Almost Famous: Descubriendo el mundo junto al Rock

Jose Hernández: @josechj7

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En escritos anteriores he mencionado mi gusto por el Rock y he hecho referencia a filmes del género como Detroit Rock City (1999) y Sing Street (2017). Mientras miraba entre mi colección, decidiendo sobre qué película escribir ésta vez, llamó mi atención una que con leer el título me transportó a una etapa de mi vida más simple en la que solía escuchar Rock todo el tiempo, ver repetidamente videos en YouTube como el de Sweet Child O’Mine o November Rain de Guns N’ Roses (que era fan de Slash) y pasar la tarde buscando tablaturas para intentar reproducir los solos de guitarra que marcaron mi adolescencia. El filme que escogí fue el ganador al Mejor Guión Original: Almost Famous (2000).

La cinta casi autobiográfica del director estadounidense Cameron Crowe nos narra la historia de William (Patrick Fugit) un chico que a los 11 años recibe a escondidas una colección de vinilos de Led Zeppelin, Cream y The Who (entre otros) por parte de su hermana mayor Anita (Zooey Deschanel), quien con 18 años de edad decidió dejar su hogar escapando de su estricta madre Elaine Miller (Frances McDormand). Entre los discos de Anita había una nota con el texto “Escucha Tommy (álbum de The Who) con una vela encendida y verás tu futuro”. Este último era convertirse en periodista de Rock. Con 15 años, William da un paso adelante en su profesión al contactar al editor de la revista Creem, Lester Bangs (Philip Seymour Hoffman) quien toma al joven escritor bajo su tutela y le asigna la tarea de redactar un texto de 1000 palabras sobre Black Sabbath.

Al serle negado el acceso por parte del guardia del backstage en el concierto en el que planeaba entrevistar a Sabbath, conoce a las Band Aids, un grupo de chicas que se diferencian de las groupies al no estar con los artistas por su status, sino meramente por la música, o al menos así lo aclara Penny Lane (Kate Hudson), quien se volverá amiga y compañera de viaje de William. Para interpretar éste papel, Kate Hudson escuchó mucho Rock clásico, leyó el libro I’m With the Band (1987) de la famosa groupie Pamela Des Barres, y entrevistó a varias esposas de rockstars. “Cuando miras sus ojos ves tristeza” Dijo la actriz en una entrevista para The Morning Call, “Puedes decir cuánto pasaron y cuán desilusionante puede ser ese mundo, pero al mismo tiempo, ellas sabían en lo que se metían”.

Al llegar Sabbath, dejan pasar a las Band Aids al backstage, pero no a William. Cuando toda oportunidad de entrar parecía perdida, Stillwater, la banda de “teloneros” con la que entra el joven reportero, entra en función. Después de ese concierto, William consigue trabajar con la revista Rolling Stone (sin que supieran que es menor de edad). Acto seguido, William se une a tour Almost Famous 73 (1973) de Stillwater, intentando redactar un escrito de 3,000 palabras para la revista estadounidense.

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Los temas de la banda ficticia fueron escritos por Crowe y su esposa Nancy Wilson mientras estaban en su luna de miel. En una entrevista para Film Comment, el director dijo que escribieron las canciones y crearon una banda sabiendo que algún día los podría usar para un filme. Casi 15 años después, esto se volvió una realidad. También explicó el origen del título de la película, ya que originalmente pensaba llamarla Untitled, pero el estudio no lo dejó.

“Solía ir a conciertos, ver a Mick Jagger y al observar a su lado, cerca de los amplificadores a estas personas. Los ves y piensas, ¿quiénes son?, ¿son groupies?, ¿son amigos del promotor? ¿están casados con el bajista?; Por que son casi famosos.”- Cameron Crowe

El guión que presenta Crowe es de lo mejor que he visto en películas de este giro, y no es para poco ya que, como mencioné previamente, le llevó a ganar el Oscar Mejor Guión Original en la 73ª edición de los premios de la Academia. Ese año también estuvo nominada Kate Hudson como Mejor Actriz de Reparto, quien desempeña a la perfección su papel al plasmar las emociones de una chica de dieciséis años, independiente, pero vulnerable a la vez.

Almost Famous narra la historia de un chico que poco a poco pierde la inocencia que conservaba saliendo de casa, enfrentándose así a una realidad llena de mentiras, desilusiones y egoísmo. Crowe nos presenta el mundo de la música como lo vivió cuando él mismo reportaba para Rolling Stone en su juventud: en roadtrips de concierto en concierto, de una punta del país a la otra, donde lo que se busca es la expresión por medio del arte y la camaradería; un mundo donde a final del día lo importante no son las drogas ni el sexo, sino el Rock n’ Roll.

La haine: El primer gran reflejo cinematográfico del racismo en la Francia moderna

David Azar: @DavidAzar93

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“La haine attire la haine! (El odio trae odio)”  Hubert (Hubert Koundé)

La discriminación racial y social que surge de los flujos migratorios en Francia es algo que hemos visto representado en el cine en varias ocasiones. Los cineastas franceses Olivier Nakache y Eric Toledano ilustraron estos problemas con humor y ternura a través de un carismático Omar Sy en sus cintas Intouchable (2011) y Samba (2014). Jacques Audiard se llevó la Palma de oro en el Festival de Cannes con Dheepan (2015), un desgarrador relato acerca de un migrante srilanqués en los violentos suburbios parisinos. La cinta Le Havre (2011) del finlandés Aki Karuismäki hizo evidente el esfuerzo que implica llegar a salvo a Francia para un migrante africano. Incluso el realizador austriaco Michael Haneke representó los males que padece la sociedad en un mundo contemporáneo y multicultural con su filme Code inconnu (2000). Pero antes de todos estas películas, estuvo una que irrumpió con fuerza en el público francés por su crítica sincera y atrevida:  La haine (1995).

En su segunda película como director, el francés Mathieu Kassovitz cuenta una historia acerca de resentimiento y racismo en una Francia moderna habitada por jóvenes provenientes de las olas migratorias de distintas partes del mundo. La haine sigue un día en la vida de Vinz, Saïd y Hubert, tres amigos de diferentes etnias en una misma banlieue parisina (barrio popular de vivienda social en Francia). Estos banlieues, habitados en su mayoría por jóvenes de orígenes migratorios, con sitios azotados por las drogas, desempleo y alienación cultural y social, esta última con motivo a su lejanía del centro de la ciudad. La historia se desarrolla justo después de que Abdel Ichaha, joven de origen árabe y amigo de los tres personajes principales, entra en un coma a causa de una brutal paliza por parte de los policías en un disturbio callejero.

Kassovitz encarna tres de las etnias migrantes más representantes del país a través de sus personajes principales y dota a cada uno de una personalidad muy específica: Vinz (Vincent Cassel), un judío asquenazí, odia a la policía y aspira a ser un gángster; Hubert (Hubert Koundé), un africano subsahariano, quiere escapar de la violencia y el descontento de su barrio; y Saïd (Saïd Taghmaoui), un árabe magrebí, que sirve como mediador entre el carácter de sus dos amigos y comic relief de la película. A lo largo de la película, el trío se embarca en una travesía por su barrio (Chanteloup-les-Vignes) y el centro de París.

Entre muchas cosas, La haine se ha convertido en una especie de película de culto para toda una generación en Francia. Una especie de ícono que, más allá de sus dotes cinematográficos (su impactante uso del blanco y negro y una estética Hip-hop), es recordada con mucho estima por su ejercicio de crítica social y por ser la fiel representación de un problema moderno que nadie antes había plasmado en la pantalla grande. Es por esto que consulté a mi amigo francés y doctor en Geografía Yann Marcadet para entender mejor el fenómeno desde una perspectiva local con respecto al filme. Yann, quien cursaba el segundo año de bachillerato cuando La haine se estrenó en 1995, recuerda el impacto que la película causó al exponer un tema polémico y muy recurrente en aquéllos tiempos: las revueltas y disturbios contra la policía en diferentes barrios de toda Francia, efectuadas por minorías étnicas; un problema que empezó a gestarse en la década de los 80s. De acuerdo con Yann, La haine constituyó la primera película en ilustrar el mundo de los jóvenes de los barrios populares franceses, el inicio de lo que sería una corta tendencia en la industria, algo así como los films de banlieues. También fue la primera vez que se reflejó la cultura urbana popular de los jóvenes franceses -como el rap y el breakdance- en una película tan exitosa. Curiosamente, la música de la película estuvo a cargo del dúo de rap francés Assassin, del cual uno de los integrantes, Rockin’ Squat alias Mathias Crochon, es hermano del actor Vincent Cassel.

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A pesar de su excelente recepción del público, La haine no fue bien recibida por todos los sectores de la sociedad. La extrema derecha francesa, más específicamente el partido político Front National, denunció enseguida el carácter “anti-policía” de la película. A tan sólo diez días del estreno, la localidad de Noisy-le-Grand fue sede de más revueltas violentas, provocando la muerte de Belkacem Belhabib, un joven de origen africano africano. La ultra derecha enseguida adjudicó la responsabilidad a Kassovitz por la influencia que La hacine tuvo sobre aquellos que ocasionaron los disturbios. Jean-Marie Le Pen, el entonces líder de Front National y padre de la reciente candidata a la presidencia de Francia Marine Le Pen, hizo pública su desaprobación por la película cuando exclamó “¿Acaso estos vándalos tienen el odio? ¡Métanlos a la cárcel!”. Por otro lado, el presidente Jacques Chirac demostró su apreciación a Kassovitz a través de una carta escrita, mientras que el primer ministro Alain Juppé convocó a distintos funcionarios de gobierno a una función privada del filme, con el objeto de resaltar los problemas que éste refleja.

Después de La haine, Kassovitz ha actuado en gran variedad de proyectos que van desde el fenómeno popular Les fabuleux destin d’Amélie Poulin (Jean-Pierre Jeunet, 2001) hasta el thriller comercial Un ilustre inconnu (Matthieu Delaporte, 2014). En cuanto a la realización, el director se mudó de la crítica social a un cine de carácter más comercial, con cintas como The Crimson Rivers (2000), Gothika (2003) y Babylon A.D. (2008), no con la misma suerte. Sin embargo, su obra maestra parece seguirle la sombra eternamente a su creador. Kassovitz manifestó este sentimiento en agosto de 2004, durante una presentación de la película en Londres:

“He vivido en esa película por los últimos diez años. He hecho tantas cosas desde entonces, pero a nadie le importa. Es mi maldición. También es algo de lo que estoy muy orgulloso”- Mathieu Kassovitz

Pronto veremos a Kassovitz en la nueva película de Michael Haneke Happy End (2017), pronta a estrenarse este mes en el Festival de Cannes.

Referencias:

  • Husley, A. (2015) La Haine 20 years on: what has changed? The Guardian. Consultado en: https://www.theguardian.com/film/2015/may/03/la-haine-film-sequel-20-years-on-france
  • Vincendeau, G. (2012) La haine and after: Arts, Politics, and the Banlieue. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/642-la-haine-and-after-arts-politics-and-the-banlieue

Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha: El despiadado rostro de la impunidad hecho película.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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“(…) la ciudad está enferma. A otros les espera el deber de cuidar y de educar. ¡A nosotros el deber de reprimir! ¡La represión es nuestra vacuna! ¡La represión es civilización!” – Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Son dos los grupos que deben coexistir para que el orden social funcione. Así como lo explica Hobbes en Leviatán, las masas, conscientes de que la violencia es parte inexorable de la esencia humana y respondiendo a su instinto de conservación, crean un contrato en el que la mayoría de los individuos ceden su libertad a una autoridad que dirima entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. En un intento por hacer que la vida en sociedad funcione, nos fraccionamos entre los que obedecen la ley y los pocos que hacen valer la ley. Yo, ciudadano civil, obedezco y soy vigilado. Tú, policía, juez, alcalde, gobernador, senador, diputado; tu historia es diferente a la mía. Tú vigilas, le agregas una que otra nueva regla al juego, haces cumplir la ley.

¿Qué sucede, entonces, cuando uno de ésos que rigen por encima de lo legal, que preservan los estatutos sociales, que juzgan y condenan al criminal, comete un delito? Digamos, por ejemplo, el traspaso de millones del erario público a su cuenta personal para mantenerse a él mismo y a sus demás amistades, los vínculos económicos con el crimen organizado, el mandar matar a varios periodistas por haberlo intentado inculpar o (¿Por qué no?) un homicidio pasional que sabe a thriller.

A ése que ha tenido el privilegio de redactar y hacer valer la ley ¿Quién lo juzga? ¿Quién lo vigila? ¿Quién lo condena? ¿Será que hace y deshace gozando de inmunidad legal? ¿A quién obedece la autoridad? Cuestionarse esto no hace más que reafirmar la escalofriante teoría del panóptico de Michel Foucault. La sociedad, para el filósofo francés, se parece bastante a una unidad carceralia que se construye en torno a un panóptico que todo lo ve. El vigilante hace del encarcelado una cosa a vigilar, a controlar, a la que imponer disciplina. El vigilante ve, pero no es visto. El encarcelado es visto, pero no ve.

***

Allí está él. El jefe del departamento de homicidios de Roma camina erguido, su expresión dura parece inmutable. La majestuosa música de Ennio Morricone, acompaña los movimientos corpóreos del comisario. Éste entra a un inmueble barroco, un apartamento desordenado, caótico, hogar de una bella mujer joven y de cabello oscuro. En pleno encuentro sexual, el sujeto asfixia a su amante. Ella cae muerta. Él se lava las manos, se viste. Comienza a repartir, relajado, pruebas de su culpabilidad de esquina a esquina.

El filme Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, 1970) de Elio Petri, nos presenta un estudio exhaustivo, preciso pero grotesco de la impunidad con la que ejercitan sus funciones muchos de los miembros de la esfera del poder. El personaje principal del filme es el inspector jefe del departamento de homicidios de Roma, Il Dottore. Es un fascista sin nombre, representante de la institución, carismático, despiadado que busca, a como dé lugar, hacer cumplir la ley. Magníficamente personificado por Gian Maria Volonté, este oficial decide demostrar el teorema del poder estrangulando a su caótica amante. Deja, voluntariamente, una cadena de pistas que no hacen más que inculparlo, en manos de los investigadores de su propio departamento. Con cinismo, este electrizante personaje quiere reafirmar su condición de indemnidad ante la ley, de ciudadano incapaz de ser juzgado, libre de toda sospecha.

“El cine no es para las élites, sino para la masa. Hablar para una élite intelectual es como no hablar para nadie. No considero que pueda hacerse una revolución por medio del cine. Creo, en cambio, en un proceso dialéctico que debe comenzar entre las grandes masas, por medio de las películas y otros medios posibles.”-  Elio Petri

Es importante que nos situemos en la época en que fue filmada esta obra maestra. Indagine surge después de la fiebre estudiantil del año 1968 y durante los famosos Anni di Piombo en Italia, un periodo de turbulencia social y política marcado por graves incidentes debido a la lucha entre conservadores e izquierdistas. Petri, tras su participación activa en los levantamientos estudiantiles, apunta en el filme su esperpento en dirección a la policía. Los primeros a cargo de la reprimenda ante cualquier indicio de insurrección.

La película es un análisis desde todos los ángulos del personaje principal. La narración se suministra entre el trabajo del Dottore como autoridad irrefutable, la investigación del crimen y recuerdos que nos develan cómo era su romance con Augusta Terzi, la mujer a la que asesinó. Petri nos presenta así al protagonista de la trama, uno de los personajes más paradójicos y seductores de la historia del cine. Un asesino que cree irrefutablemente en la ley, Dostoievskiano, que ejerce un poder absoluto mediante la intimidación, un ser que jamás será llamado culpable a pesar de que todos los indicios lo apunten.

El homicidio sucede el mismo día en que el Dottore es nominado como el nuevo jefe de policías. En su discurso, una de las escenas emblemáticas del filme, proclama que “la libertad amenaza a los poderes tradicionales, a la autoridad constituida. Estamos aquí para hacer valer la ley, que es inmutable, tallada en el tiempo”. Una manera de hablar y elección de palabras que recuerda a la de Juan Domingo Perón y la de Augusto Pinochet, en el que el protagonista sitúa a los manifestantes, a los que muestran cualquier tipo de rebelión contra la autoridad, al nivel de un homicida.

“El uso de la libertad intenta convertir a cualquier ciudadano en un juez, nos impide desarrollar libremente nuestras funciones sacrosantas.”– Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Con esta obra Elio Petri deja frío a su público. Le hace ver que la impunidad es el primero de los males de una sociedad. Un ciudadano, que según la ley debe ser juzgado como cualquier otro, pero que goza de la posición idónea para mancharse de sangre su camisa blanca, gritar su culpabilidad a los siete vientos y aun así no tener represaría alguna. El director nos presenta una película que es de admirar desde todos los ángulos: por su calidad de cine convencional, por sus tintes de giallo, por la tan acertada música de Ennio Morricone, la interpretación de Volonté, por su fotografía y su trama, por el guion, por su denuncia clara y audible que le da un giro de tuerca nunca antes visto al género policiaco. Por su punto de vista sarcástico pero Orwelliano de un poder que está dispuesto a todo por mantener la disciplina.

Ha pasado casi medio siglo desde que Elio Petri llevó a la gran pantalla su obra maestra. Casi medio siglo y seguimos escuchando en la voz de Il Dottore a muchos de los representantes de la autoridad. Ha pasado casi medio siglo y la etiqueta de inmunidad sigue llenando de tranquilidad las mentes retorcidas de los que dictan la ley. La neurosis del poder que dibuja Petri, por lo menos en mi país, sigue latente. La arbitrariedad, la impunidad, se manifiesta escondida detrás del logotipo de partidos políticos con ilusorios discursos de progreso que a final de cuentas se mantienen a costa del sudor de sus compatriotas, se disfraza del policía que omite su multa a cambio de un billete de cuatro dígitos, de un juez que deja libre a un violador porque es su pariente o el hijo de su amigo. Se manifiesta en el número de ladrones, criminales, asesinos, que gozan de un poder que los libera de consecuencias legales.

El cine, así como cualquier otra forma de arte, debe denunciar y hacer ver lo que tanto nos gustaría ignorar. Esta obra maestra de la cinematografía italiana es un estudio exhaustivo del poder y sus técnicas de represión. ¡Es una maravilla del séptimo arte!

El ciudadano civil debe premeditar cada acción, ya que si arremete contra la ley puede ser aspirante a la condena. Hay a quienes se les permite actuar como se les dé la gana, destruir, abusar de su nivel de autoridad, hacer y deshacer. Lo más peligroso de ésos pocos insolentes, neuróticos del poder, como Il Dottore, es que son muy conscientes de su calidad de ciudadanos al di sopra di ogni sospetto.

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The Get Down; los orígenes del Hip-Hop a través de la ficción

Jose Hernández: @josechj7

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Desde hace unos 12 me he considerado un chico malo del hard-rock. Crecí escuchando canciones de Queen y Kiss con mi papá, Guns-N-Roses con un amigo del vecindario;  descubrí AC/DC gracias a Angus Young  -todo poderoso-, a fuentes como YouTube y Ares. Mientras crecía, mis encuentros con el Hip-Hop fueron escasos, casi nulos. Llegué a escuchar alguna canción del álbum debut de 50 Cent Get Rich Or Die Tryin’ (2003) con un amigo que era fan, y recuerdo la primera vez que me contaron sobre el Babo de Cartel de Santa; pero nunca había desarrollado un verdadero interés por el género y su cultura hasta que vi la serie original de Netflix producida por Sony: The Get Down (2016).

El producto final, que vio la luz en agosto de 2016, tras 10 años que tardase el director Baz Luhrmann en desarrollar el concepto, nos sitúa en el sur del Bronx, en la ciudad de Nueva York, a finales de los 70s. Nuestro protagonista, Ezekiel “zeke” Figuero (Justice Smith), es un joven poeta con ascendencia puertorriqueña que se encarga en guiarnos con sus rimas a través de su historia de éxito musical.

Todo empieza cuando Zeke conoce al artista de graffitti “Shaolin Fantastic” (Shameik Moore), fanático del kung fu y los filmes de Bruce Lee, recién egresado de “la escuela de la vida” y aprendiz de DJ Grandmaster Flash; uno de los pioneros y miembro de la Santísima Trinidad del Hip-Hop junto con DJ Kool Herc y Afrika Bambaataa.

Zeke, Shaolin y tres amigos más, los hermanos Kipling: Miles “Boo-Boo” (Tremaine Brown Jr.), Ronald “Ra-Ra” (Skylan Brooks) y Marcus “Dizzee” (Jaden Smith), forman The Fantastic 4 Plus One, después conocido como The Get Down Brothers. El grupo lucha por posicionar al Hip-Hop en una industria capitalizada por la música Disco, que entre sus representantes se encuentran: Mylene Cruz (Herizen F. Guardiola), novia de Zeke, hija del pastor religioso Ramón Cruz (Giancarlo Esposito, recordado por su papel como Gus Fring en Breaking Bad) y estrella en proceso; el hijo de la narcotraficante para la que también trabaja Shaolin, Fat Annie (Lillias White); Clarence “Cadillac” Caldwell (Yahya Abdul-Mateen ll), un gángster que solo sueña con bailar música Disco y ser jefe de tiempo completo de su sello discográfico, quien sin duda es uno de los personajes más carismáticos de la serie.

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Ésta es la segunda producción original más cara de Netflix, (solo atrás de The Crown) costando diez millones de dólares por episodio, de los cuales en su mayoría se emplean en guardaropa de época para personajes y extras, coreografías elaboradas, licencias de música de los 70s y locaciones en el Bronx.

Luhrmann, director de Moulin Rouge (2001) y The Great Gatsby (2013), recurrió a expertos -y leyendas- en el tema del Hip-Hop como Nas, Grandmaster Flash, Kurtis Blow, y Nelson George para representar su visión lo más fielmente posible. También colaboró con los artistas de graffiti Crash y Daze, quienes empezaron su trabajo vistiendo los trenes de Nueva York de colores brillantes y frases con una carga política y cultural tan profunda como el movimiento que representan.

The Get Down mezcla ficción con aspectos reales: la cultura de pandillas, los precursores del género como los DJs, los B-boys y B-girls (breakdancers, llamados así por los bailes que realizaban cuando DJ Kook Herc pinchaba los “breaks”), murales de graffiti con los que adornaban prácticamente toda la ciudad, locaciones como Les Inferno y The Mansion (haciendo alución a los icónicos clubs “Club 731” y “The Royal Mansion”, respectivamente), un excelente sondtrack propio de ambos géneros y el desapruebo por la clase alta, política y blanca estadounidense. En conjunto, estos elementos dejan a cualquiera, sin importar tus antecedentes musicales, con ganas de saber más sobre la cultura, el impacto social y la libertad que representa el Hip-Hop.

Para complementar tanto The Get Down como la historia detrás de este tema en general, les invito a leer el texto que escribió mi compañero David Azar sobre Hip-Hop Evolution, serie documental de la misma casa productora que trata más específicamente los aspectos reales del movimiento cultural.

Trainspotting; drogas en exceso durante un día nublado

Jose Hernández: @josechj7

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Hace diez años, uno de mis mejores amigos llevó a mi casa una película de la que había pasado los últimos meses hablando, convenciéndome de que si la veía me iba a gustar tanto como a él. Ésta era una de las referentes por excelencia del director británico Danny Boyle: Trainspotting (1996). El filme nos presenta a Mark Renton (interpretado por Ewan McGregor) y a su grupo de amigos: Spud (Ewen Bremner), Sickboy (Jonny Lee Miller), Begbie (Robert Carlyle) y Tommy (Kevin McKidd). Todos en sus veintes, todos escoceses y todos, a excepción de Begbie, drogadictos.

Renton abre la cinta con un monólogo en el que establece que él eligió la heroína a diferencia de las personas que por convención social eligen la vida, tener una familia, un carro, una casa, etc. En cuanto termina la voz en off, nuestro protagonista se propone a dejar la droga de una vez por todas, por lo que prepara un tratamiento inusual con música sedante, sopa de tomate (10 latas), sopa de hongos (8 latas, consumir frías), helado de vainilla (grande), leche de magnesia (1 botella), paracetamol, enjuague bucal, vitaminas, agua mineral, pornografía, un colchón, un balde para orina, otro para cagar, uno más para vomitar, una televisión y una caja de Valium. Tan pronto se instala en su búnker de rehabilitación, Renton decide salir en busca de un último golpe. Lo único que le consigue su dealer Mikey Forrester (interpretado por Irvine Welsh, autor de la novela homónima en la que se basa la cinta) es un supositorio de opio, dando pie a una de las escenas más emblemáticas de la película. Renton pesca una terrible diarrea a causa de la droga y se ve obligado a buscar un retrete imaginando un gran baño reluciente con camillas de oro, mármoles blancos, un inodoro de ébano, una cisterna llena de Chanel Nº5 y un lacayo que le pase papel higiénico de seda. Como única alternativa, Renton encuentra el baño asqueroso de un pub, o lo que él llama: El peor inodoro de Escocia. Una vez ahí, sintiendo un gran placer al liberarse de su tormento, escucha caer los supositorios de opio y decide sumergirse -literalmente- en su búsqueda. Desde esta secuencia somos ya testigos de la bien lograda fotografía de Brian Tufano. Planos como el nadir, el punto de vista y el plano general logran transmitir esa sensación de estar en un ambiente frío y nublado, muy característico del Reino Unido.

La obra de Dany Boyle nos presenta algo más que una historia sobre el problema de adicción a las drogas que se vivía en la época, y que el gobierno escocés combatía con apoyos económicos para que la gente consiguiera empleo más fácilmente (como en el caso del personaje de Spud). Por sobre todas las cosas, Trainspotting nos presenta una historia de amistad disfuncional nutrida por excesos.

La banda sonora, además de las excelentes actuaciones, es de lo que más destaca en la cinta; canciones como Lust For Life de Iggy PopPerfect Day de Lou Reed y Born Slippy (Nuxx) de Underworld denotan puntualmente el sentir del filme. El ingenio de Boyle y de su equipo se resume en la sensación que tiene el espectador de ser “absorbido por la tierra”, a través de diversas técnicas que son muy características de su estilo visual y estética de videoclip.

Han pasado veintiún años desde el estreno de Trainspotting y ocho desde que mis amigos y yo tomamos caminos distintos, por lo que no podía esperar para reunirme con ellos una vez más y disfrutar del nuevo filme de Danny Boyle T2: Trainspotting (2016), la secuela de uno de los filmes noventeros con los que crecimos. Y así lo hicimos.

T2 me pareció precisa respecto a la continuidad con su antecesora. Cabe resaltar que con tan sólo una vez que la haya visto, el director originario de Manchester me dio una cátedra sobre cómo hacer la secuela de un éxito y no morir en el intento. Dejando el tema de la drogadicción (al menos sólo un poco), Boyle se concentra ahora en la amistad de un grupo de individuos que se conocen desde niños, probablemente desde la primaria o incluso antes, cuya relación se encuentra destrozada por el hecho definitorio con el que termina la primera película. Los protagonistas nos llevan de la mano, reviviendo con y a través de ellos la nostalgia de su precuela, logrando así una experiencia que puede gozar tanto el fan familiarizado con esta pequeña saga como el espectador sin referentes. La banda sonora no baja en calidad y la estética del filme nos regresa nuevamente a ese día nublado que pasamos al norte de Inglaterra en 1996; Boyle se encargó firmemente de que el estilo audiovisual de Trainspotting no muriera en esta nueva entrega. Uno de mis temores cuando anunciaron T2 era si la película tendría escenas tan memorables e impresionantes como la primera parte, así como un alma individual que no debiera recargarse en ésta para encontrar su encanto. Mi veredicto final es que Boyle hizo un excelente trabajo.

T2: Trainspotting reúne no sólo a los actores principales del filme original, sino que también a personajes secundarios como Diane (Kelly Macdonald), Gail (Shirley Henderson) e incluso el mismo autor de la novela nuevamente encarnando a Mikey Forrester. T2 logra trascender gracias a la pasión y el amor que la producción le tiene al arte y cuyo esfuerzo en conjunto deja a Danny Boyle y Trainspotting como un referente importante del cine británico contemporáneo.

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Robinson Crusoe en Marte; enfrentando la soledad desde la Ciencia Ficción

David Azar: @DavidAzar93

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Póster francés de Robinson Crusoe on Mars

Cuando Andy Weir publicó The Martian en 2011, muchos comentarios que alababan la novela fueron en parte relacionados con la veracidad científica con que el protagonista Mark Watney, un astronauta especializado en botánica varado en Marte, se las ingenia para sobrevivir durante 560 soles marcianos (577 días terrestres aproximadamente) completamente sólo. Para la adaptación cinematográfica que Ridley Scott realizó cuatro años después, James L. Green, director de la División de Ciencias Planetarias, y Dave Lavery, ejecutivo del Programa de Exploración del Sistema Solar, asistieron al equipo de producción en representación de la NASA impartiendo información especializada, fotografías de equipos espaciales, consultoría, entre otras cosas. Según la revista Newsweek, The Martian (2015) es la película con la que más ha colaboración la agencia encargada de administrar y explorar el espacio exterior.

El planeta rojo ha sido objeto de fascinación y estudio. Desde los astrónomos del antiguo Egipto hace 3500 años, hasta el primer objeto creado por el hombre (el Mars 2 de la Union Soviética) en impactar la superficie marciana en 1971. La humanidad ha demostrado su determinación en revelar los misterios que se esconden en nuestro vecino rojo. Actualmente, Marte cuenta con dos robots rover y seis satélites artificiales en órbita explorando sus rincones. Gracias a estos avances tecnológicos, hoy contamos con una extensa cantidad de información acerca de la geología, hidrología y rotación de este planeta, y The Martian cumple su misión de ilustrar de manera realista estas evidencias científicas.

Estos datos no siempre han estado a nuestra disposición, pero la imaginación sí. Antes de la certeza científica, existían especulaciones de todo tipo en cuanto a la naturaleza del planeta vecino. La existencia de vida inteligente y la posible colonización de Marte son dos ideas que han sido el motor de una gigantesca lista de relatos fantásticos que forman parte del imaginario colectivo desde el siglo XVII. El polímata y académico alemán Athanasius Kircher (1602–1680) y el teólogo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) son dos de los primeros curiosos en plantear el concepto del contacto con Marte. Yéndonos a un contexto más moderno, la idea de civilizaciones en el planeta rojo fue un tema recurrente en la literatura de ciencia ficción de la década de los 50s: Crónicas marcianas (1950) de Ray Bradbury, Las arenas de Marte (1951) de Arthur C. Clarke y Ranger del espacio (1952) de Isaac Asimov ilustran diferentes acercamientos con la vida alienígena en este planeta.

En 1965, la nave espacial norteamericana Mariner 4 realizó el primer sobrevuelo planetario con éxito en Marte, trayendo consigo fotografías de la superficie marciana. Este evento fue un parteaguas en la percepción general del planeta rojo, pues por fin existían referencias verídicas de éste. A partir de ese momento, la ficción se adaptaría a la realidad ahora descubierta. Sin embargo, un año antes de que esto sucediera, una pequeña película independiente de ciencia ficción producida por Aubrey Schenck le atinaría a muchas de sus hipótesis marcianas, usando como esqueleto narrativo un gran clásico de la literatura inglesa: Robinson Crusoe on Mars (1964) de Byron Haskin.

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Este pastiche sci-fi de la novela de Daniel Defoe publicada en 1719 sigue al comandante Christopher “Kit” Draper (interpretado por Paul Mantee) en su intento por sobrevivir y regresar a la Tierra después de que la amenaza de impacto de un meteorito con su nave espacial lo hiciera descender a la superficie de Marte en un aterrizaje forzado. Gracias a su entrenamiento de astronauta, Kit encuentra soluciones para cubrir sus necesidades básicas: oxígeno, agua, comida y techo. ¿Les suena familiar? Acompañado de una changuita llamada Mona, Kit deberá encontrar una manera de regresar a casa. Durante su misión, descubrirá que él y Mona no están solos en el planeta rojo; en su camino, Kit rescata a un esclavo intergaláctico de apariencia humana (interpretado por Victor Lundin) y lo bautiza como “Friday”, en honor al personaje de Robinson Crusoe.

Antes de incursionar en la dirección, Haskin se había desenvuelto en otras áreas de la industria cinematográfica por veinticinco años: como director de fotografía en la década de los 20s y artista de efectos especiales a lo largo de los 30s y mitad de los 40s. Fue en este último campo en que destacó con gran singularidad; como artista de efectos especiales, Haskin estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones y llegó a ser el jefe de dicho departamento en la Warner Bros. Además de su impresionante trayectoria, Haskin ya había trabajado con los géneros de aventura y ciencia ficción desde la silla de director: la versión Live action de Disney de Treasure Island (1950), basada en la novela de Robert Louis Stevenson, y la primera adaptación cinematográfica del clásico de H.G. Wells The War of the Worlds (1953). Con este currículo de respaldo, Byron Haskin perfilaba como el candidato perfecto para llevar a la pantalla Robinson Crusoe on Mars después de que el guionista Ib Melchior lo abandonase por una agenda conflictuada con otros proyectos. Con Haskin abordo de la película, John Higgins fue contratado para reescribir algunas escenas, cambiando significativamente la historia inicial; en la versión de Melchior, Kit se enfrentaría a criaturas monstruosas, pero también se toparía con otras benignas, mientras que Higgins prefirió enfocarse en la supervivencia de Kit dentro de un Marte inmenso y solitario.

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Kit Draper (Paul Mantee) y Friday (Victor Lundin)

De entre todas las películas de ciencia ficción ambientadas en Marte, o con alguna raza marciana amenazando a la humanidad como premisa, Robinson Crusoe on Mars destaca por la naturalidad de su conflicto principal y la manera en que éste engancha al público: el instinto de supervivencia de un astronauta en el inexplorado planeta rojo. Al igual que el Robinson Crusoe original, Kit se enfrentará con un problema más agudo y filosófico una vez que haya cubierto sus necesidades para subsistir: la soledad. Uno pensaría que los problemas primordiales como la falta de oxígeno o escasez de alimentos constituirían el reto más grande para nuestro protagonista humano, pero el aislamiento es el concepto que Haskin desarrolla para construir el drama que mueve la historia y motiva al astronauta a encontrar una salida de aquel mundo. La presencia de Friday revitalizará las esperanzas de Kit, pero al mismo tiempo incrementará la urgencia de escapar del planeta; los opresores que lo esclavizaron, materializados en naves alienígenas que rastrean a sus presas y disparan rayos láser, no descansarán hasta capturar al ahora prófugo.

Los gadgets, elemento sustancial y característico del género, se limitan a dispositivos prácticos y realistas -mas no anticuados- que auxiliarán a Kit para mantenerse con vida (a excepción de las naves espaciales que someten a los esclavos intergalácticos, diseñadas por Al Nozaki). Resalta en lo particular la cámara en forma de pistola con que Kit filma desde muy lejos al grupo de esclavos del que Friday logra escapar unos segundos más tarde. A finales de esa misma década, este gadget se materializaría en las unidades Portapack de Sony que se montan en la espalda para, según Michael Lennick, “camarógrafos de noticieros y cineastas novatos”.

Posiblemente, el logro más grande de la película es la manera en que Haskin y su equipo de producción acertaron en la representación del planeta vecino tan sólo un año antes de que el Mariner 4 nos lo describiera con certeza. Previo a este evento, la idea que teníamos de Marte estaba basada en las observaciones telescópicas de astrónomos del siglo XIX como Percival Lowell y Giovanni Schiaparelli. Se creía que el imperante color rojizo de la superficie marciana, símbolo ilustre del planeta, se debía a la vegetación del lugar, entre otras ideas disparatadas. Sin tener un marco de referencia verídico, Robinson Crusoe on Mars retrató a Marte como un plantea con una geología diversa: por un lado, vemos los famosos “canales” de Schiaparelli que forman parte del escenario desértico y rocoso, mientras que los polos están conformados por casquetes de nieve. Ambas suposiciones serían corroboradas con las fotografías del Mariner 4.

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Haskin encontró sus locaciones predilectas en el desierto de Death Valley, en el Estado de California. A diferencia de los Westerns que se habían rodado en las planicies de esta zona, Haskin aprovechó las crestas pedregosas para dar vida a la topografía marciana. Para deshacerse del cielo azul que adorna el cañón californiano, Haskin empleó la técnica fotográfica del Matte para yuxtaponer las colinas con cielos de colores rojizos y anaranjados, dándole vida a un Marte no muy alejado de la realidad.

Finalmente, la música original de la película estuvo a cargo del veterano compositor Nathan Van Cleave, la cual es descrita por el sitio web de Mondo de la siguiente manera:

Los temas de Van Cleave son simultáneamente proféticos y triunfantes. Tan sólo unos cuantos años antes de que Planet of the Apes (1968) llevara la ciencia ficción a sus limites distópicos, la banda sonora de Robinson Crusoe on Mars es una pura cápsula patriótica del tiempo; sonidos de un futuro-retro de cuando el cine de ciencia ficción todavía se producía con verdadera sinceridad optimista

Esta extrapolación de un clásico literario al planeta rojo es un logro de la imaginación y la suposición científica. Hoy en día, Robinson Crusoe on Mars continua reclutando aficionados de la ciencia ficción gracias a la misma razón por la que ésta se nutre: la especulación de un futuro incierto. Se dice que para la década de 2030s el hombre llegará a Marte por vez primera, lo que causará una nueva ruptura en el tratamiento del planeta a través de la ciencia ficción. Yo, mientras tanto, seguiré revisitando la aventura de Kit, Mona y Friday, dejando que la fantasía y la acción me transporten a 225 millones de kilómetros de nuestro hogar.

Fuentes:

  • Lennick, M. (2011) Robinson Crusoe on Mars: Life on Mars. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/613-robinson-crusoe-on-mars-life-on-mars.
  • New Music Release: Robinson Crusoe on Mars. Mondo (2011) Consultado en:https://mondotees.com/blogs/news/115756291-new-music-release-robinson-crusoe-on-mars.
  • Páginas de Wikipedia: Exploration of Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Exploration_of_Mars]; Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Mars#Historical_observations]; The Martian (film) [https://en.wikipedia.org/wiki/The_Martian_(film)].

Una verdad incómoda: la preocupante realidad detrás del calentamiento global.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“En tiempos de oscuridad, no se maldice la oscuridad, se enciende una vela.” – Al Gore.

an inconvenient truth

¿Se puede debatir lo obvio? Al parecer sí. Se cree que en los próximos 10 años se derretirá el 9% de los glaciares, lo que causará un alza significativa en el nivel del mar. Las temperaturas de los océanos aumentarán dos grados centígrados este siglo, esto viene ligado a tormentas tropicales mucho más violentas. Las olas de calor han sido responsables de más muertes que las tormentas eléctricas, tornados, terremotos, huracanes e inundaciones combinados. 2005, 2010, 2014, 2015 y 2016 han sido los cinco años más calurosos de la historia. El fenómeno del calentamiento global, junto con la deforestación, está causando una pérdida de especies comparable a la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. El agravante es que esta vez el culpable no es un asteroide estrellándose contra la tierra: somos nosotros, la raza humana.

Nuestro planeta, nuestro único hogar, brama de dolor y esos quejidos lánguidos afligen cada rincón de la tierra en forma de inundaciones, tormentas, sequías, desastres naturales. Aun así, y a pesar de todos estos hechos tan evidentes, el número de escépticos en torno al tema del cambio climático sigue siendo un aproximado de 4 de cada 10 personas. ¿De un cuarenta a un treinta por ciento de la población indispuesta a colaborar?

“La tierra tiene fiebre. Si tu bebé tiene fiebre vas al doctor. Si el doctor te dice que hay que intervenir, te aseguro que no dirías Bueno, es que leí una novela de ciencia ficción que me dijo que esto no era tan grave. Si la cuna está en llamas, no especulas que tu bebé es resistente al fuego, al contrario, actúas” – Al Gore.

Albert Arnold “Al” Gore, Jr. es un político y abogado que fungió como Vicepresidente de los Estados Unidos (1993 – 2001) durante el gobierno de Bill Clinton. Fue también el candidato del partido demócrata para la elección del 2000 contra George W. Bush, ganando el voto popular pero derrocado en el fallo del Colegio Electoral. A partir de entonces ha dedicado su carrera a la difusión y la concientización de los efectos que trae consigo el cambio climático y la manera de contrarrestar este fenómeno. Fue por esta labor que Al Gore ganó el premio Nobel de la Paz en el 2007, junto con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Un año antes, en el 2006, Davis Guggenheim llevó a la gran pantalla el trabajo diario del ex vicepresidente de Estados Unidos por educar a personas de todo el mundo sobre el calentamiento global: An Inconvenient Truth (2006).

“Me senté allí y estoy sorprendido de la rigurosidad y precisión. Después de la presentación, dije: Al, estoy absolutamente impresionado. Hay un montón de detalles que podrías malinterpretar. […] Tomó todo el material importante y lo comprendió bien.” – Robert Corell, presidente de Evaluación del Impacto Climático Ártico.

En la cinta, galardonada por la academia con el Oscar a Mejor Documental, vemos al mismo Al Gore desmenuzando esa Verdad Incómoda, malinterpretada, tan sonada pero poco estudiada, centro de debates y alegatos entre escépticos y no tan escépticos. Nos explica el sufrimiento que le hemos ocasionado a nuestra tierra. Lo expone de manera simple, con imágenes y gráficas. Despliega las causas del Calentamiento Global, lo que éste trae consigo y también cómo contrarrestarlo. El documental bien puede funcionar como el primer paso de la incredulidad a la consciencia o de la indiferencia a la acción.

No basta más que mirar por la ventana. Observar. La naturaleza es tan asombrosa y tan maravillosamente sabia que cada detalle, por minúsculo que parezca, fue puesto ahí con el fin de propiciar las condiciones idóneas para nuestro subsistir. No pudimos haber pedido un mejor hogar: todo tan caldulado, todo se correlaciona y nuestra biósfera, ese conjunto de agua, tierra y aire, funciona en perfecta armonía para permitir el desarrollo y la existencia de los seres vivos.

No obstante, nuestra sed de poder y el supuesto “progreso económico” nos ha llevado a montar el coche del capitalismo que de tanta velocidad parece ya haber perdido los frenos. Esto ha roto la armonía con la que operaba nuestra tierra, enfermándola y amenazando la vida de muchas especies, incluyendo la nuestra. Somos los culpables, pero también somos la víctima y los únicos que le pueden dar solución al problema.

“La contaminación no es nada más que el producto de la inconsciencia del hombre con respecto al uso de recursos.” – Al Gore

Todo aquello ya lo he escuchado, dirán. ¿Cuál es la verdad incómoda que explica Al Gore? En resumidas cuentas, todo comienza con el sol, la fuente de calor para la tierra. Como se comentó antes, el ecosistema está idílicamente planeado. Bueno, las placas polares, los glaciares y las nubes, funcionan como un espejo que refleja los rajos del sol de vuelta al espacio. El agua y la tierra, en cambio, absorben la radiación térmica, concentrando una buena parte de ese calor dentro de nuestra atmósfera: este ciclo se llama Efecto invernadero, la razón por la que la vida como la conocemos existe. Por desgracia, la actividad humana (principalmente a partir de la Revolución Industrial), ha causado el incremento de uno de los gases del efecto invernadero. El dióxido de carbono (CO2) atrapado en la atmósfera está creciendo por la combustión de carbón, petróleo y gas natural, lo que provoca las prominentes temperaturas.

Los océanos conforman un 70% de nuestro planeta y son sus aguas las que atrapan el 90% del calor que recibimos. Las temperaturas dentro de nuestra atmósfera están provocando que los glaciares se derritan; menos efecto espejo y más absorción de calor. El nivel del mar podría elevarse hasta un metro para finales del siglo.

“Si se funde la mitad de la Antártida, Wall Street, la capital financiera del mundo, quedará sumergida bajo el agua.”  Al Gore.

Las inundaciones son solamente uno de los efectos del aumento de temperatura oceánica. El desplazamiento de especies marítimas hacia los polos para escapar del calor hace de la pesca una labor casi obsoleta. Para muchos países la falta de peces es sinónimo a la escasez alimenticia. Los arrecifes corales, de los que dependen alrededor de 4,000 especies marinas, se están secando y muriendo. ¿Osos polares? ¿Focas? Su futuro no parece muy esperanzador.

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A la raza humana le tomó mil generaciones llegar al billón de habitantes y de pronto en una sola generación la población subió de dos billones a siete billones. ¡En una sola generación! Se cree que para el tiempo que le resta a los baby boomers, seremos 9,1 billones de habitantes en la tierra. Y cada uno de nosotros, al acostumbrarnos al consumismo desmedido, al vendarnos los ojos para formar parte de un sistema que poco se concentra por el futuro de nuestro hábitat, por las nuevas generaciones, colabora en agravar el padecimiento de nuestro planeta.

Concentrémonos en Estados Unidos, no solamente porque el personaje principal de este documental es uno de los principales políticos del país, sino porque es esta parcela la que más ha asfixiado al planeta. El principal impulsor del calentamiento global es Estados Unidos provocando un 30,3%, seguido por China, Ruisa, la India, Alemania y Reino Unido.

Barack Obama, consciente del daño que le ha ocasionado su país a la tierra y durante su tiempo en la Casa Blanca, lanzó un Plan de Energía Limpia imponiendo a centrales eléctricas una contundente disminución de sus emisiones de carbono. Hoy, a diez años de que se estrenó el filme de Al Gore y después de muchas mejoras en políticas climáticas y de contaminación, no solamente en EUA, sino en todo el mundo, el nuevo presidente de los Estados Unidos se ha comprometido a retirar a su país del Acuerdo Climático de París, uno de los sellos internacionales de compromiso por el futuro de nuestra naturaleza más significativos. El magnate/presidente está decidido a promover la producción de combustibles fósiles y actividades económicas que se encuentran en conflicto con prohibiciones ambientales. Dice buscar terminar con la guerra contra el carbón y los reglamentos para matar el trabajo.

También hoy, a diez años de que se estrenó el documental, comienza a anunciarse la secuela a Una verdad incómoda, que se titulará Una secuela incómoda (An Inconvenient Sequel: Truth to Power, 2017), y que apunta el discurso en contra de Mr. Trump.

La labor de Al Gore, es la de informar y abrir consciencias. Es difícil darse cuenta de realidades graduales, ya que nos acostumbramos a ellas. ¿Un grado al año? ¿Unos centímetros más en el nivel del mar? No hay quién lo perciba. Pero llegará el día en el que la demora y el mañana empiezo será un ya es demasiado tarde. Y ahí en ese demasiado tarde perecerán todas las memorias de la historia humana, todos los cuentos, los sentimientos, los anhelos, los amores, los libros, monumentos, las ciudades. Todos los progresos sociales, las luchas por la igualdad. Las sonrisas, los llantos. Las películas. Los adelantos científicos. Las familias. Los amigos. Los días bajo el sol. Las largas caminatas bajo la luna. Las creencias. Los momentos. Los seres que más amamos. Lo que hemos sido. Lo que conocemos. La vida, desecha por nuestra terquedad insaciable.

“Este no es un asunto político. Es un asunto moral.” – Al Gore.

Seamos coherentes. Defender al planeta, es defender la vida. Para el universo infinito, la tierra podrá ser una mancha azul insignificante, para nosotros esa mancha azul lo es todo.