Isaac Ezban; cargando la estafeta del cine de género mexicano

David Azar: @DavidAzar93

Juan Carlos Valdez Dragonné

En una cinematografía como lo es la mexicana -donde los proyectos subsisten gracias a financiamiento gubernamental y suelen mantenerse poco tiempo en cartelera-, cualquier propuesta de ciencia ficción no solo deja algo de qué hablar, sino que inmediatamente representa una bocanada de aire fresco para el cine nacional. Dicho lo anterior, y aprovechando el reciente estreno de su segundo largometraje, dedicamos este texto a un cineasta que está decidido a ocupar un lugar especial en las pantallas mexicanas. Su nombre es Isaac Ezban.

Tres sujetos se encuentran atrapados en unas escaleras eternas y una familia que deambula por una carretera que se repite una y otra vez comprenden tan sólo la punta del iceberg de El incidente (2014). En su ópera prima, Ezban pone sobre la mesa un juego de destreza y tensión narrativa –o un mindfuck, si prefieren-, en el que dos escenarios paralelos, con un “incidente” similar, están atrapados en un ciclo sin aparente fin. Un argumento bastante simple que resulta genial en manos de su director, quien procura llevar a sus personajes al límite de la condición humana. El incidente dejó mucho de qué hablar el año pasado, haciendo diversas paradas en los festivales de cine de género más prestigiosos del mundo y recopilando críticas y opiniones favorables, como fue la de Guillermo Del Toro:

“El incidente es un potente e ingenioso acertijo y un prometedor debut para Isaac Ezban, un director necesario en el género en México”

Puede que El incidente no haya sido del agrado de algunos otros que claman una innecesaria sobreexposición de la trama en el desenlace de la historia. Sea cual sea la opinión de cada cinéfilo, no se le puede negar a Ezban la victoria que representa debutar con una película de esta índole: actores que entregan intensidad en sus interpretaciones, un guión que cumple con buen ritmo en cada acto y una calidad de producción muy presente en cada fotograma.

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Parecía un excelente comienzo para la carrera cinematográfica de este joven director, y así se concretó con la inesperada y pronta salida de su segundo proyecto: Los parecidos (2015). En palabras de Ezban, su nueva película es una carta de amor al cine de ciencia ficción de los años sesenta. Vaya redacción la de esta carta: Los parecidos suelta referencias del género por doquier. La atmósfera lúgubre y misteriosa de la famosísima serie The Twilight Zone (Rod Sterling, 1969-64) sirve de columna vertebral en la estación de autobuses donde “los parecidos” están encerrados por culpa de una lluvia torrencial. La ligera desconfianza entre los personajes respecto a sus identidades, y que posteriormente se convertirá en un salvaje frenesí de todos contra todos, nos remonta a lo que John Carpenter plasmó en su aclamada cinta de terror The Thing (1982). Finalmente, la estética retro de terror, lograda en la fotografía de Isi Sarfati y la música original de Edy Lan, es la de Philip Kaufman en Invasion of the Body Snatches (1978). Nuevamente, a través de un excelente manejo de tensión, la razón detrás de la enredadera narrativa cierra la historia con broche de oro. La película viaja con nosotros al salir de la sala, y eso ya constituye otro gran logro por parte de Ezban.

Así es como con dos largometrajes –y sus temáticas originales- en tan sólo dos años, Isaac Ezban se posiciona como una de las voces más destacadas en el cine mexicano de hoy en día. Al igual que un joven Del Toro con su debut Cronos (1993) hace ya dos décadas, lo que Ezban está logrando -además del reconocimiento de sus películas- es evidenciar que el cine de género, cuando se hace bien, tiene éxito en este país.

Actualmente, sabemos que el prolífico director ya está rodando su tercer proyecto. Mientras esperamos los detalles al respecto, les recomendamos sus dos primeros trabajos. El incidente lo pueden encontrar a la venta en su formato casero o a la renta en las plataformas FilmIn Latino, Cinepolis Klick, FoxPlay y iTunes. Por su parte, Los parecidos está de momento en cartelera. Les compartimos el trailer:

Hollywood y la Industria cultural ¿Instrumento para el control de las masas?

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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En 1932 el británico Aldous Huxley escribió lo que se convertiría en su obra maestra literaria Brave New World – Un mundo feliz. Lo que muchos consideran madre de toda distopía. La novela, escrita hace más de 80 años, anticipa la manera en la que la tecnología cambiará radicalmente la sociedad. Él no nos muestra al Big Brother vigilante y escalofriante que nos enseñó George Orwell. En su novela no hay armas, no hay represión, no hay guerra ni pobreza, solo hay felicidad. ¿Cómo puede un mundo así ser considerado una distopía? Suena más a utopía, ¿no?

Así como hizo George Orwell con 1984, Huxley también predijo un futuro totalitarista en el que el ser humano se encontraría atado a los deseos de una reducida élite. En Brave New World, a diferencia de 1984, las multitudes no son conscientes de ese control, creen que viven en un lugar ideal, lo cual hace todo mucho más escalofriante. En las predicciones de Huxley, el gobierno incitaría a la distribución en masa del entretenimiento, así la gente dejaría de prestarle tanta atención a problemas políticos y nuestra sed de conocimiento se vería erradicada. No habría necesidad de modificar la verdad, sino de ahogarla en un mar de naderías. Las personas se convertirían en una especie trivial, profundamente preocupada por causas insubstanciales. Un mundo donde la vida surge en laboratorios y los seres humanos están condicionados a priorizar el consumismo y el placer sexual. Este autor no supuso que el control de las masas se lograría a través del miedo. Huxley estaba convencido: lo que más nos gusta es lo que nos acabará destruyendo.

En palabras de Huxley el futuro sería más o menos así: “La era del ruido. Del ruido físico, del ruido mental, del ruido del deseo (…) Un asalto al silencio que penetra la mente, que la llena con pilas de distracciones (…) nuevos artefactos, información irrelevante, música estridente o demasiado sentimental, dosis de dramas incapaces de llevar al público a la catarsis, creando en el individuo una fuerte necesidad por todos estos enemigos emocionales.” A poco de cumplir cien años de la publicación de la novela, miro a mi alrededor y me digo: ¡Vaya, Huxley, qué maestría la tuya para adivinar el futuro!

Theodor Adorno, sociólogo y filósofo miembro de la escuela de Frankfurt, temía que el tiempo libre del hombre contemporáneo cayera en las manos de lo que él llamaba “la industria cultural”- toda esa información masificada, la televisión, las series e incluso las películas le parecían a este pensador de mediados del siglo pasado, el método por excelencia para mantener al público demasiado angustiado con cosas sin suficiente relevancia. Desde llegar a creer que el fin del mundo se acerca en manos de una invasión extraterrestre hasta pasar horas discutiendo si el tapizado de las paredes debería ser color hueso o beige. Tanto ruido y exacerbación mediática no hace más que confundirnos, atolondrarnos, intimidarnos, alejarnos de toda crítica o argumento.

A estas alturas del artículo se preguntarán, tal vez ¿Qué hace un blog de cine hablándome de estas cosas? Parece irónico, sí, pero este blog especializado en cine más que halagar e informar se caracteriza por buscar la crítica o la catarsis a través del séptimo arte; dos agentes que tristemente se encuentran en peligro de extinción. Es por esto que no podemos negar el hecho de que Hollywood se ha posicionado, desde mediados del siglo XX, como el pilar de esta Industria cultural. Es la producción fílmica estadounidense la que se ha encargado de enseñarnos cómo es que debemos enamorarnos, el estilo de vida ideal, a qué grupo étnico temer, en qué países del mundo estaremos seguros, cuáles mejor no visitar, entre muchas cosas más que van de la mano con los intereses políticos y sociales del momento. No en vano Theodor Adorno acusó a Walt Disney de ser el hombre más peligroso de América.

El panorama de la Industria cultural, muy a nuestro pesar, no ha mejorado desde la invención del término en 1944, sino lo contrario. El número de las corporaciones a cargo de la información masificada estadounidense fue de 50 a 5 en menos de veinte años: AOL TimeWarner, VIACOM, The Walt Disney Company, Vivendi Universal y Sony. Por esto es que las canciones se parecen cada vez más, la ficción se estandariza o se reutiliza a caudales y el público… bueno, el público asiente satisfecho creyendo que lo que escucha, ve o se le presenta es de calidad, porque no conoce nada más.

Así como lo dedujo Huxley, el gobierno norteamericano y las cinco corporaciones mencionadas anteriormente, trabajan muy de cerca. Pero la relación entre ambos poderes no es cosa nueva. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, fue que comenzaron a salir los dibujos animados de Disney o de los Looney Tunes con claros estereotipos raciales y étnicos. Entre ellos se encuentran los cortos animados Der Fuehrer’s Face Education for Death (1943), Commando Duck (1944), entre muchas otras. Aquí les presentamos Scrub me Mamma with a Boogie Beat (1941).

Los mensajes raciales o políticos se han ido mostrando de manera cada vez menos obvia, más diluida. Seguramente, no se volverán a presentar en la gran pantalla productos de propaganda como la serie Why We Fight de Frank Capra (1942 – 45), ni mucho menos las series de Mickey Mouse de los años 30. Sin embargo, eso no quiere decir que haya desaparecido esa cercana relación de intereses que existe entre el gobierno y el cine comercial estadounidense.

La película Americana es el mayor instrumento de propaganda en el mundo. Es un gran distribuidor de ideas y opiniones. Ésta puede estandarizar las ideas y los hábitos de una nación.” – Edward Bernays, Propaganda (1928).

En nuestros días, la principal víctima de la Industría Cultural es, sin lugar a dudas, el mundo árabe. El estereotipo del árabe suele ser el del villano anti-americano, incluso mucho tiempo antes del atentado del 11 de septiembre. ¿Recuerdan el filme True Lies (1994) de James Cameron? Hollywood jamás ha hablado del gran número de cristianos que habitan en países de medio oriente. O del hecho de que la mayor parte de los americanos con raíces árabes se identifican con el cristianismo. Para la industria del cine, el árabe es por default, un musulmán, un extranjero de piel tostada, turbante, con un extraño acento o un terrorista.

Hay muchos más estereotipos. Es raro ver a algún protagonista negro; cuando no aparece como el mejor amigo negro que ayuda al blanco a lograr su meta (Sex and the City, 2008), son traficantes de drogas, miembros de algún banda delincuente, o mujeres gritonas con un fuerte problema de personalidad. Los latinos jamás seremos representados como abogados o doctores, somos más bien las damas de limpieza o los jardineros/latin lovers.

Walter Lippmann, escritor del libro La opinión pública (1922), nos explica cómo utilizando los medios de comunicación masiva, la sociedad puede llegar a posicionarse en un estado de servidumbre hacia el estado sin que ésta se de cuenta. La sociedad, nos explica, al situarse frente a tanta variedad de información y noticias con poca profundidad o capacidad de crítica, se encuentra desprotegida y sin el tiempo ni la capacidad suficiente para comprender en su totalidad lo que sucede a su alrededor. Esto fuerza al individuo a construir estereotipos limitados para reducir la complejidad de su entorno cultural o sociopolítico. Él consideraba a los medios de comunicación una fábrica de consentimientos (A manufacture of consent). Los medios de comunicación han hecho, para Lippmann, de las nociones tradicionales de la democracia algo imposible. No es el individuo quien elige, porque son los medios de comunicación los que le indican, a cuentagotas, a quién elegir, qué conviene permitir y a quiénes rechazar.

Adorno identifica tres claves para lograr el control por parte de la tan mencionada Industria cultural. El transformar al individuo en un colectivo que pastorear, segregando al que sea capaz de tomar decisiones racionales, al estudioso, al que esté consciente de este tipo de realidades. Remplazar toda motivación de conocimientos, por pasividad, conformismo o un montón de deseos consumistas e innecesarios. Y por último, validar la idea de que el hombre realmente desea escapar del mundo cruel y absurdo en el que vive perdiéndose en las distracciones fáciles e inmediatas.

Los métodos de escape de la realidad están en auge: más videojuegos, más películas, más series, más opciones de entretenimiento. Los moldes tan simplificados para etiquetar sociedades y culturas completas se producen día a día por esta inmensa fábrica de información. Los datos nimios e irrelevantes que tanto nos angustian son cada vez más y también más sosos. La complejidad de la música que escuchamos se reduce a cuatro acordes de una guitarra. Pero entonces: ¿Qué pasa con los que realmente buscan, a través de su arte, estimular el análisis y la crítica del público? Esos son confinados a los teatros más pequeños, a esos no se les hace tanta publicidad, esos no son comercializados en las grandes cadenas de cine como Cinepolis. Esos no gustan tanto porque se les tacha de radicales, o de izquierdistas, o de aburridos, o explícitos o extraños. Somos felices con la marea de información que no dice nada. Nos conformamos con “datos” que jamás investigamos. Ese mundo de entretenimiento masivo nos da lo que más deseamos: comodidad conformista. Nos mantiene quietecitos y calladitos. ¡Qué cerca estamos de ser ese Brave New World que narró Aldous Huxley!

Tal es el fin de todo condicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social del que no podrá liberarse.” – Aldous Huxley.

Luis Buñuel; el cine mexicano ganó la guerra civil española.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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La guerra civil en España dejó a un montón de personas deambulando entre dos patrias. Los hijos del exilio, nacidos en tierras americanas, seguimos sintiendo ese lazo sanguíneo que nos une a un país que no quiso vernos nacer sobre su tierra árida. Somos los nietos de esos a los que en México llaman gachupines, porque siguen usando boinas, jugando dominó y ceceando, pero que al pisar España los confunden con mexicanos. Es como tener dos madres, la biológica y la adoptiva. Una les dio la vida, la otra los recibió con los brazos abiertos, les dio un techo, sopa y una cama con cobija.

En febrero de 1939, el México posrevolucionario de Lázaro Cárdenas aceptó acoger a una parte importante de los exiliados de la península ibérica. Se embarcaron a nuestro país los intelectuales, científicos y artistas que no encajaban con los preceptos de Franco. Eran miembros de centros que nacieron de la claridad intelectual y de un insaciable deseo por lograr el progreso social a través de la educación como la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Estudiantes, el Museo Pedagógico Nacional, entre muchos otras. Una fuga de cerebros que empobreció la vida cultural de la posguerra española y enriqueció en gran medida a Hispanoamérica.

            “Fue a Daniel Cosío Villegas – encargado de negocios de Portugal, a quien antes que nadie, se le ocurrió la idea que México debía acoger a científicos e intelectuales españoles, para que continuaran sus actividades.”

– Antonio Alarotte, académico del Colegio de México.

Se embarcaron hacía el nuevo continente personalidades como el compositor Rodolfo Halffter, la pintora surrealista Remedios Varo, el arquitecto Roberto Fernández Balbuena, el oftalmólogo Manuel Márquez Rodríguez, el historiador Carlos Bosch García, el ingeniero Oscar Buen, el químico Francisco Giral González. México se nutrió con la llegada de filósofos como María Zambrano, poetas como León Félipe, narradores como Francisco Ayala. Y a esta lista le faltan alrededor de 20,000 nombres más de hombres y mujeres que huyeron para después adquirir el apellido de su patria adoptiva. ¡Cuánto nos regaló España! Basta con decir que el mejor director de cine que ha tenido la península ibérica, nuestro querido Luis Buñuel, se naturalizó Mexicano.

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El exilio republicano español en México aconteció entre 1939 y 1942. Hilando cabos, recordemos que debido a la Segunda Guerra Mundial, las enormes industrias cinematográficas de Estados Unidos y Europa cayeron en picada. Esto brindó la oportunidad a países como México de situarse en el pedestal de las producciones audiovisuales. La renombrada Época de Oro del Cine Mexicano comprendió entre los años 1936 y 1959, este periodo benefició el surgimiento de grandes directores y actores que ahora son íconos de talla global.

Luis Buñuel pisó el ombligo de la luna en 1940, en plena Época de Oro del cine nacional. El padre del surrealismo cinematográfico trabajaba en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, cuando se quedó sin empleo debido a las fuertes declaraciones de uno de sus amigos más cercanos: Salvador Dalí. En la autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí, el catalán describe a Buñuel como un ateo de izquierdas, un hombre cuya presencia era peligrosa para una institución como en la que laboraba.

“Tengo ganas de hacer una película que vaya en contra del gusto de todos, a contracorriente de todas las ideologías. Sí. Una película en contra de los comunistas, de los socialistas, de los católicos, de los liberales, de los fascistas. Pero yo no entiendo de política.  Una película en la que quedara patente mi nihilismo. Una película en contra de Cristo, de Buda, de Siva…” – Luis Buñuel

Sin planes ni un ingreso estable, el cineasta se reunió con Denise Tual. Ella tenía un proyecto en París e invitó a Buñuel a participar. Para ir a la capital francesa había que pasar por México: así fue como este cineasta se topó con un mundo raro del que se enamoró, al que decidió adoptar como su nueva patria. Unos días después ya estaba por comenzar a dirigir el primero de los muchos filmes que haría en tierra mexicana.

Buñuel describía a México como un país surreal, tal vez fue eso lo que lo convenció a quedarse. Comenzó, entonces, el recorrido del controversial creador de Un perro andaluz (1929)empezando por su fallida cinta Gran Casino (1946) hasta Simón del desierto (1964).

Comentemos, pues, algunos de estos filmes. Recordemos que a lo largo de su trayectoria, Buñuel se caracteriza por historias que parten de la crítica social, burlándose constantemente de las prácticas y creencias de la burguesía. Busca remover de los ojos de su público la venda de los preceptos sociales. Nos y se burla de ese mexicano adinerado que predica la caridad cristiana pero se siente cómodo con la discrepancia social, con el vivir rodeado de personas en pobreza.

Los olvidados (1950)

La cinta nos muestra a Jaibo, un joven que recién salido de la correccional mata a Julián, su delator. Vemos esa miseria desesperanzada que convive de la mano con la abundancia en las grandes orbes como la Ciudad de México. Los protagonistas, niños delincuentes, viven en un clima de delincuencia casi natural. Nos muestra la criminalidad juvenil de manera sobria, realista, comprendiéndola desde un contexto social poco incluyente, repleto de disparidades.

“Los gallos o las gallinas forman parte de muchas visiones que tengo, a veces compulsivas. Es inexplicable, pero el gallo y la gallina son para mi seres de pesadilla.” – Luis Buñuel.

Él (1952)

Trata de un hombre rico, católico y piadoso, que consigue contraer matrimonio con Gloria, la novia de su amigo. Contando con la exquisita fotografía de Figueroa, el filme narra la historia de un matrimonio caótico. Vemos a un hombre que parecía ser calmado y refinado, pero que se ve inundado por unos celos que lo llevan a tocar los síntomas de la psicosis, de la esquizofrenia. Un filme repleto de metáforas surrealistas.

Narazín (1958)

Buñuel fue quien dijo “Soy ateo, gracias a Dios”, pero eso no le impidió comprender la importancia de la espiritualidad humana, ponerse en los zapatos del creyente mexicano y llevarlo con maestría a la gran pantalla. El filme, adaptación la novela homónima de Benito Pérez Galdós, cuenta la historia de un sacerdote que tras dar cobijo a una prostituta perseguida por la ley, se ve obligado a marcharse de su pueblo.

“Yo no creo en el progreso social. Solo puedo creer en unos pocos individuos excepcionales de buena fe aunque fracasen, como Nazarín.”

– Luis Buñuel.

El ángel exterminador (1962)

Un grupo de burgueses se reúnen para cenar en una elegante mansión. La fiesta termina y por alguna razón fuera del entendimiento del espectador, los asistentes no logran marcharse. Buñuel, con esta historia, mezcla perfectamente el surrealismo con la denuncia social. Hay humor negro, absurdo y un montón de personas encerradas en un enorme comedor opulento, gente aborregada por las pautas de conducta de las altas esferas. ¿Una cárcel mental?

Fue así como la cinematografía de nuestro país se vio triunfante debido a la recepción de inmigrantes que, agradecidos con tener un lugar al que llamar su patria, nos dejaron riquezas culturales y artísticas sin precedentes.

***

Luis Buñuel, a pesar de haber producido sus últimas obras en Francia, nunca se mudó definitivamente de su casa en la colonia del Valle de la Ciudad de México, a la que llamó hogar hasta el día de su muerte. El padre del surrealismo cinematográfico fue mexicano, como lo son los miles de refugiados que ahora se pasean sobre este suelo con el rostro arrugado y con bastón en mano. Son grandes, como lo fue Buñuel y como fue toda la gente que los recibió con los brazos abiertos.

“Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba.”

– Luis Buñuel

¡Qué bueno sería que se le cumpliera ese deseo a Buñuel! Porque seguro se sorprendería al toparse con los cinéfilos mexicanos que aún lo admiran y enaltecen su legado, sus imágenes imperecederos, sus historias inolvidables. Se encontraría con un pueblo que se enorgullece de llamarlo su paisano.

¿Qué sucedió con John McTiernan?

Jorge Durán: @JEDZ1138

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Recientemente, tuve la oportunidad de revisar dos joyas del cine de la década de 1980: Die Hard (1988) y Predator (1987). En retrospectiva, es impresionante explorar el impacto cultural de estas cintas y considerar que han pasado casi 30 años desde sus respectivos estrenos.  Son producciones consideradas referentes dentro del género de acción, hitos que marcaron un antes y un después en un terreno que aún se mantiene como generador de ideas. Adicionalmente, estas cintas ayudaron a impulsar no sólo las carreras de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Actores como Alan Rickman, productores como Joel Silver y futuros realizadores como Shane Black y Jan de Bont, encontraron en estos proyectos los cimientos para despegar exitosas vidas profesionales. En particular, siempre he considerado Die Hard una pieza única dentro del género. El desarrollo de personajes, el lenguaje visual dinámico e inteligente, y el hecho de que cada elemento de la fotografía tiene un propósito, son sólo algunos de los méritos que encuentro cada vez que reviso esta película. Y a pesar de que la fórmula utilizada en Predator (1987) podría ser calificada como “simple” o “predecible” hay que reconocer que, a pesar de muchos esfuerzos, no ha podido ser replicada con éxito. Roger Ebert lo sintetiza muy bien cuando dice: “suministra lo que pretende suministrar: una efectiva película de acción” .

El común denominador de estas obras es el director John McTiernan. Sumado a las dos producciones ya mencionadas, McTiernan construyó una sólida carrera con ambiciosas producciones como The Hunt for the Red October (1990), Last Action Hero (1993), Die Hard with a Vengeance (1995) y Thomas Crown Affair (1999), entre otras. Con una filmografía envidiable y con un legado de esas dimensiones, sólo una pregunta queda: ¿Que sucedió con John McTiernan?

Lamentablemente la respuesta es inconclusa y dolorosa, y más aún si tomamos en cuenta que McTiernan alguna vez fue uno de los directores con más demanda dentro de la industria, trabajando con destacados productores y actores de primera categoría. Después de su último largometraje, Basic (2003), la carrera del director tomaría un curso oscuro. En abril de 2006, McTiernan fue acusado ante una corte federal por mentir al FBI y proporcionar una declaración falsa durante la investigación acerca de la contratación del investigador privado Anthony Pellicano para intervenir ilegalmente las conversaciones del productor Charles Roven. Lo anterior fue resultado de las fuertes diferencias entre Roven y McTiernan durante el rodaje de Rollerball (2002) – un remake de la cinta dirigida por Norman Jewison en 1975 y para muchos el tropiezo más grande en la carrera de McTiernan.

Después de diversas declaraciones y batallas legales entre la fiscalía y la defensa en un proceso que duraría varios años, McTiernan se entregó a una prisión federal en abril de 2013 para enfrentar una sentencia de 12 meses en Yankton, Dakota del Sur. Algunos recordarán la campaña “Free John McTiernan” en plataformas como Facebook y respaldada por colegas, amigos y partidarios como Alec Baldwin, Samuel L. Jackson, Jeremy Irons, la productora Gale Ann Hurd y el director Brad Bird, generada para manifestar solidaridad y apoyo con el realizador. Después de casi 10 meses, en febrero 2014, McTiernan salió en libertad, sirviendo el resto de su condena bajo arresto domiciliario. Ese mismo año, McTiernan levantaría una queja ante el Departamento de Justicia como un esfuerzo para limpiar su nombre y reivindicar su persona. El abogado de McTiernan, Hank Hockeimer, manifestaría en una declaración que su cliente había sido encerrado “no sólo por un crimen que no cometió, pero por un comportamiento que simplemente no es un crimen” (vía THR).  Los problemas para el director no terminarían después de su liberación. Desde su estancia en prisión, McTiernan tuvo que declararse en bancarrota y en diciembre de 2015, de acuerdo a lo publicado por The Hollywood Reporter, sus propiedades (un rancho en Wyoming con un área superior a los 3,000 acres) serían absorbidas por el banco para cubrir la deuda de su hipoteca. Finalmente, a pesar de que McTiernan recibe regalías por su trabajo en proyectos pasados, su ingreso es administrado para cubrir las deudas al banco y a otros individuos como su ex-esposa, permitiéndole al director $8,500.00 dólares al mes para gastos de manutención.

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John McTiernan (en medio) y Bruce Willis (derecha) en el rodaje de ‘Die Hard’.

La carrera profesional de John McTiernan es incierta. Poco tiempo después de su liberación se habló de diversos y potenciales proyectos, (una posible secuela de Thomas Crown Affair parecía ser el proyecto más prometedor) la realidad es que hasta julio de 2016, más de dos años después de su liberación, ningún estudio lo tiene contemplado dentro de la industria. El director responsable de retratar personajes icónicos como Jack Ryan y John McClane nos ha dejado un legado admirable y al mismo tiempo es lamentable enfrentar la posibilidad de que no volveremos a ver una cinta de McTiernan en la pantalla grande.

McTiernan definitivamente enfrenta su reto más grande a la fecha y reconozco que si bien el futuro cinematográfico para este director es una incógnita, un cosa es segura: el día en que McTiernan regrese con una nueva producción, seré el primero miembro de la audiencia en comprar un boleto. Los detalles de las acciones que dieron lugar a la separación de McTiernan con la industria que él mismo ayudó a construir son desconocidos y quizás no somos los indicados en conocer cada detalle, pero puedo afirmar que su legado vivirá más allá de las batallas legales que ahora lo confinan. Si existe un artista que merece ser reivindicado, es John McTiernan.

Terror: La filosofía detrás del miedo ¿Qué es lo que hace del misterio un placer irresistible?

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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Poltergeist (1982) de Tobe Hooper.

Una de cada tres personas, disfruta de pasar dos horas sentado en un sofá o una butaca, en la oscuridad, viendo un filme en donde el protagonista corre atemorizado por estrechos callejones siendo perseguido por un ser de aspecto inhumano, abominable, que, con un enorme cuchillo, anhela cortar por la mitad a nuestro tan querido personaje principal. ¡Sí, hay personas que se regocijan al ver asesinos llevar a cabo su sanguinaria cadena de crímenes! Gente que ama la tortura, que desea ver explosiones de órganos en pantalla. Las casas embrujadas, los fantasmas. La adrenalina que viene acompañada de sudoración, sentir el corazón a mil por hora. La paranoia que nos hace mirar atrás, porque sentimos que alguien nos observa, que alguien respira detrás de nuestro oído.

Este género cinematográfico tiene como única ambición la de posicionar al espectador al borde del ataque de pánico. Una buena película de terror debe sumergir a su público en su mundo, no importa qué tan inverosímil sea. Nos debe hacer querer huir, saltar sobre el asiento, cerrar los ojos, desesperarnos, jalarnos los pelos. Vivir a través del personaje esa situación que de pronto comienza a tornarse misteriosa e inaudita. Al situarnos en los zapatos de los personajes de la película e imaginar todas aquellas anomalías ocurriéndonos en carne propia, es normal que sudemos, chillemos y no queramos ver más. Sin embargo, hay algo que nos hace seguir ahí, que impide que nos levantemos y salgamos de la sala o que optemos por apagar la televisión o cambiar de canal.

     “A la gente le gusta tener miedo, cuando se sienten seguros”. Alfred Hitchcock.

¿Por qué? Somos tan raros: encontramos un bizarro placer en el temor, en el misterio, en los actos de violencia. ¿Masoquismo? ¿Depravación? ¿Qué es ese factor humano que hace de películas como Saw (2004) o Poltergeist (1982) hitos de la cultura popular? ¿Qué hace que tantos se interesen por el Gore? ¿Serán las reacciones fisiológicas tan intensas que éstas nos contagian? ¿La necesidad de excitación física o emocional, de conmociones contrastantes? ¿Será el aburrimiento o el tedio de una vida rutinaria y precaria de exaltaciones? ¿Será por su poder catártico? ¿El que nos haga revivir traumas del pasado? Es probable que sean todas estas razones las que eviten que la lamparilla del terror se mitigue.

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Alfred Hitchcock (Foto de Peter Dunne)

No obstante, entre las miles de justificaciones psicológicas y físicas que le podemos dar a esta fascinación tan quirky de la sociedad actual por lo sangriento y desagradable, existe una que, a mi parecer, es la más atinada. El cine de terror tiene un enorme poder catalizador: es la manera moralmente abordable de darle rienda suelta a nuestros instintos más agresivos, violentos o descabellados. El cineasta busca hacer sufrir, el público busca sufrir.

Según Friedrich Nietzsche, así como nos lo explicaron alguna vez en primaria, cada persona tiene, sentado en el hombro derecho, un angelito que lo guía por el mundo de la luz y la justicia, llamémoslo como el dios griego de la rectitud: Apolo. Tenemos también, cada uno de nosotros, un diablito que se acomoda sobre el hombro izquierdo y nos incita a la violencia, a la oscuridad. A éste pongámosle como al dios griego Dionisio, la deidad del desenfreno y las pasiones carnales. Así que dentro de cada ser humano coexiste un lado apolíneo y otro dionisiaco que se encuentran en constante conflicto.

El ser humano, consciente de esa naturaleza bélica, pasional y violenta, intenta ocultar lo dionisiaco, creando un sinfín de legalidades sociales, morales y religiosas. Apolo debía aplastar al dios del “mal”, de no ser así, acabaríamos matándonos. Preferible decir que debemos amarnos los unos a los otros, que matarnos los unos a los otros. Como bien dijo Thomas Hobbes en Leviathán “El hombre es el lobo del hombre”. Así que para lograr convivir en armonía colectiva hay que ceder nuestra voluntad a un grupo que nos indique cómo es que hay que vivir, qué es lo que tenemos que hacer.

“Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura”. Edgar Allan Poe

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, basándose en la dualidad del ser humano presentada por Nietzsche, escribe en 1930 una de sus principales obras, El malestar en la cultura. Nos explica cómo la cultura para lograr realizarse debe, reglamentariamente, sofocar nuestros instintos primitivos. Para Freud la cultura vive en perpetuo malestar, ya que funciona solo a través de la represión. ¿Darle rienda suelta a ese lado dionisiaco? ¡No, no! Tú se apolíneo, trabaja, estudia, ríe con amigos y pórtate bien. ¡Ama, se gentil! Pero ¿funciona erradicar nuestros instintos? ¿Qué es el Ying sin el Yang? Imaginen una vida sin la pierna izquierda. “El hombre de la cultura es un neurótico” – Freud. Esa cultura, esa vida en sociedad, no hace más que amputar una parte inherente de nuestra naturaleza y es por esto que cada vez hay más dementes.

“Como especie, somos esencialmente dementes. Si juntas a más de dos en un cuarto, elegimos un bando y empezamos a soñar motivos para matarnos. ¿Por qué crees que inventamos la política y la religión?”. Stephen King

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Shutter Island (2010) de Martin Scorsese.

Nietzsche admira a las sociedades antiguas, porque en ellos aun no existía el sentido de culpa. No se avergonzaban de sus inclinaciones carnales. No rechazaban la crueldad. Para el ser humano moderno el sufrimiento es un impedimento a la vida, para sociedades antiguas hacer sufrir era algo imprescindible, fuente de alegría, un ingrediente humano. Hoy, lo dionisiaco de cara a la sociedad, da pena, temor, culpa, vergüenza: es ese lado aplastado de cada uno de nosotros, que de vez en cuando susurra algo, nos da alguna idea desagradable, nos tienta.

“Saber que vamos a morir lo cambia todo. Sientes las cosas de un modo diferente y las hueles muy distintas. Sin embargo la gente no aprecia el valor de sus vidas. Siguen bebiendo un vaso de agua, pero no la saborean”. Saw (2004)

El cine de terror es uno de los poquísimos cultos a lo dionisíaco que son moralmente aceptados en la sociedad. Detrás de esa pantalla color escarlata, el espectador se entrega al mundo de lo instintivo, de la violencia, el sufrimiento. Pierde la centralidad del Yo. Aplasta la razón de un mundo esquematizado y controlado en donde todo el tiempo se te dice lo que se debe y no se debe hacer.

Como lo sugerí anteriormente, para que una película de terror impresione, funcione como catalizador y, por ende, logre su cometido, es necesario introducir al espectador en el universo que ésta relata, ponerlo en los zapatos del personaje, construir una trama que transforme lo ficticio en algo viable. Es aquí que se complica un poco la cosa.

Afortunadamente, como dijo Kubrick, “si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado”. Todo está en la creatividad y en el buen uso de los elementos que nos provee el séptimo arte. ¿Qué sería de Shutter Island (2010), el filme de Scorsese, sin su estridente banda sonora? ¿The Shining (1980) sin Jack Nicholson como el demente de cejas alzadas que intenta matar a su esposa con un hacha? ¿Quién más pudo haber dicho la emblemática frase Here’s Johnny asomándose por una puerta rajada? ¿Causaría tanto asco Sheitan (2006), de Kim Chapiron, sin esa selección de imágenes tan brutales?

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”. H.P. Lovecraft

Terror 5
The Exorcist (1973) de William Friedkin.

El montaje –como bien explicó Hitchcock– tiene que ir develando la atmósfera poco a poco para sumergir al espectador en un mundo terrorífico pero veraz. William Friedkin, en El Exorcista (1973), nos muestra a una madre afligida que cree que algo extraño le sucede a su niña. El padre Merrin sube las escaleras lentamente mientras se escuchan ruidos en la habitación de ella. Otro ejemplo sería el de Spieldberg con Jaws (1975), en una de las primeras escenas de la película, cuando Chrissie se mete a nadar: la pasa bien, sonríe. De pronto algo la sumerge. Ella lucha, intenta tomar aire. Chrissie sacude los brazos mientras algo la mueve por debajo. ¿Qué hay ahí? El ritmo de la música aumenta, se vuelve más audible, más violenta. Más gritos, más llantos, más llamadas de auxilio. De pronto, silencio: atributo esencial de la muerte.

Son pocos los filmes de este género que realmente logran impresionar lo suficiente, ser verdaderas odas a esa parte malévola y sanguinaria que viene adherida a nuestra naturaleza humana. Pero si lo consiguen, se convierten en sellos inamovibles del imaginario popular. El género que, gracias a su capacidad de impresionar, se vuelve inmortal y perpetuo en la mente de su afligido público.

“Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”. Stephen King

La existencia de creaciones como las de Friedrich Willhelm Marnau, director de Nosferatu (1931), Hitchcock, el maestro del suspenso, o James Wan, creador de la nueva y escalofriante The Conjuring (2013), recalca la existencia de ese lado oscuro y prohibido en el ser humano. El cineasta o escritor de lo sombrío desea, por sobre todas las cosas, hacer sufrir a su espectador. El espectador busca el sufrimiento o la emoción que le es arrebatada por las reglas morales. Es así cómo el cine de terror se convierte en una oda al lado dionisiaco del ser humano, a esa parte que subsiste ignorada, ese lado oculto al que no le permitimos salir a la luz, pero que vive, obligado a vagar entre los rincones más sombríos de nuestro cerebro. Nuestros deseos carnales, nuestras obsesiones. Esa parte muy nuestra que nos avergüenza tanto, a la que le encantaría tener dos colmillos afilados para clavar en la yugular de quien sea que tengamos a un lado.

La enorme maquinaria de Marvel Studios

Jorge Durán: @JEDZ1138

Marvel 2

‘Captain America: Civil War’ no sólo representa la apertura de una nueva fase para Marvel, tampoco puede definirse únicamente como la 13va. cinta dentro del Universo Cinematográfico Marvel (MCU, por sus siglas en inglés), ‘Civil War’ se puede describir como una de las entradas más ambiciosas y revitalizadoras dentro de la maquinaria de Marvel Studios y es el mejor ejemplo de lo entretenido, fantástico y creativo que puede llegar a ser el siempre criticado pero jamás igualado género de cintas de superhéroes.

Marvel ha solidificado su presencia y estilo a lo largo de 8 años, iniciando con ‘Iron Man’ en 2008. Lo que Jon Favreau (director) y Kevin Feige (co-productor) iniciaron definió los cimientos de Marvel Studios, originando una de las sagas más valoradas dentro de la industria. El Universo Cinematográfico Marvel ha buscado ser replicado con resultados mixtos o ideas cuestionables (desde Warner Bros. con el roster de DC Comics, pasando por Paramount con el Universo Hasbro y recientemente Universal con el Universo de Monstruos Clásicos) lo que ha originado la creencia de una “fórmula secreta” para explicar la notoriedad de las producciones Marvel entre las cabezas de los estudios rivales. El éxito del MCU no puede resumirse únicamente a su desempeño en taquilla (esta semana, gracias al saludable desarrollo de ‘Civil War’, el MCU -13 largometrajes- alcanzó la cifra de 10 billones de dólares, de acuerdo a deadline.com), este resultado tiene que ser interpretado y medido por la satisfacción entre fanáticos, cinéfilos y público en general, pero esa satisfacción, ese sello Marvel, ha sido el resultado de un exhaustivo proceso.

El  triunfo de Marvel se debe a una combinación de diferentes factores, iniciando con la inclusión de Louis D’Esposito y Kevin Feige como las cabezas de Marvel. Feige no sólo es el presidente de Marvel Studios (desde 2007), sino que ha producido o co-producido cada una de las cintas dentro del MCU. Adicionalmente, ha jugado un papel activo y decisivo dentro de cada uno de los proyectos del estudio. La planeación de Feige ha proporcionado una coherencia que fortalece el término “Universo Cinematográfico”. Su visión como arquitecto del universo Marvel ha generado un espina dorsal que ha servido como estructura para futuros proyectos dentro del mismo estudio. El peso de Feige se combinó con el talento de directores de la talla de Jon Favreau (‘Iron Man’, ‘Iron Man 2’), Joe Johnston (‘Captain America: The First Avenger’) y Kenneth Branagh (‘Thor’) para dar vida a la “Fase I” del MCU, culminando con ‘The Avengers’ de Joss Whedon. “La Fase II” del MCU no solo presentó la adición de nuevos y creativos directores, como Shane Black (‘Iron Man 3’) y James Gunn (‘Guardians of the Galaxy’), también ofreció la oportunidad de proyectar y descubrir cierta agudeza fílmica en nuevos directores como los hermanos Anthony y Joe Russo, cuyos antecedentes en la TV demostraron ser clave para generar una de las cintas más aclamadas dentro del MCU: ‘Captain America: Winter Soldier’. Y aunque se han presentado discutibles eslabones débiles dentro de esta serie de proyectos (‘Thor: The Dark World’) y controversias dentro del estudio (la salida del director Edgar Wright en ‘Ant-Man’), Marvel ha sabido definir y planear una línea de tiempo clara sin comprometer los arcos narrativos o el desarrollo individual de sus personajes.

Marvel 5
Kevin Feige

El compromiso de Marvel con el entendimiento de sus propiedades va mas allá de la exhibición de secuencias de acción o un reparto excepcional. Marvel ha entendido el peso cultural y emocional de cada personaje que adapta. No teme explorar o reinventarse con cada nueva entrada; ha sabido ser entretenido y al mismo tiempo ofrecer un acercamiento original de sus personajes. Todo lo anterior sólo se puede lograr con un ambiente colaborativo. Retomando la estructura creativa dentro del estudio que mencionábamos anteriormente, hay que señalar que Feige es la parte, una gran parte, de una compleja ecuación. Recientemente, David Faraci (via birthmoviesdeath.com), en relación al éxito de la nueva “Fase III” del MCU y al reciente triunfo de ‘Captain America: Civil War’, destacó el fenómeno conocido como “Marvel Bullpen”.

El “Marvel Bullpen” fue desarrollado en las oficinas de Marvel Comics en la década de 1960, donde editores, productores, artistas y guionistas dentro de la publicación se reunían en un gran espacio abierto, listos para arrojar ideas y conceptos, además de recibir sugerencias y consejos de sus obras. Esto generó un ambiente de colaboración y creatividad pura dentro de las oficinas. Este mismo concepto ha empezado a ser adoptado dentro de las oficinas de Marvel Studios en Burbank, Ca., complementando la idea unificadora bajo la visión de Feige. En ese mismo artículo, se menciona al director Peyton Reed (‘Ant-Man’) señalar la interacción entre directores y escritores de varios proyectos. Ver a directores como Taika Waititi y Scott Derrickson discutir en el pasillo de las oficinas sus futuras cintas (‘Thor: Ragnarok’ y ‘Doctor Strange’, respectivamente) o simplemente conversar con James Gunn durante la comida acerca de sus planes. “Es increíble tener a Ryan Coogler en la oficina junto a la mía“, recalca Reed en relación al director de ‘Black Panther’.

Todo lo anterior se refleja en la pantalla y culmina en un trabajo como ‘Civil War’, donde la herencia de trabajos previos convergen para revitalizar el futuro del MCU. El peso de un símbolo, de un uniforme, de un personaje, evoca un legado y un significado emocional que toca fibras personales en cada uno de nosotros; Marvel entiende eso mejor que nadie en la industria. y los alcances de Marvel Comics dentro del MCU, no se limitan a un formato o un medio en específico. El poder de Marvel se ha traducido en excelentes series de TV, bajo la coordinación de Jeph Loeb en Marvel Television, como ‘Daredevil’ y ‘Jessica Jones’ dentro de nuevas plataformas como Netflix. Y aunque ha encontrado dificultades para establecer su lugar con proyectos más convencionales como ‘Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.’ y ‘Marvel’s Agent Carter’, la unidad  y congruencia del Universo Cinematográfico de Marvel se mantiene intacta y cada vez más fuerte. A todo lo anterior se suman cortometrajes distribuidos en video o “direct-to-video” (Marvel One-Shot) que tejen y exploran aún más este Universo. El porvenir de Marvel se ve prometedor y más aún entendiendo cómo funcionan los engranes de esta impresionante maquinaria. Podemos enfatizar que no existe una “fórmula secreta” en las oficinas de Marvel, tampoco existen salidas fáciles, el estatus de Marvel ha significado tropiezos previos y adaptaciones deficientes, sin mencionar las batallas internas. Y aunque las propiedades de Marvel se han repartido a diversos estudios, previo a la formación de Marvel Studios (e.g. Fox & X-Men, Sony & Spider-Man, etc.), el sello característico que ha reforzado personajes como ‘Iron-Man’, ‘Captain America’, ‘Thor’ y ‘Hulk’ es único.

Para concluir el repaso del MCU hasta ahora, y en espera de lo que viene en los próximos años para complementar este longevo proyecto, les compartimos la siguiente lista del orden cronológico de todo el Universo Cinematográfico de Marvel, cortesía de la página web ‘Tech Times’ (www.techtimes.com). Aprovechamos el verano que apenas empieza para invitarles, o incluso retarles, a degustar del MCU con todos y cada uno de los productos pertenecientes al mismo. Disfruten:

Captain America: The First Avenger (Film)

Agent Carter (One-Shot en el Blu-Ray de Iron Man 3)

Agent Carter (Serie TV: Temporadas 1-2)

Iron Man (Film)

Iron Man 2 (Film)

A Funny Thing Happened on the Way to Thor’s Hammer (One-Shot en el Blu-Ray de Captain America: The First Avenger)

Thor (Film)

The Incredible Hulk (2008 Film)

The Consultant (One-Shot en el Blu-Ray de Thor)

The Avengers (Film)

Item 47 (One-Shot en el Blu-Ray de The Avengers)

Iron Man 3 (Film)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 1, Episodios 1-7)

All Hail The King (One-Shot en el Blu-Ray de Thor 2: The Dark World y formato digital)

Thor 2: The Dark World (Film)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 1, Episodios 8-16)

Captain America: The Winter Soldier (Film)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 1, Episodios 17-22)

Guardians of the Galaxy (Film)

Daredevil (Serie Netflix: Temporada 1)

Jessica Jones  (Serie Netflix: Temporada 1)

Daredevil (Serie Netflix: Temporada 2)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 2, Episodios 1-19)

Avengers: Age of Ultron (Film)

Ant-Man (Film)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 2, Episodios 20-22)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 3, Episodios 1-19)

Captain America: Civil War (Film)

Agents of SHIELD (Serie TV: Temporada 3, Episodios 20-22)

Fuente: http://www.techtimes.com/articles/48613/20150424/how-to-watch-the-full-marvel-cinematic-universe-in-order.htm

Anomalía, una animación muy humana

David Azar: @DavidAzar93

ANOMALISA

Desafortunadamente, muchos espectadores vivimos dentro del paradigma de que el cine de animación es una técnica cinematográfica de connotación infantil, y aunque muchos estudios, incluyendo el mismísimo Pixar Animation, han demostrado lo opuesto en varias ocasiones, esta idea prevalece. Muchas veces preferimos pasar por alto películas de animación, se las dejamos a los niños, y ese mismo número de veces podemos perdernos excelentes historias contadas por medio de técnicas visuales impresionantes. Deberíamos darnos el gusto de disfrutar más del mundo animado, pues la variedad ya existe. Yo en lo personal les recomiendo mucho las aportaciones del estudio japonés de animación Ghibli Studios, fundado por el artista de animación y genio Hayao Miyazaki, en 1985.

El año pasado, el Festival Internacional de Cine de Venecia otorgó el gran premio del jurado a una cinta de animación. Se trata de Anomalisa (2015), el nuevo proyecto cinematográfico de Charlie Kaufman, en co-dirección con el animador Duke Johnson. Kaufman es famoso en el mundo del cine por sus guiones con narración abstracta, en los que siempre trata la angustia del ser humano como producto de sus crisis existenciales. La síntesis del cine de Kaufman, podríamos decir, es la del personaje principal como un sujeto incomprendido por la sociedad, cuando en realidad lo que nos quiere transmitir el guionista es que todos somos ese sujeto, pues todos gozamos de esas características humanas, o más bien defectos, que nos hacen seres complejamente imperfectos y absurdos. Anomalisa no es la excepción de la regla, sino la reafirmación de la firma de Kaufman, y esta vez el cineasta optó por colaborar con Johnson (conocido principalmente por la serie animada Mary Shelley’s Frankenhole) para contar su historia por medio de la técnica de animación de stop-motion.

Anomalisa cuenta la historia de la depresión y alienación de un miserable y un tanto famoso autor de libros de auto-ayuda llamado Michael Stone (David Thewlis), quien en un plazo de dos días conoce a Lisa (Jennifer Jason Leigh) y todo parece cambiar en su vida para bien. Así comienza esta magnifica historia que –ojo- de feliz no tiene mucho. Más bien se trata de la inalcanzable búsqueda de un individuo por la respuesta de la insatisfacción que le provoca la sociedad, de esa monotonía que el resto de la gente le refleja y el hartazgo que le ocasiona, incluyendo su propia familia. Esta idea es brillantemente representada con Tom Noonan interpretando las voces del resto de los personajes de la película.

En cuanto al aspecto técnico del proyecto, bueno, se podrán imaginar los meses depositados de excesiva paciencia y trabajo arduo para llegar a simular por medio de títeres una película que trata de evocar la realidad tal y como se nos presenta. Johnson cuenta que tan solo la escena de sexo le tomó seis meses poder animarla de manera que se vea realista y no cómica. La película estaba planeada como un cortometraje, con una duración de aproximadamente 40 minutos, pero el proyecto despegó la creatividad de estos artistas lo cual les inspiró hacer un largometraje. Para una idea más pictórica del proceso de realización de Anomalisa, les compartimos el siguiente video (cortesía de Movie Clips):

El golpe lo da la película justo al final con la estrategia de construir de poco a poco la historia en torno a dudas y situaciones aparentemente sin fundamento, para luego darnos una bofetada cargada de cabos atados. Kaufman cierra su obra maestra con la idea más desgarradora y probable síntesis de la película: se trata de un ciclo vicioso que estamos condenados a repetir el resto de nuestras vidas.