Trainspotting; drogas en exceso durante un día nublado

Jose Hernández: @josechj7

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Hace diez años, uno de mis mejores amigos llevó a mi casa una película de la que había pasado los últimos meses hablando, convenciéndome de que si la veía me iba a gustar tanto como a él. Ésta era una de las referentes por excelencia del director británico Danny Boyle: Trainspotting (1996). El filme nos presenta a Mark Renton (interpretado por Ewan McGregor) y a su grupo de amigos: Spud (Ewen Bremner), Sickboy (Jonny Lee Miller), Begbie (Robert Carlyle) y Tommy (Kevin McKidd). Todos en sus veintes, todos escoceses y todos, a excepción de Begbie, drogadictos.

Renton abre la cinta con un monólogo en el que establece que él eligió la heroína a diferencia de las personas que por convención social eligen la vida, tener una familia, un carro, una casa, etc. En cuanto termina la voz en off, nuestro protagonista se propone a dejar la droga de una vez por todas, por lo que prepara un tratamiento inusual con música sedante, sopa de tomate (10 latas), sopa de hongos (8 latas, consumir frías), helado de vainilla (grande), leche de magnesia (1 botella), paracetamol, enjuague bucal, vitaminas, agua mineral, pornografía, un colchón, un balde para orina, otro para cagar, uno más para vomitar, una televisión y una caja de Valium. Tan pronto se instala en su búnker de rehabilitación, Renton decide salir en busca de un último golpe. Lo único que le consigue su dealer Mikey Forrester (interpretado por Irvine Welsh, autor de la novela homónima en la que se basa la cinta) es un supositorio de opio, dando pie a una de las escenas más emblemáticas de la película. Renton pesca una terrible diarrea a causa de la droga y se ve obligado a buscar un retrete imaginando un gran baño reluciente con camillas de oro, mármoles blancos, un inodoro de ébano, una cisterna llena de Chanel Nº5 y un lacayo que le pase papel higiénico de seda. Como única alternativa, Renton encuentra el baño asqueroso de un pub, o lo que él llama: El peor inodoro de Escocia. Una vez ahí, sintiendo un gran placer al liberarse de su tormento, escucha caer los supositorios de opio y decide sumergirse -literalmente- en su búsqueda. Desde esta secuencia somos ya testigos de la bien lograda fotografía de Brian Tufano. Planos como el nadir, el punto de vista y el plano general logran transmitir esa sensación de estar en un ambiente frío y nublado, muy característico del Reino Unido.

La obra de Dany Boyle nos presenta algo más que una historia sobre el problema de adicción a las drogas que se vivía en la época, y que el gobierno escocés combatía con apoyos económicos para que la gente consiguiera empleo más fácilmente (como en el caso del personaje de Spud). Por sobre todas las cosas, Trainspotting nos presenta una historia de amistad disfuncional nutrida por excesos.

La banda sonora, además de las excelentes actuaciones, es de lo que más destaca en la cinta; canciones como Lust For Life de Iggy PopPerfect Day de Lou Reed y Born Slippy (Nuxx) de Underworld denotan puntualmente el sentir del filme. El ingenio de Boyle y de su equipo se resume en la sensación que tiene el espectador de ser “absorbido por la tierra”, a través de diversas técnicas que son muy características de su estilo visual y estética de videoclip.

Han pasado veintiún años desde el estreno de Trainspotting y ocho desde que mis amigos y yo tomamos caminos distintos, por lo que no podía esperar para reunirme con ellos una vez más y disfrutar del nuevo filme de Danny Boyle T2: Trainspotting (2016), la secuela de uno de los filmes noventeros con los que crecimos. Y así lo hicimos.

T2 me pareció precisa respecto a la continuidad con su antecesora. Cabe resaltar que con tan sólo una vez que la haya visto, el director originario de Manchester me dio una cátedra sobre cómo hacer la secuela de un éxito y no morir en el intento. Dejando el tema de la drogadicción (al menos sólo un poco), Boyle se concentra ahora en la amistad de un grupo de individuos que se conocen desde niños, probablemente desde la primaria o incluso antes, cuya relación se encuentra destrozada por el hecho definitorio con el que termina la primera película. Los protagonistas nos llevan de la mano, reviviendo con y a través de ellos la nostalgia de su precuela, logrando así una experiencia que puede gozar tanto el fan familiarizado con esta pequeña saga como el espectador sin referentes. La banda sonora no baja en calidad y la estética del filme nos regresa nuevamente a ese día nublado que pasamos al norte de Inglaterra en 1996; Boyle se encargó firmemente de que el estilo audiovisual de Trainspotting no muriera en esta nueva entrega. Uno de mis temores cuando anunciaron T2 era si la película tendría escenas tan memorables e impresionantes como la primera parte, así como un alma individual que no debiera recargarse en ésta para encontrar su encanto. Mi veredicto final es que Boyle hizo un excelente trabajo.

T2: Trainspotting reúne no sólo a los actores principales del filme original, sino que también a personajes secundarios como Diane (Kelly Macdonald), Gail (Shirley Henderson) e incluso el mismo autor de la novela nuevamente encarnando a Mikey Forrester. T2 logra trascender gracias a la pasión y el amor que la producción le tiene al arte y cuyo esfuerzo en conjunto deja a Danny Boyle y Trainspotting como un referente importante del cine británico contemporáneo.

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Robinson Crusoe en Marte; enfrentando la soledad desde la Ciencia Ficción

David Azar: @DavidAzar93

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Póster francés de Robinson Crusoe on Mars

Cuando Andy Weir publicó The Martian en 2011, muchos comentarios que alababan la novela fueron en parte relacionados con la veracidad científica con que el protagonista Mark Watney, un astronauta especializado en botánica varado en Marte, se las ingenia para sobrevivir durante 560 soles marcianos (577 días terrestres aproximadamente) completamente sólo. Para la adaptación cinematográfica que Ridley Scott realizó cuatro años después, James L. Green, director de la División de Ciencias Planetarias, y Dave Lavery, ejecutivo del Programa de Exploración del Sistema Solar, asistieron al equipo de producción en representación de la NASA impartiendo información especializada, fotografías de equipos espaciales, consultoría, entre otras cosas. Según la revista Newsweek, The Martian (2015) es la película con la que más ha colaboración la agencia encargada de administrar y explorar el espacio exterior.

El planeta rojo ha sido objeto de fascinación y estudio. Desde los astrónomos del antiguo Egipto hace 3500 años, hasta el primer objeto creado por el hombre (el Mars 2 de la Union Soviética) en impactar la superficie marciana en 1971. La humanidad ha demostrado su determinación en revelar los misterios que se esconden en nuestro vecino rojo. Actualmente, Marte cuenta con dos robots rover y seis satélites artificiales en órbita explorando sus rincones. Gracias a estos avances tecnológicos, hoy contamos con una extensa cantidad de información acerca de la geología, hidrología y rotación de este planeta, y The Martian cumple su misión de ilustrar de manera realista estas evidencias científicas.

Estos datos no siempre han estado a nuestra disposición, pero la imaginación sí. Antes de la certeza científica, existían especulaciones de todo tipo en cuanto a la naturaleza del planeta vecino. La existencia de vida inteligente y la posible colonización de Marte son dos ideas que han sido el motor de una gigantesca lista de relatos fantásticos que forman parte del imaginario colectivo desde el siglo XVII. El polímata y académico alemán Athanasius Kircher (1602–1680) y el teólogo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) son dos de los primeros curiosos en plantear el concepto del contacto con Marte. Yéndonos a un contexto más moderno, la idea de civilizaciones en el planeta rojo fue un tema recurrente en la literatura de ciencia ficción de la década de los 50s: Crónicas marcianas (1950) de Ray Bradbury, Las arenas de Marte (1951) de Arthur C. Clarke y Ranger del espacio (1952) de Isaac Asimov ilustran diferentes acercamientos con la vida alienígena en este planeta.

En 1965, la nave espacial norteamericana Mariner 4 realizó el primer sobrevuelo planetario con éxito en Marte, trayendo consigo fotografías de la superficie marciana. Este evento fue un parteaguas en la percepción general del planeta rojo, pues por fin existían referencias verídicas de éste. A partir de ese momento, la ficción se adaptaría a la realidad ahora descubierta. Sin embargo, un año antes de que esto sucediera, una pequeña película independiente de ciencia ficción producida por Aubrey Schenck le atinaría a muchas de sus hipótesis marcianas, usando como esqueleto narrativo un gran clásico de la literatura inglesa: Robinson Crusoe on Mars (1964) de Byron Haskin.

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Este pastiche sci-fi de la novela de Daniel Defoe publicada en 1719 sigue al comandante Christopher “Kit” Draper (interpretado por Paul Mantee) en su intento por sobrevivir y regresar a la Tierra después de que la amenaza de impacto de un meteorito con su nave espacial lo hiciera descender a la superficie de Marte en un aterrizaje forzado. Gracias a su entrenamiento de astronauta, Kit encuentra soluciones para cubrir sus necesidades básicas: oxígeno, agua, comida y techo. ¿Les suena familiar? Acompañado de una changuita llamada Mona, Kit deberá encontrar una manera de regresar a casa. Durante su misión, descubrirá que él y Mona no están solos en el planeta rojo; en su camino, Kit rescata a un esclavo intergaláctico de apariencia humana (interpretado por Victor Lundin) y lo bautiza como “Friday”, en honor al personaje de Robinson Crusoe.

Antes de incursionar en la dirección, Haskin se había desenvuelto en otras áreas de la industria cinematográfica por veinticinco años: como director de fotografía en la década de los 20s y artista de efectos especiales a lo largo de los 30s y mitad de los 40s. Fue en este último campo en que destacó con gran singularidad; como artista de efectos especiales, Haskin estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones y llegó a ser el jefe de dicho departamento en la Warner Bros. Además de su impresionante trayectoria, Haskin ya había trabajado con los géneros de aventura y ciencia ficción desde la silla de director: la versión Live action de Disney de Treasure Island (1950), basada en la novela de Robert Louis Stevenson, y la primera adaptación cinematográfica del clásico de H.G. Wells The War of the Worlds (1953). Con este currículo de respaldo, Byron Haskin perfilaba como el candidato perfecto para llevar a la pantalla Robinson Crusoe on Mars después de que el guionista Ib Melchior lo abandonase por una agenda conflictuada con otros proyectos. Con Haskin abordo de la película, John Higgins fue contratado para reescribir algunas escenas, cambiando significativamente la historia inicial; en la versión de Melchior, Kit se enfrentaría a criaturas monstruosas, pero también se toparía con otras benignas, mientras que Higgins prefirió enfocarse en la supervivencia de Kit dentro de un Marte inmenso y solitario.

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Kit Draper (Paul Mantee) y Friday (Victor Lundin)

De entre todas las películas de ciencia ficción ambientadas en Marte, o con alguna raza marciana amenazando a la humanidad como premisa, Robinson Crusoe on Mars destaca por la naturalidad de su conflicto principal y la manera en que éste engancha al público: el instinto de supervivencia de un astronauta en el inexplorado planeta rojo. Al igual que el Robinson Crusoe original, Kit se enfrentará con un problema más agudo y filosófico una vez que haya cubierto sus necesidades para subsistir: la soledad. Uno pensaría que los problemas primordiales como la falta de oxígeno o escasez de alimentos constituirían el reto más grande para nuestro protagonista humano, pero el aislamiento es el concepto que Haskin desarrolla para construir el drama que mueve la historia y motiva al astronauta a encontrar una salida de aquel mundo. La presencia de Friday revitalizará las esperanzas de Kit, pero al mismo tiempo incrementará la urgencia de escapar del planeta; los opresores que lo esclavizaron, materializados en naves alienígenas que rastrean a sus presas y disparan rayos láser, no descansarán hasta capturar al ahora prófugo.

Los gadgets, elemento sustancial y característico del género, se limitan a dispositivos prácticos y realistas -mas no anticuados- que auxiliarán a Kit para mantenerse con vida (a excepción de las naves espaciales que someten a los esclavos intergalácticos, diseñadas por Al Nozaki). Resalta en lo particular la cámara en forma de pistola con que Kit filma desde muy lejos al grupo de esclavos del que Friday logra escapar unos segundos más tarde. A finales de esa misma década, este gadget se materializaría en las unidades Portapack de Sony que se montan en la espalda para, según Michael Lennick, “camarógrafos de noticieros y cineastas novatos”.

Posiblemente, el logro más grande de la película es la manera en que Haskin y su equipo de producción acertaron en la representación del planeta vecino tan sólo un año antes de que el Mariner 4 nos lo describiera con certeza. Previo a este evento, la idea que teníamos de Marte estaba basada en las observaciones telescópicas de astrónomos del siglo XIX como Percival Lowell y Giovanni Schiaparelli. Se creía que el imperante color rojizo de la superficie marciana, símbolo ilustre del planeta, se debía a la vegetación del lugar, entre otras ideas disparatadas. Sin tener un marco de referencia verídico, Robinson Crusoe on Mars retrató a Marte como un plantea con una geología diversa: por un lado, vemos los famosos “canales” de Schiaparelli que forman parte del escenario desértico y rocoso, mientras que los polos están conformados por casquetes de nieve. Ambas suposiciones serían corroboradas con las fotografías del Mariner 4.

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Haskin encontró sus locaciones predilectas en el desierto de Death Valley, en el Estado de California. A diferencia de los Westerns que se habían rodado en las planicies de esta zona, Haskin aprovechó las crestas pedregosas para dar vida a la topografía marciana. Para deshacerse del cielo azul que adorna el cañón californiano, Haskin empleó la técnica fotográfica del Matte para yuxtaponer las colinas con cielos de colores rojizos y anaranjados, dándole vida a un Marte no muy alejado de la realidad.

Finalmente, la música original de la película estuvo a cargo del veterano compositor Nathan Van Cleave, la cual es descrita por el sitio web de Mondo de la siguiente manera:

Los temas de Van Cleave son simultáneamente proféticos y triunfantes. Tan sólo unos cuantos años antes de que Planet of the Apes (1968) llevara la ciencia ficción a sus limites distópicos, la banda sonora de Robinson Crusoe on Mars es una pura cápsula patriótica del tiempo; sonidos de un futuro-retro de cuando el cine de ciencia ficción todavía se producía con verdadera sinceridad optimista

Esta extrapolación de un clásico literario al planeta rojo es un logro de la imaginación y la suposición científica. Hoy en día, Robinson Crusoe on Mars continua reclutando aficionados de la ciencia ficción gracias a la misma razón por la que ésta se nutre: la especulación de un futuro incierto. Se dice que para la década de 2030s el hombre llegará a Marte por vez primera, lo que causará una nueva ruptura en el tratamiento del planeta a través de la ciencia ficción. Yo, mientras tanto, seguiré revisitando la aventura de Kit, Mona y Friday, dejando que la fantasía y la acción me transporten a 225 millones de kilómetros de nuestro hogar.

Fuentes:

  • Lennick, M. (2011) Robinson Crusoe on Mars: Life on Mars. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/613-robinson-crusoe-on-mars-life-on-mars.
  • New Music Release: Robinson Crusoe on Mars. Mondo (2011) Consultado en:https://mondotees.com/blogs/news/115756291-new-music-release-robinson-crusoe-on-mars.
  • Páginas de Wikipedia: Exploration of Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Exploration_of_Mars]; Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Mars#Historical_observations]; The Martian (film) [https://en.wikipedia.org/wiki/The_Martian_(film)].

Una verdad incómoda: la preocupante realidad detrás del calentamiento global.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“En tiempos de oscuridad, no se maldice la oscuridad, se enciende una vela.” – Al Gore.

an inconvenient truth

¿Se puede debatir lo obvio? Al parecer sí. Se cree que en los próximos 10 años se derretirá el 9% de los glaciares, lo que causará un alza significativa en el nivel del mar. Las temperaturas de los océanos aumentarán dos grados centígrados este siglo, esto viene ligado a tormentas tropicales mucho más violentas. Las olas de calor han sido responsables de más muertes que las tormentas eléctricas, tornados, terremotos, huracanes e inundaciones combinados. 2005, 2010, 2014, 2015 y 2016 han sido los cinco años más calurosos de la historia. El fenómeno del calentamiento global, junto con la deforestación, está causando una pérdida de especies comparable a la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. El agravante es que esta vez el culpable no es un asteroide estrellándose contra la tierra: somos nosotros, la raza humana.

Nuestro planeta, nuestro único hogar, brama de dolor y esos quejidos lánguidos afligen cada rincón de la tierra en forma de inundaciones, tormentas, sequías, desastres naturales. Aun así, y a pesar de todos estos hechos tan evidentes, el número de escépticos en torno al tema del cambio climático sigue siendo un aproximado de 4 de cada 10 personas. ¿De un cuarenta a un treinta por ciento de la población indispuesta a colaborar?

“La tierra tiene fiebre. Si tu bebé tiene fiebre vas al doctor. Si el doctor te dice que hay que intervenir, te aseguro que no dirías Bueno, es que leí una novela de ciencia ficción que me dijo que esto no era tan grave. Si la cuna está en llamas, no especulas que tu bebé es resistente al fuego, al contrario, actúas” – Al Gore.

Albert Arnold “Al” Gore, Jr. es un político y abogado que fungió como Vicepresidente de los Estados Unidos (1993 – 2001) durante el gobierno de Bill Clinton. Fue también el candidato del partido demócrata para la elección del 2000 contra George W. Bush, ganando el voto popular pero derrocado en el fallo del Colegio Electoral. A partir de entonces ha dedicado su carrera a la difusión y la concientización de los efectos que trae consigo el cambio climático y la manera de contrarrestar este fenómeno. Fue por esta labor que Al Gore ganó el premio Nobel de la Paz en el 2007, junto con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Un año antes, en el 2006, Davis Guggenheim llevó a la gran pantalla el trabajo diario del ex vicepresidente de Estados Unidos por educar a personas de todo el mundo sobre el calentamiento global: An Inconvenient Truth (2006).

“Me senté allí y estoy sorprendido de la rigurosidad y precisión. Después de la presentación, dije: Al, estoy absolutamente impresionado. Hay un montón de detalles que podrías malinterpretar. […] Tomó todo el material importante y lo comprendió bien.” – Robert Corell, presidente de Evaluación del Impacto Climático Ártico.

En la cinta, galardonada por la academia con el Oscar a Mejor Documental, vemos al mismo Al Gore desmenuzando esa Verdad Incómoda, malinterpretada, tan sonada pero poco estudiada, centro de debates y alegatos entre escépticos y no tan escépticos. Nos explica el sufrimiento que le hemos ocasionado a nuestra tierra. Lo expone de manera simple, con imágenes y gráficas. Despliega las causas del Calentamiento Global, lo que éste trae consigo y también cómo contrarrestarlo. El documental bien puede funcionar como el primer paso de la incredulidad a la consciencia o de la indiferencia a la acción.

No basta más que mirar por la ventana. Observar. La naturaleza es tan asombrosa y tan maravillosamente sabia que cada detalle, por minúsculo que parezca, fue puesto ahí con el fin de propiciar las condiciones idóneas para nuestro subsistir. No pudimos haber pedido un mejor hogar: todo tan caldulado, todo se correlaciona y nuestra biósfera, ese conjunto de agua, tierra y aire, funciona en perfecta armonía para permitir el desarrollo y la existencia de los seres vivos.

No obstante, nuestra sed de poder y el supuesto “progreso económico” nos ha llevado a montar el coche del capitalismo que de tanta velocidad parece ya haber perdido los frenos. Esto ha roto la armonía con la que operaba nuestra tierra, enfermándola y amenazando la vida de muchas especies, incluyendo la nuestra. Somos los culpables, pero también somos la víctima y los únicos que le pueden dar solución al problema.

“La contaminación no es nada más que el producto de la inconsciencia del hombre con respecto al uso de recursos.” – Al Gore

Todo aquello ya lo he escuchado, dirán. ¿Cuál es la verdad incómoda que explica Al Gore? En resumidas cuentas, todo comienza con el sol, la fuente de calor para la tierra. Como se comentó antes, el ecosistema está idílicamente planeado. Bueno, las placas polares, los glaciares y las nubes, funcionan como un espejo que refleja los rajos del sol de vuelta al espacio. El agua y la tierra, en cambio, absorben la radiación térmica, concentrando una buena parte de ese calor dentro de nuestra atmósfera: este ciclo se llama Efecto invernadero, la razón por la que la vida como la conocemos existe. Por desgracia, la actividad humana (principalmente a partir de la Revolución Industrial), ha causado el incremento de uno de los gases del efecto invernadero. El dióxido de carbono (CO2) atrapado en la atmósfera está creciendo por la combustión de carbón, petróleo y gas natural, lo que provoca las prominentes temperaturas.

Los océanos conforman un 70% de nuestro planeta y son sus aguas las que atrapan el 90% del calor que recibimos. Las temperaturas dentro de nuestra atmósfera están provocando que los glaciares se derritan; menos efecto espejo y más absorción de calor. El nivel del mar podría elevarse hasta un metro para finales del siglo.

“Si se funde la mitad de la Antártida, Wall Street, la capital financiera del mundo, quedará sumergida bajo el agua.”  Al Gore.

Las inundaciones son solamente uno de los efectos del aumento de temperatura oceánica. El desplazamiento de especies marítimas hacia los polos para escapar del calor hace de la pesca una labor casi obsoleta. Para muchos países la falta de peces es sinónimo a la escasez alimenticia. Los arrecifes corales, de los que dependen alrededor de 4,000 especies marinas, se están secando y muriendo. ¿Osos polares? ¿Focas? Su futuro no parece muy esperanzador.

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A la raza humana le tomó mil generaciones llegar al billón de habitantes y de pronto en una sola generación la población subió de dos billones a siete billones. ¡En una sola generación! Se cree que para el tiempo que le resta a los baby boomers, seremos 9,1 billones de habitantes en la tierra. Y cada uno de nosotros, al acostumbrarnos al consumismo desmedido, al vendarnos los ojos para formar parte de un sistema que poco se concentra por el futuro de nuestro hábitat, por las nuevas generaciones, colabora en agravar el padecimiento de nuestro planeta.

Concentrémonos en Estados Unidos, no solamente porque el personaje principal de este documental es uno de los principales políticos del país, sino porque es esta parcela la que más ha asfixiado al planeta. El principal impulsor del calentamiento global es Estados Unidos provocando un 30,3%, seguido por China, Ruisa, la India, Alemania y Reino Unido.

Barack Obama, consciente del daño que le ha ocasionado su país a la tierra y durante su tiempo en la Casa Blanca, lanzó un Plan de Energía Limpia imponiendo a centrales eléctricas una contundente disminución de sus emisiones de carbono. Hoy, a diez años de que se estrenó el filme de Al Gore y después de muchas mejoras en políticas climáticas y de contaminación, no solamente en EUA, sino en todo el mundo, el nuevo presidente de los Estados Unidos se ha comprometido a retirar a su país del Acuerdo Climático de París, uno de los sellos internacionales de compromiso por el futuro de nuestra naturaleza más significativos. El magnate/presidente está decidido a promover la producción de combustibles fósiles y actividades económicas que se encuentran en conflicto con prohibiciones ambientales. Dice buscar terminar con la guerra contra el carbón y los reglamentos para matar el trabajo.

También hoy, a diez años de que se estrenó el documental, comienza a anunciarse la secuela a Una verdad incómoda, que se titulará Una secuela incómoda (An Inconvenient Sequel: Truth to Power, 2017), y que apunta el discurso en contra de Mr. Trump.

La labor de Al Gore, es la de informar y abrir consciencias. Es difícil darse cuenta de realidades graduales, ya que nos acostumbramos a ellas. ¿Un grado al año? ¿Unos centímetros más en el nivel del mar? No hay quién lo perciba. Pero llegará el día en el que la demora y el mañana empiezo será un ya es demasiado tarde. Y ahí en ese demasiado tarde perecerán todas las memorias de la historia humana, todos los cuentos, los sentimientos, los anhelos, los amores, los libros, monumentos, las ciudades. Todos los progresos sociales, las luchas por la igualdad. Las sonrisas, los llantos. Las películas. Los adelantos científicos. Las familias. Los amigos. Los días bajo el sol. Las largas caminatas bajo la luna. Las creencias. Los momentos. Los seres que más amamos. Lo que hemos sido. Lo que conocemos. La vida, desecha por nuestra terquedad insaciable.

“Este no es un asunto político. Es un asunto moral.” – Al Gore.

Seamos coherentes. Defender al planeta, es defender la vida. Para el universo infinito, la tierra podrá ser una mancha azul insignificante, para nosotros esa mancha azul lo es todo.

La Bella y la Bestia de Jean Cocteau; la magia también puede ser melancólica

David Azar: @DavidAzar93

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En la infancia, creemos todo aquello que se nos cuenta y nunca lo metemos en duda. Creemos que el hecho de arrancar una rosa de un jardín puede originar dramas en una familia. Creemos que las manos de una bestia humana humean y que a esta bestia le avergüenza que una chica viva en su castillo. Creemos éstas y otras tantas cosas ingenuas.

Es un poco de esta ingenuidad la que yo les pido y, para traernos a todos un poco de suerte, permítanme decirles tres palabras mágicas, las verdaderas “ábrete sesamo” de la infancia: erase una vez.  – Jean Cocteau

Con este mensaje se dirige Jean Cocteau a su público al inicio de La Belle et la Bête (1946), la primera adaptación cinematográfica del famoso cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. El fin de semana pasado se estrenó la versión Live Action de Disney de la misma obra literaria, protagonizada en esta ocasión por Emma Watson y basándose enteramente en la película animada que el mismo estudio realizó en 1991 (adaptación que vive en el imaginario colectivo de toda una generación como la referencia por excelencia de este cuento francés). Con el nuevo proyecto de Disney de traer a la pantalla grande las versiones en carne y hueso de sus joyas animadas (siendo Cinderella y The Jungle Book las primeras de la agenda), Emma Watson se perfila como la elegida para despertar la infancia de muchos bajo la piel de la princesa que seguramente muchas actrices anhelaron interpretar.

Por otro lado, la versión de Cocteau conserva una cualidad que ninguna de las demás adaptaciones ha logrado repetir después de ella: a pesar de ser una película de fantasía, en la que la magia impera a lo largo e la historia, La bella y la bestia de Cocteau goza de una magia tangible, más realista y seductora que nada tiene que ver con los efectos especiales prácticos ligados a la época, sino con el tratamiento humanista del mismo material y de sus personajes. En otras palabras, en esta La Belle et la Bête resulta más fácil empatizar con sus personajes principales, pues sus motivaciones y miedos son más ambiguos y, por ende, más complejos (particularmente en el caso de Bestia). Es importante mencionar que ésta tampoco fue una adaptación cien por ciento fiel del cuento original, aunque sí muchísimo más apegada; el poeta, escritor, pintor y cineasta francés hizo unos cuantos ajustes a la historia, haciendo del final el cambio más drástico de todos, dando paso a una lectura totalmente nueva y más melancólica.

Para su ambiciosa adaptación, Cocteau reunió a los mejores talentos de la industria cinematográfica francesa de su momento: Henri Alekan fue el director de fotografía, Christian Bérard se encargó del diseño de producción, Marcel Escoffier del suntuoso vestuario, Georges Auric escribió la música del filme y Jean Marais y Josette Day encarnaron a la mítica pareja. Además, el veterano director René Clément (acreditado como consejero técnico) auxilió a Cocteau con muchos de los efectos visuales de la película. Para rematar, Hagop Arakelian hizo la ardua tarea del maquillaje; solo para la aplicación de maquillaje de Bestia a Jean Marais se empleaban cinco horas. El resultado final de esta colaboración de veteranos fue una obra maestra del cine de cuento de hadas, impactante por su diseño, en muchas ocasiones surrealista, que materializa un universo hechizado de manera efectiva apoyándose de sus efectos especiales prácticos.

Desde sus primeras escenas, Jean Cocteau optó por humanizar el mundo mágico de Leprince de Beaumont, primero introduciendo a Bella y su familia –dos crueles hermanas, un hermano blandengue y un padre enfermo y con poca autoridad moral- en un mundo mordaz y difícil, lejos de aquél que Disney nos pintaría muchos años después con una modesta bibliotecaria y su padre trabajador, quienes viven sin lujos pero felices. En este contexto, las odiosas hermanas Félicie y Adélaïde, soñando con riquezas lejos de las posibilidades de su pobre padre, buscan hacerle la vida imposible a Bella con travesuras e insultos. Avenant (también interpretado por Marais) procura ser el amor de Bella hasta el cansancio, pero ni su belleza ni sus encantos logran conquistar a nuestra protagonista, quien únicamente vela por el bienestar de su padre. Sin embargo, más adelante descubriremos que sí existe una atracción física por parte de Bella hacia Avenant, detalle que será clave para la conclusión de la historia. Este mundo vil, escaso de oportunidades, y nada fantástico aún, constituye la excusa perfecta para que Bella visite el castillo de la Bestia después de que éste haya amenazado de muerte al padre de Bella por haber arrancado una rosa de su jardín. Esta rosa, trágicamente, era un regalo para la misma Bella.

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Lo que sigue es el intento de un romance. Bella habita a manera de rehén el castillo de la Bestia y éste, enfermo de soledad y profundamente enamorado, le pide matrimonio todos los días a las 19 horas, cuando se encuentran para cenar. Ella se rehusa, horrorizada por su monstruoso aspecto, pero hay una dulzura melancólica muy evidente en su rechazo, como si de verdad le calase su sufrimiento a pesar de ser lo que es: una bestia. Ésta es la médula de la historia y la razón por la cual este romance funcionará eventualmente. Ambos personajes, aunque al principio ajenos a sus verdaderos sufrimientos, logran trascender los conceptos de apariencia y posesión que suelen existir en las relaciones románticas (la moraleja del cuento respecto al amor sincero), facilitando el paso a un “y vivieron felices para siempre”.

En el final de Cocteau, Bestia se transforma en el “príncipe encantador”, pero adoptando la forma física de Avenant -o sea, Jean Marais- y, a juzgar por su gesto, es evidente que Bella no está complacida del todo con este giro de tuerca. Aún en brazos de su príncipe, Bella logra suprimir su desencanto. Cocteau usa este momento para replantear la idea del amor ideal. Este detalle no lo encontramos en otras adaptaciones y, al menos en mi opinión, enriquece mucho esta versión.

Setenta años, el cine a color y los efectos especiales generados por computadora han pasado desde que Jean Cocteau decidió llevar a la pantalla grande la fascinante historia de La Belle et la Bête. Hasta la fecha, ningún otro director ha aportado tanta riqueza al cuento de Leprince de Beaumont como este genio y artista multifacético. En La Belle et la Bête de Cocteau, la magia torna tangible y nos recuerda que nuestro mundo y aquel de Bella y Bestia pueden no ser tan diferentes.

¿Y ahora a dónde vamos?; la solución femenina a los conflictos religiosos

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“Y entre sus portentos está la diversidad de vuestras lenguas y colores.” (Corán 22:67)

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Han sido muchos los conflictos bélicos, las guerras, las matanzas forjadas en el nombre Dios. El medio oriente, el lugar en donde comenzó la maravillosa aventura de la humanidad, al ser la cuna y el crisol de los mitos religiosos, se encuentra en situación de guerra perpetua. Es justamente esa zona del planeta en la que surgieron las más ancestrales de las devociones y donde estas ideologías conviven cara a cara y día a día. Distintas versiones de Dios se encuentran en constante confluencia y choque. Cada una de las religiones busca erigirse sobre el pedestal de la verdad absoluta. Para cada una de estas ideologías, su interpretación de lo infinito, de lo eterno, de la salvación es la única admisible y debe monopolizar la materia de lo sobrenatural. Todos los demás están mal y yo estoy bien, nos decimos y este enunciado tan carente de argumentos se convierte en parte intrínseca del sentido común religioso.

¡Cómo nos gusta contradecirnos! La gran mayoría de las religiones han caído, en alguna etapa de su historia, en profesar a un Dios amoroso y compasivo pero que desea acabar con los infieles a como dé lugar, qué importa cuánta sangre se derrame en el intento.

El Líbano es el país  que agrupa a un mayor número de comunidades religiosas: los cristianos que se dividen en maronitas (19%), griegos ortodoxos (10%), griegos católicos (8%), y el grupo islámico separado en sunnitas (21%), chiítas (34%) y los heterodoxos drusos (8%). Un 37% contra un 63%. Los enfrentamientos armados, iniciados por el desacuerdo religioso, han brotado en distintas etapas de la historia del país. Sin embargo, en este pedacito de tierra, miembros de dos religiones “enemigas”, se ven obligados a vivir pared con pared, ser compañeros de clase, toparse en la panadería o en el restaurante, hacer negocios el uno con el otro, compartir la patria, el pueblo, la aldea. ¿Y cómo les va? Dejémos que la directora libanesa, Nadine Labaki, nos lo cuente.

“A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley y un modo de vida. Y si Dios hubiera querido, cierta­mente, os habría hecho una sola comunidad: pero para probaros en lo que os ha dado. ¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras! Habréis de volver to­dos a Dios: y, entonces, Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.”(Corán 5:48)

¿Y ahora a dónde vamos? (2011) es, como lo describe la directora, una pequeña película, de una pequeña aldea donde estas dos religiones parecen coexistir en armonía; una misión imposible, un sueño difícil de convertir en realidad. La historia retrata la manera en la que las mujeres de esta comunidad aislada desafían la inminente lucha entre cultos que comienza a desatarse en el país. Esto desde un punto de vista tanto humorístico, como trágico.

El 7 de mayo de 2008, la paz se tambalea en el Líbano. Beirut se convierte una vez más en zona de guerra. La televisión nacional muestra imágenes de enmascarados con armas y granadas. De nuevo, el país se encuentra sumergido en un conflicto liderado por sus dos principales religiones: cristianos y musulmanes.

La cinta comienza con los habitantes del pueblo reunidos delante de una televisión, la única en la aldea. Una presentadora en ropa muy ajustada presenta las noticias. Los varones abren los ojos emocionados mientras se codean. No a diario se ven mujeres con ese cuerpo y esa vestimenta andando por ahí. Las esposas de la aldea suben a la colina para desactivar la conexión televisiva. No en un intento de evitar que sus maridos se exciten viendo a la presentadora. No. Lo que querían era impedir que supieran lo que estaba pasando a las afueras del pueblo: el inicio del conflicto religioso. Si ellos no se enteran, los musulmanes y cristianos de la población seguirán llevándose bien y la amigable vida en comunidad no se vería afectada.

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En un país donde la violencia se propaga, Nadine Labaki nos presenta al grupo de mujeres de la aldea en su intento por evitar que sus esposos e hijos se enteren de lo que sucede a las afueras de la pequeñísima realidad en la que se encuentran. Estas tentativas van desde milagros falsos, como una estatua de la Virgen María llorando, hasta contratar a strippers de Europa del este para ir a vivir un rato a la aldea y dejar así a los hombres pasmados con lo exótico de sus nuevas vecinas rubias y de piernas largas.

Vemos, en pantalla, a la mujer libanesa cristiana y a la musulmana, todas amigas, que instituyen como sede de conspiración la cocina – lugar al que nunca entra el hombre. Labaki nos muestra a una mujer astuta que le hace creer al hombre que él tiene el poder mientras ella mueve las cartas, disimuladamente, por debajo de la mesa. La directora fue capaz de crear una coqueta pero dura evocación a la resistencia, la empatía y la compasión femenina.

¿Y ahora a dónde vamos? Se postró, por su naturalidad y fluidez, como el tercer filme más taquillero en la historia del Líbano, después de Titanic (1997) y de Avatar (2009).

Nadine Labaki, al traducir su contexto a una narrativa tan divertida como conmovedora, abre el paso hacia un análisis individual de nuestra propia concepción hacia lo “distinto”. Ella percibe, analiza y entiende la situación de su patria para transmitirla en la pantalla grande con matices cómicos y trágicos. Nos pregunta qué tanto somos como esas mujeres, que hornean galletas juntas, cantan y bailan, ríen y se consuelan, forman parte del mismo bando, a pesar de pertenecer a dos grupos religiosos que han puesto en manifiesto su posición de adversarios.

“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre y una mujer, y os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso”. Cita del Corán (Las Habitaciones 49:13).

¿Luchar en nombre de Dios? ¿Guerras de conquista y conversión? ¿Cruzadas? ¿Terrorismo? ¿No sería más lógico entablar amistades y comprender al otro en nombre de ese Dios amoroso y compasivo del que tanto alardeamos?

“Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores sino de la forma más amable—a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal—y decid: ‘Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros, y también en lo que se ha hecho descender para vosotros: pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo’” (Corán 29,46)

Persepolis; el turbulento camino a la madurez de una mujer iraní

David Azar: @DavidAzar93

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En 2007, la artista gráfica y escritora iraní Marjane Satrapi hizo mancuerna con el dibujante francés Vincent Paronnoud para llevar a la pantalla su famosa novela gráfica y autobiografía Persepolis (2000). En un primer salto al cine, Satrapi y Paronnoud se dieron a la tarea de adaptar la historia al guión y animar las imágenes ellos mismos, dando como resultado un emotivo viaje por la infancia, adolescencia y madurez de su autora, ilustrado en un bellísimo blanco y negro.

Fiel a su material original, la película sigue la historia de Marjane, una chica iraní muy curiosa y entusiasta que nace y crece en medio de transiciones complicadas en la escena política y social de su país; la revolución iraní de 1979 la sorprende con apenas diez años de edad y, mientras la nueva república se va asentando sobre las heridas de la guerra, el pueblo de Teherán se ve optimista ante un futuro aparentemente prometedor. La película muestra a Marjane explorando sus alrededores con su ingenuidad infantil, dejando en evidencia las repercusiones culturales y psicológicas de la violencia y opresión que vivió su país, mientras se desenvuelve en la armonía del hogar con sus padres Ebi y Tadji, su abuela y su tío Anouche. Dos meses después de haber concluido la revolución, el panorama torna oscuro cuando un grupo islámico fundamentalista gana las elecciones y cubre Irán bajo una ola de ultra-conservadurismo, encarcelando y ejecutando a los héroes de la revolución y degradando la calidad de vida de las familias iraníes. Es en medio de este caos que los padres de Marjane deciden que ésta vaya a Viena a continuar sus estudios, lejos de sus raíces. El mundo occidental la abrumará con una vuelta de tuerca cultural en su transición a la adolescencia, donde Marjane se enfrentará a nuevos retos, nuevas experiencias, nuevos conflictos.

Satrapi no buscaba la oportunidad de realizar una película de su aclamada novela gráfica, más bien fue la oportunidad quien la encontró a ella cuando un amigo suyo quiso adentrarse en la industria cinematográfica. A pesar de su escepticismo inicial frente el proyecto, Satrapi logró plasmar eficazmente un balance entre la historia de su vida y la de su país, contado a través de su perspectiva, sin miedo a exponer las situaciones sociales y culturales que implicaba ser una mujer iraní en los 70’s y 80’s. Los personajes que pasan por la vida de Marjane gozan de gran complejidad y detalle; Satrapi reconstruye con precisión las personalidades de sus familiares y amigos, especialmente el personaje de su abuela, quien será un guía espiritual tanto para Marjane como para el espectador a lo largo de la historia. Por otra parte, Paronnoud trae a la mesa una gran aportación en el diseño visual de la cinta con un estilo muy característico en su manejo del blanco y negro y elaboradas secuencias de animación. La película maneja también un humor ácido que hace buena mancuerna con los momentos de carga dramática, haciendo de la película una experiencia divertida, introspectiva y emotiva.

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Persepolis (2007) tuvo su estreno internacional en el Festival de Cannes, donde se llevó el premio del Jurado (compartido en empate con la mexicana Luz silenciosa de Carlos Reygadas), consolidando el talento de sus realizadores en el campo de la cinematografía. Ese mismo año, la película sería reconocida con la nominación al Oscar a Mejor película animada (perdiendo finalmente contra Ratatouille de Brad Bird). Sin embargo, los fantasmas de la ideología conservadora de aquella época acosarían a Satrapi una vez más; el gobierno iraní intentó que la película no se proyectara ni en el certamen francés ni en ninguna otra pantalla al rededor del mundo, acusándola de “indecente” y de “presentar los logros y resultados de la gloriosa revolución islámica de manera irreal”. La presión del gobierno iraní no logró censurar la cinta del todo, aunque sí convenció al Festival internacional de cine de Bangkok de sacarla de su selección oficial.

Diez años más tarde, Persepolis conserva su lugar como una pieza valiosa en el cine de animación y como relato de las complicaciones de una infancia y adolescencia en medio de conflictos ideológicos, políticos e históricos, contrastes culturales muy marcados, la búsqueda de la identidad y, finalmente, como le dijo su abuela a Marjane, la integridad.

The Matrix; la puerta al mundo de la filosofía.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“¿Por qué hay algo y no más bien nada?” – Martin Heidegger

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En 1999, a pocos meses del inicio de un nuevo siglo, debutó en la gran pantalla un filme que revolucionaría y dejaría una huella profunda en la manera de hacer cine, marcando el comienzo de la era digital en la cinematografía. The Matrix (1999), la primera entrega de la trilogía de los Wachowski, nos sitúa en un futuro distópico. Presenta a Thomas Anderson (Keanu Reeves), un hacker que trabaja bajo el pseudónimo de Neo, que comienza a dudar de la totalidad que lo rodea, de su propia existencia, de lo que es real y lo que no. Un tal Morpheus (Laurence Fishburne) lo recluta. Le presenta dos alternativas: Tomar la píldora azul -dejar de dudar para rendirse ante la aceptación de la realidad tal y como se le presenta, andar por la vida con el bienestar que supone la ignorancia- u optar por la píldora roja -recorrer el arduo y angustiante viaje hacía el conocimiento de la verdad, de la insatisfacción, el pensamiento crítico, la sabiduría. ¿Qué hacer? Neo opta por emprender el tan severo viaje sin retorno de la filosofía.

Entendamos el argumento: En un mundo regido por máquinas que para funcionar necesitan energía, se han erigido “granjas” en las que los humanos son cultivados dentro de embalajes individuales y conectados a un enorme computador. La única manera de mantener a las personas vivas pero cautivas en aquellas cubiertas es creando una realidad virtual para tener sus mentes ocupadas e inconscientes de su estado físico. Ellos viven, trabajan, envejecen en lo que suponen es “el mundo real”. Esta realidad alternativa se llama Matrix.

A su vez, existe una ciudad habitada por los que han logrado liberarse de esta condición. Zion, conformada de desechos y ruinas, es el lugar desde el que los rebeldes se dedican a jaquear Matrix en búsqueda de los que están mentalmente listos para ser desconectados.

Sí, The Matrix es una de las películas de ciencia ficción más emblemáticas de todos los tiempos, pero es también una atinada metáfora de lo que supone la lucha intelectual de un pensador en su búsqueda por alcanzar la verdad. Una clara alusión sobre el control mental ejercido sobre las masas desde siglos antes del Concilio de Trento hasta la masificación de los medios de comunicación de nuestros días y la lucha emprendida por las personas que se hacen conscientes de este sistema. En resumen, el filme se edifica sobre las preguntas básicas de la historia del pensamiento humano. Así que hablemos de lo que la hace tan grande: sus bases filosóficas.

¿Qué es lo real? La duda de la realidad perceptible con Platón y Descartes

“¿Qué es lo que veo por la ventana? Sombreros y capas, que muy bien podrían ocultar unas máquinas artificiales, movidas por resortes” – René Descartes

¿Has dudado alguna vez entre estar despierto o dormido? ¿Suponer que tu sueño es la realidad y tu vida un sueño? ¿Por tu cabeza han rondado preguntas que cuestionan lo tangible, creyendo que hay una especie de arquitecto todopoderoso que controla lo que percibes con tus sentidos? ¿Has llegado a cuestionar la capacidad de razonar de las personas que te rodean? ¿Que si soy el único que piensa, siente, ve y los demás son máquinas preprogramadas? ¡Sí, suena a locura, pero no te preocupes! Para la psiquiatría podrías estar mostrando los primeros síntomas de una psicosis. Desde un punto de vista filosófico, has escalado el primer peldaño del escalofriante pero hermoso viaje del pensamiento.

“¿Qué es real? ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podría ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.” – Morpheus.

Comencemos tomando como referencia la alegoría de la cueva de Platón, una metáfora que se parece mucho a lo que propone Matrix. El pensador griego nos plantea a un grupo de hombres que desde su nacimiento están encadenados en una caverna sin poder girar la cabeza hacía la luz, miran la penumbra siendo testigos solamente de las sombras que se plasman sobre el muro como producto de una hoguera. Para los encadenados, las sombras son lo “real”. Uno de los prisioneros logra liberarse y salir, la luz del mundo exterior le molesta mucho, pero se adapta y con esta conciliación viene el deseo por rescatar a sus amigos. Vuelve. Ellos, incapaces de concebir lo que él señala, lo juzgan loco y amenazan con quitarle la vida si él osa recatarlos.

“Tienes que comprender que la mayor parte de los humanos son todavía parte del sistema. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo.” – Morpheus.

En el siglo XVII, un francés llamado René Descartes se convirtió en uno de los pocos prisioneros de esa caverna que apenas iniciaba a girar la cabeza para ver el exterior. El filósofo, así como Neo, comenzó a plantearse dudas básicas sobre su realidad perceptible. “¿Alguna vez has tenido la sensación de no saber con seguridad si sueñas o estás despierto?” le pregunta Neo a su amigo. Esta cita de la película está claramente inspirada en el pensamiento cartesiano: “¡Cuantas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! (…) no hay indicios ciertos para distinguir el sueño de la vigilia.”

El dualismo cartesiano se posiciona como el centro del pensamiento de Descartes, esto se refiere al problema cuerpo-mente. Él, al dudar, logra comprobar la existencia de la razón: “Pienso, luego existo”. La complicación reside en: ¿Cómo comprobar la realidad externa? ¿Cómo diferenciar la realidad del sueño? Si mi mente es capaz de hacerme vivir vidas paralelas, sentir, andar, conocer, hablar, escuchar, mientras sueño, ¿cómo hago para confiar en lo que veo al estar despierto?

Somos dos sustancias distintas, pero una no existe sin la otra, escribe Descartes. La mente no es timón sin su nave que es el cuerpo y la nave no puede navegar sin un timón. Esto lo revela Morpheus al explicarle a Neo que si la mente de alguien muere en Matrix, esa persona muere también en el mundo real.

Descartes se posicionó como el padre de la subjetividad y principal promotor de la duda al resolver cuestionarlo todo. ¿Qué si hay un “genio maligno” y poderoso que ha puesto toda una ilusión frente a mis ojos para engañarme y controlarme? Se preguntaba el pensador francés -así como probablemente tú también te lo has preguntado. En el filme, ese genio maligno que propone Descartes son las maquinas que para mantener el control y conseguir la energía que necesitan para funcionar, crean una realidad alternativa para el ser humano. ¡Cuán fascinante es que una tesis así se haya planteado desde 1600!

¿Soy Libre? La libertad desde el existencialismo de Heidegger y Sartre

La pregunta por la realidad inmediatamente nos lleva a cuestionarnos sobre nuestra propia libertad. El padre del existencialismo es -aunque no se le incluya en las tertulias existencialistas parisinas- el alemán Martin Heidegger. En su libro Ser y tiempo (1927), Heidegger nos habla de dos tipos de vidas humanas: la existencia auténtica y la inauténtica. Expliquemos primero la inauténtica. En este grupo se encuentran los humanos en estado de negación permanente, los que no dudan de lo que dicen las modas o los preceptos sociales, que siguen a las masas o a ciertas instituciones sin cuestionarlo. Los que se entregan al mundo del se dice que –“Se dice que esto es en lo que debo creer… que esto es lo que debo hacer… que éste es el libro que debo leer… que así es como debo llevar mi vida.” Los que llevan una existencia inauténtica jamás se cuestionan quién es la persona que lo dijo y cuáles fueron las razones por las que se instituyó alguna ley, pauta o dogma “irrefutable”. Al contrario, acusan a la duda de ser una falta en contra de los valores establecidos. El jurar que hay cosas que no se deben cuestionar es el primer síntoma de una existencia inauténtica. O sea, los que están dentro de Matrix y siguen con sus vidas creyendo que todo lo que viven, ven, escuchan y sienten es real.

Por otro lado, tenemos a la existencia auténtica, el antónimo, es un ser humano que tras un enorme duelo supo aceptar y entender su naturaleza y lo que le rodea. Es al que su vida le pertenece, su existencia no se disuelve en el anonimato del que vive según lo que se le dice o informa, ya que no siente más miedo por cuestionarse todo lo que se dice. Éste es el hombre que elige por sí mismo –es el que sale de Matrix para alcanzar la libertad. Pero en la vida, al igual que en la película, los que optan por una existencia auténtica son muy pocos. La ignorancia es felicidad, dicen.

“Descubrí una solución según la cual el 99% de los individuos aceptaba el programa mientras pudieran elegir, aunque únicamente lo percibieran en un nivel casi inconsciente”. – El arquitecto.

Así que Neo tuvo que elegir entre la pastilla roja (lo auténtico) o la azul (lo inauténtico). Bien decía Jean Paul Sartre que el ser humano está condenado a la libertad: “Si no elijo, también elijo”. Sembrada en la mente de cada uno, por naturaleza, está esa duda, el cuestionamiento, la razón. La elección radica entre si regar esa semilla –seguir soñando, luchando, decidiendo por nosotros mismos- o dejarla intacta y dejar que alguien más elija por mí.

***

Las referencias en The Matrix no son solamente de índole filosófico. Encontramos menciones a obras literarias como Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll; mitología griega en personajes como el Oráculo, Neo, Morpheus, Perséfone; referencias al cristianismo en Neo siendo el elegido, y en Trinity; el budismo y la cultura oriental aparecen citados en la metáfora del espejo, el karma, las artes marciales; entre varias otras cosas. No obstante, The Matrix huele a filosofía, es filosofía. El filme no gozaría de ese carácter laberíntico, ni de su esoterismo o intriga si no sembrara en el espectador las cuestiones básicas de nuestra condición humana.

La filosofía es la ciencia de las preguntas grandes, ésas que nos causan tanta angustia y que buscamos suprimir y encarcelar – ¡Que alguien más nos explique eso que tanto miedo me da! Hoy, en tiempos de rapidez, instantaneidad, parece que nadie tiene tiempo para detenerse a pensar. Las preguntas se hacen más grandes, nuestra capacidad de razonar más pequeña. Las alternativas para escapar de nuestra cabeza abundan. La información vacía y poco argumentada, las modas, los qué hacer y qué no hacer nos bombardean hasta por debajo de la cama. La filosofía, casi sin aliento, ya oxidada y cansada de gritar y gritar para intentar avivar nuestro entendimiento, parece estarse rindiendo.

The Matrix es una verdadera joya de la cinematografía que pasó a la posteridad, no solamente por sus revolucionarios efectos especiales y su carácter de ciencia ficción, sino porque intenta salvar el llamado que cada ser humano tiene a la sabiduría, y lo hace de una forma muy atractiva. El filme da dos opciones al espectador: verlo como una simple película de acción, salir de la sala y continuar con nuestras vidas, o convertirlo en el preámbulo a una vida en búsqueda de la verdad. Repitiendo a Sartre, no somos libres de dejar de ser libres. La elección entre si tomar la píldora azul o la roja queda en ti.

“Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él.” –Jean Paul Sartre.

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