Zama: de un lento y tropical descenso a la locura

Jean Carlo Medina: @jeanmedina21

Daniel Giménez Cacho es Don Diego de Zama

Un timbre musical que parece descender infinitamente suena en el fondo. Don Diego de Zama (Daniel Giménez Cacho), ligeramente desalineado y con sudor en la frente, acaba de recibir noticias que le saben más a sentencia: a la Corona Española le tomará al menos otro par de años dar la orden para su traslado. La melodía descendiente se refleja en la mirada de Don Diego, hombre que lleva años atrapado en un limbo burocrático a las orillas de un rio paraguayo, lejos de su familia, esperando el momento en que le den orden de regresar. Para completar la escena, una llama entra a la habitación y se posa, inmutable, detrás de nuestro protagonista. Cabe mencionar que durante su larga espera Zama parece, poco a poco, estar perdiendo la cordura.

Ahora una bocanada de aire fresco. Zama (2017) es el cuarto largometraje de Lucrecia Martel, directora argentina que ha encabezado ya varios filmes reconocidos, ninguno de los cuales he tenido la fortuna de ver. No obstante, su genio se reconoce en la adaptación del libro del mismo nombre de Antonio de Benedetto, originalmente publicado en 1956. La novela sigue las desventuras del titular Don Diego de Zama, a lo largo de su estadía en un puesto fronterizo en Paraguay en algún momento del siglo XVIII. De manera acertada, Martel no menciona este contexto ni proporciona información adicional a lo largo de su película. Los espectadores sólo sabemos lo que sabe, o cree saber, Don Diego. Esto último es clave, pues Zama se concentra en colocar a la audiencia en el espacio mental del desventurado personaje principal. El tono musical descendiente, una ilusión auditiva conocida como la ‘escala de Shepard’*, se repetirá un par de ocasiones a lo largo del filme, cual indicador del hundimiento del protagonista—y por tanto del espectador, que comparte su mirada—, en un paisaje cada vez más violento y surreal. El primer plano de la cinta, por ejemplo, pareciera un cliché: vemos al colonizador, con sombrero de tricornio y espada corta en cintura, de pie en una playa y con la mirada en el ocaso. A sus espaldas un grupo de nativos semidesnudos pescan y hablan en una lengua nativa. Don Diego, mirando furtivamente hacia la cámara y hacia el grupo detrás de él, se acomoda y refina la pose, esperando de alguna manera ser reconocido por la figura de autoridad que le han dicho que es, o que quisiera ser. Lo que es más, en el fondo sabemos que el protagonista no ve el río con sabia contemplación, sino con un ferviente deseo de ver la barcaza que lo sacará del purgatorio en vida en que se encuentra. La imagen épica de colonizador en tierras incivilizadas es diestramente subvertida y ridiculizada. Don Diego es un personaje absurdo que se niega a perder la dignidad, incluso cuando los dados cósmicos caen constantemente en su contra. En otro episodio temprano un grupo de mujeres bañándose en la playa gritan ‘¡Mirón!’ al notar a Zama espiándolas desde detrás de un arbusto. Esta será la posición del personaje central durante su estadía; un mirón de las actividades de gobernadores, esposas de oficiales, comerciantes, e incluso de su propio hijo bastardo con una mujer indígena. ¿En qué nos convierte a nosotros, entonces? ¿Somos efectivamente la audiencia de Zama los mirones de un mirón? En varios momentos es evidente que Don Diego se miente a sí mismo, y por ende a nosotros; durante sus intercambios con otros personajes se repiten diálogos y frases, generando tanto en el protagonista como en el espectador un sentimiento de déjà vu. Como testigos dependemos completamente de la mirada del corregidor, y estamos a la merced de sus propios delirios y alucinaciones.

Hacia la segunda mitad del filme, Zama se resigna a completar una misión imposible: capturar al temible bandido Vicuña Porto (Matheus Nachtergaele), un hombre acusado de todos los males que azotan a la comunidad, y que ha sido capturado y ejecutado ya varias veces por las autoridades. Es en búsqueda de este bandido fantasma que las aventuras de Don Diego devienen en pesadilla, y que el filme despega hacia secuencias sensorialmente abrumadoras frente a un enigmático paisaje sudamericano. Cada vez se vuelve más difícil distinguir entre realidad y ficción, entre hombres y nombres, entre civilizados e incivilizados.

Zama es más que nada un filme sensual. Los planos largos en el paisaje paraguayo transmiten el calor húmedo que se precipita como sudor en los cuerpos de colonizadores y colonizados por igual. La actuación de Daniel Giménez Cacho como el personaje titular resalta por su moderación, dependiendo muchas veces en miradas sutiles y silencios profundos para transmitir el complejo y confuso estado mental de Don Diego. Asimismo, la impecable dirección de Martel favorece decisiones que provocan disonancia cognitiva, desde coloridas composiciones visuales que apelan al sinsentido surreal, hasta el ya mencionado uso de la escala de Shepard— este último un elemento que, en su versión ascendente, ha sido utilizado por Christopher Nolan para mantener un climax sostenido, mientras que Martel usa la variación descendiente para generar extrañeza y malestar. También es digna de resaltar la selección musical, compuesta en su mayoría por piezas instrumentales del dúo cincuentero Los Indios Tabajaras. Las aletargadas y tropicales guitarras son al mismo tiempo anacrónicas y efectivas. El sonido del purgatorio sería, finalmente, un playlist infinito de música de sala de espera.

En manos de otro realizador Zama correría el riesgo e hundirse por sus pretensiones literarias; es la hábil traducción audiovisual de Martel que convierte a este filme en una experiencia audiovisual que, más que una mirada racional requiere de dejarse llevar río arriba, y lentamente descender al perturbado pero lúcido corazón de Don Diego de Zama.

*La escala de Shepard es una ilusión auditiva que consiste en un tono que parece ascender o descender en perpetuidad, aunque en realidad no lo está haciendo (semejante a la ilusión óptica de lineas que ascienden en los postes de barberos a la antigua).

Infernal Affairs: Hong Kong al límite de la esquizofrenia

Gordon So

Tony Leung (izquierda) y Andy Lau (derecha) en Infernal Affairs

Infernal Affairs (Andrew Lau & Alan Mak, 2002) es una película que captura con precisión la psique de Hong Kong a inicios de este milenio, misma que continúa en gran parte sin estar del todo resuelta. En lo particular, la cinta hace un gran trabajo reflejando a la Hong Kong post-97 de la mano de la indescriptible angustia existencial compartida por su gente. La “Entrega” de esta ciudad en 1997, o lo que a los chinos les gusta llamar “La devolución,” constituye un momento histórico para ésta. Yéndonos atrás en la historia, fue en 1842 cuando la administración Qing cedió lo que entonces era un pequeño pueblo pesquero al Imperio Británico, luego de que éste haya triunfado en las Guerras del Opio. A lo largo del siglo y medio subsecuente, Hong Kong se convirtió rápidamente en uno de los centros financieros y sitios de intercambio más importantes del mundo. El año 1997 fue uno de tiempos ansiosos para el pueblo hongkonés. Se trataba del año en que el hijo abandonado sería regresado a su madre tierra, pero ¿cómo hace uno para renegociar su lealtad después de tantos años de estar al otro lado?

En Infernal Affairs este dilema está representado por Chan (Tony Leung) y Lau (Andy Lau), un policía y un gangster de las Tríadas encubiertos, respectivamente. A lo largo de la película, estos dos personajes luchan por una identidad estable y un sentido coherente de lo que significa ser uno mismo. El académico de estudios culturales Howard Choy observa, “la transición política de 1997 no solo es un cambio de poder soberano, sino también una oportunidad para una identidad renovada.” Así como en el acontecimiento real, los acontecimientos en la película presentan una oportunidad para Chan y Lau de renovar sus identidades – Chan quiere recuperar su identidad original como policía, mientras Lau anhela borrar su pasado como gangster y asumir una nueva identidad del lado de la ley. Pero ambos han permanecido en sus disfraces por tanto tiempo al grado de experimentar una confusión de identidad, misma que se refleja en sus vidas privadas. Mary (Elva Hsiao), la prometida de Lau, escribe una novela acerca de un hombre con veinticuatro personalidades; por su parte, Chan se queja con Lee (Kelly Chen), su psiquiatra, acerca de sus severas jaquecas, haciéndole dudar sobre un trastorno esquizofrénico. Estas dos escenas se muestran una después de la otra y ambas presentan a Chan y a Lau como paralelismos. Esto fortalece el desplazamiento de identidad en un terreno separado entre una frontera política y la ansiedad que ésta causa ¿Qué es esta película si no un reflejo de la situación actual de Hong Kong?

Infernal Affairs también es una película acerca de redención. Su fuerte relación con la filosofía budista introduce un elemento moral en la crisis de identidad. Le película inicia con una cita del Nirvana Sutra que lee, “El más grande de los ocho infiernos, conocido como ‘infierno incesante,’ consiste en sufrir el más grande dolor ininterrumpidamente.” Chan y Lau se encuentran en una lucha política representada como una lucha entre el bien y el mal. Aunque Lau finalmente sobrevive el conflicto y logra una transición exitosa a una nueva y a una identidad legítima, implícitamente vivirá en un “camino incesante” como consecuencia (“El camino incesante” es la traducción literal del chino que conforma el título original de la película). La cita al final lee, “Aquellos que van por el camino incesante nunca morirán, pues la longevidad es una gran plaga en el infierno.” Al haber pecado, Lau está destinado a soportar un gran sufrimiento incesante en un infierno terrenal. De esta manera, Infernal Affairs es esencialmente una historia de morales acerca de la crisis de identidad del pueblo hongkonés en medio de la Entrega de 1997. Este tema se explora más a fondo en las partes II y III de esta trilogía.

Infernal Affairs recibió el tratamiento de remake en la película Los infiltrados (The Departed, 2006), con la cual Martin Scorsese ganó su primer y único Oscar como Mejor Director. Pueden encontrar Infernal Affairs a la venta en los formatos DVD y Blu Ray en Amazon México (Click aquí).

 

Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha: El despiadado rostro de la impunidad hecho película.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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“(…) la ciudad está enferma. A otros les espera el deber de cuidar y de educar. ¡A nosotros el deber de reprimir! ¡La represión es nuestra vacuna! ¡La represión es civilización!” – Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Son dos los grupos que deben coexistir para que el orden social funcione. Así como lo explica Hobbes en Leviatán, las masas, conscientes de que la violencia es parte inexorable de la esencia humana y respondiendo a su instinto de conservación, crean un contrato en el que la mayoría de los individuos ceden su libertad a una autoridad que dirima entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. En un intento por hacer que la vida en sociedad funcione, nos fraccionamos entre los que obedecen la ley y los pocos que hacen valer la ley. Yo, ciudadano civil, obedezco y soy vigilado. Tú, policía, juez, alcalde, gobernador, senador, diputado; tu historia es diferente a la mía. Tú vigilas, le agregas una que otra nueva regla al juego, haces cumplir la ley.

¿Qué sucede, entonces, cuando uno de ésos que rigen por encima de lo legal, que preservan los estatutos sociales, que juzgan y condenan al criminal, comete un delito? Digamos, por ejemplo, el traspaso de millones del erario público a su cuenta personal para mantenerse a él mismo y a sus demás amistades, los vínculos económicos con el crimen organizado, el mandar matar a varios periodistas por haberlo intentado inculpar o (¿Por qué no?) un homicidio pasional que sabe a thriller.

A ése que ha tenido el privilegio de redactar y hacer valer la ley ¿Quién lo juzga? ¿Quién lo vigila? ¿Quién lo condena? ¿Será que hace y deshace gozando de inmunidad legal? ¿A quién obedece la autoridad? Cuestionarse esto no hace más que reafirmar la escalofriante teoría del panóptico de Michel Foucault. La sociedad, para el filósofo francés, se parece bastante a una unidad carceralia que se construye en torno a un panóptico que todo lo ve. El vigilante hace del encarcelado una cosa a vigilar, a controlar, a la que imponer disciplina. El vigilante ve, pero no es visto. El encarcelado es visto, pero no ve.

***

Allí está él. El jefe del departamento de homicidios de Roma camina erguido, su expresión dura parece inmutable. La majestuosa música de Ennio Morricone, acompaña los movimientos corpóreos del comisario. Éste entra a un inmueble barroco, un apartamento desordenado, caótico, hogar de una bella mujer joven y de cabello oscuro. En pleno encuentro sexual, el sujeto asfixia a su amante. Ella cae muerta. Él se lava las manos, se viste. Comienza a repartir, relajado, pruebas de su culpabilidad de esquina a esquina.

El filme Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, 1970) de Elio Petri, nos presenta un estudio exhaustivo, preciso pero grotesco de la impunidad con la que ejercitan sus funciones muchos de los miembros de la esfera del poder. El personaje principal del filme es el inspector jefe del departamento de homicidios de Roma, Il Dottore. Es un fascista sin nombre, representante de la institución, carismático, despiadado que busca, a como dé lugar, hacer cumplir la ley. Magníficamente personificado por Gian Maria Volonté, este oficial decide demostrar el teorema del poder estrangulando a su caótica amante. Deja, voluntariamente, una cadena de pistas que no hacen más que inculparlo, en manos de los investigadores de su propio departamento. Con cinismo, este electrizante personaje quiere reafirmar su condición de indemnidad ante la ley, de ciudadano incapaz de ser juzgado, libre de toda sospecha.

“El cine no es para las élites, sino para la masa. Hablar para una élite intelectual es como no hablar para nadie. No considero que pueda hacerse una revolución por medio del cine. Creo, en cambio, en un proceso dialéctico que debe comenzar entre las grandes masas, por medio de las películas y otros medios posibles.”-  Elio Petri

Es importante que nos situemos en la época en que fue filmada esta obra maestra. Indagine surge después de la fiebre estudiantil del año 1968 y durante los famosos Anni di Piombo en Italia, un periodo de turbulencia social y política marcado por graves incidentes debido a la lucha entre conservadores e izquierdistas. Petri, tras su participación activa en los levantamientos estudiantiles, apunta en el filme su esperpento en dirección a la policía. Los primeros a cargo de la reprimenda ante cualquier indicio de insurrección.

La película es un análisis desde todos los ángulos del personaje principal. La narración se suministra entre el trabajo del Dottore como autoridad irrefutable, la investigación del crimen y recuerdos que nos develan cómo era su romance con Augusta Terzi, la mujer a la que asesinó. Petri nos presenta así al protagonista de la trama, uno de los personajes más paradójicos y seductores de la historia del cine. Un asesino que cree irrefutablemente en la ley, Dostoievskiano, que ejerce un poder absoluto mediante la intimidación, un ser que jamás será llamado culpable a pesar de que todos los indicios lo apunten.

El homicidio sucede el mismo día en que el Dottore es nominado como el nuevo jefe de policías. En su discurso, una de las escenas emblemáticas del filme, proclama que “la libertad amenaza a los poderes tradicionales, a la autoridad constituida. Estamos aquí para hacer valer la ley, que es inmutable, tallada en el tiempo”. Una manera de hablar y elección de palabras que recuerda a la de Juan Domingo Perón y la de Augusto Pinochet, en el que el protagonista sitúa a los manifestantes, a los que muestran cualquier tipo de rebelión contra la autoridad, al nivel de un homicida.

“El uso de la libertad intenta convertir a cualquier ciudadano en un juez, nos impide desarrollar libremente nuestras funciones sacrosantas.”– Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Con esta obra Elio Petri deja frío a su público. Le hace ver que la impunidad es el primero de los males de una sociedad. Un ciudadano, que según la ley debe ser juzgado como cualquier otro, pero que goza de la posición idónea para mancharse de sangre su camisa blanca, gritar su culpabilidad a los siete vientos y aun así no tener represaría alguna. El director nos presenta una película que es de admirar desde todos los ángulos: por su calidad de cine convencional, por sus tintes de giallo, por la tan acertada música de Ennio Morricone, la interpretación de Volonté, por su fotografía y su trama, por el guion, por su denuncia clara y audible que le da un giro de tuerca nunca antes visto al género policiaco. Por su punto de vista sarcástico pero Orwelliano de un poder que está dispuesto a todo por mantener la disciplina.

Ha pasado casi medio siglo desde que Elio Petri llevó a la gran pantalla su obra maestra. Casi medio siglo y seguimos escuchando en la voz de Il Dottore a muchos de los representantes de la autoridad. Ha pasado casi medio siglo y la etiqueta de inmunidad sigue llenando de tranquilidad las mentes retorcidas de los que dictan la ley. La neurosis del poder que dibuja Petri, por lo menos en mi país, sigue latente. La arbitrariedad, la impunidad, se manifiesta escondida detrás del logotipo de partidos políticos con ilusorios discursos de progreso que a final de cuentas se mantienen a costa del sudor de sus compatriotas, se disfraza del policía que omite su multa a cambio de un billete de cuatro dígitos, de un juez que deja libre a un violador porque es su pariente o el hijo de su amigo. Se manifiesta en el número de ladrones, criminales, asesinos, que gozan de un poder que los libera de consecuencias legales.

El cine, así como cualquier otra forma de arte, debe denunciar y hacer ver lo que tanto nos gustaría ignorar. Esta obra maestra de la cinematografía italiana es un estudio exhaustivo del poder y sus técnicas de represión. ¡Es una maravilla del séptimo arte!

El ciudadano civil debe premeditar cada acción, ya que si arremete contra la ley puede ser aspirante a la condena. Hay a quienes se les permite actuar como se les dé la gana, destruir, abusar de su nivel de autoridad, hacer y deshacer. Lo más peligroso de ésos pocos insolentes, neuróticos del poder, como Il Dottore, es que son muy conscientes de su calidad de ciudadanos al di sopra di ogni sospetto.

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Mórbido VII: la fiesta de cine de género en Mérida

Jose Hernández: @josechj7

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El pasado jueves 17 de noviembre se llevó a cabo la inauguración de la séptima edición del festival de cine fantástico y de terror Mórbido Mérida. La cita fue en el teatro Fantasio de la capital yucateca, donde en punto de las 8:30 p.m. se abrieron las puertas para dar acceso tanto a amantes del género como a uno que otro curioso, grupo en el que se encontraba el redactor de esta nota. La ceremonia inició con un obituario, acompañado por la música del grupo RIPpers, en el que pudimos recordar a figuras de la industria tales como Alan Rickman, Beatriz Rodriguez, Kenny Baker, Melissa Mathison y Gene Wilder, entre otros.

Acto seguido, subieron al escenario Kevin Manrique Cámara, productor del festival, y Sergio Aguilar y Guadalupe Ojeda, productores ejecutivos del mismo, quienes nos dieron la bienvenida e informaron sobre el programa general de esta edición, que incluía filmes como Retrato de un zombie  (2012), 1974 (2016), Alucarda (1978) y Deseo, deseo (2016). Además, se habló de un espacio para cortometrajes de nuevos talentos, talleres, y la presentación del libro Mostrología del cine mexicano a cargo de su co-autor Rodrigo Vidal Tamayo.

Después de recordarnos el trabajo que requería llevar a cabo el festival, la producción pidió un último aplauso y nos dejó con Sendero (2015), segundo largometraje del director chileno Lucio Rojas. Pocas cosas destacaron en la cinta de terror que, aunque goza de calidad estética, sigue una narrativa un tanto inverosímil y deficiente. Sin embargo, Sendero refleja la inminente voluntad en el crecimiento de las producciones latinoamericanas de cine de género, lo cual es en sí un gran triunfo para el cine de esta región y también significa un futuro fructuoso en la diversidad del cine de terror en general. En cierta medida, la película inaugural del Mórbido Mérida VII no fue el golpe contundente que suele ser, tal vez porque ediciones anteriores habían abierto con filmes más conocidos y mejor acogidos en el imaginario colectivo, como el clásico de terror mexicano Veneno para las hadas (1984) de Carlos Enrique Taboada.

A pesar de contar con el apoyo del gobierno e iniciativa privada, es necesario reconocer que este festival se logra con el esfuerzo de jóvenes amantes del cine de terror. De igual manera, agradecemos la existencia del espacio que este proyecto independiente nos brinda, e invitamos a nuestros lectores interesados a seguir pendientes ya que, seguramente, Mórbido Mérida tendrá muchas más ediciones.

Trick r’ Treat: el renacimiento del Halloween

Jorge Durán: @JEDZ1138

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Existen producciones que se desarrollan silenciosamente y cuyo lanzamiento pasa casi desapercibido. Estas películas son descubiertas en una conversación casual con un amigo o en una reunión. Son la clase de cintas que nos llaman en un anaquel o en el pasillo de una tienda. Hay películas que simplemente son descubiertas una tarde, mientras vemos TV o como resultado de una sugerencia aleatoria en un sistema de suscripción digital. Si la película en cuestión nos entrega una buena experiencia, será una momento que definitivamente recordaremos. La sorpresa de descubrir algo totalmente nuevo (sin el apoyo de la explotación recurrente y continua de mercadotecnia) y el dejarnos atrapar por una buena historia es lo mejor que estos “tesoros escondidos” del cine nos pueden ofrecer.

Trick ‘r Treat (2007) del director Michael Dougherty es un proyecto que definitivamente entraría en la descripción anterior. Esta es una cinta dentro del género de antología de horror que ha alcanzado un seguimiento de culto y una recepción por parte de la audiencia que sólo es comparable con joyas del género, como Halloween (1978) de John Carpenter. Desde su lanzamiento en 2009, Trick ‘r Treat ha disfrutado de una admiración por fanáticos del horror y del público en general. Arte conmemorativo, coleccionables, memorabilia, cosplayers, presentaciones especiales en la pantalla chica (en 2013 FEARnet presentó Trick ‘r Treat en un loop continúo durante 24hrs. conmemorando su estatus de culto) y en la pantalla grande, han promovido a Trick ‘r Treat como una de las mejores cintas de horror de la última década.

Trick ‘r Treat nació como una adaptación del cortometraje animado Season’s Greetings (1996), dirigido por el mismo Dougherty, retomando el concepto de antología que hiciera famoso cintas como Creepshow (1982), Twilight Zone: The Movie (1983) o Tales From the Darkside: The Movie (1990). A pesar de que el guión fue el primer trabajo que Dougherty elaboraría como escritor, pasarían varios años y varios obstáculos (sin mencionar el rechazo de varios estudios) para que el largometraje viera la luz del día. En una etapa inicial de desarrollo, Trick ‘r Treat incluiría la participación de la leyenda de efectos visuales/productor, Stan Winston. Adicionalmente, Winston convocaría a directores de la talla de John Carpenter, George A. Romero y Tobe Hooper para dirigir cada una de los segmentos que complementan el largometraje. Increíblemente, los estudios dejaron pasar una propuesta de este calibre dejando el proyecto a la deriva por varios años.

Con el paso del tiempo, Dougherty establecería una relación laboral con el director Bryan Singer –The Usual Suspects (1995). Juntos, desarrollarían proyectos como X2 (2003) y Superman Returns (2006). Fue justo después de esta última cuando Singer sugirió a Dougherty dirigir su propio guión, al descubrir que se trataba de un proyecto tan personal. Singer y el productor Jon Jashni de Legendary Pictures ayudarían enormemente a establecer el proyecto en Warner Bros. El proceso para convencer al estudio no sería fácil, al tratarse de un director primerizo con un proyecto que involucraba una mezcla de horror y comedia. Sería la preparación y la determinación de Dougherty la que convencería al estudio de dar luz verde para el financiamiento, al presentar un guión muy bien desarrollado, acompañado de storyboards y arte conceptual que generaban una estructura sólida de pre-producción.

Todo avanzaría favorablemente para Dougherty hasta que, por razones que aún son desconocidas, la duda invadió al estudio. Warner se mantuvo al margen con el lanzamiento de la cinta por un periodo de un año aproximadamente, dejando el proyecto en un limbo. Considerando este desfavorable suceso, Legendary Pictures tuvo la oportunidad de presentar algunas copias en el circuito de festivales. El Butt-Numb-A-Thon de Harry Knowles de Ain’t Cool News, en diciembre de 2007, representaría el primer y el más grande impulso que la cinta obtendría, generando reacciones positivas en blogs y en sitios web especializados. Este impulso continuaría con una proyección en el Festival de Horror Screamfest en 2008 y con presentaciones en la Ciudad de Nueva York y Los Ángeles. Eventualmente la cinta obtendría su lanzamiento. Sin embargo, este se realizaría de forma directa en formato DVD y Blu-Ray en octubre de 2009.

Al final, Michael Dougherty considera que el formato de distribución fue uno de los elementos que ayudaron a Trick ‘r Treat a posicionarse sólidamente como un film de culto. La presentación limitada con proyecciones en festivales fueron elevando la cinta y cuando un método de distribución masiva fue añadido se obtuvo un resultado explosivo. Las reacciones generadas por las presentaciones, un año previo al lanzamiento del DVD/Blu-Ray, catapultaron las ventas de la cinta. El año de su estreno, 2009, la cinta se desempeño un 70% por arriba de las expectativas del estudio. Dougherty dice:

hay muchas películas que salen y tienen grandes lanzamientos en el cine, pero quedan olvidadas dos semanas después”.

Han pasado casi 10 años desde la primera proyección de Trick ‘r Treat en 2007 y puedo decir con gran seguridad que la cinta se mantiene como una pieza de originalidad dentro del género de horror y dentro de una industria, en ocasiones, necesitada de conceptos e ideas nuevas. Trick ‘r Treat sobresale y permanece relevante cada año por que nos involucra en una historia que respeta al género, además de ser una cinta que se esfuerza por elevar de forma singular y con mucho éxito a una festividad como ‘Halloween’. La estructura de la cinta, la convergencia entre los diferentes segmentos que tejen la narrativa, un divertido e inteligente guión, además de un excelente diseño de producción y de personajes, convierten a Trick ‘r Treat en un “tesoro escondido” que merece ser visto y compartido cada año.

The Riot Club: Reflejo inglés del Mirreynato mexicano

FILTHY, RICH, SPOILED, ROTTEN.

The Riot Club douglas booth sam claflin max irons

Natalia Martínez: @NataliaMa2

Elitismo, prepotencia y machismo son tres de las muchas características que describen a los miembros de The Riot Club, una sociedad exclusiva y ancestral de la Universidad de Oxford a la que solamente pueden acceder los hijos de los personajes más relevantes o económicamente privilegiados de Gran Bretaña. Los requisitos para lograr formar parte de este grupo universitario que ha logrado prevalecer generación tras generación, son estar en la cumbre socio-económica, ser hijo de algún político o personalidad distinguido, lucir siempre bien, haber ido a algunos de los colegios posh de Inglaterra y tener la actitud y las ganas de llevar tus impulsos hedonistas al extremo. Diez niñatos, guapos, atléticos y siempre bien vestidos, que parecen inofensivos pero bien son capaces de quebrajar cualquier ley, destruir lo que deseen, conseguir lo que apetezcan, sin encontrarse con ninguna represalia. They can always pay their way out of every mess. El resultado: la impunidad que llevará a aquellos jóvenes atroces a posicionarse detrás de los escritorios más influyentes de la nación. ¿Por qué será que este filme me huele tanto, pero tanto, a México?

“El Mirreynato es un régimen moral donde predominan la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social. El Mirreynato es un régimen en el que todos los mexicanos, de alguna manera, participamos.” Ricardo Raphael, El Mirreynato 

El viernes pasado, en la sala de proyecciones de la Academia de las Ciencias Cinematográficas de España se proyectó por primera vez en la península Ibérica y como parte del 25 Festival de Cine de Madrid, la película de Lone Scherfig: The Riot Club (2014). El filme es un crudo retrato de la alta sociedad británica. Contaba la directora, en la presentación del filme, que lo que quería era poner un espejo frente a las personas que conforman las altas esferas inglesas; hacerlos darse cuenta de su manera de pensar y actuar.

El exclusivo grupo universitario, conformado por diez de los “mejores” niños de Oxford, está claramente inspirado en el Bullingdon Club – grupo al que perteneció el ex primer ministro David Cameron y el anterior alcalde de Londres, Boris Johnson. La fraternidad, así como en el filme, se caracteriza por festejar una cena al año en la que destruyen, bandalizan, el restaurante o el sitio donde hayan decidido llevar a cabo el suntuoso festejo. Al final, no importa qué tanto daño material, físico o psicológico hayan causado, pagarán lo que sea para que nadie se entere del altercado, salir impunes y continuar con sus ambiciosos planes profesionales como si nada nunca hubiera pasado.

Intentaré no entrar en detalles, así compararán ustedes mismos – con algo de nauseas – lo que se narra en The Riot Club con el nepotismo y la impunidad ya esencial en naciones como la nuestra.

Ver el filme, es enfadarse con la dinámica colectiva que carece notoriamente de cualquier lógica humana, de empatía. Es también un excelente pretexto para interesarse aunque sea un poco por los problemas sociales que aquejan y hunden a este país que alguna vez fue grande.

Hace apenas dos años, Ricardo Raphael publicó su libro Mirreynato, la otra desigualdad, su lectura podría formar parte de un ejercicio de estudio sociológico que se remataría con el screening de esta película de Lone Scherfig.

Raphael, a través de este libro, cimentó un análisis de la construcción, acceso y permanencia en el poder mexicano: un estudio de las élites, de la corrupción, la impunidad, el nepotismo y, por ende, la falta de democracia. Esto a través de un montón de extravagantes anécdotas muy parecidas a las de los miembros de The Riot Club. El espectáculo que dan estos jóvenes en sus viajes al extranjero, las reglas que rompen a sabiendas de que no habrá castigo alguno por su comportamiento. “…una tribu urbana que desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana.”

La presunción de arremangarse la camisa para que se asome el rolex, la prepotencia de creerse superior solamente porque papá paga para reparar sus vidrios rotos o porque el hombre de la cadena en el antro se sabe su nombre. El que recaiga su valor como persona en la enorme hebilla de un cinturón Gucci de mal gusto, o en el patrón de un bolso Louis Vuitton. La ostentosidad de un Moët recorriendo los pasillos del antro con luces de bengala que atraiga a mujeres que buscan una copa de esa champaña y, con suerte, ser después madres que inculquen la tradición hedonista. Los proyectos tan banales que financia el progenitor y ese poco interés por saber más, conocer más, informarse más, ser humanamente más que un tipo que va y viene en coches de lujo, sin capacidad de crítica o empatía. Ser los únicos que pueden hacer algo por que las cosas en el país mejoren, pero que su mente siga centrada en factores triviales, fútiles. Si la elegancia es el atributo de la belleza sencilla y culta, todo lo anteriormente mencionado puede bien ser catalogado como naco.

Le comenté a Lone, la directora danesa, lo mucho que se parece su filme al sistema de poder “hereditario” de mi país. Cómo la actitud de los miembros de este grupo se parece en gran medida a la postura de muchos jóvenes mexicanos que no tienen idea del esfuerzo que implica para la gran mayoría el llevar comida a casa. Ricos, bien vestidos, guapos, que consiguen siempre lo que quieren- capaces de pagar su boleto de salida de cualquier complicación- nuestros gobernantes del mañana.

“Mientras se escribía el guión, pensamos en darle a la película un desenlace que le agradara más al público. Optamos, al final, por acercarla lo más posible a la realidad. Y la realidad, la mayoría de las veces, no es algo que guste.” Me comentó.

Así que, por más sorprendente que parezca, esta producción, relativamente nueva y con un reparto que va desde Sam Claflin, Max Irons hasta Natalie Dorman, se parece más de lo que debería a nuestro México actual.

Lo único que me queda decir es que así como hay que leer el libro de Ricardo Raphael, hay que dedicarle dos horas de nuestro tiempo a esta película. Porque es raro que un filme británico se parezca tanto a la realidad en México. Es raro que un largometraje deje a su público con los ojos nublados, la cabeza divagante y un nudo de vergüenza atrancado en la garganta. Es raro, pero para eso está el arte, para denunciar, para sacudir, para despertar y Lone Scherfig lo logró. No en vano fue galardonada en esta edición del Festival de Cine de Madrid con el premio Mirada Internacional.

Gonzalo Suárez: Homenajeado en el 25 Festival de Cine de Madrid.

El Festival de Cine de Madrid cumple 25 años y decide dedicar su primer cuarto de siglo a Gonzalo Suárez, cineasta y escritor prolífico.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Para mí el cine nunca fue un trabajo, fue más un juego.

– Gonzalo Suárez.

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El pasado viernes 14 de octubre arrancó el Festival de Cine de la Plataforma Nuevos Realizadores en la capital de la Península Ibérica. A manera de inauguración se rindió homenaje a uno de los realizadores esenciales de la cinematografía española.

El homenaje se celebró en el Cine Doré, situado en el barrio de Antón Martín, calle Santa Isabel. Este espacio, ahora sala de exhibiciones de la Filmoteca Española, se inauguró en diciembre de 1912. El Cine conserva su nombre original y guarda aún, entre sus paredes color azul turquesa, ese aire de comienzos del siglo XX. La sala envuelve al espectador, lo hace olvidarse del ruido de la tecnología, de las responsabilidades diarias, del tedio, para adentrarse en las ficciones narradas por la pantalla grande.

¿Existirá mejor lugar que el Cine Doré para rendir homenaje a un gran cineasta español? Lo dudo.

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El viernes 14 de octubre a las veinte horas, en un Madrid en el que ya comienza a anochecer a horas decentes, Gonzalo Suárez caminó por el pasillo central de la sala de proyecciones siendo aplaudido por todos los ahí presentes. Así comenzó el 25 Festival de Cine de Madrid de la Plataforma Nuevos Realizadores: rindiendo homenaje a uno de los personajes del cine español más emblemáticos y admirados.

Suárez nació en Oviedo, Asturias en 1934. Recorrió varios oficios antes de dedicarse a la imagen en movimiento. Fue pintor, ejerció como periodista deportivo bajo el seudónimo de Marin Girard y hasta hoy sigue saltando entre la faena del novelista y el cineasta. Fue ganador del premio Nacional de Cinematografía y del Goya a la mejor dirección por Remando al viento (1988)– filme protagonizado por Hugh Grant.  Es escritor y director; ni uno, ni otro, sino ambos, porque ambos oficios se complementan. Bien dijo alguna vez Julio Cortazar sobre él: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal”.

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Para los madrileños que nos leen, dejamos aquí el link donde podrán encontrar la programación completa del festival con las proyecciones de los filmes de Suárez que se realizarán en Cine Doré:

Programa de mano del 25 Festival de Cine de Madrid, Plataforma Nuevos Realizadores. 

En cambio, para los que están lejos de la capital española, pero que quisieran conocer la obra de este imaginativo cineasta, IV Acto les recomienda tres de sus películas:

La Parranda (1977)

La producción cuenta con un reparto excepcional, desde Charo López hasta José Sacristán. Este filme es la adaptación del libro A Esmorga de Eduardo Blanco Amor. El encuentro definitivo con el cine español de Gonzalo Suárez.

Datado en 1934, narra la historia de un Cibrán, un obrero que le promete a su amante trabajar para que ella pueda dejar de ejercer la prostitución. A la mañana siguiente, en el camino a su nuevo trabajo, se encuentra con sus dos amigos, el Bocas y el Milhombres. Cibrán cede ante los convites del par de borrachos y comienza así una jornada caracterizada por episodios de grave demencia, violencia, sexo y excesos. Con escenas que rayan en el surrealismo de la edad de plata, el filme nos muestra a un personaje principal desdichado y poco convencido sobre si seguir hundiendo su vida o cumplir con su promesa de estabilidad laboral.

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El detective y la muerte (1944)

De nuevo, con pinceladas de un surrealismo sombrío, Gonzalo Suárez construye una atmósfera negra protagonizada por el único elemento al que nadie puede escapar: la muerte.

Un importante magnate (Héctor Alterio) tiene el poder de quitarle o darle vida a quién él quiera, sin embargo, no tiene la capacidad de prevenir su inminente muerte. El magnate le regala a su hija -con la que mantiene una relación amorosa- un artefacto que le permitirá verlo después de muerto. La hija lo que en realidad desea es que su madre, la Duquesa, muera, así que la manda matar.

El detective Cornelio (Javier Bardem) perdidamente enamorado de la Duquesa, hará hasta lo imposible por que sobreviva.

Remando al viento (1988)

Los protagonistas de este filme son el poeta inglés Lord Byron (Hugh Grant), la creadora de Frankenstein, Mary Shelley (Lizzy McInnerny) y su esposo el escritor Percy Bysshe Shelley (Valentine Pelka). El primero incita a sus dos amigos a escribir una historia de terror. Es así que Mary comienza su obra maestra, Frankenstein. Una cadena de eventos misteriosos, de tragedias, le comienzan a suceder a las personas que rodean a la escritora. Mary, perdiendo la cordura, está convencida de que el monstruo que creó es el que causa todas esas desventuras. Un filme que se esfuerza por recrear cada aspecto de los dogmas del romanticismo hecho para los amantes de la literatura.