La Bella y la Bestia de Jean Cocteau; la magia también puede ser melancólica

David Azar: @DavidAzar93

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En la infancia, creemos todo aquello que se nos cuenta y nunca lo metemos en duda. Creemos que el hecho de arrancar una rosa de un jardín puede originar dramas en una familia. Creemos que las manos de una bestia humana humean y que a esta bestia le avergüenza que una chica viva en su castillo. Creemos éstas y otras tantas cosas ingenuas.

Es un poco de esta ingenuidad la que yo les pido y, para traernos a todos un poco de suerte, permítanme decirles tres palabras mágicas, las verdaderas “ábrete sesamo” de la infancia: erase una vez.  – Jean Cocteau

Con este mensaje se dirige Jean Cocteau a su público al inicio de La Belle et la Bête (1946), la primera adaptación cinematográfica del famoso cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. El fin de semana pasado se estrenó la versión Live Action de Disney de la misma obra literaria, protagonizada en esta ocasión por Emma Watson y basándose enteramente en la película animada que el mismo estudio realizó en 1991 (adaptación que vive en el imaginario colectivo de toda una generación como la referencia por excelencia de este cuento francés). Con el nuevo proyecto de Disney de traer a la pantalla grande las versiones en carne y hueso de sus joyas animadas (siendo Cinderella y The Jungle Book las primeras de la agenda), Emma Watson se perfila como la elegida para despertar la infancia de muchos bajo la piel de la princesa que seguramente muchas actrices anhelaron interpretar.

Por otro lado, la versión de Cocteau conserva una cualidad que ninguna de las demás adaptaciones ha logrado repetir después de ella: a pesar de ser una película de fantasía, en la que la magia impera a lo largo e la historia, La bella y la bestia de Cocteau goza de una magia tangible, más realista y seductora que nada tiene que ver con los efectos especiales prácticos ligados a la época, sino con el tratamiento humanista del mismo material y de sus personajes. En otras palabras, en esta La Belle et la Bête resulta más fácil empatizar con sus personajes principales, pues sus motivaciones y miedos son más ambiguos y, por ende, más complejos (particularmente en el caso de Bestia). Es importante mencionar que ésta tampoco fue una adaptación cien por ciento fiel del cuento original, aunque sí muchísimo más apegada; el poeta, escritor, pintor y cineasta francés hizo unos cuantos ajustes a la historia, haciendo del final el cambio más drástico de todos, dando paso a una lectura totalmente nueva y más melancólica.

Para su ambiciosa adaptación, Cocteau reunió a los mejores talentos de la industria cinematográfica francesa de su momento: Henri Alekan fue el director de fotografía, Christian Bérard se encargó del diseño de producción, Marcel Escoffier del suntuoso vestuario, Georges Auric escribió la música del filme y Jean Marais y Josette Day encarnaron a la mítica pareja. Además, el veterano director René Clément (acreditado como consejero técnico) auxilió a Cocteau con muchos de los efectos visuales de la película. Para rematar, Hagop Arakelian hizo la ardua tarea del maquillaje; solo para la aplicación de maquillaje de Bestia a Jean Marais se empleaban cinco horas. El resultado final de esta colaboración de veteranos fue una obra maestra del cine de cuento de hadas, impactante por su diseño, en muchas ocasiones surrealista, que materializa un universo hechizado de manera efectiva apoyándose de sus efectos especiales prácticos.

Desde sus primeras escenas, Jean Cocteau optó por humanizar el mundo mágico de Leprince de Beaumont, primero introduciendo a Bella y su familia –dos crueles hermanas, un hermano blandengue y un padre enfermo y con poca autoridad moral- en un mundo mordaz y difícil, lejos de aquél que Disney nos pintaría muchos años después con una modesta bibliotecaria y su padre trabajador, quienes viven sin lujos pero felices. En este contexto, las odiosas hermanas Félicie y Adélaïde, soñando con riquezas lejos de las posibilidades de su pobre padre, buscan hacerle la vida imposible a Bella con travesuras e insultos. Avenant (también interpretado por Marais) procura ser el amor de Bella hasta el cansancio, pero ni su belleza ni sus encantos logran conquistar a nuestra protagonista, quien únicamente vela por el bienestar de su padre. Sin embargo, más adelante descubriremos que sí existe una atracción física por parte de Bella hacia Avenant, detalle que será clave para la conclusión de la historia. Este mundo vil, escaso de oportunidades, y nada fantástico aún, constituye la excusa perfecta para que Bella visite el castillo de la Bestia después de que éste haya amenazado de muerte al padre de Bella por haber arrancado una rosa de su jardín. Esta rosa, trágicamente, era un regalo para la misma Bella.

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Lo que sigue es el intento de un romance. Bella habita a manera de rehén el castillo de la Bestia y éste, enfermo de soledad y profundamente enamorado, le pide matrimonio todos los días a las 19 horas, cuando se encuentran para cenar. Ella se rehusa, horrorizada por su monstruoso aspecto, pero hay una dulzura melancólica muy evidente en su rechazo, como si de verdad le calase su sufrimiento a pesar de ser lo que es: una bestia. Ésta es la médula de la historia y la razón por la cual este romance funcionará eventualmente. Ambos personajes, aunque al principio ajenos a sus verdaderos sufrimientos, logran trascender los conceptos de apariencia y posesión que suelen existir en las relaciones románticas (la moraleja del cuento respecto al amor sincero), facilitando el paso a un “y vivieron felices para siempre”.

En el final de Cocteau, Bestia se transforma en el “príncipe encantador”, pero adoptando la forma física de Avenant -o sea, Jean Marais- y, a juzgar por su gesto, es evidente que Bella no está complacida del todo con este giro de tuerca. Aún en brazos de su príncipe, Bella logra suprimir su desencanto. Cocteau usa este momento para replantear la idea del amor ideal. Este detalle no lo encontramos en otras adaptaciones y, al menos en mi opinión, enriquece mucho esta versión.

Setenta años, el cine a color y los efectos especiales generados por computadora han pasado desde que Jean Cocteau decidió llevar a la pantalla grande la fascinante historia de La Belle et la Bête. Hasta la fecha, ningún otro director ha aportado tanta riqueza al cuento de Leprince de Beaumont como este genio y artista multifacético. En La Belle et la Bête de Cocteau, la magia torna tangible y nos recuerda que nuestro mundo y aquel de Bella y Bestia pueden no ser tan diferentes.

Rogue One: en busca de una nueva esperanza

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Una nueva entrega de Star Wars siempre constituye un evento en el imaginario de la cultura popular de hoy en día, le pese a quien le pese. Ahora, con la recién salida del horno Rogue One: A Star Wars Story (2016), llevamos a cabo una dinámica un poco diferente en la que decidimos escribir un texto grupal. La intención de esta modalidad es contrastar los diferentes puntos de vista y desarrollar el mayor número de elementos que pudiéramos encontrar interesantes en la nueva película de una de las sagas más simbólicas y apreciadas en el séptimo arte. En esta ocasión, participamos tres de los colaboradores de planta de IV ACTO (Jorge, Jose y David) y un colaborador invitado (Willy).

[SPOILER ALERT]

Antes de seguir leyendo, les advertimos que algunas partes del texto incluyen la revelación de ciertos spoilers muy importantes, por lo que sugerimos primero haber visto la película.

Jorge Durán: @JEDZ1138

Rogue One: A Star Wars Story representa el primer proyecto fuera de la saga Skywalker por parte de Lucasfilm. Y aunque podría ser considerada una precuela directa de Episode IV: A New Hope, el enfoque del director Gareth Edwards es algo distinto y nuevo a lo previamente presentado en esta galaxia muy, muy lejana.

Todos conocemos el resultado y las consecuencias de esta historia pero nadie conoce el sacrificio y los detalles que comprenden esta misión. Ese es el reto para Edwards: retratar una historia que todos hemos leído varias ocasiones al inicio de Episode IV: A New Hope pero que pocos conocemos, sin mencionar el forjar un nuevo camino para las próximas cintas ‘spinoff’ del universo Star Wars. El resultado de este nuevo proyecto escrito por Chris Weitz y Tony Gilroy encierra un concepto que eleva a la trilogía original sin explotar la nostalgia. Para todos aquellos preocupados por el difícil camino que aparentemente invadió la post-producción de la cinta, podemos confirmar que el resultado final es coherente y presenta uno de los finales más emocionantes y energéticos, no sólo dentro de la filmografía  Star Wars pero dentro de todo el género. Al final Rogue One representa un historia llena de aventura, desarrollando conceptos como “esperanza” y “rebelión” con una vibra que sólo el universo creado por Lucas puede entregar. Si bien el desarrollo de algunos personajes podría interpretarse limitado, las acciones y decisiones que los conducen son interesantes, llenas de matices, que benefician una narrativa mayor y que se enfoca en el sacrifico y en la redención. Rogue One es una pieza que complacerá a aquellos en busca de una nueva historia de Star Wars.

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Willy Sepúlveda: @WillySepu1

El episodio VII fue un homenaje a la primera trilogía lanzada con miras en el desenlace del VIII y del IX. ¿Sería Disney capaz de contener una historia en 133 minutos sin el fílmico recurso de la incertidumbre? Fuimos escépticos. Ni un mexicano como co-protagonista fue suficiente chispa para desatar nuestra euforia. Pero no faltamos a la cita, que a misa se va hasta cuando la fe languidece. Y entonces encontramos una historia digna de nuestro lejano y pasado cosmos. La plenitud de un equipo en la espiritualidad de Chirrut (Donnie Yen) y la fortaleza de Baze (Jiang Wen), la determinación a largo plazo de Galen Erso (Mads Mikkelsen) a costa de su nombre, la mirada trascendente entre Jyn Erso (Felicity Jones) y Cassian Andor (Diego Luna); hasta la reaparición del Gran Villano porque –Vader-no-necesita-motivos. Esta vez las suturas para hilvanar dos historias no dolieron, nos hicieron vibrar. Y en ese preciso éxtasis, un rebelde preguntó a la Princesa por el contenido de la transmisión que recibieron. Segundos después, habría de comenzar lo que vivimos por primera vez en nuestro universo 40 años atrás, lo que esta película logró recobrarnos de una vez por todas: Una Nueva Esperanza.

Rogue One: A Star Wars Story (Diego Luna) Ph: Film Frame ©Lucasfilm LFL

Jose Hernández: @josechj7

Rogue One es de lo mejor que he visto este año y lo mejor que he visto de Star Wars desde Return of the Jedi (1983). No es un secreto la influencia que tiene la figura del Samurai en la saga de Lucas, sin embargo, no recuerdo otro momento en el que la referencia sea tan clara (hecho que se aprecia en las locaciones y el diseño de personajes). Hubo dos detalles que en lo particular no fueron de mi agrado: el efecto de sonido en el momento en que chocan las dos Imperial Star Destroyers, que se escucha como un destello estelar; quizá fuera de lugar, quizá un guiño a Disney. La segunda fue la secuencia en Jedha: fuera de que esta locación sea un escenario de guerra que hace alusión al Medio Oriente, fue curioso que los rebeldes estuviesen vestidos como el estereotipo de terrorista (e incluso fueron llamados así). Por otro lado, destacan en el filme los conflictos internos de los personajes principales, que si bien no tuvieron un perfil de badass de Poe Dameron echándose un killstreak de 10 naves de la Primera Orden en The Force Awakens (2015), lograron la justa combinación de coraje y perfil bajo que su misión requería, una que será recordada como la digna precuela de A New Hope.

Rogue One: A Star Wars Story (Donnie Yen) Ph: Film Frame ©Lucasfilm LFL

David Azar: @DavidAzar93

Partiendo del primer experimento de ‘spinoff’ de Star Wars, y ubicándose precisamente en medio de la línea narrativa del mismo, el director Gareth Edwards se vio enfrentado a grandes retos desde el momento en que decidió ser el responsable de Rogue One. El más curioso tal vez sea que, potencialmente, todos sabemos cómo termina esta historia (los rebeldes se hacen con los planos de la Estrella de la Muerte), lo que no hace más que exigirle a Edwards la construcción de personajes entrañables y una tensión infalible para compensar esta falta de ‘factor sorpresa’, y vaya que lo logró con una excelsa ejecución. Además de su favorable recepción por el espectador promedio, Rogue One logró tapar los huecos y absurdos que la vieja trilogía -y específicamente la primer entrega de la saga- habían arrojado desde finales de los 70’s, revitalizando la línea narrativa de Star Wars e incluso inyectándole más carácter a los personajes de Darth Vader y Moff Tarkin (quien nos visita del más allá cortesía del impecable trabajo de Industrial Light & Magic en los efectos visuales). La acción, la esperanza, el buen drama y, sobre todo, la nostalgia, hacen de Rogue One una sólida entrega en el universo que Lucas nos regaló hace ya algunos años, y demuestra que Disney ha sabido entender lo que se cuela en las fibras más sensibles de los warsies. Para cerrar, solo quiero destacar la secuencia de Vader al final de la película: un poema del lado oscuro de la fuerza que muchos fans estábamos esperando ¡Gracias, Edwards!

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