Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha: El despiadado rostro de la impunidad hecho película.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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“(…) la ciudad está enferma. A otros les espera el deber de cuidar y de educar. ¡A nosotros el deber de reprimir! ¡La represión es nuestra vacuna! ¡La represión es civilización!” – Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Son dos los grupos que deben coexistir para que el orden social funcione. Así como lo explica Hobbes en Leviatán, las masas, conscientes de que la violencia es parte inexorable de la esencia humana y respondiendo a su instinto de conservación, crean un contrato en el que la mayoría de los individuos ceden su libertad a una autoridad que dirima entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. En un intento por hacer que la vida en sociedad funcione, nos fraccionamos entre los que obedecen la ley y los pocos que hacen valer la ley. Yo, ciudadano civil, obedezco y soy vigilado. Tú, policía, juez, alcalde, gobernador, senador, diputado; tu historia es diferente a la mía. Tú vigilas, le agregas una que otra nueva regla al juego, haces cumplir la ley.

¿Qué sucede, entonces, cuando uno de ésos que rigen por encima de lo legal, que preservan los estatutos sociales, que juzgan y condenan al criminal, comete un delito? Digamos, por ejemplo, el traspaso de millones del erario público a su cuenta personal para mantenerse a él mismo y a sus demás amistades, los vínculos económicos con el crimen organizado, el mandar matar a varios periodistas por haberlo intentado inculpar o (¿Por qué no?) un homicidio pasional que sabe a thriller.

A ése que ha tenido el privilegio de redactar y hacer valer la ley ¿Quién lo juzga? ¿Quién lo vigila? ¿Quién lo condena? ¿Será que hace y deshace gozando de inmunidad legal? ¿A quién obedece la autoridad? Cuestionarse esto no hace más que reafirmar la escalofriante teoría del panóptico de Michel Foucault. La sociedad, para el filósofo francés, se parece bastante a una unidad carceralia que se construye en torno a un panóptico que todo lo ve. El vigilante hace del encarcelado una cosa a vigilar, a controlar, a la que imponer disciplina. El vigilante ve, pero no es visto. El encarcelado es visto, pero no ve.

***

Allí está él. El jefe del departamento de homicidios de Roma camina erguido, su expresión dura parece inmutable. La majestuosa música de Ennio Morricone, acompaña los movimientos corpóreos del comisario. Éste entra a un inmueble barroco, un apartamento desordenado, caótico, hogar de una bella mujer joven y de cabello oscuro. En pleno encuentro sexual, el sujeto asfixia a su amante. Ella cae muerta. Él se lava las manos, se viste. Comienza a repartir, relajado, pruebas de su culpabilidad de esquina a esquina.

El filme Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, 1970) de Elio Petri, nos presenta un estudio exhaustivo, preciso pero grotesco de la impunidad con la que ejercitan sus funciones muchos de los miembros de la esfera del poder. El personaje principal del filme es el inspector jefe del departamento de homicidios de Roma, Il Dottore. Es un fascista sin nombre, representante de la institución, carismático, despiadado que busca, a como dé lugar, hacer cumplir la ley. Magníficamente personificado por Gian Maria Volonté, este oficial decide demostrar el teorema del poder estrangulando a su caótica amante. Deja, voluntariamente, una cadena de pistas que no hacen más que inculparlo, en manos de los investigadores de su propio departamento. Con cinismo, este electrizante personaje quiere reafirmar su condición de indemnidad ante la ley, de ciudadano incapaz de ser juzgado, libre de toda sospecha.

“El cine no es para las élites, sino para la masa. Hablar para una élite intelectual es como no hablar para nadie. No considero que pueda hacerse una revolución por medio del cine. Creo, en cambio, en un proceso dialéctico que debe comenzar entre las grandes masas, por medio de las películas y otros medios posibles.”-  Elio Petri

Es importante que nos situemos en la época en que fue filmada esta obra maestra. Indagine surge después de la fiebre estudiantil del año 1968 y durante los famosos Anni di Piombo en Italia, un periodo de turbulencia social y política marcado por graves incidentes debido a la lucha entre conservadores e izquierdistas. Petri, tras su participación activa en los levantamientos estudiantiles, apunta en el filme su esperpento en dirección a la policía. Los primeros a cargo de la reprimenda ante cualquier indicio de insurrección.

La película es un análisis desde todos los ángulos del personaje principal. La narración se suministra entre el trabajo del Dottore como autoridad irrefutable, la investigación del crimen y recuerdos que nos develan cómo era su romance con Augusta Terzi, la mujer a la que asesinó. Petri nos presenta así al protagonista de la trama, uno de los personajes más paradójicos y seductores de la historia del cine. Un asesino que cree irrefutablemente en la ley, Dostoievskiano, que ejerce un poder absoluto mediante la intimidación, un ser que jamás será llamado culpable a pesar de que todos los indicios lo apunten.

El homicidio sucede el mismo día en que el Dottore es nominado como el nuevo jefe de policías. En su discurso, una de las escenas emblemáticas del filme, proclama que “la libertad amenaza a los poderes tradicionales, a la autoridad constituida. Estamos aquí para hacer valer la ley, que es inmutable, tallada en el tiempo”. Una manera de hablar y elección de palabras que recuerda a la de Juan Domingo Perón y la de Augusto Pinochet, en el que el protagonista sitúa a los manifestantes, a los que muestran cualquier tipo de rebelión contra la autoridad, al nivel de un homicida.

“El uso de la libertad intenta convertir a cualquier ciudadano en un juez, nos impide desarrollar libremente nuestras funciones sacrosantas.”– Il Dottore, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto.

Con esta obra Elio Petri deja frío a su público. Le hace ver que la impunidad es el primero de los males de una sociedad. Un ciudadano, que según la ley debe ser juzgado como cualquier otro, pero que goza de la posición idónea para mancharse de sangre su camisa blanca, gritar su culpabilidad a los siete vientos y aun así no tener represaría alguna. El director nos presenta una película que es de admirar desde todos los ángulos: por su calidad de cine convencional, por sus tintes de giallo, por la tan acertada música de Ennio Morricone, la interpretación de Volonté, por su fotografía y su trama, por el guion, por su denuncia clara y audible que le da un giro de tuerca nunca antes visto al género policiaco. Por su punto de vista sarcástico pero Orwelliano de un poder que está dispuesto a todo por mantener la disciplina.

Ha pasado casi medio siglo desde que Elio Petri llevó a la gran pantalla su obra maestra. Casi medio siglo y seguimos escuchando en la voz de Il Dottore a muchos de los representantes de la autoridad. Ha pasado casi medio siglo y la etiqueta de inmunidad sigue llenando de tranquilidad las mentes retorcidas de los que dictan la ley. La neurosis del poder que dibuja Petri, por lo menos en mi país, sigue latente. La arbitrariedad, la impunidad, se manifiesta escondida detrás del logotipo de partidos políticos con ilusorios discursos de progreso que a final de cuentas se mantienen a costa del sudor de sus compatriotas, se disfraza del policía que omite su multa a cambio de un billete de cuatro dígitos, de un juez que deja libre a un violador porque es su pariente o el hijo de su amigo. Se manifiesta en el número de ladrones, criminales, asesinos, que gozan de un poder que los libera de consecuencias legales.

El cine, así como cualquier otra forma de arte, debe denunciar y hacer ver lo que tanto nos gustaría ignorar. Esta obra maestra de la cinematografía italiana es un estudio exhaustivo del poder y sus técnicas de represión. ¡Es una maravilla del séptimo arte!

El ciudadano civil debe premeditar cada acción, ya que si arremete contra la ley puede ser aspirante a la condena. Hay a quienes se les permite actuar como se les dé la gana, destruir, abusar de su nivel de autoridad, hacer y deshacer. Lo más peligroso de ésos pocos insolentes, neuróticos del poder, como Il Dottore, es que son muy conscientes de su calidad de ciudadanos al di sopra di ogni sospetto.

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Mórbido VII: la fiesta de cine de género en Mérida

Jose Hernández: @josechj7

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El pasado jueves 17 de noviembre se llevó a cabo la inauguración de la séptima edición del festival de cine fantástico y de terror Mórbido Mérida. La cita fue en el teatro Fantasio de la capital yucateca, donde en punto de las 8:30 p.m. se abrieron las puertas para dar acceso tanto a amantes del género como a uno que otro curioso, grupo en el que se encontraba el redactor de esta nota. La ceremonia inició con un obituario, acompañado por la música del grupo RIPpers, en el que pudimos recordar a figuras de la industria tales como Alan Rickman, Beatriz Rodriguez, Kenny Baker, Melissa Mathison y Gene Wilder, entre otros.

Acto seguido, subieron al escenario Kevin Manrique Cámara, productor del festival, y Sergio Aguilar y Guadalupe Ojeda, productores ejecutivos del mismo, quienes nos dieron la bienvenida e informaron sobre el programa general de esta edición, que incluía filmes como Retrato de un zombie  (2012), 1974 (2016), Alucarda (1978) y Deseo, deseo (2016). Además, se habló de un espacio para cortometrajes de nuevos talentos, talleres, y la presentación del libro Mostrología del cine mexicano a cargo de su co-autor Rodrigo Vidal Tamayo.

Después de recordarnos el trabajo que requería llevar a cabo el festival, la producción pidió un último aplauso y nos dejó con Sendero (2015), segundo largometraje del director chileno Lucio Rojas. Pocas cosas destacaron en la cinta de terror que, aunque goza de calidad estética, sigue una narrativa un tanto inverosímil y deficiente. Sin embargo, Sendero refleja la inminente voluntad en el crecimiento de las producciones latinoamericanas de cine de género, lo cual es en sí un gran triunfo para el cine de esta región y también significa un futuro fructuoso en la diversidad del cine de terror en general. En cierta medida, la película inaugural del Mórbido Mérida VII no fue el golpe contundente que suele ser, tal vez porque ediciones anteriores habían abierto con filmes más conocidos y mejor acogidos en el imaginario colectivo, como el clásico de terror mexicano Veneno para las hadas (1984) de Carlos Enrique Taboada.

A pesar de contar con el apoyo del gobierno e iniciativa privada, es necesario reconocer que este festival se logra con el esfuerzo de jóvenes amantes del cine de terror. De igual manera, agradecemos la existencia del espacio que este proyecto independiente nos brinda, e invitamos a nuestros lectores interesados a seguir pendientes ya que, seguramente, Mórbido Mérida tendrá muchas más ediciones.

Trick r’ Treat: el renacimiento del Halloween

Jorge Durán: @JEDZ1138

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Existen producciones que se desarrollan silenciosamente y cuyo lanzamiento pasa casi desapercibido. Estas películas son descubiertas en una conversación casual con un amigo o en una reunión. Son la clase de cintas que nos llaman en un anaquel o en el pasillo de una tienda. Hay películas que simplemente son descubiertas una tarde, mientras vemos TV o como resultado de una sugerencia aleatoria en un sistema de suscripción digital. Si la película en cuestión nos entrega una buena experiencia, será una momento que definitivamente recordaremos. La sorpresa de descubrir algo totalmente nuevo (sin el apoyo de la explotación recurrente y continua de mercadotecnia) y el dejarnos atrapar por una buena historia es lo mejor que estos “tesoros escondidos” del cine nos pueden ofrecer.

Trick ‘r Treat (2007) del director Michael Dougherty es un proyecto que definitivamente entraría en la descripción anterior. Esta es una cinta dentro del género de antología de horror que ha alcanzado un seguimiento de culto y una recepción por parte de la audiencia que sólo es comparable con joyas del género, como Halloween (1978) de John Carpenter. Desde su lanzamiento en 2009, Trick ‘r Treat ha disfrutado de una admiración por fanáticos del horror y del público en general. Arte conmemorativo, coleccionables, memorabilia, cosplayers, presentaciones especiales en la pantalla chica (en 2013 FEARnet presentó Trick ‘r Treat en un loop continúo durante 24hrs. conmemorando su estatus de culto) y en la pantalla grande, han promovido a Trick ‘r Treat como una de las mejores cintas de horror de la última década.

Trick ‘r Treat nació como una adaptación del cortometraje animado Season’s Greetings (1996), dirigido por el mismo Dougherty, retomando el concepto de antología que hiciera famoso cintas como Creepshow (1982), Twilight Zone: The Movie (1983) o Tales From the Darkside: The Movie (1990). A pesar de que el guión fue el primer trabajo que Dougherty elaboraría como escritor, pasarían varios años y varios obstáculos (sin mencionar el rechazo de varios estudios) para que el largometraje viera la luz del día. En una etapa inicial de desarrollo, Trick ‘r Treat incluiría la participación de la leyenda de efectos visuales/productor, Stan Winston. Adicionalmente, Winston convocaría a directores de la talla de John Carpenter, George A. Romero y Tobe Hooper para dirigir cada una de los segmentos que complementan el largometraje. Increíblemente, los estudios dejaron pasar una propuesta de este calibre dejando el proyecto a la deriva por varios años.

Con el paso del tiempo, Dougherty establecería una relación laboral con el director Bryan Singer –The Usual Suspects (1995). Juntos, desarrollarían proyectos como X2 (2003) y Superman Returns (2006). Fue justo después de esta última cuando Singer sugirió a Dougherty dirigir su propio guión, al descubrir que se trataba de un proyecto tan personal. Singer y el productor Jon Jashni de Legendary Pictures ayudarían enormemente a establecer el proyecto en Warner Bros. El proceso para convencer al estudio no sería fácil, al tratarse de un director primerizo con un proyecto que involucraba una mezcla de horror y comedia. Sería la preparación y la determinación de Dougherty la que convencería al estudio de dar luz verde para el financiamiento, al presentar un guión muy bien desarrollado, acompañado de storyboards y arte conceptual que generaban una estructura sólida de pre-producción.

Todo avanzaría favorablemente para Dougherty hasta que, por razones que aún son desconocidas, la duda invadió al estudio. Warner se mantuvo al margen con el lanzamiento de la cinta por un periodo de un año aproximadamente, dejando el proyecto en un limbo. Considerando este desfavorable suceso, Legendary Pictures tuvo la oportunidad de presentar algunas copias en el circuito de festivales. El Butt-Numb-A-Thon de Harry Knowles de Ain’t Cool News, en diciembre de 2007, representaría el primer y el más grande impulso que la cinta obtendría, generando reacciones positivas en blogs y en sitios web especializados. Este impulso continuaría con una proyección en el Festival de Horror Screamfest en 2008 y con presentaciones en la Ciudad de Nueva York y Los Ángeles. Eventualmente la cinta obtendría su lanzamiento. Sin embargo, este se realizaría de forma directa en formato DVD y Blu-Ray en octubre de 2009.

Al final, Michael Dougherty considera que el formato de distribución fue uno de los elementos que ayudaron a Trick ‘r Treat a posicionarse sólidamente como un film de culto. La presentación limitada con proyecciones en festivales fueron elevando la cinta y cuando un método de distribución masiva fue añadido se obtuvo un resultado explosivo. Las reacciones generadas por las presentaciones, un año previo al lanzamiento del DVD/Blu-Ray, catapultaron las ventas de la cinta. El año de su estreno, 2009, la cinta se desempeño un 70% por arriba de las expectativas del estudio. Dougherty dice:

hay muchas películas que salen y tienen grandes lanzamientos en el cine, pero quedan olvidadas dos semanas después”.

Han pasado casi 10 años desde la primera proyección de Trick ‘r Treat en 2007 y puedo decir con gran seguridad que la cinta se mantiene como una pieza de originalidad dentro del género de horror y dentro de una industria, en ocasiones, necesitada de conceptos e ideas nuevas. Trick ‘r Treat sobresale y permanece relevante cada año por que nos involucra en una historia que respeta al género, además de ser una cinta que se esfuerza por elevar de forma singular y con mucho éxito a una festividad como ‘Halloween’. La estructura de la cinta, la convergencia entre los diferentes segmentos que tejen la narrativa, un divertido e inteligente guión, además de un excelente diseño de producción y de personajes, convierten a Trick ‘r Treat en un “tesoro escondido” que merece ser visto y compartido cada año.

The Riot Club: Reflejo inglés del Mirreynato mexicano

FILTHY, RICH, SPOILED, ROTTEN.

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Natalia Martínez: @NataliaMa2

Elitismo, prepotencia y machismo son tres de las muchas características que describen a los miembros de The Riot Club, una sociedad exclusiva y ancestral de la Universidad de Oxford a la que solamente pueden acceder los hijos de los personajes más relevantes o económicamente privilegiados de Gran Bretaña. Los requisitos para lograr formar parte de este grupo universitario que ha logrado prevalecer generación tras generación, son estar en la cumbre socio-económica, ser hijo de algún político o personalidad distinguido, lucir siempre bien, haber ido a algunos de los colegios posh de Inglaterra y tener la actitud y las ganas de llevar tus impulsos hedonistas al extremo. Diez niñatos, guapos, atléticos y siempre bien vestidos, que parecen inofensivos pero bien son capaces de quebrajar cualquier ley, destruir lo que deseen, conseguir lo que apetezcan, sin encontrarse con ninguna represalia. They can always pay their way out of every mess. El resultado: la impunidad que llevará a aquellos jóvenes atroces a posicionarse detrás de los escritorios más influyentes de la nación. ¿Por qué será que este filme me huele tanto, pero tanto, a México?

“El Mirreynato es un régimen moral donde predominan la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social. El Mirreynato es un régimen en el que todos los mexicanos, de alguna manera, participamos.” Ricardo Raphael, El Mirreynato 

El viernes pasado, en la sala de proyecciones de la Academia de las Ciencias Cinematográficas de España se proyectó por primera vez en la península Ibérica y como parte del 25 Festival de Cine de Madrid, la película de Lone Scherfig: The Riot Club (2014). El filme es un crudo retrato de la alta sociedad británica. Contaba la directora, en la presentación del filme, que lo que quería era poner un espejo frente a las personas que conforman las altas esferas inglesas; hacerlos darse cuenta de su manera de pensar y actuar.

El exclusivo grupo universitario, conformado por diez de los “mejores” niños de Oxford, está claramente inspirado en el Bullingdon Club – grupo al que perteneció el ex primer ministro David Cameron y el anterior alcalde de Londres, Boris Johnson. La fraternidad, así como en el filme, se caracteriza por festejar una cena al año en la que destruyen, bandalizan, el restaurante o el sitio donde hayan decidido llevar a cabo el suntuoso festejo. Al final, no importa qué tanto daño material, físico o psicológico hayan causado, pagarán lo que sea para que nadie se entere del altercado, salir impunes y continuar con sus ambiciosos planes profesionales como si nada nunca hubiera pasado.

Intentaré no entrar en detalles, así compararán ustedes mismos – con algo de nauseas – lo que se narra en The Riot Club con el nepotismo y la impunidad ya esencial en naciones como la nuestra.

Ver el filme, es enfadarse con la dinámica colectiva que carece notoriamente de cualquier lógica humana, de empatía. Es también un excelente pretexto para interesarse aunque sea un poco por los problemas sociales que aquejan y hunden a este país que alguna vez fue grande.

Hace apenas dos años, Ricardo Raphael publicó su libro Mirreynato, la otra desigualdad, su lectura podría formar parte de un ejercicio de estudio sociológico que se remataría con el screening de esta película de Lone Scherfig.

Raphael, a través de este libro, cimentó un análisis de la construcción, acceso y permanencia en el poder mexicano: un estudio de las élites, de la corrupción, la impunidad, el nepotismo y, por ende, la falta de democracia. Esto a través de un montón de extravagantes anécdotas muy parecidas a las de los miembros de The Riot Club. El espectáculo que dan estos jóvenes en sus viajes al extranjero, las reglas que rompen a sabiendas de que no habrá castigo alguno por su comportamiento. “…una tribu urbana que desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana.”

Le comenté a Lone, la directora danesa, lo mucho que se parece su filme al sistema de poder “hereditario” de mi país. Cómo la actitud de los miembros de este grupo se parece en gran medida a la postura de muchos jóvenes mexicanos que no tienen idea del esfuerzo que implica para la gran mayoría el llevar comida a casa. Ricos, bien vestidos, guapos, que consiguen siempre lo que quieren- capaces de pagar su boleto de salida de cualquier complicación- nuestros gobernantes del mañana.

“Mientras se escribía el guión, pensamos en darle a la película un desenlace que le agradara más al público. Optamos, al final, por acercarla lo más posible a la realidad. Y la realidad, la mayoría de las veces, no es algo que guste.” Me comentó.

Así que, por más sorprendente que parezca, esta producción, relativamente nueva y con un reparto que va desde Sam Claflin, Max Irons hasta Natalie Dorman, se parece más de lo que debería a nuestro México actual.

Lo único que me queda decir es que así como hay que leer el libro de Ricardo Raphael, hay que dedicarle dos horas de nuestro tiempo a esta película. Porque es raro que un filme británico se parezca tanto a la realidad en México. Es raro que un largometraje deje a su público con los ojos nublados, la cabeza divagante y un nudo de vergüenza atrancado en la garganta. Es raro, pero para eso está el arte, para denunciar, para sacudir, para despertar y Lone Scherfig lo logró. No en vano fue galardonada en esta edición del Festival de Cine de Madrid con el premio Mirada Internacional.

Gonzalo Suárez: Homenajeado en el 25 Festival de Cine de Madrid.

El Festival de Cine de Madrid cumple 25 años y decide dedicar su primer cuarto de siglo a Gonzalo Suárez, cineasta y escritor prolífico.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Para mí el cine nunca fue un trabajo, fue más un juego.

– Gonzalo Suárez.

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El pasado viernes 14 de octubre arrancó el Festival de Cine de la Plataforma Nuevos Realizadores en la capital de la Península Ibérica. A manera de inauguración se rindió homenaje a uno de los realizadores esenciales de la cinematografía española.

El homenaje se celebró en el Cine Doré, situado en el barrio de Antón Martín, calle Santa Isabel. Este espacio, ahora sala de exhibiciones de la Filmoteca Española, se inauguró en diciembre de 1912. El Cine conserva su nombre original y guarda aún, entre sus paredes color azul turquesa, ese aire de comienzos del siglo XX. La sala envuelve al espectador, lo hace olvidarse del ruido de la tecnología, de las responsabilidades diarias, del tedio, para adentrarse en las ficciones narradas por la pantalla grande.

¿Existirá mejor lugar que el Cine Doré para rendir homenaje a un gran cineasta español? Lo dudo.

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El viernes 14 de octubre a las veinte horas, en un Madrid en el que ya comienza a anochecer a horas decentes, Gonzalo Suárez caminó por el pasillo central de la sala de proyecciones siendo aplaudido por todos los ahí presentes. Así comenzó el 25 Festival de Cine de Madrid de la Plataforma Nuevos Realizadores: rindiendo homenaje a uno de los personajes del cine español más emblemáticos y admirados.

Suárez nació en Oviedo, Asturias en 1934. Recorrió varios oficios antes de dedicarse a la imagen en movimiento. Fue pintor, ejerció como periodista deportivo bajo el seudónimo de Marin Girard y hasta hoy sigue saltando entre la faena del novelista y el cineasta. Fue ganador del premio Nacional de Cinematografía y del Goya a la mejor dirección por Remando al viento (1988)– filme protagonizado por Hugh Grant.  Es escritor y director; ni uno, ni otro, sino ambos, porque ambos oficios se complementan. Bien dijo alguna vez Julio Cortazar sobre él: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal”.

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Para los madrileños que nos leen, dejamos aquí el link donde podrán encontrar la programación completa del festival con las proyecciones de los filmes de Suárez que se realizarán en Cine Doré:

Programa de mano del 25 Festival de Cine de Madrid, Plataforma Nuevos Realizadores. 

En cambio, para los que están lejos de la capital española, pero que quisieran conocer la obra de este imaginativo cineasta, IV Acto les recomienda tres de sus películas:

La Parranda (1977)

La producción cuenta con un reparto excepcional, desde Charo López hasta José Sacristán. Este filme es la adaptación del libro A Esmorga de Eduardo Blanco Amor. El encuentro definitivo con el cine español de Gonzalo Suárez.

Datado en 1934, narra la historia de un Cibrán, un obrero que le promete a su amante trabajar para que ella pueda dejar de ejercer la prostitución. A la mañana siguiente, en el camino a su nuevo trabajo, se encuentra con sus dos amigos, el Bocas y el Milhombres. Cibrán cede ante los convites del par de borrachos y comienza así una jornada caracterizada por episodios de grave demencia, violencia, sexo y excesos. Con escenas que rayan en el surrealismo de la edad de plata, el filme nos muestra a un personaje principal desdichado y poco convencido sobre si seguir hundiendo su vida o cumplir con su promesa de estabilidad laboral.

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El detective y la muerte (1944)

De nuevo, con pinceladas de un surrealismo sombrío, Gonzalo Suárez construye una atmósfera negra protagonizada por el único elemento al que nadie puede escapar: la muerte.

Un importante magnate (Héctor Alterio) tiene el poder de quitarle o darle vida a quién él quiera, sin embargo, no tiene la capacidad de prevenir su inminente muerte. El magnate le regala a su hija -con la que mantiene una relación amorosa- un artefacto que le permitirá verlo después de muerto. La hija lo que en realidad desea es que su madre, la Duquesa, muera, así que la manda matar.

El detective Cornelio (Javier Bardem) perdidamente enamorado de la Duquesa, hará hasta lo imposible por que sobreviva.

Remando al viento (1988)

Los protagonistas de este filme son el poeta inglés Lord Byron (Hugh Grant), la creadora de Frankenstein, Mary Shelley (Lizzy McInnerny) y su esposo el escritor Percy Bysshe Shelley (Valentine Pelka). El primero incita a sus dos amigos a escribir una historia de terror. Es así que Mary comienza su obra maestra, Frankenstein. Una cadena de eventos misteriosos, de tragedias, le comienzan a suceder a las personas que rodean a la escritora. Mary, perdiendo la cordura, está convencida de que el monstruo que creó es el que causa todas esas desventuras. Un filme que se esfuerza por recrear cada aspecto de los dogmas del romanticismo hecho para los amantes de la literatura.

Isaac Ezban; cargando la estafeta del cine de género mexicano

David Azar: @DavidAzar93

Juan Carlos Valdez Dragonné

En una cinematografía como lo es la mexicana -donde los proyectos subsisten gracias a financiamiento gubernamental y suelen mantenerse poco tiempo en cartelera-, cualquier propuesta de ciencia ficción no solo deja algo de qué hablar, sino que inmediatamente representa una bocanada de aire fresco para el cine nacional. Dicho lo anterior, y aprovechando el reciente estreno de su segundo largometraje, dedicamos este texto a un cineasta que está decidido a ocupar un lugar especial en las pantallas mexicanas. Su nombre es Isaac Ezban.

Tres sujetos se encuentran atrapados en unas escaleras eternas y una familia que deambula por una carretera que se repite una y otra vez comprenden tan sólo la punta del iceberg de El incidente (2014). En su ópera prima, Ezban pone sobre la mesa un juego de destreza y tensión narrativa –o un mindfuck, si prefieren-, en el que dos escenarios paralelos, con un “incidente” similar, están atrapados en un ciclo sin aparente fin. Un argumento bastante simple que resulta genial en manos de su director, quien procura llevar a sus personajes al límite de la condición humana. El incidente dejó mucho de qué hablar el año pasado, haciendo diversas paradas en los festivales de cine de género más prestigiosos del mundo y recopilando críticas y opiniones favorables, como fue la de Guillermo Del Toro:

“El incidente es un potente e ingenioso acertijo y un prometedor debut para Isaac Ezban, un director necesario en el género en México”

Puede que El incidente no haya sido del agrado de algunos otros que claman una innecesaria sobreexposición de la trama en el desenlace de la historia. Sea cual sea la opinión de cada cinéfilo, no se le puede negar a Ezban la victoria que representa debutar con una película de esta índole: actores que entregan intensidad en sus interpretaciones, un guión que cumple con buen ritmo en cada acto y una calidad de producción muy presente en cada fotograma.

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Parecía un excelente comienzo para la carrera cinematográfica de este joven director, y así se concretó con la inesperada y pronta salida de su segundo proyecto: Los parecidos (2015). En palabras de Ezban, su nueva película es una carta de amor al cine de ciencia ficción de los años sesenta. Vaya redacción la de esta carta: Los parecidos suelta referencias del género por doquier. La atmósfera lúgubre y misteriosa de la famosísima serie The Twilight Zone (Rod Sterling, 1969-64) sirve de columna vertebral en la estación de autobuses donde “los parecidos” están encerrados por culpa de una lluvia torrencial. La ligera desconfianza entre los personajes respecto a sus identidades, y que posteriormente se convertirá en un salvaje frenesí de todos contra todos, nos remonta a lo que John Carpenter plasmó en su aclamada cinta de terror The Thing (1982). Finalmente, la estética retro de terror, lograda en la fotografía de Isi Sarfati y la música original de Edy Lan, es la de Philip Kaufman en Invasion of the Body Snatches (1978). Nuevamente, a través de un excelente manejo de tensión, la razón detrás de la enredadera narrativa cierra la historia con broche de oro. La película viaja con nosotros al salir de la sala, y eso ya constituye otro gran logro por parte de Ezban.

Así es como con dos largometrajes –y sus temáticas originales- en tan sólo dos años, Isaac Ezban se posiciona como una de las voces más destacadas en el cine mexicano de hoy en día. Al igual que un joven Del Toro con su debut Cronos (1993) hace ya dos décadas, lo que Ezban está logrando -además del reconocimiento de sus películas- es evidenciar que el cine de género, cuando se hace bien, tiene éxito en este país.

Actualmente, sabemos que el prolífico director ya está rodando su tercer proyecto. Mientras esperamos los detalles al respecto, les recomendamos sus dos primeros trabajos. El incidente lo pueden encontrar a la venta en su formato casero o a la renta en las plataformas FilmIn Latino, Cinepolis Klick, FoxPlay y iTunes. Por su parte, Los parecidos está de momento en cartelera. Les compartimos el trailer:

Hollywood y la Industria cultural ¿Instrumento para el control de las masas?

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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En 1932 el británico Aldous Huxley escribió lo que se convertiría en su obra maestra literaria Brave New World – Un mundo feliz. Lo que muchos consideran madre de toda distopía. La novela, escrita hace más de 80 años, anticipa la manera en la que la tecnología cambiará radicalmente la sociedad. Él no nos muestra al Big Brother vigilante y escalofriante que nos enseñó George Orwell. En su novela no hay armas, no hay represión, no hay guerra ni pobreza, solo hay felicidad. ¿Cómo puede un mundo así ser considerado una distopía? Suena más a utopía, ¿no?

Así como hizo George Orwell con 1984, Huxley también predijo un futuro totalitarista en el que el ser humano se encontraría atado a los deseos de una reducida élite. En Brave New World, a diferencia de 1984, las multitudes no son conscientes de ese control, creen que viven en un lugar ideal, lo cual hace todo mucho más escalofriante. En las predicciones de Huxley, el gobierno incitaría a la distribución en masa del entretenimiento, así la gente dejaría de prestarle tanta atención a problemas políticos y nuestra sed de conocimiento se vería erradicada. No habría necesidad de modificar la verdad, sino de ahogarla en un mar de naderías. Las personas se convertirían en una especie trivial, profundamente preocupada por causas insubstanciales. Un mundo donde la vida surge en laboratorios y los seres humanos están condicionados a priorizar el consumismo y el placer sexual. Este autor no supuso que el control de las masas se lograría a través del miedo. Huxley estaba convencido: lo que más nos gusta es lo que nos acabará destruyendo.

En palabras de Huxley el futuro sería más o menos así: “La era del ruido. Del ruido físico, del ruido mental, del ruido del deseo (…) Un asalto al silencio que penetra la mente, que la llena con pilas de distracciones (…) nuevos artefactos, información irrelevante, música estridente o demasiado sentimental, dosis de dramas incapaces de llevar al público a la catarsis, creando en el individuo una fuerte necesidad por todos estos enemigos emocionales.” A poco de cumplir cien años de la publicación de la novela, miro a mi alrededor y me digo: ¡Vaya, Huxley, qué maestría la tuya para adivinar el futuro!

Theodor Adorno, sociólogo y filósofo miembro de la escuela de Frankfurt, temía que el tiempo libre del hombre contemporáneo cayera en las manos de lo que él llamaba “la industria cultural”- toda esa información masificada, la televisión, las series e incluso las películas le parecían a este pensador de mediados del siglo pasado, el método por excelencia para mantener al público demasiado angustiado con cosas sin suficiente relevancia. Desde llegar a creer que el fin del mundo se acerca en manos de una invasión extraterrestre hasta pasar horas discutiendo si el tapizado de las paredes debería ser color hueso o beige. Tanto ruido y exacerbación mediática no hace más que confundirnos, atolondrarnos, intimidarnos, alejarnos de toda crítica o argumento.

A estas alturas del artículo se preguntarán, tal vez ¿Qué hace un blog de cine hablándome de estas cosas? Parece irónico, sí, pero este blog especializado en cine más que halagar e informar se caracteriza por buscar la crítica o la catarsis a través del séptimo arte; dos agentes que tristemente se encuentran en peligro de extinción. Es por esto que no podemos negar el hecho de que Hollywood se ha posicionado, desde mediados del siglo XX, como el pilar de esta Industria cultural. Es la producción fílmica estadounidense la que se ha encargado de enseñarnos cómo es que debemos enamorarnos, el estilo de vida ideal, a qué grupo étnico temer, en qué países del mundo estaremos seguros, cuáles mejor no visitar, entre muchas cosas más que van de la mano con los intereses políticos y sociales del momento. No en vano Theodor Adorno acusó a Walt Disney de ser el hombre más peligroso de América.

El panorama de la Industria cultural, muy a nuestro pesar, no ha mejorado desde la invención del término en 1944, sino lo contrario. El número de las corporaciones a cargo de la información masificada estadounidense fue de 50 a 5 en menos de veinte años: AOL TimeWarner, VIACOM, The Walt Disney Company, Vivendi Universal y Sony. Por esto es que las canciones se parecen cada vez más, la ficción se estandariza o se reutiliza a caudales y el público… bueno, el público asiente satisfecho creyendo que lo que escucha, ve o se le presenta es de calidad, porque no conoce nada más.

Así como lo dedujo Huxley, el gobierno norteamericano y las cinco corporaciones mencionadas anteriormente, trabajan muy de cerca. Pero la relación entre ambos poderes no es cosa nueva. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, fue que comenzaron a salir los dibujos animados de Disney o de los Looney Tunes con claros estereotipos raciales y étnicos. Entre ellos se encuentran los cortos animados Der Fuehrer’s Face Education for Death (1943), Commando Duck (1944), entre muchas otras. Aquí les presentamos Scrub me Mamma with a Boogie Beat (1941).

Los mensajes raciales o políticos se han ido mostrando de manera cada vez menos obvia, más diluida. Seguramente, no se volverán a presentar en la gran pantalla productos de propaganda como la serie Why We Fight de Frank Capra (1942 – 45), ni mucho menos las series de Mickey Mouse de los años 30. Sin embargo, eso no quiere decir que haya desaparecido esa cercana relación de intereses que existe entre el gobierno y el cine comercial estadounidense.

La película Americana es el mayor instrumento de propaganda en el mundo. Es un gran distribuidor de ideas y opiniones. Ésta puede estandarizar las ideas y los hábitos de una nación.” – Edward Bernays, Propaganda (1928).

En nuestros días, la principal víctima de la Industría Cultural es, sin lugar a dudas, el mundo árabe. El estereotipo del árabe suele ser el del villano anti-americano, incluso mucho tiempo antes del atentado del 11 de septiembre. ¿Recuerdan el filme True Lies (1994) de James Cameron? Hollywood jamás ha hablado del gran número de cristianos que habitan en países de medio oriente. O del hecho de que la mayor parte de los americanos con raíces árabes se identifican con el cristianismo. Para la industria del cine, el árabe es por default, un musulmán, un extranjero de piel tostada, turbante, con un extraño acento o un terrorista.

Hay muchos más estereotipos. Es raro ver a algún protagonista negro; cuando no aparece como el mejor amigo negro que ayuda al blanco a lograr su meta (Sex and the City, 2008), son traficantes de drogas, miembros de algún banda delincuente, o mujeres gritonas con un fuerte problema de personalidad. Los latinos jamás seremos representados como abogados o doctores, somos más bien las damas de limpieza o los jardineros/latin lovers.

Walter Lippmann, escritor del libro La opinión pública (1922), nos explica cómo utilizando los medios de comunicación masiva, la sociedad puede llegar a posicionarse en un estado de servidumbre hacia el estado sin que ésta se de cuenta. La sociedad, nos explica, al situarse frente a tanta variedad de información y noticias con poca profundidad o capacidad de crítica, se encuentra desprotegida y sin el tiempo ni la capacidad suficiente para comprender en su totalidad lo que sucede a su alrededor. Esto fuerza al individuo a construir estereotipos limitados para reducir la complejidad de su entorno cultural o sociopolítico. Él consideraba a los medios de comunicación una fábrica de consentimientos (A manufacture of consent). Los medios de comunicación han hecho, para Lippmann, de las nociones tradicionales de la democracia algo imposible. No es el individuo quien elige, porque son los medios de comunicación los que le indican, a cuentagotas, a quién elegir, qué conviene permitir y a quiénes rechazar.

Adorno identifica tres claves para lograr el control por parte de la tan mencionada Industria cultural. El transformar al individuo en un colectivo que pastorear, segregando al que sea capaz de tomar decisiones racionales, al estudioso, al que esté consciente de este tipo de realidades. Remplazar toda motivación de conocimientos, por pasividad, conformismo o un montón de deseos consumistas e innecesarios. Y por último, validar la idea de que el hombre realmente desea escapar del mundo cruel y absurdo en el que vive perdiéndose en las distracciones fáciles e inmediatas.

Los métodos de escape de la realidad están en auge: más videojuegos, más películas, más series, más opciones de entretenimiento. Los moldes tan simplificados para etiquetar sociedades y culturas completas se producen día a día por esta inmensa fábrica de información. Los datos nimios e irrelevantes que tanto nos angustian son cada vez más y también más sosos. La complejidad de la música que escuchamos se reduce a cuatro acordes de una guitarra. Pero entonces: ¿Qué pasa con los que realmente buscan, a través de su arte, estimular el análisis y la crítica del público? Esos son confinados a los teatros más pequeños, a esos no se les hace tanta publicidad, esos no son comercializados en las grandes cadenas de cine como Cinepolis. Esos no gustan tanto porque se les tacha de radicales, o de izquierdistas, o de aburridos, o explícitos o extraños. Somos felices con la marea de información que no dice nada. Nos conformamos con “datos” que jamás investigamos. Ese mundo de entretenimiento masivo nos da lo que más deseamos: comodidad conformista. Nos mantiene quietecitos y calladitos. ¡Qué cerca estamos de ser ese Brave New World que narró Aldous Huxley!

Tal es el fin de todo condicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social del que no podrá liberarse.” – Aldous Huxley.