Infernal Affairs: Hong Kong al límite de la esquizofrenia

Gordon So

Tony Leung (izquierda) y Andy Lau (derecha) en Infernal Affairs

Infernal Affairs (Andrew Lau & Alan Mak, 2002) es una película que captura con precisión la psique de Hong Kong a inicios de este milenio, misma que continúa en gran parte sin estar del todo resuelta. En lo particular, la cinta hace un gran trabajo reflejando a la Hong Kong post-97 de la mano de la indescriptible angustia existencial compartida por su gente. La “Entrega” de esta ciudad en 1997, o lo que a los chinos les gusta llamar “La devolución,” constituye un momento histórico para ésta. Yéndonos atrás en la historia, fue en 1842 cuando la administración Qing cedió lo que entonces era un pequeño pueblo pesquero al Imperio Británico, luego de que éste haya triunfado en las Guerras del Opio. A lo largo del siglo y medio subsecuente, Hong Kong se convirtió rápidamente en uno de los centros financieros y sitios de intercambio más importantes del mundo. El año 1997 fue uno de tiempos ansiosos para el pueblo hongkonés. Se trataba del año en que el hijo abandonado sería regresado a su madre tierra, pero ¿cómo hace uno para renegociar su lealtad después de tantos años de estar al otro lado?

En Infernal Affairs este dilema está representado por Chan (Tony Leung) y Lau (Andy Lau), un policía y un gangster de las Tríadas encubiertos, respectivamente. A lo largo de la película, estos dos personajes luchan por una identidad estable y un sentido coherente de lo que significa ser uno mismo. El académico de estudios culturales Howard Choy observa, “la transición política de 1997 no solo es un cambio de poder soberano, sino también una oportunidad para una identidad renovada.” Así como en el acontecimiento real, los acontecimientos en la película presentan una oportunidad para Chan y Lau de renovar sus identidades – Chan quiere recuperar su identidad original como policía, mientras Lau anhela borrar su pasado como gangster y asumir una nueva identidad del lado de la ley. Pero ambos han permanecido en sus disfraces por tanto tiempo al grado de experimentar una confusión de identidad, misma que se refleja en sus vidas privadas. Mary (Elva Hsiao), la prometida de Lau, escribe una novela acerca de un hombre con veinticuatro personalidades; por su parte, Chan se queja con Lee (Kelly Chen), su psiquiatra, acerca de sus severas jaquecas, haciéndole dudar sobre un trastorno esquizofrénico. Estas dos escenas se muestran una después de la otra y ambas presentan a Chan y a Lau como paralelismos. Esto fortalece el desplazamiento de identidad en un terreno separado entre una frontera política y la ansiedad que ésta causa ¿Qué es esta película si no un reflejo de la situación actual de Hong Kong?

Infernal Affairs también es una película acerca de redención. Su fuerte relación con la filosofía budista introduce un elemento moral en la crisis de identidad. Le película inicia con una cita del Nirvana Sutra que lee, “El más grande de los ocho infiernos, conocido como ‘infierno incesante,’ consiste en sufrir el más grande dolor ininterrumpidamente.” Chan y Lau se encuentran en una lucha política representada como una lucha entre el bien y el mal. Aunque Lau finalmente sobrevive el conflicto y logra una transición exitosa a una nueva y a una identidad legítima, implícitamente vivirá en un “camino incesante” como consecuencia (“El camino incesante” es la traducción literal del chino que conforma el título original de la película). La cita al final lee, “Aquellos que van por el camino incesante nunca morirán, pues la longevidad es una gran plaga en el infierno.” Al haber pecado, Lau está destinado a soportar un gran sufrimiento incesante en un infierno terrenal. De esta manera, Infernal Affairs es esencialmente una historia de morales acerca de la crisis de identidad del pueblo hongkonés en medio de la Entrega de 1997. Este tema se explora más a fondo en las partes II y III de esta trilogía.

Infernal Affairs recibió el tratamiento de remake en la película Los infiltrados (The Departed, 2006), con la cual Martin Scorsese ganó su primer y único Oscar como Mejor Director. Pueden encontrar Infernal Affairs a la venta en los formatos DVD y Blu Ray en Amazon México (Click aquí).

 

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la oda más fidedigna al amor y al olvido

Natalia Martínez Alcalde: @NataliaMa2

“How happy is the blameless vestal’s lot! The world forgetting, by the world forgot. Eternal sunshine of the spotless mind! Each pray’r accepted, and each wish resign’d” – Alexander Pope, Eloise to Abelard.

¿Has dicho película de amor? Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry, 2004) es quizá todo lo contrario, el antónimo del romance cinematográfico.

La industria del entretenimiento se ha empeñado en trazar sin timidez los cánones de nuestra sociedad: desde las habilidades corporativas, los gobiernos, las ideas de nación o inclusión, racismo o feminismo. Todo. Ha llegado incluso a pautar los estándares o las expectativas de las relaciones personales. Incluyamos, pues, en esta lista el amor según los ideales cinematográficos. El cine nos presenta relaciones amorosas con tintes melodramáticos que se entercan en ocultar la insignificancia de la cotidianeidad que atesta a quienes viven bajo el mismo techo. Romances donde escasea nuestra naturaleza humana tan rota y desgastada, tan insegura y necesitada. Filmes idealistas y poco fieles a la veracidad que siembran expectativas cuasi utópicas.

Es por esto que cuando me preguntan que cuál es la mejor película de amor que yo haya visto respondo Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y esto porque no me he topado con obra del séptimo arte más fehaciente a lo que una pareja es y deja de ser. Borremos, entonces, de nuestra cabeza toda huella de artificialidad pasional y hablemos de amor y de olvido. Pero de amor real y de lo que significa olvidar en serio. Quién mejor para guiarnos por este sendero que uno de los escritores más fieles a su profesión: Charlie Kaufman.

Este indecente filme que cumple ya catorce años de vida, fue dirigido por el francés Michel Gondry. Cuenta su guionista, Kaufman, que todo inició como un experimento artístico en París. Un amigo del director, el artista Pierre Bismuth, envió tarjetas a varios de sus conocidos anunciándoles que habían sido borrados de la memoria de algún importante miembro de su pasado. Lo que buscaba Bismuth con esto era capturar las reacciones de quienes recibían los mensajes. Y fue así que surgió la idea del filme: la relación entre Joel (Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet) llega a su fin y ella recurre a una extraña clínica -Lacuna ac- para borrar de su memoria todo rastro de Joel. Cuando él se entera de esto, decide hacer exactamente lo mismo.

¿Qué es el ser sino su memoria? El pasado vive en la memoria y la memoria vive en el pasado. Nuestra cabeza funciona como un almacén de acciones o circunstancias que después llegan a definir quiénes somos. Por esto, si tuviésemos la posibilidad, como la tuvo Clementine y también Joel, de erradicar una parte importante de nuestro pretérito, ¿qué pasaría?

Ya en el proceso clínico, inconsciente en su cama y con un enorme aparato metálico cubriéndole el cráneo, Joel, en una especie de sueño lúcido, cae en la cuenta de que no quiere borrar a Clementine de su memoria. La cinta se transforma en una historia de persecución en la que el protagonista huye del olvido. Salta de memorias frustrantes a otras que al revivir desea atesorar y guardar. Como el beso de ambos escondidos bajo una cobija bordada y ella pidiéndole a él que no la abandone nunca. Joel suplica, entonces, poder mantener ese recuerdo, solamente ése. Pero ve dentro del sueño cómo se le escurre entre los dedos para disolverse. Surge aquí una de las preguntas básicas del filme: ¿Somos meramente la suma de nuestras memorias o hay más detrás del resultado de nuestro pasado? ¿Qué pasaría con la identidad si las experiencias personales se pierden por completo?

En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos parece ser que Charlie Kaufman evoca el Ensayo sobre el intelecto humano de John Locke. Según el filósofo de la ilustración, el conocimiento surge de la experiencia. Aunque la repetición es una de las mejores técnicas para fijar ideas, no hay nada como el dolor o el placer para hacer que un pensamiento se talle de manera profunda en forma de recuerdo. En el sueño lúcido de Joel observamos cómo son los momentos más alegres, frustrantes, dolorosos, placenteros o ajetreados los que se clavaron hasta el fondo de su memoria. Mientras más fuerte el sentimiento causado por el suceso, más grabado se quedará el recuerdo. El evocar un recuerdo, según Locke, puede ir acompañado de una sensación igual o incluso más fuerte que la vivida.

Nos preguntamos entonces, ¿Por qué querer borrar algo o a alguien si esas vivencias han construido lo que somos? ¿Se puede pasar de amar a odiar (desear borrar)? Claro. Bien dicen que del odio al amor hay un solo paso. Y es que, al contrario de lo que se nos muestra, el amor es el menos sublime de los actos. Al decidir amar el individuo opta por compartir su vida, sus contentos, sus miedos, su intimidad, su futuro con una persona. Se firma una especie de tratado en el que el otro se vuelve mayoritariamente responsable del bienestar de su pareja. Lo que no sabemos reconocer, más veces de las que menos por ese idealismo que se nos ha comunicado desde hace años, es que estamos depositando en manos de alguien imperfecto y tan roto como nosotros, la edificación de nuestra memoria, de nuestro ser. Se vuelve nuestra pareja la principal otorgadora de nuestras alegrías y penumbras. Escribió alguna vez Jaime Sabines “No es que muera de amor, muero de ti.” Es normal que nos volvamos inseguros, que de pronto se nos nuble la razón, al caer en la cuenta de que le hemos regalado al otro la capacidad de formar nuestra persona.

Tal vez, como ya lo ha dicho Charlie Kaufman, el primer paso hacia amar está en alejar la nociva utopía que existe en la imaginación colectiva en torno al verbo y aceptar su decadencia. Habría que darle una vuelta de 360 grados al versículo de Los Corintios: el amor no todo lo cree, ni todo lo soporta, que el contrato del amor a veces cuenta con envidia, que de vez en cuando sí que se irrita. La base está en saber abrazar las menudencias del día a día, comprender que la acción del otro está sujeta al error, que nadie es completamente seguro de sí mismo. Al amar nos volvemos responsables de una buena parte de los recuerdos de un ser agrietado y ese ser agrietado de los nuestros.

“Meet me in Montauk” le susurra Clementine al oído a Joel al despedirse en su sueño. Amanece y él, yendo al trabajo, siente un impulso irreparable por llegar a aquella locación. Y es que la memoria se borra, pero la emoción, el impulso, el instinto, eso se queda. He ahí el fallo de la clínica Lacuna. El espectador entiende que el protagonista, incluso inconscientemente y lejos de ella, actúa según Clementine.

A través de su viaje mental, Joel descubrió las imperfecciones latentes de su relación, la aburrición de un día a día que le inundó por completo, los momentos de desesperación y apatía. Pero entendió lo irrisorio que es esperar solamente vivir alegrías al elegir estar con alguien. Supo él, que de poder optar de nuevo abrazaría aquellos malos recuerdos con tal de no deshacerse de todos los buenos ¿No será más bien eso el amor? Cuando reconoces al otro como imperfecto y entiendes que esa persona se ha convertido en parte indispensable de tu subconsciente, de tus impulsos, emociones y pensamientos, que ya no eres capaz de ser sin lo que construyó de ti. Joél ya no lograba ser sin Clementine. Ella al haber sido la persona más importante durante un fragmento de su vida, le guste o no, se quedó en su manera de reaccionar, de ver el futuro, de sentir o de pensar.

Charlie Kaufman invita al espectador a remontarse a su pasado. Éste, al reflejarse en los personajes, desempolva recuerdos de relaciones, los revive. Y entiende, quizá, que tener una mente sin recuerdos no nos lleva al eterno resplandor.

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A Kaufman no le gusta ser llamado escritor, lo ha dicho ya varias veces. Yo, como escritora en proceso, me pongo de pie y le aplaudo su enorme talento, humildad y su sentido ético ante este cansado oficio. Es un escritor, con todo lo que el calificativo implica, que inspira a las futuras generaciones que desean entregar su vida a la palabra escrita: a la ficción. Aun habiendo escrito guiones ganadores del Premio de la Academia, decide continuar fiel a la labor de desvanecer las superficiales líneas que fijan los medios para bosquejar las tan complicadas batallas humanas. El escritor, por respeto a la inteligencia de sus lectores, no se censura, ni se ahoga en los lugares comunes. El escritor es un observador despiadado de la realidad, alguien que a través de la narrativa busca plantar dudas, afectar, reconfortar o interrogar.

No me puedo ir sin antes recomendar las películas de Charlie Kaufman: Being John Malkovich (Spike Jonze, 1999), Human Nature (Michel Gondry, 2001), Adaptation (Spike Jonze, 2002), Confessions of a Dangerous Mind (George Clooney, 2002), Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008) y Anomalías (Charlie Kaufman y Duke Johnson, 2015).

Closing Ceremony - 51st Karlovy Vary International Film Festival
Charlie Kaufman, 51º Edición Karlovy Vary International Film Festival

Terror: La filosofía detrás del miedo ¿Qué es lo que hace del misterio un placer irresistible?

LNatalia Martínez: @NataliaMa2

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Poltergeist (1982) de Tobe Hooper.

Según varias estadísticas, una de cada tres personas, disfruta de pasar dos horas sentado en un sofá o una butaca, en la oscuridad, viendo un filme en donde el protagonista corre atemorizado por estrechos callejones siendo perseguido por un ser de aspecto inhumano, abominable, que, con un enorme cuchillo, anhela cortar por la mitad a nuestro tan querido personaje principal. ¡Sí, hay personas que se regocijan al ver asesinos llevar a cabo su sanguinaria cadena de crímenes! Gente que ama la tortura, que desea ver explosiones de órganos en pantalla. Las casas embrujadas, los fantasmas. La adrenalina que viene acompañada de sudoración, sentir el corazón a mil por hora. La paranoia que nos hace mirar atrás, porque sentimos que alguien nos observa, que alguien respira detrás de nuestro oído.

Este género cinematográfico tiene como única ambición la de posicionar al espectador al borde del ataque de pánico. Una buena película de terror debe sumergir a su público en su mundo, no importa qué tan inverosímil sea. Nos debe hacer querer huir, saltar sobre el asiento, cerrar los ojos, desesperarnos, jalarnos los pelos. Vivir a través del personaje esa situación que de pronto comienza a tornarse misteriosa e inaudita. Al situarnos en los zapatos de los personajes de la película e imaginar todas aquellas anomalías ocurriéndonos en carne propia, es normal que sudemos, chillemos y no queramos ver más. Sin embargo, hay algo que nos hace seguir ahí, que impide que nos levantemos y salgamos de la sala o que optemos por apagar la televisión o cambiar de canal.

     “A la gente le gusta tener miedo, cuando se sienten seguros”. Alfred Hitchcock.

¿Por qué? Somos tan raros: encontramos un bizarro placer en el temor, en el misterio, en los actos de violencia. ¿Masoquismo? ¿Depravación? ¿Qué es ese factor humano que hace de películas como Saw (2004) o Poltergeist (1982) hitos de la cultura popular? ¿Qué hace que tantos se interesen por el Gore? ¿Serán las reacciones fisiológicas tan intensas que éstas nos contagian? ¿La necesidad de excitación física o emocional, de conmociones contrastantes? ¿Será el aburrimiento o el tedio de una vida rutinaria y precaria de exaltaciones? ¿Será por su poder catártico? ¿El que nos haga revivir traumas del pasado? Es probable que sean todas estas razones las que eviten que la lamparilla del terror se mitigue.

Alfred In The Arches
Alfred Hitchcock (Foto de Peter Dunne)

No obstante, entre las miles de justificaciones psicológicas y físicas que le podemos dar a esta fascinación tan quirky de la sociedad actual por lo sangriento y desagradable, existe una que, a mi parecer, es la más atinada. El cine de terror tiene un enorme poder catalizador: es la manera moralmente abordable de darle rienda suelta a nuestros instintos más agresivos, violentos o descabellados. El cineasta busca hacer sufrir, el público busca sufrir.

Según Friedrich Nietzsche, así como nos lo explicaron alguna vez en primaria, cada persona tiene, sentado en el hombro derecho, un angelito que lo guía por el mundo de la luz y la justicia, llamémoslo como el dios griego de la rectitud: Apolo. Tenemos también, cada uno de nosotros, un diablito que se acomoda sobre el hombro izquierdo y nos incita a la violencia, a la oscuridad. A éste pongámosle como al dios griego Dionisio, la deidad del desenfreno y las pasiones carnales. Así que dentro de cada ser humano coexiste un lado apolíneo y otro dionisiaco que se encuentran en constante conflicto.

El ser humano, consciente de esa naturaleza bélica, pasional y violenta, intenta ocultar lo dionisiaco, creando un sinfín de legalidades sociales, morales y religiosas. Apolo debía aplastar al dios del “mal”, de no ser así, acabaríamos matándonos. Preferible decir que debemos amarnos los unos a los otros, que matarnos los unos a los otros. Como bien dijo Thomas Hobbes en Leviathán “El hombre es el lobo del hombre”. Así que para lograr convivir en armonía colectiva hay que ceder nuestra voluntad a un grupo que nos indique cómo es que hay que vivir, qué es lo que tenemos que hacer.

“Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura”. Edgar Allan Poe

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, basándose en la dualidad del ser humano presentada por Nietzsche, escribe en 1930 una de sus principales obras, El malestar en la cultura. Nos explica cómo la cultura para lograr realizarse debe, reglamentariamente, sofocar nuestros instintos primitivos. Para Freud la cultura vive en perpetuo malestar, ya que funciona solo a través de la represión. ¿Darle rienda suelta a ese lado dionisiaco? ¡No, no! Tú se apolíneo, trabaja, estudia, ríe con amigos y pórtate bien. ¡Ama, se gentil! Pero ¿funciona erradicar nuestros instintos? ¿Qué es el Ying sin el Yang? Imaginen una vida sin la pierna izquierda. “El hombre de la cultura es un neurótico” – Freud. Esa cultura, esa vida en sociedad, no hace más que amputar una parte inherente de nuestra naturaleza y es por esto que cada vez hay más dementes.

“Como especie, somos esencialmente dementes. Si juntas a más de dos en un cuarto, elegimos un bando y empezamos a soñar motivos para matarnos. ¿Por qué crees que inventamos la política y la religión?”. Stephen King

Terror 7
Shutter Island (2010) de Martin Scorsese.

Nietzsche admira a las sociedades antiguas, porque en ellos aun no existía el sentido de culpa. No se avergonzaban de sus inclinaciones carnales. No rechazaban la crueldad. Para el ser humano moderno el sufrimiento es un impedimento a la vida, para sociedades antiguas hacer sufrir era algo imprescindible, fuente de alegría, un ingrediente humano. Hoy, lo dionisiaco de cara a la sociedad, da pena, temor, culpa, vergüenza: es ese lado aplastado de cada uno de nosotros, que de vez en cuando susurra algo, nos da alguna idea desagradable, nos tienta.

“Saber que vamos a morir lo cambia todo. Sientes las cosas de un modo diferente y las hueles muy distintas. Sin embargo la gente no aprecia el valor de sus vidas. Siguen bebiendo un vaso de agua, pero no la saborean”. Saw (2004)

El cine de terror es uno de los poquísimos cultos a lo dionisíaco que son moralmente aceptados en la sociedad. Detrás de esa pantalla color escarlata, el espectador se entrega al mundo de lo instintivo, de la violencia, el sufrimiento. Pierde la centralidad del Yo. Aplasta la razón de un mundo esquematizado y controlado en donde todo el tiempo se te dice lo que se debe y no se debe hacer.

Como lo sugerí anteriormente, para que una película de terror impresione, funcione como catalizador y, por ende, logre su cometido, es necesario introducir al espectador en el universo que ésta relata, ponerlo en los zapatos del personaje, construir una trama que transforme lo ficticio en algo viable. Es aquí que se complica un poco la cosa.

Afortunadamente, como dijo Kubrick, “si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado”. Todo está en la creatividad y en el buen uso de los elementos que nos provee el séptimo arte. ¿Qué sería de Shutter Island (2010), el filme de Scorsese, sin su estridente banda sonora? ¿The Shining (1980) sin Jack Nicholson como el demente de cejas alzadas que intenta matar a su esposa con un hacha? ¿Quién más pudo haber dicho la emblemática frase Here’s Johnny asomándose por una puerta rajada? ¿Causaría tanto asco Sheitan (2006), de Kim Chapiron, sin esa selección de imágenes tan brutales?

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”. H.P. Lovecraft

Terror 5
The Exorcist (1973) de William Friedkin.

El montaje –como bien explicó Hitchcock– tiene que ir develando la atmósfera poco a poco para sumergir al espectador en un mundo terrorífico pero veraz. William Friedkin, en El Exorcista (1973), nos muestra a una madre afligida que cree que algo extraño le sucede a su niña. El padre Merrin sube las escaleras lentamente mientras se escuchan ruidos en la habitación de ella. Otro ejemplo sería el de Spieldberg con Jaws (1975), en una de las primeras escenas de la película, cuando Chrissie se mete a nadar: la pasa bien, sonríe. De pronto algo la sumerge. Ella lucha, intenta tomar aire. Chrissie sacude los brazos mientras algo la mueve por debajo. ¿Qué hay ahí? El ritmo de la música aumenta, se vuelve más audible, más violenta. Más gritos, más llantos, más llamadas de auxilio. De pronto, silencio: atributo esencial de la muerte.

Son pocos los filmes de este género que realmente logran impresionar lo suficiente, ser verdaderas odas a esa parte malévola y sanguinaria que viene adherida a nuestra naturaleza humana. Pero si lo consiguen, se convierten en sellos inamovibles del imaginario popular. El género que, gracias a su capacidad de impresionar, se vuelve inmortal y perpetuo en la mente de su afligido público.

“Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”. Stephen King

La existencia de creaciones como las de Friedrich Willhelm Marnau, director de Nosferatu (1931), Hitchcock, el maestro del suspenso, o James Wan, creador de la nueva y escalofriante The Conjuring (2013), recalca la existencia de ese lado oscuro y prohibido en el ser humano. El cineasta o escritor de lo sombrío desea, por sobre todas las cosas, hacer sufrir a su espectador. El espectador busca el sufrimiento o la emoción que le es arrebatada por las reglas morales. Es así cómo el cine de terror se convierte en una oda al lado dionisiaco del ser humano, a esa parte que subsiste ignorada, ese lado oculto al que no le permitimos salir a la luz, pero que vive, obligado a vagar entre los rincones más sombríos de nuestro cerebro. Nuestros deseos carnales, nuestras obsesiones. Esa parte muy nuestra que nos avergüenza tanto, a la que le encantaría tener dos colmillos afilados para clavar en la yugular de quien sea que tengamos a un lado.

Suicide Squad: La promesa suicida de DC

Jorge Durán: @JEDZ1138

suicide squad

Suicide Squad (2016) debería representar una bocanada de aire fresco dentro del DCEU (DC Extended Universe). Todo el marketing, trailers, TV spots y pósters prometían una historia llena de irreverencia, originalidad y un toque de locura, todo envuelto en una estética visual nunca antes vista dentro del género de superhéroes. Sin duda alguna, el diseño construido y promovido por Warner Bros. y DC pagaría con intereses a todos los involucrados: las proyecciones de la industria retrataban a Suicide Squad como una cinta con gran potencial financiero. Tan sólo en su primer fin de semana de exhibición Suicide Squad registró un ingreso en taquilla doméstica de $133.6 MDD. De acuerdo a deadline.com, esto representaría una de las aperturas en taquilla más fuertes del año (sólo comparada con Captain America: Civil War (2016) – $179.1 MDD, Batman V Superman (2016) – $ 166 MDD y Finding Dory (2016) – $ 135.06 MDD). Adicionalmente, ‘Suicide Squad’ tiene el honor de ser la apertura más grande para el mes de agosto (superando a Guardians of the Galaxy en 2014).

Sin embargo, el resultado final de Suicide Squad dista bastante de su promesa y, dolorosamente, más aún de su potencial. La estructura es el resultado de visiones distintas y una respuesta, aparentemente desesperada, por parte de un estudio que insiste en tratar de complacer a todos y cada uno de sus fans sin definir una estrategia coherente. THR reportó, hace sólo unos días, los obstáculos detrás de la producción y las adversidades que el producto final enfrentó antes de su estreno: la competencia entre cortes distintos, por parte del director David Ayer y por parte de WB, y un guión desarrollado en sólo 6 semanas para tratar de cumplir con una fecha de estreno previamente programada. Los resultados de este caótico desarrollo son evidentes y se reflejan en una película que se esfuerza demasiado por querer ser algo nuevo, para terminar fallando en el intento.

La cinta inicia con Amanda Waller (Viola Davis), un personaje de alto rango dentro de la agencia ARGUS, tratando de justificar la creación de un equipo de “meta-humanos” destinado a enfrentar amenazas extraordinarias. Buscando la aprobación del gobierno de los EE.UU., Waller utiliza las consecuencias de los eventos retratados en Batman V Superman (2016) como razón suficiente para dar luz verde a su propuesta. Es así como “lo peor de lo peor” son la única respuesta ante una inminente y muy probable amenaza.

El primer acto de Suicide Squad es el más fluido de toda la estructura; nos introduce a cada uno de los potenciales reclutas del “Escuadrón Suicida” -ó “Task Force X”-, todo apoyado con un soundtrack que cualquier producción soñaría con poder financiar (The Rolling Stones, Creedence, Clearwater Revival, Norman Greenbaum y Queen son sólo algunos de los talentos que los realizadores seleccionaron para tratar de ambientar y tejer los 123 min. de duración). A pesar de una ágil narrativa para introducir a una galería de villanos -Deadshot (Will Smith), Harley Quinn (Margot Robbie), Enchantress (Cara Delevingne), El Diablo (Jay Hernandez), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje) y Captain Boomerang (Jai Courtney)-, los mismos son presentados en un formato que deja en evidencia una falta de desarrollo de personaje y se convierte simplemente en un montaje que busca ponernos al corriente más que introducirnos a individuos que estamos conociendo por primera vez, todo apoyado con una serie de textos estilizados que únicamente dejan claro un completo dominio de After Effects.

La cinta carece de una explicación básica de quién son realmente estos individuos, del por qué son esenciales dentro del “Escuadrón Suicida” y por consiguiente dentro de la misión principal (sobre eso, más adelante), a pesar de que cada integrante del grupo cuenta con una habilidad extraordinaria. La mejor prueba de esta falta de desarrollo puede ejemplificarse en Harley Quinn (Margot Robbie). Quinn es un personaje icónico y destacado desde su creación en 1992 (para muchos fanáticos, el rostro principal del Escuadrón) y en esta versión cinematográfica queda limitado por una serie de flashbacks que tratan de enfatizar muy brevemente su obsesión con Joker (Jared Leto). No existe un sentido real de quién fue antes de su encuentro con el “Principe Payaso del Crimen” o qué elementos de su personalidad fueron comprometidos a causa de esta tóxica relación. Harley Quinn ha logrado establecerse com un ícono a lo largo de 24 años por definirse como algo más que “la pareja de Joker”. Lo que David Ayer nos proporciona son sólo fragmentos, piezas incompletas. Exploremos por un momento la cinta Batman: Assault on Arkham (una sólida pieza de ‘DC Animated Original Movies’ que hace uso de las mismas bases de Suicide Squad con un resultado más satisfactorio). En el largometraje animado, dirigido por Jay Oliva y Ethan Spaulding, Harley Quinn es un activo importante y es merecedora de un lugar dentro del “Escuadrón Suicida” por su conocimiento absoluto de Arkham, ayudando a impulsar el desarrollo de la historia. Y aunque la presencia de Harley Quinn en ‘Suicida Squad’ trata de ser cimentada otorgándole un papel importante en el climax final de la historia, es evidente la falta de argumentos para justificar su presencia. Lamentablemente, parece que la participación de Harley Quinn es sólo una excusa para sustentar la presencia de Joker (cuya aportación narrativa es básicamente nula). A pesar de estos obstáculos, Margot Robbie triunfa y logra explorar un rango de emociones que puede expandirse en futuros proyectos. El carisma y la ejecución en la actuación de Robbie rescatan a un respetado y aclamado personaje de un contexto incoherente.

suicide squad 2

Robbie se une a Viola Davis y a Will Smith como las piezas excepcionales de la cinta. En un proyecto que padece de una edición claramente ineficiente y un guión disperso, es realmente necesario resaltar la actuación de este trio. Davis se impone y se adueña del papel de Amanda Waller con una autoridad perfecta. Ella es la única persona capaz de dominar y mantener al margen a este grupo de criminales con el poder de un gesto. Waller otorga la base y cimientos que la película desesperadamente necesita. Deadshot, un letal y preciso asesino a sueldo, está escrito para funcionar como la brújula moral dentro de la historia, al otorgarle una “luz al final del túnel” (una hija que lo ama a pesar de su estilo de vida). Definitivamente es el personaje con el arco narrativo más completo, de existir alguno. Will Smith logra reafirmar su lugar como estrella de Hollywood (después de repetidas introducciones del mismo personaje). Floyd Lawton AKA Deadshot es un personaje que busca redención por encima de cumplir con una misión y Smith logra empatar con la audiencia, generando la emoción que el papel demanda.

¿Cuál es la inminente amenaza que amerita las acciones de un equipo del calibre del “Escuadrón Suicida”? Y con esta pregunta inicia el problema más alarmante de Suicide Squad (y el más inaceptable). El surgimiento del antagonista principal, Enchantress (Cara Delevingne) -acompañada de su hermano Incubus-, representa el último clavo en el ataúd para este decepcionante proyecto. Perdonemos por un momento la presencia olvidable de personajes como Joker, Rick Flag o Captain Boomerang, la incongruencia en varios puntos de la historia y en las acciones de diversos individuos, las restricciones de una clasificación PG-13 y la ineficiente edición. Lo que es realmente ofensivo es la presentación de un villano carente de sentido, motivación y razón de ser. Enchantress se convertirá en un referente de ineficiencia en la historia del género y será recordada como uno de los peores villanos que el cine de superhéroes haya podido ofrecer. Estamos hablando de un nivel de calidad sólo comparable con Green Lantern (2011) y Fantastic Four (2015). Enchantress e Incubus son seres ancestrales que, por alguna vaga razón, intentan destruir a la humanidad a través de una “máquina” (manifestada como un haz de luz). No hay un sentido en sus acciones o un fin claro que los impulse. Y no mencionemos el ejército zombie (comparable en diseño con Toxie de ‘Toxic Crusaders’) encargado de destruir una ciudad completa mientras su líder, Enchantress, baila frente a la máquina del fin del mundo. Como resultado tenemos una confrontación final sin emoción alguna y con efectos visuales extremadamente deficientes (considerando el presupuesto reportado de 175 MDD). El producto final no nos compromete en lo absoluto. En ningún momento consideramos el posible fracaso de nuestros “villanos redimidos” (tampoco estamos ansiosos por su éxito).

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Mucho se ha escrito de Suicide Squad y de la aparente posición parcial por parte de la crítica, favoreciendo a las producciones de Marvel Studios. Y mucho más aún se ha desarrollado a raíz de la desproporcionada actitud de varios fanáticos cegados por un producto fallido, (simplemente recordemos la propuesta anunciada la semana pasada por un grupo de “fanboys” para cerrar el sitio Rotten Tomatoes, quien no ejerce ninguna opinión personal sino recopila críticas de diversos medios). La realidad es que el potencial y el concepto de Suicide Squad se quedan obstaculizados por una ejecución muy desequilibrada y llena de ideas que pudieron evolucionar para bien bajo otras condiciones. Al tratar de crear algo fresco, WB termina presentando una amalgama deficiente de proyectos como Deadpool (2016) o Guardians of the Galaxy (2014). David Ayer es un sólido director con obras como End of Watch (2012) y Fury (2014) en su filmografía, y con créditos como guionista en trabajos como Training Day (2001). Podemos entonces concluir que las fallas de Suicide Squad son el significado de un problema interno y de un estudio incapaz de aprender de sus errores y preocupado por una competencia por atraer más audiencia que el estudio rival en lugar de enfocarse en el valioso material que tiene en su poder. El éxito registrado en taquilla podría representar un argumento más en la interminable discusión de “crítica vs. audiencia”. Por ahora, parece que la historia de Batman V Superman vuelve a repetirse: Una cinta que no cumple con las expectativas prometidas generando división entre las masas, posicionándose como una ganadora el primer fin de semana de exhibición para después hundirse en taquilla (Batman V Superman reporto una caída de del 69% entre su primera y segunda semana de exhibición). Será interesante seguir el desempeño de Suicide Squad en los próximos días.

Como un fanático más del género puedo decir que no importa el logotipo del estudio antes de cada función, llámese Marvel o DC. Mi interés (y mi dinero) se deposita en la mejor narrativa. Todo se resume en saber contar una buena historia y en la confianza que se deposita en el realizador y en el material que se adapta. El cine es un medio enteramente colaborativo, y una película se construye con la aportación de cientos de individuos y la confianza que se deposita en ellos para entregar el mejor resultado posible. Ver el último acto de Suicide Squad es frustrante porque demerita el trabajo que se ha realizado durante los últimos 15 años para fortalecer un género que ha luchado por solidificarse. Depositemos nuestra esperanza en que las lecciones hayan sido aprendidas.

Anomalía, una animación muy humana

David Azar: @DavidAzar93

ANOMALISA

Desafortunadamente, muchos espectadores vivimos dentro del paradigma de que el cine de animación es una técnica cinematográfica de connotación infantil, y aunque muchos estudios, incluyendo el mismísimo Pixar Animation, han demostrado lo opuesto en varias ocasiones, esta idea prevalece. Muchas veces preferimos pasar por alto películas de animación, se las dejamos a los niños, y ese mismo número de veces podemos perdernos excelentes historias contadas por medio de técnicas visuales impresionantes. Deberíamos darnos el gusto de disfrutar más del mundo animado, pues la variedad ya existe. Yo en lo personal les recomiendo mucho las aportaciones del estudio japonés de animación Ghibli Studios, fundado por el artista de animación y genio Hayao Miyazaki, en 1985.

El año pasado, el Festival Internacional de Cine de Venecia otorgó el gran premio del jurado a una cinta de animación. Se trata de Anomalisa (2015), el nuevo proyecto cinematográfico de Charlie Kaufman, en co-dirección con el animador Duke Johnson. Kaufman es famoso en el mundo del cine por sus guiones con narración abstracta, en los que siempre trata la angustia del ser humano como producto de sus crisis existenciales. La síntesis del cine de Kaufman, podríamos decir, es la del personaje principal como un sujeto incomprendido por la sociedad, cuando en realidad lo que nos quiere transmitir el guionista es que todos somos ese sujeto, pues todos gozamos de esas características humanas, o más bien defectos, que nos hacen seres complejamente imperfectos y absurdos. Anomalisa no es la excepción de la regla, sino la reafirmación de la firma de Kaufman, y esta vez el cineasta optó por colaborar con Johnson (conocido principalmente por la serie animada Mary Shelley’s Frankenhole) para contar su historia por medio de la técnica de animación de stop-motion.

Anomalisa cuenta la historia de la depresión y alienación de un miserable y un tanto famoso autor de libros de auto-ayuda llamado Michael Stone (David Thewlis), quien en un plazo de dos días conoce a Lisa (Jennifer Jason Leigh) y todo parece cambiar en su vida para bien. Así comienza esta magnifica historia que –ojo- de feliz no tiene mucho. Más bien se trata de la inalcanzable búsqueda de un individuo por la respuesta de la insatisfacción que le provoca la sociedad, de esa monotonía que el resto de la gente le refleja y el hartazgo que le ocasiona, incluyendo su propia familia. Esta idea es brillantemente representada con Tom Noonan interpretando las voces del resto de los personajes de la película.

En cuanto al aspecto técnico del proyecto, bueno, se podrán imaginar los meses depositados de excesiva paciencia y trabajo arduo para llegar a simular por medio de títeres una película que trata de evocar la realidad tal y como se nos presenta. Johnson cuenta que tan solo la escena de sexo le tomó seis meses poder animarla de manera que se vea realista y no cómica. La película estaba planeada como un cortometraje, con una duración de aproximadamente 40 minutos, pero el proyecto despegó la creatividad de estos artistas lo cual les inspiró hacer un largometraje. Para una idea más pictórica del proceso de realización de Anomalisa, les compartimos el siguiente video (cortesía de Movie Clips):

El golpe lo da la película justo al final con la estrategia de construir de poco a poco la historia en torno a dudas y situaciones aparentemente sin fundamento, para luego darnos una bofetada cargada de cabos atados. Kaufman cierra su obra maestra con la idea más desgarradora y probable síntesis de la película: se trata de un ciclo vicioso que estamos condenados a repetir el resto de nuestras vidas.

Mustang; la poesía de un crecimiento enjaulado

David Azar: @DavidAzar93

Mustang

A pesar de la opinión pública y profesional acerca de la falta de expectativa en los nominados al Óscar este año (a excepción del ruido que han creado cintas como The Revenant y Mad Max: Fury Road), hay una categoría que luce muy bien y, curiosamente, se luce por medio de su noción internacional: los filmes nominados a Mejor Película Extranjera.

Sin embargo, se trata de una categoría cantadísima; se apuesta a lo seguro que la representante de Hungría Son of Saul (László Nemes, 2015) será la ganadora de la estatuilla dorada. Nemes triunfó en Cannes con este poderoso debut acerca del Holocausto, un tema que ha sido fetiche de la Academia, llevándose el premio del jurado. De igual manera, el resto de las nominadas fueron muy bien recibidas en distintos festivales alrededor del mundo, destacando en especial dos filmes: la colombiana El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, 2015) y la película a analizar en este texto, Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015). Las dos películas restantes en obtener la nominación son Theeb (Naji Abu Nowar, 2014) de Jordania y A War (Tobias Lindholm, 2015) de Dinamarca. Al igual que con Son of Saul, Mustang es un debut de dirección y tuvo su estreno en el marco del Festival de Cannes el año pasado, en la sección Quinzaine des Réalisateurs.

La película es una coproducción entre Turquía, Francia y Alemania, y cuenta la historia de cinco hermanas huérfanas que viven con su abuela y su tío en la Turquía rural, victimas de la cultura conservadora que ha prevalecido en la región generación tras generación. En un primer plano, podríamos decir que se trata de un melodrama juvenil el cual tiene como motor central la rebeldía y oposición a la ideología anticuada de la sociedad, pero Mustang toca fibras más sensibles por medio de temas aún más universales como la frustración y estrés de un infante y el aprendizaje de conductas en el núcleo familiar. Es de esta manera que podemos hablar de Lale, la hermana menor de las cinco niñas (interpretada por la genial Günes Sensoy), como el personaje central de la obra, el punto de vista predominante. Al ser la más chica de las hermanas, Lale observa muy de cerca el significado de crecimiento dentro de la cultura a la que pertenece: el casamiento obligado de cada una de sus hermanas, el contexto machista de su sociedad y la doctrina conservadora que su abuela predica, entre otras cosas más. Sus hermanas mayores son también personajes individualmente construidos, con sus propias motivaciones y conflictos, y no sirven tan solo como un molde para comprender y definir al personaje de Lale, pero es cierto que gracias a sus experiencias Lale comprende la vida y enfrenta sus dilemas.

Por supuesto que presenciamos una película que trata distintos matices de la sororidad, pero si fijamos más la reflexión tenemos una historia acerca de cómo influyen las figuras autoritarias, y las no tan autoritarias pero sí cercanas, en la vida de una persona sin que los demás se den menor cuenta. Es así como por una parte tenemos el lado fuerte de Lale al ser la primera de las cinco hermanas en aprender a conducir para escapar de su realidad y soñar con irse a Estambul, y por el otro su lado frágil cuando sus hermanas abandonan el hogar, una tras una, al casarse.

Yo le brindo una ovación de pie a la realizadora Deniz Gamze Ergüven, turca de nacimiento y francesa de profesión, quien además de hacer un excelente debut dirigió la película estando embarazada, situación que no es muy fácil teniendo en cuenta la condición humana que se necesita para vivir un rodaje. Cabe mencionar que la historia es una vivencia personal de la directora. De la misma manera, les invito a ver esta película tan humana que doy por hecho que amarán apenas aparezcan en pantalla los créditos finales.

Ralph McQuarrie; el arte detrás de Star Wars

Jorge Durán: @JEDZ1138

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Ralph McQuarrie, artista conceptual para la trilogía original de Star Wars,  fue esencial en la creación de los personajes, vehículos, escenarios y mundos enteros dentro una galaxia muy, muy lejana.

Aunque la estructura y los conceptos base de la saga Star Wars nacen de George Lucas, es la habilidad y la imaginación de McQuarrie lo que logró traducir el trabajo de Lucas en un universo real y tangible. El primer acercamiento de artista conceptual con la industria del entretenimiento fue para la cadena de televisión CBS desarrollando animación y material artístico de apoyo para la explicación de las misiones lunares del programa espacial Apolo. Uno de los primeros trabajos de McQuarrie fue como ilustrador técnico de la compañía Boeing.

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Lucas conoció a McQuarrie a través de sus amigos Hal Barwood y Matthew Robbins, quienes habían contratado los servicios del ilustrador para ayudar a vender un proyecto fílmico. La relación de Lucas y McQuarrie data previo a American Graffiti (1973). Las ilustraciones de McQuarrie también fueron clave para lograr el apoyo de 20th Century Fox.

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El trabajo y la influencia de Ralph McQuarrie sigue siendo clave para la saga Star Wars. Recientemente, muchos de los diseños originales de McQuarrie sirvieron de inspiración para J.J. Abrams y su equipo en la nueva entrega de la saga: Star Wars: The Force Awakens (2015).

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