Una verdad incómoda: la preocupante realidad detrás del calentamiento global.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

“En tiempos de oscuridad, no se maldice la oscuridad, se enciende una vela.” – Al Gore.

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¿Se puede debatir lo obvio? Al parecer sí. Se cree que en los próximos 10 años se derretirá el 9% de los glaciares, lo que causará un alza significativa en el nivel del mar. Las temperaturas de los océanos aumentarán dos grados centígrados este siglo, esto viene ligado a tormentas tropicales mucho más violentas. Las olas de calor han sido responsables de más muertes que las tormentas eléctricas, tornados, terremotos, huracanes e inundaciones combinados. 2005, 2010, 2014, 2015 y 2016 han sido los cinco años más calurosos de la historia. El fenómeno del calentamiento global, junto con la deforestación, está causando una pérdida de especies comparable a la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. El agravante es que esta vez el culpable no es un asteroide estrellándose contra la tierra: somos nosotros, la raza humana.

Nuestro planeta, nuestro único hogar, brama de dolor y esos quejidos lánguidos afligen cada rincón de la tierra en forma de inundaciones, tormentas, sequías, desastres naturales. Aun así, y a pesar de todos estos hechos tan evidentes, el número de escépticos en torno al tema del cambio climático sigue siendo un aproximado de 4 de cada 10 personas. ¿De un cuarenta a un treinta por ciento de la población indispuesta a colaborar?

“La tierra tiene fiebre. Si tu bebé tiene fiebre vas al doctor. Si el doctor te dice que hay que intervenir, te aseguro que no dirías Bueno, es que leí una novela de ciencia ficción que me dijo que esto no era tan grave. Si la cuna está en llamas, no especulas que tu bebé es resistente al fuego, al contrario, actúas” – Al Gore.

Albert Arnold “Al” Gore, Jr. es un político y abogado que fungió como Vicepresidente de los Estados Unidos (1993 – 2001) durante el gobierno de Bill Clinton. Fue también el candidato del partido demócrata para la elección del 2000 contra George W. Bush, ganando el voto popular pero derrocado en el fallo del Colegio Electoral. A partir de entonces ha dedicado su carrera a la difusión y la concientización de los efectos que trae consigo el cambio climático y la manera de contrarrestar este fenómeno. Fue por esta labor que Al Gore ganó el premio Nobel de la Paz en el 2007, junto con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Un año antes, en el 2006, Davis Guggenheim llevó a la gran pantalla el trabajo diario del ex vicepresidente de Estados Unidos por educar a personas de todo el mundo sobre el calentamiento global: An Inconvenient Truth (2006).

“Me senté allí y estoy sorprendido de la rigurosidad y precisión. Después de la presentación, dije: Al, estoy absolutamente impresionado. Hay un montón de detalles que podrías malinterpretar. […] Tomó todo el material importante y lo comprendió bien.” – Robert Corell, presidente de Evaluación del Impacto Climático Ártico.

En la cinta, galardonada por la academia con el Oscar a Mejor Documental, vemos al mismo Al Gore desmenuzando esa Verdad Incómoda, malinterpretada, tan sonada pero poco estudiada, centro de debates y alegatos entre escépticos y no tan escépticos. Nos explica el sufrimiento que le hemos ocasionado a nuestra tierra. Lo expone de manera simple, con imágenes y gráficas. Despliega las causas del Calentamiento Global, lo que éste trae consigo y también cómo contrarrestarlo. El documental bien puede funcionar como el primer paso de la incredulidad a la consciencia o de la indiferencia a la acción.

No basta más que mirar por la ventana. Observar. La naturaleza es tan asombrosa y tan maravillosamente sabia que cada detalle, por minúsculo que parezca, fue puesto ahí con el fin de propiciar las condiciones idóneas para nuestro subsistir. No pudimos haber pedido un mejor hogar: todo tan caldulado, todo se correlaciona y nuestra biósfera, ese conjunto de agua, tierra y aire, funciona en perfecta armonía para permitir el desarrollo y la existencia de los seres vivos.

No obstante, nuestra sed de poder y el supuesto “progreso económico” nos ha llevado a montar el coche del capitalismo que de tanta velocidad parece ya haber perdido los frenos. Esto ha roto la armonía con la que operaba nuestra tierra, enfermándola y amenazando la vida de muchas especies, incluyendo la nuestra. Somos los culpables, pero también somos la víctima y los únicos que le pueden dar solución al problema.

“La contaminación no es nada más que el producto de la inconsciencia del hombre con respecto al uso de recursos.” – Al Gore

Todo aquello ya lo he escuchado, dirán. ¿Cuál es la verdad incómoda que explica Al Gore? En resumidas cuentas, todo comienza con el sol, la fuente de calor para la tierra. Como se comentó antes, el ecosistema está idílicamente planeado. Bueno, las placas polares, los glaciares y las nubes, funcionan como un espejo que refleja los rajos del sol de vuelta al espacio. El agua y la tierra, en cambio, absorben la radiación térmica, concentrando una buena parte de ese calor dentro de nuestra atmósfera: este ciclo se llama Efecto invernadero, la razón por la que la vida como la conocemos existe. Por desgracia, la actividad humana (principalmente a partir de la Revolución Industrial), ha causado el incremento de uno de los gases del efecto invernadero. El dióxido de carbono (CO2) atrapado en la atmósfera está creciendo por la combustión de carbón, petróleo y gas natural, lo que provoca las prominentes temperaturas.

Los océanos conforman un 70% de nuestro planeta y son sus aguas las que atrapan el 90% del calor que recibimos. Las temperaturas dentro de nuestra atmósfera están provocando que los glaciares se derritan; menos efecto espejo y más absorción de calor. El nivel del mar podría elevarse hasta un metro para finales del siglo.

“Si se funde la mitad de la Antártida, Wall Street, la capital financiera del mundo, quedará sumergida bajo el agua.”  Al Gore.

Las inundaciones son solamente uno de los efectos del aumento de temperatura oceánica. El desplazamiento de especies marítimas hacia los polos para escapar del calor hace de la pesca una labor casi obsoleta. Para muchos países la falta de peces es sinónimo a la escasez alimenticia. Los arrecifes corales, de los que dependen alrededor de 4,000 especies marinas, se están secando y muriendo. ¿Osos polares? ¿Focas? Su futuro no parece muy esperanzador.

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A la raza humana le tomó mil generaciones llegar al billón de habitantes y de pronto en una sola generación la población subió de dos billones a siete billones. ¡En una sola generación! Se cree que para el tiempo que le resta a los baby boomers, seremos 9,1 billones de habitantes en la tierra. Y cada uno de nosotros, al acostumbrarnos al consumismo desmedido, al vendarnos los ojos para formar parte de un sistema que poco se concentra por el futuro de nuestro hábitat, por las nuevas generaciones, colabora en agravar el padecimiento de nuestro planeta.

Concentrémonos en Estados Unidos, no solamente porque el personaje principal de este documental es uno de los principales políticos del país, sino porque es esta parcela la que más ha asfixiado al planeta. El principal impulsor del calentamiento global es Estados Unidos provocando un 30,3%, seguido por China, Ruisa, la India, Alemania y Reino Unido.

Barack Obama, consciente del daño que le ha ocasionado su país a la tierra y durante su tiempo en la Casa Blanca, lanzó un Plan de Energía Limpia imponiendo a centrales eléctricas una contundente disminución de sus emisiones de carbono. Hoy, a diez años de que se estrenó el filme de Al Gore y después de muchas mejoras en políticas climáticas y de contaminación, no solamente en EUA, sino en todo el mundo, el nuevo presidente de los Estados Unidos se ha comprometido a retirar a su país del Acuerdo Climático de París, uno de los sellos internacionales de compromiso por el futuro de nuestra naturaleza más significativos. El magnate/presidente está decidido a promover la producción de combustibles fósiles y actividades económicas que se encuentran en conflicto con prohibiciones ambientales. Dice buscar terminar con la guerra contra el carbón y los reglamentos para matar el trabajo.

También hoy, a diez años de que se estrenó el documental, comienza a anunciarse la secuela a Una verdad incómoda, que se titulará Una secuela incómoda (An Inconvenient Sequel: Truth to Power, 2017), y que apunta el discurso en contra de Mr. Trump.

La labor de Al Gore, es la de informar y abrir consciencias. Es difícil darse cuenta de realidades graduales, ya que nos acostumbramos a ellas. ¿Un grado al año? ¿Unos centímetros más en el nivel del mar? No hay quién lo perciba. Pero llegará el día en el que la demora y el mañana empiezo será un ya es demasiado tarde. Y ahí en ese demasiado tarde perecerán todas las memorias de la historia humana, todos los cuentos, los sentimientos, los anhelos, los amores, los libros, monumentos, las ciudades. Todos los progresos sociales, las luchas por la igualdad. Las sonrisas, los llantos. Las películas. Los adelantos científicos. Las familias. Los amigos. Los días bajo el sol. Las largas caminatas bajo la luna. Las creencias. Los momentos. Los seres que más amamos. Lo que hemos sido. Lo que conocemos. La vida, desecha por nuestra terquedad insaciable.

“Este no es un asunto político. Es un asunto moral.” – Al Gore.

Seamos coherentes. Defender al planeta, es defender la vida. Para el universo infinito, la tierra podrá ser una mancha azul insignificante, para nosotros esa mancha azul lo es todo.

¿Por qué Estados Unidos se convirtió en Trumpland? Entendiendo el fenómeno de la mano del documentalista Michael Moore.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Llevamos más de un año con un payaso amenazando en convertirse en el líder de la primera potencia mundial. Más de un año escuchando comentarios degradantes sobre los mexicanos y amenazas de que seremos nosotros los que con nuestras propias manos construiremos algo parecido a una muralla china que proteja a los norteamericanos. Más de un año de insultos, de enunciados sin argumentos. Más de un año en el que la economía mundial intenta balancearse sobre la cuerda floja. Sí, qué rápido pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando la personificación humana de la ignorancia y la ordinariez anunció que se lanzaría como presidente. Nadie lo tomó enserio entonces, o por lo menos yo no. ¡Qué equivocada estaba! Ahora, después de un año de una contienda electoral plagada de barrabasadas, de escándalos sexuales, de emails o no emails, de debates que parecen más pleitos de adolescentes hormonales, la velita de esperanza que alumbra la oscura habitación de la humanidad se encuentra en riesgo de ser apagada, con un soplido carente de esfuerzo y Trumpita parada, por un feo señor magnate de negocios.

Así es, el excéntrico al que le gusta decorar su casa al más puro estilo del vaticano, se encuentra a solo un punto porcentual de ser coronado como el presidente número uno del mundo. ¿Por qué? Es que no nos frenamos a pensar en la inestabilidad geopolítica que trae consigo el candidato. Entre los sectores que se verían más beneficiados con el triunfo de este personaje está el de las armas y la defensa (claro, la laxitud que muestra Trump con respecto a este asunto es notable), y los casinos. ¿¡Armas y casinos!?

Se reduciría el crecimiento mundial del 3% al 2%. Los mercados tiemblan con solo imaginar que Trump llegue a la casa blanca. El republicano quiere imponer impuestos del 35% a las importaciones mexicanas y el 45% a las chinas, lo que según un estudio del Tank Peterson Institute costaría 4 millones de empleos y llevaría la economía a recesión. Bueno, las razones abundan y las podría seguir enumerando. Pero creo mejor centrar este artículo en algo mucho más interesante: el por qué lo apoyan tanto, pero tanto. ¿Por qué sigue habiendo gente que vota por él o que alega que ambos candidatos están igual de mal? Los fenómenos sociales siempre han sido interesantes, pero éste… éste es una mina de oro para los sociólogos.

“El mundo es un extraño teatro en el que se encuentran momentos en los que las peores piezas obtienen el mayor de los éxitos.”

Alexis de Tocqueville.

Hablemos, pues, del más reciente trabajo de uno de los mejores documentalistas de nuestros tiempos. Michael Moore, fue ganador del Óscar en el 2002 por su filme Bowling for Columbine, donde expone el gran problema de la cultura armamentística en los Estados Unidos, tomando como punto de partida la masacre en la escuela Columbine en 1999. Prosiguió con Farenheit 9/11 donde se examina el cercano vínculo que existía entre las familias de George W. Bush y Osama bin Laden. Este filme, a pesar de ser vetado en la televisión norteamericana, se llevó la Palme d’Or en 2004 en Cannes.

Moore se caracteriza por un compromiso ferviente e irrevocable hacia su pueblo. El cineasta mastica verdades complicadas y difíciles de entender y las despliega de manera sencilla, comprensible. No es normal que un documental sea comercial, los de Moore lo son.

No obstante, este año el documentalista saltó, en un intento por dotar a sus compatriotas de un poco de compasión humana, del set al escenario. Realizó Micheal Moore in Trumpland, un stand-up hecho película en un pequeño pueblo de Ohio donde la simpatía por el candidato republicano supera por mucho a los que votarán por Hillary. Moore, a lo largo de su discurso, se muestra empático hacía los que apoyan a Trump. Explica lo mismo que alguna vez Noam Chomsky dijo en una de sus entrevistas: Donald es la representación en carne y hueso del enojo y la desesperación a la que nos ha orillado el sistema. Es la venganza, es la falta de entendimiento hacía muchos de los irrevocables cambios sociales que tanto asustan, es la nostalgia de un tiempo mejor ante la incomprensión de una actualidad apresurada.

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“El fenómeno con el que nos topamos aquí es ira generalizada.” Noam Chomsky.

La gran mayoría de la población ha sido exiliada de participar en cualquier medida en el crecimiento o en el desarrollo económico. Nos encontramos maniatados y forzados a elegir dentro de un rango limitado de opciones para lograr mantenernos a nosotros mismos y con suerte a los que habitan en nuestro hogar. Los blancos de clase media, los de las familias y valores tradicionales sienten que la amenaza de convertirse en la minoría es cada vez más real. ¿De quién pasará a ser el país? Se preguntan ¿De los mexicanos, de los chinos, de los musulmanes?

Desafortunadamente, nos explica Chomsky, la situación que vivimos hoy es una reminiscencia de la Alemania de 1920, que se encontraba en la cumbre del mundo occidental, era el modelo de democracia, así como Estados Unidos lo es hoy. El miedo trascendió en un odio generalizado hacia un grupo social. La fructífera Alemania pasó de estar en la cúspide de la civilización a situarse en el punto más bajo de la historia humana, y esto en cuestión de diez años. “No es idéntico, claro, pero no podemos negar las semejanzas entre ambos fenómenos sociales. ” Noam Chomsky.

Lo primordial para el funcionamiento de toda sociedad, como alguna vez lo argumentó Adam Smith, el hombre que ideó el capitalismo, es la empatía. Sea comunismo, sea capitalismo, da igual. Sin ella ningún colectivo humano, ningún sistema económico triunfa. Es básica. Por desgracia, somos cada vez más incapaces de comprender el contexto socio-cultural que lleva a un individuo a tomar ciertas decisiones. La ignorancia provoca miedo y el miedo odio. El odio hace que personajes como Donald sean considerados héroes por las masas.

Michael Moore en su discurso nos muestra lo indispensable que es el intentar comprender las razones más arraigadas del discurso conservador. No importa que te sientas identificado con los ideales demócratas o de centro izquierda. Ningún fenómeno social surge de a gratis. Existe un trasfondo que impulsa a que este discurso tan falto de humanidad se convirtiera en el estandarte de casi el 50% de una enorme nación.

Entendamos a los estados que van desde Idaho y Montana, hasta Mississippi y Alabama, donde Trump arrasa con las encuestas. Son lugares consagrados a la agricultura o al ganado, los de la materia prima, en donde la probabilidad de victoria de Donald llega a más de un 90%. Lugares donde el trabajo de muchos ganaderos, agricultores, mineros, etc. se ha visto desestimado. Los números son complicados, las matemáticas causan dolor de cabeza, no todos somos economistas, así que es mucho más fácil justificar esta desvaloración culpando a los inmigrantes, y a lo que se produce en el extranjero. A lo que se percibe a simple vista. Cuando son las grandes corporaciones las que han arrasado con la pequeña o mediana empresa.

Así que aparece un sujeto que grita a los cuatro vientos I’ll make America great again! Un tipo de cabello extraño que planea devolver lo tradicional, derrocar ese sistema que caracteriza al mundo de hoy. Una granada humana que se muestra como el enemigo de nuestro enemigo. Devolver, regresar: de vuelta a los valores de los cincuentas, a las familias, a los matrimonios jóvenes, al cultivo, al campo, a la religión. La campaña de Trump se fundamenta en alimentar constantemente ese miedo a la tan inevitable evolución social.

Los cambios asustan, amenazan lo establecido. Normal. De pronto parecen estar cambiando las reglas del juego. El romper con lo culturalmente determinado, lo que suponíamos bueno para abrir espacio a otras realidades y cosmovisiones requiere de un esfuerzo extrahumano. Es prácticamente imposible. Por eso las generaciones de los 60’s o 70’s cuestionan tanto la ideología de los jóvenes. ¿A dónde se han ido todos los valores que te inculqué? le preguntan los padres a sus hijos. ¿Por qué piensas así? Se cuestionan sintiéndose fuera de órbita, medio traicionados. Pero, saben qué, mamá, papá, abuelo, abuela, ustedes nos criaron y a pesar de que a veces se confundan con nuestra manera de ver el mundo, algo hicieron bien. ¡Siéntanse orgullosos! La gran mayoría de nosotros nos esforzamos, estudiamos, creamos fuertes lazos de amistad, trabajamos, viajamos, pero lo más importante, no odiamos. Un 80% de los millenials no juzga o desprecia por el color de piel que la persona tenga o por a quién decidan amar. Así como en Inglaterra fueron los jóvenes quienes votaron en contra del Brexit. En EEUU será raro, rarísimo, encontrarse con un estudiante universitario que apoye a Trump. Esto es gracias a ustedes, a los que fueron nuestros profesores, nuestros padres, nuestros mentores, a la generación X, a los baby boomers. ¡Gracias! Nos enseñaron el valor de la empatía.

Así que no hablemos de tolerancia, como se hace en cada spot publicitario, porque ése es sinónimo de resignación. Hablemos de comprensión, de humanidad. Empatía: que se repita mil veces. Alexis de Tocqueville, autor de La democracia en América, escribió que el gobierno que eliges es directamente proporcional al respeto que sientes por el prójimo y tiene razón.

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Después de un año, por fin ha llegado la cuenta regresiva. ¿Queda algo más por decir? No mucho, a horas de una contienda electoral en la que mexicanos, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos no tenemos ni voz ni voto, pero de la que definitivamente depende el futuro de todos, no nos queda más que mantener encendida la velita de esperanza, y esperar que el miedo no ofusque la razón, la crítica, la humanidad de los norteamericanos. Ya escuchamos fuerte y claro este grito de desesperación, de ira, el miedo, el resentimiento que representa el candidato republicano. Ojalá este grito de desesperación no acabe provocando nuestro grito final.