Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha: El despiadado rostro de la impunidad hecho película.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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“(…) la ciudad está enferma. A otros les espera el deber de cuidar y de educar. ¡A nosotros el deber de reprimir! ¡La represión es nuestra vacuna! ¡La represión es civilización!” – Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Son dos los grupos que deben coexistir para que el orden social funcione. Así como lo explica Hobbes en Leviatán, las masas, conscientes de que la violencia es parte inexorable de la esencia humana y respondiendo a su instinto de conservación, crean un contrato en el que la mayoría de los individuos ceden su libertad a una autoridad que dirima entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. En un intento por hacer que la vida en sociedad funcione, nos fraccionamos entre los que obedecen la ley y los pocos que hacen valer la ley. Yo, ciudadano civil, obedezco y soy vigilado. Tú, policía, juez, alcalde, gobernador, senador, diputado; tu historia es diferente a la mía. Tú vigilas, le agregas una que otra nueva regla al juego, haces cumplir la ley.

¿Qué sucede, entonces, cuando uno de ésos que rigen por encima de lo legal, que preservan los estatutos sociales, que juzgan y condenan al criminal, comete un delito? Digamos, por ejemplo, el traspaso de millones del erario público a su cuenta personal para mantenerse a él mismo y a sus demás amistades, los vínculos económicos con el crimen organizado, el mandar matar a varios periodistas por haberlo intentado inculpar o (¿Por qué no?) un homicidio pasional que sabe a thriller.

A ése que ha tenido el privilegio de redactar y hacer valer la ley ¿Quién lo juzga? ¿Quién lo vigila? ¿Quién lo condena? ¿Será que hace y deshace gozando de inmunidad legal? ¿A quién obedece la autoridad? Cuestionarse esto no hace más que reafirmar la escalofriante teoría del panóptico de Michel Foucault. La sociedad, para el filósofo francés, se parece bastante a una unidad carceralia que se construye en torno a un panóptico que todo lo ve. El vigilante hace del encarcelado una cosa a vigilar, a controlar, a la que imponer disciplina. El vigilante ve, pero no es visto. El encarcelado es visto, pero no ve.

***

Allí está él. El jefe del departamento de homicidios de Roma camina erguido, su expresión dura parece inmutable. La majestuosa música de Ennio Morricone, acompaña los movimientos corpóreos del comisario. Éste entra a un inmueble barroco, un apartamento desordenado, caótico, hogar de una bella mujer joven y de cabello oscuro. En pleno encuentro sexual, el sujeto asfixia a su amante. Ella cae muerta. Él se lava las manos, se viste. Comienza a repartir, relajado, pruebas de su culpabilidad de esquina a esquina.

El filme Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, 1970) de Elio Petri, nos presenta un estudio exhaustivo, preciso pero grotesco de la impunidad con la que ejercitan sus funciones muchos de los miembros de la esfera del poder. El personaje principal del filme es el inspector jefe del departamento de homicidios de Roma, Il Dottore. Es un fascista sin nombre, representante de la institución, carismático, despiadado que busca, a como dé lugar, hacer cumplir la ley. Magníficamente personificado por Gian Maria Volonté, este oficial decide demostrar el teorema del poder estrangulando a su caótica amante. Deja, voluntariamente, una cadena de pistas que no hacen más que inculparlo, en manos de los investigadores de su propio departamento. Con cinismo, este electrizante personaje quiere reafirmar su condición de indemnidad ante la ley, de ciudadano incapaz de ser juzgado, libre de toda sospecha.

“El cine no es para las élites, sino para la masa. Hablar para una élite intelectual es como no hablar para nadie. No considero que pueda hacerse una revolución por medio del cine. Creo, en cambio, en un proceso dialéctico que debe comenzar entre las grandes masas, por medio de las películas y otros medios posibles.”-  Elio Petri

Es importante que nos situemos en la época en que fue filmada esta obra maestra. Indagine surge después de la fiebre estudiantil del año 1968 y durante los famosos Anni di Piombo en Italia, un periodo de turbulencia social y política marcado por graves incidentes debido a la lucha entre conservadores e izquierdistas. Petri, tras su participación activa en los levantamientos estudiantiles, apunta en el filme su esperpento en dirección a la policía. Los primeros a cargo de la reprimenda ante cualquier indicio de insurrección.

La película es un análisis desde todos los ángulos del personaje principal. La narración se suministra entre el trabajo del Dottore como autoridad irrefutable, la investigación del crimen y recuerdos que nos develan cómo era su romance con Augusta Terzi, la mujer a la que asesinó. Petri nos presenta así al protagonista de la trama, uno de los personajes más paradójicos y seductores de la historia del cine. Un asesino que cree irrefutablemente en la ley, Dostoievskiano, que ejerce un poder absoluto mediante la intimidación, un ser que jamás será llamado culpable a pesar de que todos los indicios lo apunten.

El homicidio sucede el mismo día en que el Dottore es nominado como el nuevo jefe de policías. En su discurso, una de las escenas emblemáticas del filme, proclama que “la libertad amenaza a los poderes tradicionales, a la autoridad constituida. Estamos aquí para hacer valer la ley, que es inmutable, tallada en el tiempo”. Una manera de hablar y elección de palabras que recuerda a la de Juan Domingo Perón y la de Augusto Pinochet, en el que el protagonista sitúa a los manifestantes, a los que muestran cualquier tipo de rebelión contra la autoridad, al nivel de un homicida.

“El uso de la libertad intenta convertir a cualquier ciudadano en un juez, nos impide desarrollar libremente nuestras funciones sacrosantas.”– Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Con esta obra Elio Petri deja frío a su público. Le hace ver que la impunidad es el primero de los males de una sociedad. Un ciudadano, que según la ley debe ser juzgado como cualquier otro, pero que goza de la posición idónea para mancharse de sangre su camisa blanca, gritar su culpabilidad a los siete vientos y aun así no tener represaría alguna. El director nos presenta una película que es de admirar desde todos los ángulos: por su calidad de cine convencional, por sus tintes de giallo, por la tan acertada música de Ennio Morricone, la interpretación de Volonté, por su fotografía y su trama, por el guion, por su denuncia clara y audible que le da un giro de tuerca nunca antes visto al género policiaco. Por su punto de vista sarcástico pero Orwelliano de un poder que está dispuesto a todo por mantener la disciplina.

Ha pasado casi medio siglo desde que Elio Petri llevó a la gran pantalla su obra maestra. Casi medio siglo y seguimos escuchando en la voz de Il Dottore a muchos de los representantes de la autoridad. Ha pasado casi medio siglo y la etiqueta de inmunidad sigue llenando de tranquilidad las mentes retorcidas de los que dictan la ley. La neurosis del poder que dibuja Petri, por lo menos en mi país, sigue latente. La arbitrariedad, la impunidad, se manifiesta escondida detrás del logotipo de partidos políticos con ilusorios discursos de progreso que a final de cuentas se mantienen a costa del sudor de sus compatriotas, se disfraza del policía que omite su multa a cambio de un billete de cuatro dígitos, de un juez que deja libre a un violador porque es su pariente o el hijo de su amigo. Se manifiesta en el número de ladrones, criminales, asesinos, que gozan de un poder que los libera de consecuencias legales.

El cine, así como cualquier otra forma de arte, debe denunciar y hacer ver lo que tanto nos gustaría ignorar. Esta obra maestra de la cinematografía italiana es un estudio exhaustivo del poder y sus técnicas de represión. ¡Es una maravilla del séptimo arte!

El ciudadano civil debe premeditar cada acción, ya que si arremete contra la ley puede ser aspirante a la condena. Hay a quienes se les permite actuar como se les dé la gana, destruir, abusar de su nivel de autoridad, hacer y deshacer. Lo más peligroso de ésos pocos insolentes, neuróticos del poder, como Il Dottore, es que son muy conscientes de su calidad de ciudadanos al di sopra di ogni sospetto.

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El talento detrás de Star Wars: Cuatro genios indiscutibles

David Azar: @DavidAzar93

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Esta semana se celebró el día popular de Star Wars: el 4 de mayo (May the 4th be with you). Aproveché la fecha para escribir acerca de una saga que, a pesar de sus debates, conservo en un lugar muy especial de mi corazón, es decir, ¿Cuántos de nosotros no crecimos viendo La guerra de las galaxias? Este universo generado inicialmente en la cabeza de George Lucas se ha desarrollado exponencialmente, y ha llegado a lugares que muchos no veíamos venir; desde cómics, videojuegos, animaciones, novelas y demás, Star Wars ha encontrado la manera de expandirse cual universo.

Otro rasgo que no podemos pasar por alto es el talento que ha colaborado en la saga de alguna u otra manera. Empezando por el mismísimo Lucas, en seguida pensamos en los actores y actrices que encarnaron a los personajes que nos acompañan desde la infancia: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinnes, Peter Cushing y muchos más. ¿Pero qué hay de aquellos otros genios que han dejado su huella imborrable en estas historias?  A continuación les comparto una lista de cuatro personas que agregaron, cada quien en su estilo y campo, un trabajo valioso a la saga de Lucas.

Joseph Campbell

Joseph Campbell

Cuando el psicoanalista Carl Jung empleó su concepto de “arquetipo” -una idea inconsciente  y heredada colectivamente que está presente en la psique de cualquier individuo-, lo hizo con el objeto de ayudar a sus pacientes a encontrar significados concretos en las figuras que aparecían en sus sueños. El antropólogo y mitólogo estadounidense Joseph Campbell retomó este concepto cuando encontró un mismo patrón narrativo detrás de varios mitos y religiones en culturas de Europa y Asia. Es así como en 1949 publica su libro El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces), un tratado acerca del “Viaje del héroe” o “Monomito“, en el que todo mito se puede resumir en una serie de doce pasos narrativos donde nuestro héroe -o protagonista- debe completar su viaje fantástico.

El éxito de este libro se refleja en la inmensa cantidad de películas producidas por Hollywood que siguen fielmente la estructura narrativa que éste sugiere. Entre los cineastas destacados que se han basado en el monomito para crear sus historias, se encuentra nada más y nada menos que George Lucas. El guión final de Star Wars (1977) sigue fielmente los doce pasos y arquetipos que Campbell desarrolló en El héroe de las mil caras:

Luke Skywalker, un simple granjero del planeta Tatooine que sueña con ser piloto espacial (1. Mundo ordinario), se topa con el mensaje-holograma de la princesa Leia, quien pide ayuda para combatir al malvado imperio y restaurar la paz en la galaxia (2. Llamada a la aventura). Luke hace frente a su realidad, donde tiene que ayudar a su tío con la granja y a su tía con las labores domésticas, por lo que decide no hacer caso a la princesa (3. Rechazo de la llamada). Obi-Wan Kenobi, un viejo caballero jedi en exilio, es quien le hablará a Luke de su grandeza y verdadero origen (4. Encuentro con el mentor). Los tíos de Luke son asesinados por el imperio cuando éste llega a Tatooine en busca de los androides que llevan el mensaje-holograma y los planos de la Estrella de la muerte; Luke se embarca a la ventura con Obi-Wan (5. Travesía del primer umbral; los guardianes). Luke y Obi-Wan van a Mos Eisley, donde contrataran a Han Solo y Chewbacca para que los lleven con la princesa (6. Los aliados, los enemigos, las pruebas).  Ya en el Halcón milenario, Luke y sus aliados emprenden la aventura galáctica, pero de pronto son interceptados por la Estrella de la muerte (7. Internamiento en la caverna más profunda). Una vez infiltrados en la Estrella de la muerte, donde Luke y Han se hacen pasar por stormtroopers, nuestros héroes rescatan a la princesa Leia y se luchan de frente con el imperio (8. Calvario). Finalmente, Luke y sus aliados logran escapar de la Estrella de la muerte, pero Obi-Wan muere en el intento (9. La recompensa). Una vez en la base rebelde, Luke se une a la causa y se enlista como piloto rebelde en una misión por destruir la Estrella de la muerte, mientras que Han y Chewbacca deciden irse por sus rumbos (10. Regreso con persecución). Luke resulta ser un piloto muy ágil, pero la tensión aumenta cuando está frente a su objetivo; Luke escucha la voz de Obi-Wan en su interior, dispara y acierta, la Estrella de la muerte explora (11. Nueva resurrección). Finalmente, Luke y sus aliados regresan vivos y victoriosos a la base rebelde, donde son reconocidos con medallas y aplausos por haber destruido la Estrella de la muerte y haber salvado la galaxia (12. El retorno con el elixir del conocimiento).

Aunque Lucas ya había pasado por dos borradores en el guión de Star Wars, el director contactó a Campbell, juntos trabajaron en la estructura de la película y lo demás es historia. El héroe de las mil caras ha demostrado ser una referencia de estructura narrativa muy frecuente en grandes sagas de cine además de Star Wars; por ejemplo, Harry PotterThe Lord of the Rings siguen los arquetipos, y algunos pasos del monomito, de Campbell.

Ralph McQuarrie

[Jorge Durán: @JEDZ1138]

Ralph McQuarrie, artista conceptual para la trilogía original de Star Wars,  fue esencial en la creación de los personajes, vehículos, escenarios y mundos enteros dentro una galaxia muy, muy lejana.

Aunque la estructura y los conceptos base de la saga Star Wars nacen de George Lucas, es la habilidad y la imaginación de McQuarrie lo que logró traducir el trabajo de Lucas en un universo real y tangible. El primer acercamiento del artista conceptual con la industria del entretenimiento fue para la cadena de televisión CBS desarrollando animación y material artístico de apoyo para la explicación de las misiones lunares del programa espacial Apolo. Uno de los primeros trabajos de McQuarrie fue como ilustrador técnico de la compañía Boeing. Lucas conoció a McQuarrie a través de sus amigos Hal Barwood y Matthew Robbins, quienes habían contratado los servicios del ilustrador para ayudar a vender un proyecto fílmico. La relación de Lucas y McQuarrie data previo a American Graffiti (1973). Las ilustraciones de McQuarrie también fueron clave para lograr el apoyo de 20th Century Fox.

El trabajo y la influencia de Ralph McQuarrie sigue siendo clave para la saga Star Wars. Recientemente, muchos de los diseños originales de McQuarrie sirvieron de inspiración para J.J. Abrams y su equipo en Star Wars: The Force Awakens (2015).

Genndy Tartakovsky

Casi todos los fans de Star Wars tratamos de hacer a un lado el recuerdo de las precuelas que Lucas se aventó entre 1999 y 2005. Una dirección de actores terrible, diálogos lamentables al puro estilo de las telenovelas, una absoluta y desenfrenada libertad creativa de Lucas y un exceso de efectos visuales generados por computadora (Lucas olvidó el encanto de los efectos prácticos y tangibles) fueron las críticas que afectaron más a los episodios I, II y III. Pero no todo lo que resultó de esta trilogía fue un total fracaso, pues al menos un proyecto destacó en lo particular que incluso me atrevo a decir que hoy se ha convertido en un tipo de película de culto: la serie animada Star Wars: Clone Wars (2003-2005) de Genndy Tartakovsky.

Producida por Cartoon Networks y ubicándose justo en medio de episodio II y episodio III (arranca desde el final una y concluye en el inicio de la otra), estos 25 micro episodios de aproximadamente 3 minutos de duración demuestran la increíble destreza narrativa y técnica de Tartakovsky. Las tres temporadas juntas suman un total de casi 130 minutos, lo que equivaldría en tiempo a cualquiera de las tres películas que conforman la precuela (por eso me refiero a ella como ‘película’ de culto). A lo largo de la serie, vemos eventos importantes de la saga como a Anakin Skywalker atravesar su última prueba para convertirse en caballero jedi, a Obi-Wan Kenobi luchando bajo el título de General Kenobi y a un ejército de jedis comandado por Mace Windu y Yoda para cazar al General Grievous, entre otras cosas. También conocemos nuevos personajes como Asajj Ventress, una guerrera adepta al lado oscuro de la fuerza.

Siguiendo su estilo minimalista y geométricamente estilizado, el animador y creador de series como El laboratorio de Dexter (Dexter’s Laboratory, 1996-2003), Las chicas superpoderosas (The Powerpuff Girls, 1998-2005) y Samurai Jack (2001-2004; 2017) crea secuencias impresionantes de batallas y momentos dramáticos excepcionales, sin dejar caer el ritmo en un sólo episodio y siempre partiendo de la historia ya iniciada por Lucas. La mano de Tartakovsky eleva el universo de las precuelas a sus mejores niveles. Constantemente me encuentro fantaseando: ¿Qué habría sido de los episodios I, II y III si se los hubieran cedido a Tartakovsky? El hecho de que hubieran sido animación no me habría molestado en lo absoluto.

John Williams

John Williams

Es imposible hacer un recuento general de Star Wars y no mencionar la música ¿Cuántos de nosotros no nos hemos encontrado tarareando la melodía cuando inician las películas? Es casi parte del ritual de las galaxias, un sello que seguirá a la franquicia hasta el final, y todo se lo debemos al compositor de música para cine por excelencia: John Williams.

Williams, quien ha trabajado en la industria a lo largo de seis décadas, ha compuesto gran parte de la música más memorable de Hollywood. Además de Star Wars, sus composiciones más famosas abarcan tres películas que fueron las más taquilleras de la historia en su época: Jaws (1975), E.T. The Extra-Terrestrial (1982) y  Jurassic Park (1993), todas dirigidas por Steven Spielberg. En su currículo encontramos cinco premios Oscar, cuatro Globos de oro, siete premios de la British Film Academy y veintitrés premios Grammy ¿Necesitan algo más? Williams es sin duda un compositor prodigio, y supo plasmar su genialidad en la galaxia muy muy lejana de Lucas.

De hecho, además de la ya mencionada micro-serie de Tartakovsky, la música de Williams  es un elemento destacable (y rescatable) de las precuelas; toda una banda sonora nueva y conmovedora, pero manteniendo resonancias de la trilogía clásica. Es inimaginable pensar en Star Wars si su música hubiera estado en manos de otro artista. Curiosamente, Williams ha declarado que nunca ha visto una sola película de la saga. A continuación, y para cerrar, les comparto el tema Across the Stars de Star Wars: Episode II – Attack of the Clones (2002), interpretado por la orquesta de cine de Praga:

The Get Down; los orígenes del Hip-Hop a través de la ficción

Jose Hernández: @josechj7

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Desde hace unos 12 me he considerado un chico malo del hard-rock. Crecí escuchando canciones de Queen y Kiss con mi papá, Guns-N-Roses con un amigo del vecindario;  descubrí AC/DC gracias a Angus Young  -todo poderoso-, a fuentes como YouTube y Ares. Mientras crecía, mis encuentros con el Hip-Hop fueron escasos, casi nulos. Llegué a escuchar alguna canción del álbum debut de 50 Cent Get Rich Or Die Tryin’ (2003) con un amigo que era fan, y recuerdo la primera vez que me contaron sobre el Babo de Cartel de Santa; pero nunca había desarrollado un verdadero interés por el género y su cultura hasta que vi la serie original de Netflix producida por Sony: The Get Down (2016).

El producto final, que vio la luz en agosto de 2016, tras 10 años que tardase el director Baz Luhrmann en desarrollar el concepto, nos sitúa en el sur del Bronx, en la ciudad de Nueva York, a finales de los 70s. Nuestro protagonista, Ezekiel “zeke” Figuero (Justice Smith), es un joven poeta con ascendencia puertorriqueña que se encarga en guiarnos con sus rimas a través de su historia de éxito musical.

Todo empieza cuando Zeke conoce al artista de graffitti “Shaolin Fantastic” (Shameik Moore), fanático del kung fu y los filmes de Bruce Lee, recién egresado de “la escuela de la vida” y aprendiz de DJ Grandmaster Flash; uno de los pioneros y miembro de la Santísima Trinidad del Hip-Hop junto con DJ Kool Herc y Afrika Bambaataa.

Zeke, Shaolin y tres amigos más, los hermanos Kipling: Miles “Boo-Boo” (Tremaine Brown Jr.), Ronald “Ra-Ra” (Skylan Brooks) y Marcus “Dizzee” (Jaden Smith), forman The Fantastic 4 Plus One, después conocido como The Get Down Brothers. El grupo lucha por posicionar al Hip-Hop en una industria capitalizada por la música Disco, que entre sus representantes se encuentran: Mylene Cruz (Herizen F. Guardiola), novia de Zeke, hija del pastor religioso Ramón Cruz (Giancarlo Esposito, recordado por su papel como Gus Fring en Breaking Bad) y estrella en proceso; el hijo de la narcotraficante para la que también trabaja Shaolin, Fat Annie (Lillias White); Clarence “Cadillac” Caldwell (Yahya Abdul-Mateen ll), un gángster que solo sueña con bailar música Disco y ser jefe de tiempo completo de su sello discográfico, quien sin duda es uno de los personajes más carismáticos de la serie.

The Get Down

Ésta es la segunda producción original más cara de Netflix, (solo atrás de The Crown) costando diez millones de dólares por episodio, de los cuales en su mayoría se emplean en guardaropa de época para personajes y extras, coreografías elaboradas, licencias de música de los 70s y locaciones en el Bronx.

Luhrmann, director de Moulin Rouge (2001) y The Great Gatsby (2013), recurrió a expertos -y leyendas- en el tema del Hip-Hop como Nas, Grandmaster Flash, Kurtis Blow, y Nelson George para representar su visión lo más fielmente posible. También colaboró con los artistas de graffiti Crash y Daze, quienes empezaron su trabajo vistiendo los trenes de Nueva York de colores brillantes y frases con una carga política y cultural tan profunda como el movimiento que representan.

The Get Down mezcla ficción con aspectos reales: la cultura de pandillas, los precursores del género como los DJs, los B-boys y B-girls (breakdancers, llamados así por los bailes que realizaban cuando DJ Kook Herc pinchaba los “breaks”), murales de graffiti con los que adornaban prácticamente toda la ciudad, locaciones como Les Inferno y The Mansion (haciendo alución a los icónicos clubs “Club 731” y “The Royal Mansion”, respectivamente), un excelente sondtrack propio de ambos géneros y el desapruebo por la clase alta, política y blanca estadounidense. En conjunto, estos elementos dejan a cualquiera, sin importar tus antecedentes musicales, con ganas de saber más sobre la cultura, el impacto social y la libertad que representa el Hip-Hop.

Para complementar tanto The Get Down como la historia detrás de este tema en general, les invito a leer el texto que escribió mi compañero David Azar sobre Hip-Hop Evolution, serie documental de la misma casa productora que trata más específicamente los aspectos reales del movimiento cultural.

Trainspotting; drogas en exceso durante un día nublado

Jose Hernández: @josechj7

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Hace diez años, uno de mis mejores amigos llevó a mi casa una película de la que había pasado los últimos meses hablando, convenciéndome de que si la veía me iba a gustar tanto como a él. Ésta era una de las referentes por excelencia del director británico Danny Boyle: Trainspotting (1996). El filme nos presenta a Mark Renton (interpretado por Ewan McGregor) y a su grupo de amigos: Spud (Ewen Bremner), Sickboy (Jonny Lee Miller), Begbie (Robert Carlyle) y Tommy (Kevin McKidd). Todos en sus veintes, todos escoceses y todos, a excepción de Begbie, drogadictos.

Renton abre la cinta con un monólogo en el que establece que él eligió la heroína a diferencia de las personas que por convención social eligen la vida, tener una familia, un carro, una casa, etc. En cuanto termina la voz en off, nuestro protagonista se propone a dejar la droga de una vez por todas, por lo que prepara un tratamiento inusual con música sedante, sopa de tomate (10 latas), sopa de hongos (8 latas, consumir frías), helado de vainilla (grande), leche de magnesia (1 botella), paracetamol, enjuague bucal, vitaminas, agua mineral, pornografía, un colchón, un balde para orina, otro para cagar, uno más para vomitar, una televisión y una caja de Valium. Tan pronto se instala en su búnker de rehabilitación, Renton decide salir en busca de un último golpe. Lo único que le consigue su dealer Mikey Forrester (interpretado por Irvine Welsh, autor de la novela homónima en la que se basa la cinta) es un supositorio de opio, dando pie a una de las escenas más emblemáticas de la película. Renton pesca una terrible diarrea a causa de la droga y se ve obligado a buscar un retrete imaginando un gran baño reluciente con camillas de oro, mármoles blancos, un inodoro de ébano, una cisterna llena de Chanel Nº5 y un lacayo que le pase papel higiénico de seda. Como única alternativa, Renton encuentra el baño asqueroso de un pub, o lo que él llama: El peor inodoro de Escocia. Una vez ahí, sintiendo un gran placer al liberarse de su tormento, escucha caer los supositorios de opio y decide sumergirse -literalmente- en su búsqueda. Desde esta secuencia somos ya testigos de la bien lograda fotografía de Brian Tufano. Planos como el nadir, el punto de vista y el plano general logran transmitir esa sensación de estar en un ambiente frío y nublado, muy característico del Reino Unido.

La obra de Dany Boyle nos presenta algo más que una historia sobre el problema de adicción a las drogas que se vivía en la época, y que el gobierno escocés combatía con apoyos económicos para que la gente consiguiera empleo más fácilmente (como en el caso del personaje de Spud). Por sobre todas las cosas, Trainspotting nos presenta una historia de amistad disfuncional nutrida por excesos.

La banda sonora, además de las excelentes actuaciones, es de lo que más destaca en la cinta; canciones como Lust For Life de Iggy PopPerfect Day de Lou Reed y Born Slippy (Nuxx) de Underworld denotan puntualmente el sentir del filme. El ingenio de Boyle y de su equipo se resume en la sensación que tiene el espectador de ser “absorbido por la tierra”, a través de diversas técnicas que son muy características de su estilo visual y estética de videoclip.

Han pasado veintiún años desde el estreno de Trainspotting y ocho desde que mis amigos y yo tomamos caminos distintos, por lo que no podía esperar para reunirme con ellos una vez más y disfrutar del nuevo filme de Danny Boyle T2: Trainspotting (2016), la secuela de uno de los filmes noventeros con los que crecimos. Y así lo hicimos.

T2 me pareció precisa respecto a la continuidad con su antecesora. Cabe resaltar que con tan sólo una vez que la haya visto, el director originario de Manchester me dio una cátedra sobre cómo hacer la secuela de un éxito y no morir en el intento. Dejando el tema de la drogadicción (al menos sólo un poco), Boyle se concentra ahora en la amistad de un grupo de individuos que se conocen desde niños, probablemente desde la primaria o incluso antes, cuya relación se encuentra destrozada por el hecho definitorio con el que termina la primera película. Los protagonistas nos llevan de la mano, reviviendo con y a través de ellos la nostalgia de su precuela, logrando así una experiencia que puede gozar tanto el fan familiarizado con esta pequeña saga como el espectador sin referentes. La banda sonora no baja en calidad y la estética del filme nos regresa nuevamente a ese día nublado que pasamos al norte de Inglaterra en 1996; Boyle se encargó firmemente de que el estilo audiovisual de Trainspotting no muriera en esta nueva entrega. Uno de mis temores cuando anunciaron T2 era si la película tendría escenas tan memorables e impresionantes como la primera parte, así como un alma individual que no debiera recargarse en ésta para encontrar su encanto. Mi veredicto final es que Boyle hizo un excelente trabajo.

T2: Trainspotting reúne no sólo a los actores principales del filme original, sino que también a personajes secundarios como Diane (Kelly Macdonald), Gail (Shirley Henderson) e incluso el mismo autor de la novela nuevamente encarnando a Mikey Forrester. T2 logra trascender gracias a la pasión y el amor que la producción le tiene al arte y cuyo esfuerzo en conjunto deja a Danny Boyle y Trainspotting como un referente importante del cine británico contemporáneo.

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El cine y el nuevo feminismo; El sexismo subsiste en el séptimo arte.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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Los condicionamientos culturales nacen de necesidades contextuales. Fue hace unos cuantos milenios, por cuestiones de supervivencia, que se estableció la idea de que la mujer era la que debía quedarse en casa haciendo los deberes. El hombre, por lo contrario, proveía. Esto, repito, hace unos cuantos milenios: cuando la fuerza física era el atributo indispensable para la supervivencia, cuando lo que se llevaba a la mesa venía del esfuerzo que requiere la caza.

Demasiados años han pasado desde entonces. Años de civilizaciones, de guerras y pleitos, de imperios, de “descubrimientos”, colonizaciones, independencias y revoluciones, de la creación de naciones y potencias, de leyes y parlamentos, de urbanización, de uniones políticas, de democracias, de globalización, de una supuesta evolución y progreso, para llegar al mundo en donde nos encontramos hoy. Una sociedad que ya no se rige por la fuerza física, sino por la capacidad intelectual, la innovación, por la creatividad, la inteligencia; características que en definitiva no tienen nada que ver con los cromosomas X o Y.

Sin embargo, y muy a pesar del supuesto triunfo de la civilización, al sexo masculino y al femenino se le han adjudicado y se le siguen adjudicando un sinnúmero de condicionamientos religiosos, culturales y sociales, que venimos arrastrando desde los tiempos de las cavernas. El varón prueba su masculinidad con la capacidad de proveer que en nuestros días se traduce a su poder adquisitivo. ¡Cuánta presión! Tener que demostrar que estás hecho todo un hombre pagando la cuenta de la cena y, eso es lo de menos, porque después te tocará pagar las deudas de la casa, la colegiatura y bueno… casi todo. Las mujeres, en cambio, cargan con la responsabilidad de convertirse en objetos de deseo para el hombre. Ser puras, anheladas, bellas, para lograr encontrar a un marido que quiera pagárselos todo. Y créanme, teniendo en cuenta que esto de la belleza física es pura suerte, también es mucha presión. Hoy, a pesar de nuestra supuesta evolución, para una mayoría significativa el éxito económico es cosa de hombres, mientras que el éxito sentimental es más bien femenino.

¿Qué no es cierto? Siendo el monstruo de las producciones cinematográficas, hablemos de Hollywood. Hablemos de cine. El séptimo arte no es solo un claro reflejo de la sociedad y de nuestras predisposiciones culturales, lo que vemos en la pantalla grande retrata lo que somos. Los filmes son hoy el método de educación cultural más efectivo. El contenido mediático moldea nuestra sociedad y condiciona al niño, al adolescente y al adulto a normalizar ciertas actitudes, ideas o prejuicios.

Y sí, al escuchar esto citarán algunos ejemplos de cine comercial en donde el personaje principal es alguna mujer poderosa, porque los hay. Pero si prestamos atención a la mayor parte de los personajes femeninos en los filmes, se darán cuenta de lo mal que andan las cosas. Hay que comenzar por recalcar que hasta el año 2011 solamente un 16% de los protagonistas en las películas fueron mujeres.

“Por lo general el contenido fílmico son historias de hombres, sobre la vida de estos hombres, y después tenemos el subgénero de las chick-flicks. Ésas parecen ser historias sobre mujeres. Pero si las analizas, te darás cuenta que también giran en torno a los hombres. ¿Cómo encontrar al hombre? ¿Cómo embarazarte? ¿Casarte?” – Caroline Heldman, Profesora de Ciencias políticas.

¿Un filme que le muestre a un hombre cómo encontrar y agradar a la mujer de sus sueños? No se me ocurre más que Hitch (2005). A la inversa, en cambio, este tipo de filmes abundan.

Entre 1937 y 2005, solamente hubo 13 mujeres protagonistas en películas de animación, y todas ellas, a excepción de una, tenían como única y principal aspiración la de encontrar el romance. Aprovechando que es el nuevo fenómeno mundial, pongamos como ejemplo la adaptación del cuento de La Bella y la Bestía de Disney. Una historia pseudo-feminista, que presenta a una protagonista “adelantada para su tiempo”, solamente porque le gusta leer, se atreve a rechazar al galán del pueblo y tiene inquietudes por abandonar la pequeña aldea donde vive con su padre. “Necesito aventura… Necesito más que esta vida provincial” canta Emma Watson, la feminista en voga. Pero sus inquietudes se ven saciadas cuando se queda con el príncipe dueño de un inmenso castillo.

Si se trata de retratar lideresas en las películas, nos encontramos con esas jefas demandantes, escalofriantes, de corazón de piedra. Las que han renunciado al amor y que descuidan de la familia para llegar al puesto en donde están. Es esa soledad lo que las hace tan frías. ¿Acaso existe alguna película de un hombre que haya tenido que renunciar a tener esposa por su alto rango? Un soltero, a sus cincuentas, con un gran puesto de trabajo: eso me suena más a sex appeal.

El más descarado de los géneros para ilustrar la tesis de este artículo es, sin lugar a dudas, el terror. En estas películas, por lo regular, el hombre es el asesino que carga con el hacha y la mujer es la que corre por los bosques mojada en sudor, con una blusa semitransparente y desgarrada que deja notar sus pezones estáticos. En los remotos casos en los que la mujer resulta ser la asesina, el estereotipo es más bien el de una femme fatale seductora, vampiresa, que atrae a su victima con juegos sexuales.

Continuando por el camino del horror, en más del 95% de los casos, las víctimas de posesiones demoniacas, son pequeñas niñas o jovencitas. ¿O has visto acaso que le pase esto a algún chico joven? Esto se debe al sentido de fragilidad femenino.

“Una niña poseída, despierta un instinto protector en el público. Los niños adolescentes son percibidos como violentos y peligrosos, así que si decidimos que sean ellos los que son poseídos, el público por lo regular no es capaz de percibir la diferencia.” Comentó Eli Roth, el director de películas como Hostel (2005), The Green Inferno (2013) y Knock, Knock (2015).

Por lo regular, las mujeres en las películas son bastante estereotípicas, simples, sosas, sin aspiraciones por encima del deseo de encontrar el amor. ¿Por qué será? Son poquísimos los guionistas, los directores que saben retratar a sus personajes femeninos como los seres humanos complejos que son en la vida real. Mientras más alto escalas, menos mujeres hay. Solamente un 19% de los guionistas en Hollywood son mujeres. ¿Y directoras? Las estadísticas son aún más desesperanzadoras. Estamos hablando de 7 mujeres por cada 93 hombres.

Al día de hoy, la cosificación mediática de la mujer ha pasado a justificarse con la máscara de un feminismo hueco y mal fundamentado. Escuchamos discursos de actrices de series o de Hollywood, cantantes pop, sobre un supuesto poder femenino que parece estar muy de moda. Estas nuevas feministas tienen el cutis perfecto, piernas largas y firmes, ojos pardos, nariz afilada y en sus películas o vídeos musicales dejan mostrar sus atributos usando ropa demasiado ajustada o escasa: tal como lo dicta el gusto sexual masculino.

Una buena manera de mantener los malos hábitos es disfrazándolos de activismo social. Así como lo dijo el ministro de propaganda de la Alemania Nazi, Joseph Goebbels, “Una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”.

El nuevo feminismo construido por y para que los medios de comunicación no cambien su trato hacia la imagen femenina para seguir vendiendo, es obviamente aceptado y aplaudido por las masas. ¿Qué pasa si una reportera seria decide no usar una mini falda y cuestionar a un hombre en su programa? ¿Y si una mujer se atreve a llevar pantalones de sastre y postrarse en un debate presidencial frente a un político? Contará con mucho menos aceptación de la que logran esas feministas que encajan con los estereotipos de belleza comercial. ¿Las niñas pequeñas prefieren ser representadas por Beyoncé o por Rigoberta Menchú? Cuestiónenselo ustedes.

La mujer ha sido criada para competir con otras mujeres en belleza, en estilo, en clase y porte. Ella triunfa si logra conquistar al amor de su vida. El hombre por el contrario debe ser fuerte, atrevido, intimidar a otros hombres, y contar con una buena cantidad de billetes en la cartera. Cuestiones que de genético no tienen nada, que no son más que creencias culturales. Estos condicionamientos afectan tanto al hombre como a la mujer.

“Alabamos a la mujer por su virginidad, pero no al hombre. Y siempre me he preguntado cómo se supone que esto debe funcionar porque la pérdida de la virginidad es, por lo general, una práctica que necesita a un hombre y a una mujer.” – Chimamanda Ngozi Adichie.

¿Me pregunto a veces dónde queda la calidad humana fuera del género? A la mujer se le educa en la vergüenza sexual, se le inculca una especie de culpabilidad por despertar el apetito masculino. A él en cambio se le justifica que se comporte como un verdadero predador desesperado. El padre puede felicitar a su hijo por haber estado con tres mujeres en una noche. ¿Qué diría el mismo padre si su hija hace lo mismo? ¿Cuestiones genéticas? No. Prescripciones sociales. Y éste es solamente uno de mil ejemplos. Hay muchas más de esas disposiciones mentales con las que cargamos que nos impiden ver al individuo por su condición de humano. Somos expertos en juzgar por lo que alguien como “mujer” hace, posicionándola bajo el degradante calificativo de niña bien. Si ser una niña buena o una niña bien requiere una dosis de sumisión y renuncia a mis propias aspiraciones intelectuales, profesionales o personales, para así no intimidar a los miembros del sexo opuesto, espero jamás serlo.

El feminismo no se traduce en un odio o la constante búsqueda por desacreditar al sexo masculino, como muchos creen. No es la que comienza con la alegata entre quién tiene la culpa de haber sido echados del paraíso, si yo Eva o tú, Adán. Tampoco la que acusa o achaca al hombre. El feminismo real, el feminismo bien argumentado, ése que es tan vital, busca la equidad. Se quita la venda del rol del género y mira las injusticias que se cometen tanto a hombres como a mujeres. Adopta un estilo de vida que se basa en el respeto, por encima de las condiciones biológicas. La dignidad humana por encima del género.

Según el diccionario de Oxford, feminista es una persona que cree en la igualdad económica, social y política de los sexos. Ser llamada feminista no debe ser un reproche, ni tampoco una banderola que justifique actitudes de desdén. Ser llamada feminista es un halago, porque quiere decir que eres lo suficientemente consciente de las falsedades, las arbitrariedades y velas por el respeto y la igualdad. Es la mujer que reparte la cuenta, que trabaja como equipo con su pareja, porque es consciente de la dificultad que implica el mantener a una familia. Es el hombre que no se siente intimidado por estar con una mujer exitosa, sino lo contrario. ¡Sí, he dicho hombre! El feminismo no es algo que se le debe atribuir únicamente a las mujeres. Hay que admitirlo, no hay cosa más bella que un hombre feminista.

“We should all be feminists” – Chimamanda Ngozi Adichie.

adam's rib

 

Robinson Crusoe en Marte; enfrentando la soledad desde la Ciencia Ficción

David Azar: @DavidAzar93

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Póster francés de Robinson Crusoe on Mars

Cuando Andy Weir publicó The Martian en 2011, muchos comentarios que alababan la novela fueron en parte relacionados con la veracidad científica con que el protagonista Mark Watney, un astronauta especializado en botánica varado en Marte, se las ingenia para sobrevivir durante 560 soles marcianos (577 días terrestres aproximadamente) completamente sólo. Para la adaptación cinematográfica que Ridley Scott realizó cuatro años después, James L. Green, director de la División de Ciencias Planetarias, y Dave Lavery, ejecutivo del Programa de Exploración del Sistema Solar, asistieron al equipo de producción en representación de la NASA impartiendo información especializada, fotografías de equipos espaciales, consultoría, entre otras cosas. Según la revista Newsweek, The Martian (2015) es la película con la que más ha colaboración la agencia encargada de administrar y explorar el espacio exterior.

El planeta rojo ha sido objeto de fascinación y estudio. Desde los astrónomos del antiguo Egipto hace 3500 años, hasta el primer objeto creado por el hombre (el Mars 2 de la Union Soviética) en impactar la superficie marciana en 1971. La humanidad ha demostrado su determinación en revelar los misterios que se esconden en nuestro vecino rojo. Actualmente, Marte cuenta con dos robots rover y seis satélites artificiales en órbita explorando sus rincones. Gracias a estos avances tecnológicos, hoy contamos con una extensa cantidad de información acerca de la geología, hidrología y rotación de este planeta, y The Martian cumple su misión de ilustrar de manera realista estas evidencias científicas.

Estos datos no siempre han estado a nuestra disposición, pero la imaginación sí. Antes de la certeza científica, existían especulaciones de todo tipo en cuanto a la naturaleza del planeta vecino. La existencia de vida inteligente y la posible colonización de Marte son dos ideas que han sido el motor de una gigantesca lista de relatos fantásticos que forman parte del imaginario colectivo desde el siglo XVII. El polímata y académico alemán Athanasius Kircher (1602–1680) y el teólogo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) son dos de los primeros curiosos en plantear el concepto del contacto con Marte. Yéndonos a un contexto más moderno, la idea de civilizaciones en el planeta rojo fue un tema recurrente en la literatura de ciencia ficción de la década de los 50s: Crónicas marcianas (1950) de Ray Bradbury, Las arenas de Marte (1951) de Arthur C. Clarke y Ranger del espacio (1952) de Isaac Asimov ilustran diferentes acercamientos con la vida alienígena en este planeta.

En 1965, la nave espacial norteamericana Mariner 4 realizó el primer sobrevuelo planetario con éxito en Marte, trayendo consigo fotografías de la superficie marciana. Este evento fue un parteaguas en la percepción general del planeta rojo, pues por fin existían referencias verídicas de éste. A partir de ese momento, la ficción se adaptaría a la realidad ahora descubierta. Sin embargo, un año antes de que esto sucediera, una pequeña película independiente de ciencia ficción producida por Aubrey Schenck le atinaría a muchas de sus hipótesis marcianas, usando como esqueleto narrativo un gran clásico de la literatura inglesa: Robinson Crusoe on Mars (1964) de Byron Haskin.

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Este pastiche sci-fi de la novela de Daniel Defoe publicada en 1719 sigue al comandante Christopher “Kit” Draper (interpretado por Paul Mantee) en su intento por sobrevivir y regresar a la Tierra después de que la amenaza de impacto de un meteorito con su nave espacial lo hiciera descender a la superficie de Marte en un aterrizaje forzado. Gracias a su entrenamiento de astronauta, Kit encuentra soluciones para cubrir sus necesidades básicas: oxígeno, agua, comida y techo. ¿Les suena familiar? Acompañado de una changuita llamada Mona, Kit deberá encontrar una manera de regresar a casa. Durante su misión, descubrirá que él y Mona no están solos en el planeta rojo; en su camino, Kit rescata a un esclavo intergaláctico de apariencia humana (interpretado por Victor Lundin) y lo bautiza como “Friday”, en honor al personaje de Robinson Crusoe.

Antes de incursionar en la dirección, Haskin se había desenvuelto en otras áreas de la industria cinematográfica por veinticinco años: como director de fotografía en la década de los 20s y artista de efectos especiales a lo largo de los 30s y mitad de los 40s. Fue en este último campo en que destacó con gran singularidad; como artista de efectos especiales, Haskin estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones y llegó a ser el jefe de dicho departamento en la Warner Bros. Además de su impresionante trayectoria, Haskin ya había trabajado con los géneros de aventura y ciencia ficción desde la silla de director: la versión Live action de Disney de Treasure Island (1950), basada en la novela de Robert Louis Stevenson, y la primera adaptación cinematográfica del clásico de H.G. Wells The War of the Worlds (1953). Con este currículo de respaldo, Byron Haskin perfilaba como el candidato perfecto para llevar a la pantalla Robinson Crusoe on Mars después de que el guionista Ib Melchior lo abandonase por una agenda conflictuada con otros proyectos. Con Haskin abordo de la película, John Higgins fue contratado para reescribir algunas escenas, cambiando significativamente la historia inicial; en la versión de Melchior, Kit se enfrentaría a criaturas monstruosas, pero también se toparía con otras benignas, mientras que Higgins prefirió enfocarse en la supervivencia de Kit dentro de un Marte inmenso y solitario.

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Kit Draper (Paul Mantee) y Friday (Victor Lundin)

De entre todas las películas de ciencia ficción ambientadas en Marte, o con alguna raza marciana amenazando a la humanidad como premisa, Robinson Crusoe on Mars destaca por la naturalidad de su conflicto principal y la manera en que éste engancha al público: el instinto de supervivencia de un astronauta en el inexplorado planeta rojo. Al igual que el Robinson Crusoe original, Kit se enfrentará con un problema más agudo y filosófico una vez que haya cubierto sus necesidades para subsistir: la soledad. Uno pensaría que los problemas primordiales como la falta de oxígeno o escasez de alimentos constituirían el reto más grande para nuestro protagonista humano, pero el aislamiento es el concepto que Haskin desarrolla para construir el drama que mueve la historia y motiva al astronauta a encontrar una salida de aquel mundo. La presencia de Friday revitalizará las esperanzas de Kit, pero al mismo tiempo incrementará la urgencia de escapar del planeta; los opresores que lo esclavizaron, materializados en naves alienígenas que rastrean a sus presas y disparan rayos láser, no descansarán hasta capturar al ahora prófugo.

Los gadgets, elemento sustancial y característico del género, se limitan a dispositivos prácticos y realistas -mas no anticuados- que auxiliarán a Kit para mantenerse con vida (a excepción de las naves espaciales que someten a los esclavos intergalácticos, diseñadas por Al Nozaki). Resalta en lo particular la cámara en forma de pistola con que Kit filma desde muy lejos al grupo de esclavos del que Friday logra escapar unos segundos más tarde. A finales de esa misma década, este gadget se materializaría en las unidades Portapack de Sony que se montan en la espalda para, según Michael Lennick, “camarógrafos de noticieros y cineastas novatos”.

Posiblemente, el logro más grande de la película es la manera en que Haskin y su equipo de producción acertaron en la representación del planeta vecino tan sólo un año antes de que el Mariner 4 nos lo describiera con certeza. Previo a este evento, la idea que teníamos de Marte estaba basada en las observaciones telescópicas de astrónomos del siglo XIX como Percival Lowell y Giovanni Schiaparelli. Se creía que el imperante color rojizo de la superficie marciana, símbolo ilustre del planeta, se debía a la vegetación del lugar, entre otras ideas disparatadas. Sin tener un marco de referencia verídico, Robinson Crusoe on Mars retrató a Marte como un plantea con una geología diversa: por un lado, vemos los famosos “canales” de Schiaparelli que forman parte del escenario desértico y rocoso, mientras que los polos están conformados por casquetes de nieve. Ambas suposiciones serían corroboradas con las fotografías del Mariner 4.

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Haskin encontró sus locaciones predilectas en el desierto de Death Valley, en el Estado de California. A diferencia de los Westerns que se habían rodado en las planicies de esta zona, Haskin aprovechó las crestas pedregosas para dar vida a la topografía marciana. Para deshacerse del cielo azul que adorna el cañón californiano, Haskin empleó la técnica fotográfica del Matte para yuxtaponer las colinas con cielos de colores rojizos y anaranjados, dándole vida a un Marte no muy alejado de la realidad.

Finalmente, la música original de la película estuvo a cargo del veterano compositor Nathan Van Cleave, la cual es descrita por el sitio web de Mondo de la siguiente manera:

Los temas de Van Cleave son simultáneamente proféticos y triunfantes. Tan sólo unos cuantos años antes de que Planet of the Apes (1968) llevara la ciencia ficción a sus limites distópicos, la banda sonora de Robinson Crusoe on Mars es una pura cápsula patriótica del tiempo; sonidos de un futuro-retro de cuando el cine de ciencia ficción todavía se producía con verdadera sinceridad optimista

Esta extrapolación de un clásico literario al planeta rojo es un logro de la imaginación y la suposición científica. Hoy en día, Robinson Crusoe on Mars continua reclutando aficionados de la ciencia ficción gracias a la misma razón por la que ésta se nutre: la especulación de un futuro incierto. Se dice que para la década de 2030s el hombre llegará a Marte por vez primera, lo que causará una nueva ruptura en el tratamiento del planeta a través de la ciencia ficción. Yo, mientras tanto, seguiré revisitando la aventura de Kit, Mona y Friday, dejando que la fantasía y la acción me transporten a 225 millones de kilómetros de nuestro hogar.

Fuentes:

  • Lennick, M. (2011) Robinson Crusoe on Mars: Life on Mars. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/613-robinson-crusoe-on-mars-life-on-mars.
  • New Music Release: Robinson Crusoe on Mars. Mondo (2011) Consultado en:https://mondotees.com/blogs/news/115756291-new-music-release-robinson-crusoe-on-mars.
  • Páginas de Wikipedia: Exploration of Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Exploration_of_Mars]; Mars [https://en.wikipedia.org/wiki/Mars#Historical_observations]; The Martian (film) [https://en.wikipedia.org/wiki/The_Martian_(film)].

Replanteando el Musical: cuatro películas ejemplares

David Azar: @DavidAzar93

Singing in the Rain
Singin’ in the Rain (1952) de Gene Kelly y Stanley Donen

He de confesar algo que puede ser chocante, incluso contradictorio, para muchos cinéfilos lectores: el único género cinematográfico que no soporto es el musical. Entonces, ¿por qué escribí este artículo? Particularmente, mi conflicto con este género es la irrealidad con la que los personajes se desenvuelven con la música dentro de sus historias. Carlos Infante lo explica mejor en la revista digital Filomusica:

“A nadie le extraña que un policía, por ejemplo, pasee por una calle y de repente arranque a cantar y bailar como si del mejor bailarín se tratase, con una coreografía de ensueño y una orquesta colosal sonando de fondo”

Con el musical no hay más que dos opciones: o no lo toleras o lo amas. Me he topado con muchos que comparten mi punto de vista respecto al género. Pero igualmente, me he encontrado con muchos que quedan irremediablemente fascinados. Sin embargo, después de haber explorado un poco más, creo entender cuál es la fascinación por el cine musical. Si no me equivoco, es esa misma irrealidad que mencioné antes lo que hace que guste tanto y a tantos.

En fin, sea cual sea tu postura, el cine musical es un género único, inigualable y opera dentro de sus propias reglas de fantasías. En este universo, la música deja de ser un acompañamiento estético que refleja el estilo o el sentimiento de una escena y se convierte en un elemento narrativo ineludible que no sólo carga con el espíritu de la historia, sino que la mueve hacia adelante. El cine musical constituye una gama de creatividad en la que músicos, compositores (y a veces también los bailarines) convergen en una sintonía particular con el lenguaje cinematográfico, mismo que incluso hoy en día no goza de una especificidad total.

He de admitir que, a pesar de no considerarme un fan del género, me he topado con cintas muy interesantes que sólo serían posibles gracias a la infinita experimentación que comprende el cine musical. A continuación, les comparto cuatro películas que, incluso si no pueden catalogarse estrictamente en el género, han abordado el concepto musical de maneras diferentes e interesantes.

Une femme est une femme (1961) de Jean-Luc Godard

En 1960, el cineasta franco-suizo y pionero de la Nouvelle vague Jean-Luc Godard saltó de la crítica de cine a la realización cinematográfica, en el formato largometraje, con la inusual À bout de shuffle. Marcó así el inicio de una obsesión del director por desmenuzar el cine para entenderlo a fondo, encontrar un lenguaje específico y darle un lugar legítimo junto a las demás artes. Ése mismo año, el director hizo Le petit soldat, una película que causó controversia por su contenido político acerca del papel de Francia en la guerra de Algeria. Fue tan sólo un año después que llegó su tercera película, Une femme est une femme, la que el mismo Godard llamaría su “verdadera primer película”.

La trama (algo irrelevante cuando se trata de Godard) sigue la relación de Angéla (Anna Karina), una bailarina exótica , y su novio Émile (Jean-Claude Brialy) en torno a una discusión sobre tener un hijo. Alfred (Jean-Paul Belmondo), el mejor amigo de Émile, está enamorado de Angéla y se propone a coquetearle a lo largo del filme con el fin de conquistarla. Por encima de este triángulo amoroso, Une femme est une femme es una oda a la mujer o, como dice J. Hoberman en su ensayo de la película para Criterion Collection, “la idea que Godard tiene de una [mujer]”.

En palabras de su director, Une femme est une femme es “la idea de un musical”, “nostalgia por el musical” y también “un musical neorrealista”. Más que de un musical en sí, se trata de la evidente inspiración y exploración de uno. Por momentos, Godard nos recuerda que estamos en una película por medio de sus experimentos y juegos, como cuando Anna Karina rompe la cuarta pared y le dice al público “Quisiera estar en un musical con Cyd Charisse y Gene Kelly!” al mismo tiempo que posa con un paraguas, haciendo homenaje al clásico del género Singin’ in the Rain (1952).

La música de Michel Legrand converge con la fotografía de Raoul Coutard para brindar más locura al relato, y el leve pero continuo aire de película musical hace más digerible la película en general, o al menos digerible en términos godardianos.

Buena Vista Social Club (1999) de Wim Wenders

En 1996, el músico estadounidense Roland Peter “Ry” Cooder y el productor de música británico Nick Gold viajaron a La Habana, Cuba, para grabar un disco de Highlife con dos músicos africanos. Una vez en la isla caribeña, Cooder se enteró de que los músicos no habían llegado, y no lo harían, pues al final no recibieron sus visas. Cooder y Gold decidieron entonces emprender un proyecto nuevo: reunieron músicos locales de gran prestigio (aunque algunos retirados) y grabaron el disco de son cubano Buena Vista Social Club en un período de seis días. Buena Vista Social Club fue lanzado el 16 de septiembre del año siguiente por World Circuit Records, y la banda fue bautizada con el mismo nombre. El proyecto fue un éxito rotundo.

Al mismo tiempo, el director alemán Wim Wenders documentó todo el proceso de grabación, junto con los conciertos que dio la banda en 1998 en la ciudad de Amsterdam (dos noches en abril) y en el Carnegie Hall de Nueva York el 1 de julio. Sí, es un documental acerca de música y no un musical en sí, pero la manera en que Wenders aprovechó el material que su amigo Ry Cooder puso a su disposición bastó para que el cineasta creara un acceso audiovisual a la música cubana de una excelente calidad. Wenders mezcló imágenes de la grabación y de los míticos conciertos con secuencias musicales hipnotizantes en las que cada músico que conforma la banda habla de su historia personal, su pasión por el instrumento que toca, la música en general, lo que significa Cuba para ellos y, finalmente, cómo fue que se unieron al proyecto de Cooder y Gold. El resultado final es un entrañable retrato personal y general de los músicos y la banda, respectivamente, cargado de buena música cubana en sus diversos matices. Al ver la película, uno olvidaría que Wenders viene de Alemania por el modo en que las imágenes de una Habana detenida en el tiempo fluyen con tanta naturalidad, como si el cineasta conociera los rincones de la isla de memoria y los hubiera capturado con mucha familiaridad.

Buena Vista Social Club (1998) tampoco es un musical en su sentido más estricto, pues se encuentra lejos de la ficción con sus secuencias coreografiadas y dosis de “irrealidad”, pero es una película inmensamente entregada a la música con un estilo muy original en su tratamiento.

Dancer in the Dark (2000) de Lars von Trier

Después de haber realizado el drama más contundente de su carrera con Breaking the Waves (1996) y su incursión al Dogma 95 con The Idiots (1998), Lars von Trier hizo mancuerna con la cantante islandesa Björk para lo que sería el primer y único musical hasta ahora en su filmografía: Dancer in the Dark. En este melodrama, Björk interpreta a Selma, una migrante checa en Washington con una condición degenerativa en la vista que trabaja en una fábrica para poder pagar la cirugía que curaría a su hijo del mismo problema. En medio de este conflicto, Selma sueña despierta frecuentemente, casi en estado de transe, dando lugar a los números musicales de la película. El director danés logra hacer a un lado el elemento de irrealidad del cine musical convencional al justificar las secuencias de baile como meras fantasías de nuestra protagonista, que al mismo tiempo son un escape de la profunda depresión y estrés que imperan en su vida.

Siguiendo la tradición del Dogma 95, aunque sin pertenecer estrictamente a este movimiento, Dancer in the Dark fue filmada en video y no en celuloide. Además, von Trier rodó las secuencias musicales en cámara estática y aumentó el brillo de los colores para contrastarlas con el resto de las escenas. Por otro lado, Björk se encargó de la música en su totalidad, y escribió las canciones junto con von Trier y el poeta islandés Sjón.

Dancer in the Dark ganó la Palma de oro en la 53ª edición del Festival de Cannes y Björk, a pesar de haber decidido no actuar otra vez después de la mala experiencia que fue trabajar con von Trier, recibió el premio a Mejor actriz. La islandesa también estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor canción original por el tema I’ve Seen it All, misma que interpretó en la ceremonia de premiación.

Interstella 5555 (2003) de Kazuhisa Takenouchi

Dos años después de lanzar su segundo álbum Discovery (2001), Daft Punk estrenó esta película que sirvió como pieza de acompañamiento al proyecto. En colaboración con el legendario escritor y productor de anime Leiji Matsumoto, el dúo francés compuesto por Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo produjo Interstella 5555: The 5tory of the 5ecret 5tar 5ystem, un musical animado que sigue el rescate de una banda extraterrestre de Pop por un piloto espacial después de que un despiadado manager de la industria discográfica los haya secuestrado para hipnotizarlos y enriquecerse con su música en la Tierra. Kazuhisa Takenouchi, quien quince años antes había dirigido una cinta de Dragon Ball, fue elegido como director del proyecto. Al no tener diálogos, la película se apoya enteramente en la mezcla entre las fascinantes imágenes de Toei Animation (bajo la supervisión de Matsumoto) y la música de Daft Punk como recurso narrativo. La banda sonora es nada más y nada menos que el mismo tracklist de Discovery, con las canciones justo en el orden original en que aparecen en el disco, haciendo del filme una compilación de videoclips que uno tras otro va contando la historia de modo coherente, emotivo y poético.

Interstella 555se convirtió en una cinta de culto casi instantáneamente. Las canciones funcionan como videoclips individuales con sus escenas correspondientes, aunque la mejor manera de disfrutar la música de Discovery es viendo la película de pies a cabeza, como un largo video musical. Interstella 5555 es producto de algunas de las mejores cosas con las que contamos actualmente: anime, ciencia ficción y Daft Punk.

Fuentes:

  • Hoberman, J. (2004) A Woman Is a Woman. The Criterion Collection. Consultado en: https://www.criterion.com/current/posts/330-a-woman-is-a-woman
  • Infante, C. (2004) Historia del Cine Musical (Introducción). Filomusica. Consultado en: http://www.filomusica.com/filo55/historia.html