivamente que está presente en la psique de cualquier individuo-, lo hizo con el objeto de ayudar a sus pacientes a encontrar significados concretos en las figuras que aparecían en sus sueños. El antropólogo y mitólogo estadounidense Joseph Campbell retomó este concepto cuando encontró un mismo patrón narrativo detrás de varios mitos y religiones en culturas de Europa y Asia. Es así como en 1949 publica su libro El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces), un tratado acerca del “Viaje del héroe” o “Monomito“, en el que todo mito se puede resumir en una serie de doce pasos narrativos donde nuestro héroe -o protagonista- debe completar su viaje fantástico.

El éxito de este libro se refleja en la inmensa cantidad de películas producidas por Hollywood que siguen fielmente la estructura narrativa que éste sugiere. Entre los cineastas destacados que se han basado en el monomito para crear sus historias, se encuentra nada más y nada menos que George Lucas. El guión final de Star Wars (1977) sigue fielmente los doce pasos y arquetipos que Campbell desarrolló en El héroe de las mil caras:

Luke Skywalker, un simple granjero del planeta Tatooine que sueña con ser piloto espacial (1. Mundo ordinario), se topa con el mensaje-holograma de la princesa Leia, quien pide ayuda para combatir al malvado imperio y restaurar la paz en la galaxia (2. Llamada a la aventura). Luke hace frente a su realidad, donde tiene que ayudar a su tío con la granja y a su tía con las labores domésticas, por lo que decide no hacer caso a la princesa (3. Rechazo de la llamada). Obi-Wan Kenobi, un viejo caballero jedi en exilio, es quien le hablará a Luke de su grandeza y verdadero origen (4. Encuentro con el mentor). Los tíos de Luke son asesinados por el imperio cuando éste llega a Tatooine en busca de los androides que llevan el mensaje-holograma y los planos de la Estrella de la muerte; Luke se embarca a la ventura con Obi-Wan (5. Travesía del primer umbral; los guardianes). Luke y Obi-Wan van a Mos Eisley, donde contrataran a Han Solo y Chewbacca para que los lleven con la princesa (6. Los aliados, los enemigos, las pruebas).  Ya en el Halcón milenario, Luke y sus aliados emprenden la aventura galáctica, pero de pronto son interceptados por la Estrella de la muerte (7. Internamiento en la caverna más profunda). Una vez infiltrados en la Estrella de la muerte, donde Luke y Han se hacen pasar por stormtroopers, nuestros héroes rescatan a la princesa Leia y se luchan de frente con el imperio (8. Calvario). Finalmente, Luke y sus aliados logran escapar de la Estrella de la muerte, pero Obi-Wan muere en el intento (9. La recompensa). Una vez en la base rebelde, Luke se une a la causa y se enlista como piloto rebelde en una misión por destruir la Estrella de la muerte, mientras que Han y Chewbacca deciden irse por sus rumbos (10. Regreso con persecución). Luke resulta ser un piloto muy ágil, pero la tensión aumenta cuando está frente a su objetivo; Luke escucha la voz de Obi-Wan en su interior, dispara y acierta, la Estrella de la muerte explora (11. Nueva resurrección). Finalmente, Luke y sus aliados regresan vivos y victoriosos a la base rebelde, donde son reconocidos con medallas y aplausos por haber destruido la Estrella de la muerte y haber salvado la galaxia (12. El retorno con el elixir del conocimiento).

Aunque Lucas ya había pasado por dos borradores en el guión de Star Wars, el director contactó a Campbell, juntos trabajaron en la estructura de la película y lo demás es historia. El héroe de las mil caras ha demostrado ser una referencia de estructura narrativa muy frecuente en grandes sagas de cine además de Star Wars; por ejemplo, Harry PotterThe Lord of the Rings siguen los arquetipos, y algunos pasos del monomito, de Campbell.

Ralph McQuarrie

[Jorge Durán: @JEDZ1138]

Ralph McQuarrie, artista conceptual para la trilogía original de Star Wars,  fue esencial en la creación de los personajes, vehículos, escenarios y mundos enteros dentro una galaxia muy, muy lejana.

Aunque la estructura y los conceptos base de la saga Star Wars nacen de George Lucas, es la habilidad y la imaginación de McQuarrie lo que logró traducir el trabajo de Lucas en un universo real y tangible. El primer acercamiento del artista conceptual con la industria del entretenimiento fue para la cadena de televisión CBS desarrollando animación y material artístico de apoyo para la explicación de las misiones lunares del programa espacial Apolo. Uno de los primeros trabajos de McQuarrie fue como ilustrador técnico de la compañía Boeing. Lucas conoció a McQuarrie a través de sus amigos Hal Barwood y Matthew Robbins, quienes habían contratado los servicios del ilustrador para ayudar a vender un proyecto fílmico. La relación de Lucas y McQuarrie data previo a American Graffiti (1973). Las ilustraciones de McQuarrie también fueron clave para lograr el apoyo de 20th Century Fox.

El trabajo y la influencia de Ralph McQuarrie sigue siendo clave para la saga Star Wars. Recientemente, muchos de los diseños originales de McQuarrie sirvieron de inspiración para J.J. Abrams y su equipo en Star Wars: The Force Awakens (2015).

Genndy Tartakovsky

Casi todos los fans de Star Wars tratamos de hacer a un lado el recuerdo de las precuelas que Lucas se aventó entre 1999 y 2005. Una dirección de actores terrible, diálogos lamentables al puro estilo de las telenovelas, una absoluta y desenfrenada libertad creativa de Lucas y un exceso de efectos visuales generados por computadora (Lucas olvidó el encanto de los efectos prácticos y tangibles) fueron las críticas que afectaron más a los episodios I, II y III. Pero no todo lo que resultó de esta trilogía fue un total fracaso, pues al menos un proyecto destacó en lo particular que incluso me atrevo a decir que hoy se ha convertido en un tipo de película de culto: la serie animada Star Wars: Clone Wars (2003-2005) de Genndy Tartakovsky.

Producida por Cartoon Networks y ubicándose justo en medio de episodio II y episodio III (arranca desde el final una y concluye en el inicio de la otra), estos 25 micro episodios de aproximadamente 3 minutos de duración demuestran la increíble destreza narrativa y técnica de Tartakovsky. Las tres temporadas juntas suman un total de casi 130 minutos, lo que equivaldría en tiempo a cualquiera de las tres películas que conforman la precuela (por eso me refiero a ella como ‘película’ de culto). A lo largo de la serie, vemos eventos importantes de la saga como a Anakin Skywalker atravesar su última prueba para convertirse en caballero jedi, a Obi-Wan Kenobi luchando bajo el título de General Kenobi y a un ejército de jedis comandado por Mace Windu y Yoda para cazar al General Grievous, entre otras cosas. También conocemos nuevos personajes como Asajj Ventress, una guerrera adepta al lado oscuro de la fuerza.

Siguiendo su estilo minimalista y geométricamente estilizado, el animador y creador de series como El laboratorio de Dexter (Dexter’s Laboratory, 1996-2003), Las chicas superpoderosas (The Powerpuff Girls, 1998-2005) y Samurai Jack (2001-2004; 2017) crea secuencias impresionantes de batallas y momentos dramáticos excepcionales, sin dejar caer el ritmo en un sólo episodio y siempre partiendo de la historia ya iniciada por Lucas. La mano de Tartakovsky eleva el universo de las precuelas a sus mejores niveles. Constantemente me encuentro fantaseando: ¿Qué habría sido de los episodios I, II y III si se los hubieran cedido a Tartakovsky? El hecho de que hubieran sido animación no me habría molestado en lo absoluto.

John Williams

John Williams

Es imposible hacer un recuento general de Star Wars y no mencionar la música ¿Cuántos de nosotros no nos hemos encontrado tarareando la melodía cuando inician las películas? Es casi parte del ritual de las galaxias, un sello que seguirá a la franquicia hasta el final, y todo se lo debemos al compositor de música para cine por excelencia: John Williams.

Williams, quien ha trabajado en la industria a lo largo de seis décadas, ha compuesto gran parte de la música más memorable de Hollywood. Además de Star Wars, sus composiciones más famosas abarcan tres películas que fueron las más taquilleras de la historia en su época: Jaws (1975), E.T. The Extra-Terrestrial (1982) y  Jurassic Park (1993), todas dirigidas por Steven Spielberg. En su currículo encontramos cinco premios Oscar, cuatro Globos de oro, siete premios de la British Film Academy y veintitrés premios Grammy ¿Necesitan algo más? Williams es sin duda un compositor prodigio, y supo plasmar su genialidad en la galaxia muy muy lejana de Lucas.

De hecho, además de la ya mencionada micro-serie de Tartakovsky, la música de Williams  es un elemento destacable (y rescatable) de las precuelas; toda una banda sonora nueva y conmovedora, pero manteniendo resonancias de la trilogía clásica. Es inimaginable pensar en Star Wars si su música hubiera estado en manos de otro artista. Curiosamente, Williams ha declarado que nunca ha visto una sola película de la saga. A continuación, y para cerrar, les comparto el tema Across the Stars de Star Wars: Episode II – Attack of the Clones (2002), interpretado por la orquesta de cine de Praga:

El cine y el nuevo feminismo; El sexismo subsiste en el séptimo arte.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

guys-and-dolls

Los condicionamientos culturales nacen de necesidades contextuales. Fue hace unos cuantos milenios, por cuestiones de supervivencia, que se estableció la idea de que la mujer era la que debía quedarse en casa haciendo los deberes. El hombre, por lo contrario, proveía. Esto, repito, hace unos cuantos milenios: cuando la fuerza física era el atributo indispensable para la supervivencia, cuando lo que se llevaba a la mesa venía del esfuerzo que requiere la caza.

Demasiados años han pasado desde entonces. Años de civilizaciones, de guerras y pleitos, de imperios, de “descubrimientos”, colonizaciones, independencias y revoluciones, de la creación de naciones y potencias, de leyes y parlamentos, de urbanización, de uniones políticas, de democracias, de globalización, de una supuesta evolución y progreso, para llegar al mundo en donde nos encontramos hoy. Una sociedad que ya no se rige por la fuerza física, sino por la capacidad intelectual, la innovación, por la creatividad, la inteligencia; características que en definitiva no tienen nada que ver con los cromosomas X o Y.

Sin embargo, y muy a pesar del supuesto triunfo de la civilización, al sexo masculino y al femenino se le han adjudicado y se le siguen adjudicando un sinnúmero de condicionamientos religiosos, culturales y sociales, que venimos arrastrando desde los tiempos de las cavernas. El varón prueba su masculinidad con la capacidad de proveer que en nuestros días se traduce a su poder adquisitivo. ¡Cuánta presión! Tener que demostrar que estás hecho todo un hombre pagando la cuenta de la cena y, eso es lo de menos, porque después te tocará pagar las deudas de la casa, la colegiatura y bueno… casi todo. Las mujeres, en cambio, cargan con la responsabilidad de convertirse en objetos de deseo para el hombre. Ser puras, anheladas, bellas, para lograr encontrar a un marido que quiera pagárselos todo. Y créanme, teniendo en cuenta que esto de la belleza física es pura suerte, también es mucha presión. Hoy, a pesar de nuestra supuesta evolución, para una mayoría significativa el éxito económico es cosa de hombres, mientras que el éxito sentimental es más bien femenino.

¿Qué no es cierto? Siendo el monstruo de las producciones cinematográficas, hablemos de Hollywood. Hablemos de cine. El séptimo arte no es solo un claro reflejo de la sociedad y de nuestras predisposiciones culturales, lo que vemos en la pantalla grande retrata lo que somos. Los filmes son hoy el método de educación cultural más efectivo. El contenido mediático moldea nuestra sociedad y condiciona al niño, al adolescente y al adulto a normalizar ciertas actitudes, ideas o prejuicios.

Y sí, al escuchar esto citarán algunos ejemplos de cine comercial en donde el personaje principal es alguna mujer poderosa, porque los hay. Pero si prestamos atención a la mayor parte de los personajes femeninos en los filmes, se darán cuenta de lo mal que andan las cosas. Hay que comenzar por recalcar que hasta el año 2011 solamente un 16% de los protagonistas en las películas fueron mujeres.

“Por lo general el contenido fílmico son historias de hombres, sobre la vida de estos hombres, y después tenemos el subgénero de las chick-flicks. Ésas parecen ser historias sobre mujeres. Pero si las analizas, te darás cuenta que también giran en torno a los hombres. ¿Cómo encontrar al hombre? ¿Cómo embarazarte? ¿Casarte?” – Caroline Heldman, Profesora de Ciencias políticas.

¿Un filme que le muestre a un hombre cómo encontrar y agradar a la mujer de sus sueños? No se me ocurre más que Hitch (2005). A la inversa, en cambio, este tipo de filmes abundan.

Entre 1937 y 2005, solamente hubo 13 mujeres protagonistas en películas de animación, y todas ellas, a excepción de una, tenían como única y principal aspiración la de encontrar el romance. Aprovechando que es el nuevo fenómeno mundial, pongamos como ejemplo la adaptación del cuento de La Bella y la Bestía de Disney. Una historia pseudo-feminista, que presenta a una protagonista “adelantada para su tiempo”, solamente porque le gusta leer, se atreve a rechazar al galán del pueblo y tiene inquietudes por abandonar la pequeña aldea donde vive con su padre. “Necesito aventura… Necesito más que esta vida provincial” canta Emma Watson, la feminista en voga. Pero sus inquietudes se ven saciadas cuando se queda con el príncipe dueño de un inmenso castillo.

Si se trata de retratar lideresas en las películas, nos encontramos con esas jefas demandantes, escalofriantes, de corazón de piedra. Las que han renunciado al amor y que descuidan de la familia para llegar al puesto en donde están. Es esa soledad lo que las hace tan frías. ¿Acaso existe alguna película de un hombre que haya tenido que renunciar a tener esposa por su alto rango? Un soltero, a sus cincuentas, con un gran puesto de trabajo: eso me suena más a sex appeal.

El más descarado de los géneros para ilustrar la tesis de este artículo es, sin lugar a dudas, el terror. En estas películas, por lo regular, el hombre es el asesino que carga con el hacha y la mujer es la que corre por los bosques mojada en sudor, con una blusa semitransparente y desgarrada que deja notar sus pezones estáticos. En los remotos casos en los que la mujer resulta ser la asesina, el estereotipo es más bien el de una femme fatale seductora, vampiresa, que atrae a su victima con juegos sexuales.

Continuando por el camino del horror, en más del 95% de los casos, las víctimas de posesiones demoniacas, son pequeñas niñas o jovencitas. ¿O has visto acaso que le pase esto a algún chico joven? Esto se debe al sentido de fragilidad femenino.

“Una niña poseída, despierta un instinto protector en el público. Los niños adolescentes son percibidos como violentos y peligrosos, así que si decidimos que sean ellos los que son poseídos, el público por lo regular no es capaz de percibir la diferencia.” Comentó Eli Roth, el director de películas como Hostel (2005), The Green Inferno (2013) y Knock, Knock (2015).

Por lo regular, las mujeres en las películas son bastante estereotípicas, simples, sosas, sin aspiraciones por encima del deseo de encontrar el amor. ¿Por qué será? Son poquísimos los guionistas, los directores que saben retratar a sus personajes femeninos como los seres humanos complejos que son en la vida real. Mientras más alto escalas, menos mujeres hay. Solamente un 19% de los guionistas en Hollywood son mujeres. ¿Y directoras? Las estadísticas son aún más desesperanzadoras. Estamos hablando de 7 mujeres por cada 93 hombres.

Al día de hoy, la cosificación mediática de la mujer ha pasado a justificarse con la máscara de un feminismo hueco y mal fundamentado. Escuchamos discursos de actrices de series o de Hollywood, cantantes pop, sobre un supuesto poder femenino que parece estar muy de moda. Estas nuevas feministas tienen el cutis perfecto, piernas largas y firmes, ojos pardos, nariz afilada y en sus películas o vídeos musicales dejan mostrar sus atributos usando ropa demasiado ajustada o escasa: tal como lo dicta el gusto sexual masculino.

Una buena manera de mantener los malos hábitos es disfrazándolos de activismo social. Así como lo dijo el ministro de propaganda de la Alemania Nazi, Joseph Goebbels, “Una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”.

El nuevo feminismo construido por y para que los medios de comunicación no cambien su trato hacia la imagen femenina para seguir vendiendo, es obviamente aceptado y aplaudido por las masas. ¿Qué pasa si una reportera seria decide no usar una mini falda y cuestionar a un hombre en su programa? ¿Y si una mujer se atreve a llevar pantalones de sastre y postrarse en un debate presidencial frente a un político? Contará con mucho menos aceptación de la que logran esas feministas que encajan con los estereotipos de belleza comercial. ¿Las niñas pequeñas prefieren ser representadas por Beyoncé o por Rigoberta Menchú? Cuestiónenselo ustedes.

La mujer ha sido criada para competir con otras mujeres en belleza, en estilo, en clase y porte. Ella triunfa si logra conquistar al amor de su vida. El hombre por el contrario debe ser fuerte, atrevido, intimidar a otros hombres, y contar con una buena cantidad de billetes en la cartera. Cuestiones que de genético no tienen nada, que no son más que creencias culturales. Estos condicionamientos afectan tanto al hombre como a la mujer.

“Alabamos a la mujer por su virginidad, pero no al hombre. Y siempre me he preguntado cómo se supone que esto debe funcionar porque la pérdida de la virginidad es, por lo general, una práctica que necesita a un hombre y a una mujer.” – Chimamanda Ngozi Adichie.

¿Me pregunto a veces dónde queda la calidad humana fuera del género? A la mujer se le educa en la vergüenza sexual, se le inculca una especie de culpabilidad por despertar el apetito masculino. A él en cambio se le justifica que se comporte como un verdadero predador desesperado. El padre puede felicitar a su hijo por haber estado con tres mujeres en una noche. ¿Qué diría el mismo padre si su hija hace lo mismo? ¿Cuestiones genéticas? No. Prescripciones sociales. Y éste es solamente uno de mil ejemplos. Hay muchas más de esas disposiciones mentales con las que cargamos que nos impiden ver al individuo por su condición de humano. Somos expertos en juzgar por lo que alguien como “mujer” hace, posicionándola bajo el degradante calificativo de niña bien. Si ser una niña buena o una niña bien requiere una dosis de sumisión y renuncia a mis propias aspiraciones intelectuales, profesionales o personales, para así no intimidar a los miembros del sexo opuesto, espero jamás serlo.

El feminismo no se traduce en un odio o la constante búsqueda por desacreditar al sexo masculino, como muchos creen. No es la que comienza con la alegata entre quién tiene la culpa de haber sido echados del paraíso, si yo Eva o tú, Adán. Tampoco la que acusa o achaca al hombre. El feminismo real, el feminismo bien argumentado, ése que es tan vital, busca la equidad. Se quita la venda del rol del género y mira las injusticias que se cometen tanto a hombres como a mujeres. Adopta un estilo de vida que se basa en el respeto, por encima de las condiciones biológicas. La dignidad humana por encima del género.

Según el diccionario de Oxford, feminista es una persona que cree en la igualdad económica, social y política de los sexos. Ser llamada feminista no debe ser un reproche, ni tampoco una banderola que justifique actitudes de desdén. Ser llamada feminista es un halago, porque quiere decir que eres lo suficientemente consciente de las falsedades, las arbitrariedades y velas por el respeto y la igualdad. Es la mujer que reparte la cuenta, que trabaja como equipo con su pareja, porque es consciente de la dificultad que implica el mantener a una familia. Es el hombre que no se siente intimidado por estar con una mujer exitosa, sino lo contrario. ¡Sí, he dicho hombre! El feminismo no es algo que se le debe atribuir únicamente a las mujeres. Hay que admitirlo, no hay cosa más bella que un hombre feminista.

“We should all be feminists” – Chimamanda Ngozi Adichie.

adam's rib

 

Replanteando el Musical: cuatro películas ejemplares

David Azar: @DavidAzar93

Singing in the Rain
Singin’ in the Rain (1952) de Gene Kelly y Stanley Donen

He de confesar algo que puede ser chocante, incluso contradictorio, para muchos cinéfilos lectores: el único género cinematográfico que no soporto es el musical. Entonces, ¿por qué escribí este artículo? Particularmente, mi conflicto con este género es la irrealidad con la que los personajes se desenvuelven con la música dentro de sus historias. Carlos Infante lo explica mejor en la revista digital Filomusica:

“A nadie le extraña que un policía, por ejemplo, pasee por una calle y de repente arranque a cantar y bailar como si del mejor bailarín se tratase, con una coreografía de ensueño y una orquesta colosal sonando de fondo”

Con el musical no hay más que dos opciones: o no lo toleras o lo amas. Me he topado con muchos que comparten mi punto de vista respecto al género. Pero igualmente, me he encontrado con muchos que quedan irremediablemente fascinados. Sin embargo, después de haber explorado un poco más, creo entender cuál es la fascinación por el cine musical. Si no me equivoco, es esa misma irrealidad que mencioné antes lo que hace que guste tanto y a tantos.

En fin, sea cual sea tu postura, el cine musical es un género único, inigualable y opera dentro de sus propias reglas de fantasías. En este universo, la música deja de ser un acompañamiento estético que refleja el estilo o el sentimiento de una escena y se convierte en un elemento narrativo ineludible que no sólo carga con el espíritu de la historia, sino que la mueve hacia adelante. El cine musical constituye una gama de creatividad en la que músicos, compositores (y a veces también los bailarines) convergen en una sintonía particular con el lenguaje cinematográfico, mismo que incluso hoy en día no goza de una especificidad total.

He de admitir que, a pesar de no considerarme un fan del género, me he topado con cintas muy interesantes que sólo serían posibles gracias a la infinita experimentación que comprende el cine musical. A continuación, les comparto cuatro películas que, incluso si no pueden catalogarse estrictamente en el género, han abordado el concepto musical de maneras diferentes e interesantes.

Une femme est une femme (1961) de Jean-Luc Godard

En 1960, el cineasta franco-suizo y pionero de la Nouvelle vague Jean-Luc Godard saltó de la crítica de cine a la realización cinematográfica, en el formato largometraje, con la inusual À bout de shuffle. Marcó así el inicio de una obsesión del director por desmenuzar el cine para entenderlo a fondo, encontrar un lenguaje específico y darle un lugar legítimo junto a las demás artes. Ése mismo año, el director hizo Le petit soldat, una película que causó controversia por su contenido político acerca del papel de Francia en la guerra de Algeria. Fue tan sólo un año después que llegó su tercera película, Une femme est une femme, la que el mismo Godard llamaría su “verdadera primer película”.

La trama (algo irrelevante cuando se trata de Godard) sigue la relación de Angéla (Anna Karina), una bailarina exótica , y su novio Émile (Jean-Claude Brialy) en torno a una discusión sobre tener un hijo. Alfred (Jean-Paul Belmondo), el mejor amigo de Émile, está enamorado de Angéla y se propone a coquetearle a lo largo del filme con el fin de conquistarla. Por encima de este triángulo amoroso, Une femme est une femme es una oda a la mujer o, como dice J. Hoberman en su ensayo de la película para Criterion Collection, “la idea que Godard tiene de una [mujer]”.

En palabras de su director, Une femme est une femme es “la idea de un musical”, “nostalgia por el musical” y también “un musical neorrealista”. Más que de un musical en sí, se trata de la evidente inspiración y exploración de uno. Por momentos, Godard nos recuerda que estamos en una película por medio de sus experimentos y juegos, como cuando Anna Karina rompe la cuarta pared y le dice al público “Quisiera estar en un musical con Cyd Charisse y Gene Kelly!” al mismo tiempo que posa con un paraguas, haciendo homenaje al clásico del género Singin’ in the Rain (1952).

La música de Michel Legrand converge con la fotografía de Raoul Coutard para brindar más locura al relato, y el leve pero continuo aire de película musical hace más digerible la película en general, o al menos digerible en términos godardianos.

Buena Vista Social Club (1999) de Wim Wenders

En 1996, el músico estadounidense Roland Peter “Ry” Cooder y el productor de música británico Nick Gold viajaron a La Habana, Cuba, para grabar un disco de Highlife con dos músicos africanos. Una vez en la isla caribeña, Cooder se enteró de que los músicos no habían llegado, y no lo harían, pues al final no recibieron sus visas. Cooder y Gold decidieron entonces emprender un proyecto nuevo: reunieron músicos locales de gran prestigio (aunque algunos retirados) y grabaron el disco de son cubano Buena Vista Social Club en un período de seis días. Buena Vista Social Club fue lanzado el 16 de septiembre del año siguiente por World Circuit Records, y la banda fue bautizada con el mismo nombre. El proyecto fue un éxito rotundo.

Al mismo tiempo, el director alemán Wim Wenders documentó todo el proceso de grabación, junto con los conciertos que dio la banda en 1998 en la ciudad de Amsterdam (dos noches en abril) y en el Carnegie Hall de Nueva York el 1 de julio. Sí, es un documental acerca de música y no un musical en sí, pero la manera en que Wenders aprovechó el material que su amigo Ry Cooder puso a su disposición bastó para que el cineasta creara un acceso audiovisual a la música cubana de una excelente calidad. Wenders mezcló imágenes de la grabación y de los míticos conciertos con secuencias musicales hipnotizantes en las que cada músico que conforma la banda habla de su historia personal, su pasión por el instrumento que toca, la música en general, lo que significa Cuba para ellos y, finalmente, cómo fue que se unieron al proyecto de Cooder y Gold. El resultado final es un entrañable retrato personal y general de los músicos y la banda, respectivamente, cargado de buena música cubana en sus diversos matices. Al ver la película, uno olvidaría que Wenders viene de Alemania por el modo en que las imágenes de una Habana detenida en el tiempo fluyen con tanta naturalidad, como si el cineasta conociera los rincones de la isla de memoria y los hubiera capturado con mucha familiaridad.

Buena Vista Social Club (1998) tampoco es un musical en su sentido más estricto, pues se encuentra lejos de la ficción con sus secuencias coreografiadas y dosis de “irrealidad”, pero es una película inmensamente entregada a la música con un estilo muy original en su tratamiento.

Dancer in the Dark (2000) de Lars von Trier

Después de haber realizado el drama más contundente de su carrera con Breaking the Waves (1996) y su incursión al Dogma 95 con The Idiots (1998), Lars von Trier hizo mancuerna con la cantante islandesa Björk para lo que sería el primer y único musical hasta ahora en su filmografía: Dancer in the Dark. En este melodrama, Björk interpreta a Selma, una migrante checa en Washington con una condición degenerativa en la vista que trabaja en una fábrica para poder pagar la cirugía que curaría a su hijo del mismo problema. En medio de este conflicto, Selma sueña despierta frecuentemente, casi en estado de transe, dando lugar a los números musicales de la película. El director danés logra hacer a un lado el elemento de irrealidad del cine musical convencional al justificar las secuencias de baile como meras fantasías de nuestra protagonista, que al mismo tiempo son un escape de la profunda depresión y estrés que imperan en su vida.

Siguiendo la tradición del Dogma 95, aunque sin pertenecer estrictamente a este movimiento, Dancer in the Dark fue filmada en video y no en celuloide. Además, von Trier rodó las secuencias musicales en cámara estática y aumentó el brillo de los colores para contrastarlas con el resto de las escenas. Por otro lado, Björk se encargó de la música en su totalidad, y escribió las canciones junto con von Trier y el poeta islandés Sjón.

Dancer in the Dark ganó la Palma de oro en la 53ª edición del Festival de Cannes y Björk, a pesar de haber decidido no actuar otra vez después de la mala experiencia que fue trabajar con von Trier, recibió el premio a Mejor actriz. La islandesa también estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor canción original por el tema I’ve Seen it All, misma que interpretó en la ceremonia de premiación.

Interstella 5555 (2003) de Kazuhisa Takenouchi

Dos años después de lanzar su segundo álbum Discovery (2001), Daft Punk estrenó esta película que sirvió como pieza de acompañamiento al proyecto. En colaboración con el legendario escritor y productor de anime Leiji Matsumoto, el dúo francés compuesto por Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo produjo Interstella 5555: The 5tory of the 5ecret 5tar 5ystem, un musical animado que sigue el rescate de una banda extraterrestre de Pop por un piloto espacial después de que un despiadado manager de la industria discográfica los haya secuestrado para hipnotizarlos y enriquecerse con su música en la Tierra. Kazuhisa Takenouchi, quien quince años antes había dirigido una cinta de Dragon Ball, fue elegido como director del proyecto. Al no tener diálogos, la película se apoya enteramente en la mezcla entre las fascinantes imágenes de Toei Animation (bajo la supervisión de Matsumoto) y la música de Daft Punk como recurso narrativo. La banda sonora es nada más y nada menos que el mismo tracklist de Discovery, con las canciones justo en el orden original en que aparecen en el disco, haciendo del filme una compilación de videoclips que uno tras otro va contando la historia de modo coherente, emotivo y poético.

Interstella 555se convirtió en una cinta de culto casi instantáneamente. Las canciones funcionan como videoclips individuales con sus escenas correspondientes, aunque la mejor manera de disfrutar la música de Discovery es viendo la película de pies a cabeza, como un largo video musical. Interstella 5555 es producto de algunas de las mejores cosas con las que contamos actualmente: anime, ciencia ficción y Daft Punk.

Fuentes:

  • Hoberman, J. (2004) A Woman Is a Woman. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/330-a-woman-is-a-woman
  • Infante, C. (2004) Historia del Cine Musical (Introducción). Filomusica. Consultado en: http://www.filomusica.com/filo55/historia.html

El arte del póster: diseñadores e ilustradores contemporáneos

Jorge Durán: @JEDZ1138

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“The Lord of the Rings” de Matt Ferguson

El póster de una película representa el primer enlace entre la  audiencia y la producción. Es el responsable de encapsular la esencia de una cinta con una sola imagen. Lamentablemente, vivimos en un periodo donde los grandes estudios han descuidado toda atención a este fantástico arte. Basta con caminar por el pasillo de un multicinema para encontrar trabajos genéricos y sin ningún propósito. Son sólo fotografías retocadas y recortadas en un lienzo digital que parecen promover el uso de un software en lugar de invitar al público al cine.

La última década ha sido sido el periodo más representativo para el surgimiento de nuevos talentos. La llegada de diversos artistas cuyo propósito es elevar el amor por el cine y enaltecer la presencia de una película es una  faceta del arte que necesitamos destacar. Galerías como Mondo, Acme Archives, Gallery 1988 y Bottleneck Gallery son sólo algunos de los promotores encargados de dar un espacio a estas obras. En IV Acto tenemos algunos artistas que consideramos nuestros favoritos y algunos que consideramos esenciales para cualquier interesado en acercarse al arte del póster. Estos son sólo algunos nombres que queremos compartir:

Olly Moss

Este artista inglés es uno de los más jóvenes y talentosos en el negocio. Su estilo recurre mucho al simbolismo y se caracteriza por contener una creatividad única. Olly Moss logra con sólo unos trazos sintetizar historias completas. Uno puede apreciar el trabajo de Moss en repetidas ocasiones y descubrir algo nuevo cada vez. Sitio Web: www.ollymoss.com

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Ken Taylor

Es un ilustrador y diseñador originario de Melbourne, Australia. Su trabajo se ha enfocado en la industria de la música con poster para diversas bandas de rock como Metallica, Queens of the Stone Age, Pearl Jam y Nine Inch Nails. En los últimos años, el trabajo de Taylor se ha enfocado en cine, trabajando en los proyectos más importantes. Quizás reconozcan una de sus piezas más impresionantes en el arte para el Blu-Ray y Box-set conmemorativo del 20 aniversario de Quentin Tarantino. Sitio Web: www.kentaylor.com.au

Tyler Stout

El trabajo de Stout es de los más reconocibles en el mercado. Una sola pieza de este artista encierra tanto detalle que podía narrar una película completa en una sola imagen. Su colaboración con la galería Mondo en Austin, Texas, le ha otorgado la oportunidad de trabajar con las propiedades intelectuales más populares resultando en trabajos basados en Star Wars, Star Trek II: The Wrath of Kahn, Robocop o Inglorious Basterds. Sitio Web: www.tstout.com

Kevin Tong

Tong es un ilustrador que se ha desarrollado en el área de Los Ángeles, California. Este artista ha tenido la oportunidad de trabajar en campañas publicitarias y colaborado con compañías de juguetes, periódicos y revistas. El trabajo de Tong combina el uso de herramientas digitales con técnicas tradicionales para crear un resultado único e impecable. Sitio Web: www.tragicsunshine.tumblr.com

Matt Ferguson

Ferguson es un artista y diseñador gráfico originario de Sheffield, Reino Unido. Su talento lo ha llevado a trabajar para Marvel Studios y 20th Century Fox en el pasado. La cualidad de Ferguson es lograr captar el momento más emblemático de una cinta y congelarlo en el tiempo de una manera impresionante. Su blog es uno de los más interesantes, ya que registra la evolución de varias de sus piezas y ofrece un comentario constante de su proceso creativo. Sitio Web: www.cakesandcomics.com

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