Una mujer fantástica: una radiografía sobre el amor y la pérdida

Julio Cruz Montoya: @JuliocMontoyaa

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Daniela Vega como Marina en ‘Una mujer fantástica’

Arribé al cine donde vi por primera vez Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017) sin mucho conocimiento del filme más allá de su nominación al Óscar por Mejor Película Extranjera y su éxito durante la temporada de festivales. Sabía también de la trama, una historia sobre una mujer transgénero. Una vez sentado y acompañado por una barra de chocolate me enfoqué con entusiasmo en la nueva entrega de Sebastián Lelio.

El director por nacimiento argentino, pero por destino chileno, expone en 104 minutos una historia de amor y de pérdida. La cinta se desarrolla en Santiago actual y cuenta la historia de Marina Vidal (interpretada por Daniela Vega), una mujer transgénero que es mesera y tiene aspiraciones de ser cantante. Su pareja es Orlando Onetto (Francisco Reyes), de más de cincuenta años y divorciado. Ambos, completamente enamorados, piensan en un futuro juntos sin máscaras, pero todo esto se derrumba cuando Orlando fallece repentinamente, y Marina debe afrontar a su familia y ser víctima de señalamientos discriminatorios.

Al inicio Lelio nos da una probada del romance y dinámica de la pareja, pero el verdadero punto de partida del filme es cuando la soledad golpea a Marina después de su terrible pérdida. Una vez que le informan la muerte de OrlandoMarina sale corriendo del hospital y se pierde en la noche mientras deambula por las calles de la capital de Chile. En su lúgubre recorrido, la policía la encuentra y la regresa a la clínica, donde es cuestionada acerca de la relación que tenía con el señor Onetto y su sexualidad.

El hermano de Orlando (Luis Gnecco) le aconseja tomar una distancia, pero el duelo no logra alejar a Marina, quien posteriormente es criticada brutalmente por el hijo de su difunta pareja. Es ahí donde nace otro de los puntos de inflexión de la película: el ejercicio de empatía.

Marina debe convertirse en una una mujer fantástica en medio de un desolado paisaje donde la empatía no le es correspondida, obligándose a evocar el carácter y firmeza necesarios para aguantar los embates de la familia OrlandoUna de las bellezas de la película dirigida por Lelio y coescrita por Gonzalo Maza es la delicadeza con la que se trata la sexualidad de la protagonista; no conocemos detalle alguno de Marina antes de la transexualidad o cómo es que ha lidiado con ello antes de que Orlando falleciera. Esta falta de backstory ayuda a fortalecer la naturalidad y aceptación de su identidad sexual. Marina empieza y termina la historia como una mujer fantástica. De esta manera, el espectador ignora la trivialidad de un lamentable tabú para centrarse en la historia que se le está contando. “Nunca quise hacer una película de propaganda, sino de amor y pérdida”, dijo Sebastián Lelio durante la promoción de la cinta.

Como buena película latinoamericana, Una mujer fantástica tiene destellos de realismo mágico, sobretodo en la fotografía, la cual corrió a cargo de Benjamín Echazarreta (habitual colaborador de Lelio). Por medio de secuencias bañadas en luces brillantes, multicolores y efectos visuales, Echazarreta refuerza los tonos de la transexualidad emancipada de Marina. Uno de los ejemplos más claros es cuando Marina lucha contra una fuerte ventisca en una calle de la ciudad. Los elementos mencionados anteriormente, junto con la potente interpretación de Daniela Vega, construyen una especie de ‘micro fábulas’ ¿Qué significan estas micro fábulas? Me parece que Lelio desearía que el significado varíe de persona en persona.

Una vez que concluyó la cinta, salí del cine con mucha satisfacción tras haber visto una historia sincera sobre el amor, la pérdida, los estigmas y la manera de combatirlos. En pocas palabras, algo con lo cual todos nos podemos identificar.

Para aquellos en la Ciudad de México que aún no hayan visto Una mujer fantástica, todavía pueden alcanzar dos funciones este fin de semana en la Cineteca Nacional (click aquí).