Ser una chica Almodóvar; la movida madrileña y su legado al cine español

Natalia Martínez Alcalde: @NataliaMa2

Pedro Almodóvar, Rossy De Palma y Verónica Forqué en el rodaje de Kika (1993)

“A propósito, no es por meterme nunca donde no me llaman pero, ¿no has pensado nunca en afeitarte el bigote? – ¿¡Por qué!? El bigote no es sólo patrimonio de los hombres, eh. De hecho, los hombres con bigotes o son maricones o fachas… o ambas cosas a la vez.” – Kika

El himno del hedonismo se convirtió en bandera y se colgó de los balcones enrejados de Chueca, Lavapiés y la Latina tras el anuncio de la muerte de Francisco Paulino Hermenegildo Franco y Bahamonde, nombre completo del hombre que se autodefinió caudillo de España y sirvió como jefe de Estado desde el término de la guerra civil en 1936 hasta su fallecimiento en 1975.

La guerra civil le regaló a España una larga dictadura basada en la dialéctica de los triunfadores y los subyugados, separando al país en dos bandos e imponiendo un freno de mano feroz a la libertad pública. Es de entenderse, pues, que cuando el cuerpo inactivo del generalísimo desfiló dentro de un lustrado ataúd de madera caoba frente a la fuente de la Cibeles, para después ser enterrado en su monumento del Valle de los Caídos, los que habían sido reprimidos, silenciados, restringidos y señalados como fracasados, interpretaran las trompetas del funeral como el anuncio de un paraíso venidero. ¿Un presagio de libertad? Tal vez sí. Tal vez la España tímida que se tapaba el rostro con el velo negro de la religión y la tradición podría acercarse a la modernidad de la que gozaba el resto de Europa. Tal vez. Pero ese simple tal vez, el anuncio de la anhelada transición, llenó de esperanza a los que, durante el periodo de dictadura, no la habían pasado bien.

“Los nostálgicos del régimen anterior guardaron silencio y se quedaron en su casa como agazapados. Hubo algo muy interesante y es que el miedo cambió de acera. En el año 1977 uno sale a la calle y se da cuenta de que ha perdido el miedo.” – Pedro Almodóvar.

La súbita pérdida de temor del réquiem del franquismo derivó en lo que el dictador siempre temió: el goce callejero, la sensualidad extrema, el hedonismo colectivo que pasó a caracterizar la vida nocturna de barrios madrileños como Malasaña. El despertar político que, en el caso de muchos, hizo florecer una expresión artística muy Kitsch, excesiva, nocturna, alcoholizada, drogadicta e impúdica. Les hablo con cariño de la movida madrileña.

El movimiento incluía un poco de todas las variantes artísticas: grupos de músicos jóvenes como Kaka de Lux, Alaska y Los Pegamoides; pintores como Ouka Leele, Ceesepe o el Hortelano; fotógrafos como García Alix; todólogos del arte que se travestían para cantar por las noches y pintar por el día como Fabio McNamara. Fue este grupo insaciable el que dio vida y otorgó dirección al cine Almodovariano. Sí, el máximo exponente de la movida fue y seguirá siendo Pedro Almodóvar.

Pedro Almodóvar en el rodaje de La ley del deseo (1987)

“Oye bonita, tengo que colgarte. Ha venido un sádico asesino que está destrozándome viva.” – Laberinto de pasiones (1982)

Es Almodóvar el director español de mayor resonancia y reconocimiento internacional. ¿Y es que quién no lo conoce? El estilo del director y, por ende, de la movida, se convirtió en un género cinematográfico en sí mismo. Durante el franquismo, el cine español sufrió de duras censuras y de tradicionalismos impuestos en su contenido. Pedro Almodóvar surgió para girar la tuerca de la situación con su pasión por lo caricaturesco, su diseño de producción con colores explosivos, sus personajes complejos, esos diálogos pasionales, un melodrama recurrente y la continua referencia a obras de arte olvidadas por el imaginario español del franquismo. Pero aún más importante a recalcar, diría yo, son sus chicas, sus mujeres. Una de las labores del arte para con la sociedad después de la dictadura era, sin lugar a dudas, la emancipación de la figura femenina. Difícil labor. Almódovar adoptó esta faena y vaya que la supo llevar a cabo. Cedió su cámara estrafalaria para darle voz a la figura de la mujer española que había sido silenciada y moldeada según el patriarcado franquista.

Se estrenó Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en el año 1980. El filme, con música de Alaska y Los Pegamoides, instauró la figura de la “chica Almodóvar”. El hábitat de la chica Almodóvar era Madrid. El director nos mostró a madrileñas perdiendo la cordura ante un ataque de nervios, usando tacones lejanos, rogando “¡Átame!” a viva voz en un encuentro sexual. Una efigie femenina tan basta, compleja, tan libre de vestirse como se le dé la gana, enamorarse, desquiciarse, matar, triunfar, hacer y deshacer por sí misma, que se convirtió en un verdadero ejemplo internacional. El atractivo de estas chicas residía en renunciar al esquema de ser (o pretender ser) la “niña buena” para pasar a poseer autonomía de acción y pensamiento.

Dicen que la ficción, allá en los ochentas, permeó la vida de muchas mujeres de la época que comenzaron a salir a la calle con atuendos parecidos a los de Carmen Maura. Se nos hizo protagonistas de historias muy nuestras y esas expresiones artísticas nos hicieron saltar con gusto el legado del “segundo sexo”. Mujeres conscientes de la dependencia social y económica ante la cual nos encontramos maniatadas al género masculino, pero que aun así son muy capaces de meter el cuerpo de su marido asesinado en una nevera y dedicarse de lleno a alimentar al staff de una película en un restaurante robado, como hizo Raimunda en Volver (Pedro Almodóvar, 2006). Coraje y sofisticación, amor propio y desbarajustes, pero sobre todo solidaridad. Cuando una chica Almodóvar se encuentra con otra, así tan capaz de construir su vida sin colársele entre las piernas a un hombre, ésta le dedica la fidelidad de una madre a una hija. Porque estamos juntas en esto, creo.

Habría que recorrer sus coloridos títulos para conocer cómo este artista tomó la batuta ante la transición. Representó sin temor a los silenciados, a los homosexuales y travestis, a las mujeres con sus miedos, sus pasiones, sus letargos emocionales y culturales. Hizo protagonistas y héroes de los miembros de la sociedad que no habían formado parte de la historia del cine, del antitético. Instaló luces neón, y muchas.

“¿Cómo se puede ser machista con semejante par de tetas?” – Todo sobre mi madre (1999).

Victoria Abril, Pedro Almodóvar y Marisa Paredes en el rodaje de Tacones lejanos (1991)

Así que para hablar de Almodóvar hay que sacar a relucir que Madrid, así como la España de nuestros días, tiene dos caras. ¿Y qué puedo decir? A mí me cautiva la cara almodovariana. Ésa que es desordenada y frenética, incandescente y Kitsch. La parte de Madrid que goza de una decadencia legítima y a la vez humana y bondadosa. Con mujeres que trabajan a diario por la equidad. La ciudad de una juventud que sin tapujos se atreve a denunciar a los cuatro vientos toda seña de injusticia. Un mundo subterráneo, incluyente y valeroso, donde las preferencias sexuales no son el tema de la discusión del sábado. El Madrid que heredó la movida, el de Almodóvar huele a emancipación.

Remato diciendo, entonces, que yo quiero ser una chica Almódovar. Gracias, Pedro.

Gonzalo Suárez: Homenajeado en el 25 Festival de Cine de Madrid.

El Festival de Cine de Madrid cumple 25 años y decide dedicar su primer cuarto de siglo a Gonzalo Suárez, cineasta y escritor prolífico.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Para mí el cine nunca fue un trabajo, fue más un juego.

– Gonzalo Suárez.

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El pasado viernes 14 de octubre arrancó el Festival de Cine de la Plataforma Nuevos Realizadores en la capital de la Península Ibérica. A manera de inauguración se rindió homenaje a uno de los realizadores esenciales de la cinematografía española.

El homenaje se celebró en el Cine Doré, situado en el barrio de Antón Martín, calle Santa Isabel. Este espacio, ahora sala de exhibiciones de la Filmoteca Española, se inauguró en diciembre de 1912. El Cine conserva su nombre original y guarda aún, entre sus paredes color azul turquesa, ese aire de comienzos del siglo XX. La sala envuelve al espectador, lo hace olvidarse del ruido de la tecnología, de las responsabilidades diarias, del tedio, para adentrarse en las ficciones narradas por la pantalla grande.

¿Existirá mejor lugar que el Cine Doré para rendir homenaje a un gran cineasta español? Lo dudo.

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El viernes 14 de octubre a las veinte horas, en un Madrid en el que ya comienza a anochecer a horas decentes, Gonzalo Suárez caminó por el pasillo central de la sala de proyecciones siendo aplaudido por todos los ahí presentes. Así comenzó el 25 Festival de Cine de Madrid de la Plataforma Nuevos Realizadores: rindiendo homenaje a uno de los personajes del cine español más emblemáticos y admirados.

Suárez nació en Oviedo, Asturias en 1934. Recorrió varios oficios antes de dedicarse a la imagen en movimiento. Fue pintor, ejerció como periodista deportivo bajo el seudónimo de Marin Girard y hasta hoy sigue saltando entre la faena del novelista y el cineasta. Fue ganador del premio Nacional de Cinematografía y del Goya a la mejor dirección por Remando al viento (1988)– filme protagonizado por Hugh Grant.  Es escritor y director; ni uno, ni otro, sino ambos, porque ambos oficios se complementan. Bien dijo alguna vez Julio Cortazar sobre él: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal”.

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Para los madrileños que nos leen, dejamos aquí el link donde podrán encontrar la programación completa del festival con las proyecciones de los filmes de Suárez que se realizarán en Cine Doré:

Programa de mano del 25 Festival de Cine de Madrid, Plataforma Nuevos Realizadores. 

En cambio, para los que están lejos de la capital española, pero que quisieran conocer la obra de este imaginativo cineasta, IV Acto les recomienda tres de sus películas:

La Parranda (1977)

La producción cuenta con un reparto excepcional, desde Charo López hasta José Sacristán. Este filme es la adaptación del libro A Esmorga de Eduardo Blanco Amor. El encuentro definitivo con el cine español de Gonzalo Suárez.

Datado en 1934, narra la historia de un Cibrán, un obrero que le promete a su amante trabajar para que ella pueda dejar de ejercer la prostitución. A la mañana siguiente, en el camino a su nuevo trabajo, se encuentra con sus dos amigos, el Bocas y el Milhombres. Cibrán cede ante los convites del par de borrachos y comienza así una jornada caracterizada por episodios de grave demencia, violencia, sexo y excesos. Con escenas que rayan en el surrealismo de la edad de plata, el filme nos muestra a un personaje principal desdichado y poco convencido sobre si seguir hundiendo su vida o cumplir con su promesa de estabilidad laboral.

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El detective y la muerte (1944)

De nuevo, con pinceladas de un surrealismo sombrío, Gonzalo Suárez construye una atmósfera negra protagonizada por el único elemento al que nadie puede escapar: la muerte.

Un importante magnate (Héctor Alterio) tiene el poder de quitarle o darle vida a quién él quiera, sin embargo, no tiene la capacidad de prevenir su inminente muerte. El magnate le regala a su hija -con la que mantiene una relación amorosa- un artefacto que le permitirá verlo después de muerto. La hija lo que en realidad desea es que su madre, la Duquesa, muera, así que la manda matar.

El detective Cornelio (Javier Bardem) perdidamente enamorado de la Duquesa, hará hasta lo imposible por que sobreviva.

Remando al viento (1988)

Los protagonistas de este filme son el poeta inglés Lord Byron (Hugh Grant), la creadora de Frankenstein, Mary Shelley (Lizzy McInnerny) y su esposo el escritor Percy Bysshe Shelley (Valentine Pelka). El primero incita a sus dos amigos a escribir una historia de terror. Es así que Mary comienza su obra maestra, Frankenstein. Una cadena de eventos misteriosos, de tragedias, le comienzan a suceder a las personas que rodean a la escritora. Mary, perdiendo la cordura, está convencida de que el monstruo que creó es el que causa todas esas desventuras. Un filme que se esfuerza por recrear cada aspecto de los dogmas del romanticismo hecho para los amantes de la literatura.