The Riot Club: Reflejo inglés del Mirreynato mexicano

FILTHY, RICH, SPOILED, ROTTEN.

The Riot Club douglas booth sam claflin max irons

Natalia Martínez: @NataliaMa2

Elitismo, prepotencia y machismo son tres de las muchas características que describen a los miembros de The Riot Club, una sociedad exclusiva y ancestral de la Universidad de Oxford a la que solamente pueden acceder los hijos de los personajes más relevantes o económicamente privilegiados de Gran Bretaña. Los requisitos para lograr formar parte de este grupo universitario que ha logrado prevalecer generación tras generación, son estar en la cumbre socio-económica, ser hijo de algún político o personalidad distinguido, lucir siempre bien, haber ido a algunos de los colegios posh de Inglaterra y tener la actitud y las ganas de llevar tus impulsos hedonistas al extremo. Diez niñatos, guapos, atléticos y siempre bien vestidos, que parecen inofensivos pero bien son capaces de quebrajar cualquier ley, destruir lo que deseen, conseguir lo que apetezcan, sin encontrarse con ninguna represalia. They can always pay their way out of every mess. El resultado: la impunidad que llevará a aquellos jóvenes atroces a posicionarse detrás de los escritorios más influyentes de la nación. ¿Por qué será que este filme me huele tanto, pero tanto, a México?

“El Mirreynato es un régimen moral donde predominan la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social. El Mirreynato es un régimen en el que todos los mexicanos, de alguna manera, participamos.” Ricardo Raphael, El Mirreynato 

El viernes pasado, en la sala de proyecciones de la Academia de las Ciencias Cinematográficas de España se proyectó por primera vez en la península Ibérica y como parte del 25 Festival de Cine de Madrid, la película de Lone Scherfig: The Riot Club (2014). El filme es un crudo retrato de la alta sociedad británica. Contaba la directora, en la presentación del filme, que lo que quería era poner un espejo frente a las personas que conforman las altas esferas inglesas; hacerlos darse cuenta de su manera de pensar y actuar.

El exclusivo grupo universitario, conformado por diez de los “mejores” niños de Oxford, está claramente inspirado en el Bullingdon Club – grupo al que perteneció el ex primer ministro David Cameron y el anterior alcalde de Londres, Boris Johnson. La fraternidad, así como en el filme, se caracteriza por festejar una cena al año en la que destruyen, bandalizan, el restaurante o el sitio donde hayan decidido llevar a cabo el suntuoso festejo. Al final, no importa qué tanto daño material, físico o psicológico hayan causado, pagarán lo que sea para que nadie se entere del altercado, salir impunes y continuar con sus ambiciosos planes profesionales como si nada nunca hubiera pasado.

Intentaré no entrar en detalles, así compararán ustedes mismos – con algo de nauseas – lo que se narra en The Riot Club con el nepotismo y la impunidad ya esencial en naciones como la nuestra.

Ver el filme, es enfadarse con la dinámica colectiva que carece notoriamente de cualquier lógica humana, de empatía. Es también un excelente pretexto para interesarse aunque sea un poco por los problemas sociales que aquejan y hunden a este país que alguna vez fue grande.

Hace apenas dos años, Ricardo Raphael publicó su libro Mirreynato, la otra desigualdad, su lectura podría formar parte de un ejercicio de estudio sociológico que se remataría con el screening de esta película de Lone Scherfig.

Raphael, a través de este libro, cimentó un análisis de la construcción, acceso y permanencia en el poder mexicano: un estudio de las élites, de la corrupción, la impunidad, el nepotismo y, por ende, la falta de democracia. Esto a través de un montón de extravagantes anécdotas muy parecidas a las de los miembros de The Riot Club. El espectáculo que dan estos jóvenes en sus viajes al extranjero, las reglas que rompen a sabiendas de que no habrá castigo alguno por su comportamiento. “…una tribu urbana que desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana.”

La presunción de arremangarse la camisa para que se asome el rolex, la prepotencia de creerse superior solamente porque papá paga para reparar sus vidrios rotos o porque el hombre de la cadena en el antro se sabe su nombre. El que recaiga su valor como persona en la enorme hebilla de un cinturón Gucci de mal gusto, o en el patrón de un bolso Louis Vuitton. La ostentosidad de un Moët recorriendo los pasillos del antro con luces de bengala que atraiga a mujeres que buscan una copa de esa champaña y, con suerte, ser después madres que inculquen la tradición hedonista. Los proyectos tan banales que financia el progenitor y ese poco interés por saber más, conocer más, informarse más, ser humanamente más que un tipo que va y viene en coches de lujo, sin capacidad de crítica o empatía. Ser los únicos que pueden hacer algo por que las cosas en el país mejoren, pero que su mente siga centrada en factores triviales, fútiles. Si la elegancia es el atributo de la belleza sencilla y culta, todo lo anteriormente mencionado puede bien ser catalogado como naco.

Le comenté a Lone, la directora danesa, lo mucho que se parece su filme al sistema de poder “hereditario” de mi país. Cómo la actitud de los miembros de este grupo se parece en gran medida a la postura de muchos jóvenes mexicanos que no tienen idea del esfuerzo que implica para la gran mayoría el llevar comida a casa. Ricos, bien vestidos, guapos, que consiguen siempre lo que quieren- capaces de pagar su boleto de salida de cualquier complicación- nuestros gobernantes del mañana.

“Mientras se escribía el guión, pensamos en darle a la película un desenlace que le agradara más al público. Optamos, al final, por acercarla lo más posible a la realidad. Y la realidad, la mayoría de las veces, no es algo que guste.” Me comentó.

Así que, por más sorprendente que parezca, esta producción, relativamente nueva y con un reparto que va desde Sam Claflin, Max Irons hasta Natalie Dorman, se parece más de lo que debería a nuestro México actual.

Lo único que me queda decir es que así como hay que leer el libro de Ricardo Raphael, hay que dedicarle dos horas de nuestro tiempo a esta película. Porque es raro que un filme británico se parezca tanto a la realidad en México. Es raro que un largometraje deje a su público con los ojos nublados, la cabeza divagante y un nudo de vergüenza atrancado en la garganta. Es raro, pero para eso está el arte, para denunciar, para sacudir, para despertar y Lone Scherfig lo logró. No en vano fue galardonada en esta edición del Festival de Cine de Madrid con el premio Mirada Internacional.

Gonzalo Suárez: Homenajeado en el 25 Festival de Cine de Madrid.

El Festival de Cine de Madrid cumple 25 años y decide dedicar su primer cuarto de siglo a Gonzalo Suárez, cineasta y escritor prolífico.

Natalia Martínez: @Nataliama2

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Para mí el cine nunca fue un trabajo, fue más un juego.

– Gonzalo Suárez.

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El pasado viernes 14 de octubre arrancó el Festival de Cine de la Plataforma Nuevos Realizadores en la capital de la Península Ibérica. A manera de inauguración se rindió homenaje a uno de los realizadores esenciales de la cinematografía española.

El homenaje se celebró en el Cine Doré, situado en el barrio de Antón Martín, calle Santa Isabel. Este espacio, ahora sala de exhibiciones de la Filmoteca Española, se inauguró en diciembre de 1912. El Cine conserva su nombre original y guarda aún, entre sus paredes color azul turquesa, ese aire de comienzos del siglo XX. La sala envuelve al espectador, lo hace olvidarse del ruido de la tecnología, de las responsabilidades diarias, del tedio, para adentrarse en las ficciones narradas por la pantalla grande.

¿Existirá mejor lugar que el Cine Doré para rendir homenaje a un gran cineasta español? Lo dudo.

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El viernes 14 de octubre a las veinte horas, en un Madrid en el que ya comienza a anochecer a horas decentes, Gonzalo Suárez caminó por el pasillo central de la sala de proyecciones siendo aplaudido por todos los ahí presentes. Así comenzó el 25 Festival de Cine de Madrid de la Plataforma Nuevos Realizadores: rindiendo homenaje a uno de los personajes del cine español más emblemáticos y admirados.

Suárez nació en Oviedo, Asturias en 1934. Recorrió varios oficios antes de dedicarse a la imagen en movimiento. Fue pintor, ejerció como periodista deportivo bajo el seudónimo de Marin Girard y hasta hoy sigue saltando entre la faena del novelista y el cineasta. Fue ganador del premio Nacional de Cinematografía y del Goya a la mejor dirección por Remando al viento (1988)– filme protagonizado por Hugh Grant.  Es escritor y director; ni uno, ni otro, sino ambos, porque ambos oficios se complementan. Bien dijo alguna vez Julio Cortazar sobre él: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal”.

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Para los madrileños que nos leen, dejamos aquí el link donde podrán encontrar la programación completa del festival con las proyecciones de los filmes de Suárez que se realizarán en Cine Doré:

Programa de mano del 25 Festival de Cine de Madrid, Plataforma Nuevos Realizadores. 

En cambio, para los que están lejos de la capital española, pero que quisieran conocer la obra de este imaginativo cineasta, IV Acto les recomienda tres de sus películas:

La Parranda (1977)

La producción cuenta con un reparto excepcional, desde Charo López hasta José Sacristán. Este filme es la adaptación del libro A Esmorga de Eduardo Blanco Amor. El encuentro definitivo con el cine español de Gonzalo Suárez.

Datado en 1934, narra la historia de un Cibrán, un obrero que le promete a su amante trabajar para que ella pueda dejar de ejercer la prostitución. A la mañana siguiente, en el camino a su nuevo trabajo, se encuentra con sus dos amigos, el Bocas y el Milhombres. Cibrán cede ante los convites del par de borrachos y comienza así una jornada caracterizada por episodios de grave demencia, violencia, sexo y excesos. Con escenas que rayan en el surrealismo de la edad de plata, el filme nos muestra a un personaje principal desdichado y poco convencido sobre si seguir hundiendo su vida o cumplir con su promesa de estabilidad laboral.

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El detective y la muerte (1944)

De nuevo, con pinceladas de un surrealismo sombrío, Gonzalo Suárez construye una atmósfera negra protagonizada por el único elemento al que nadie puede escapar: la muerte.

Un importante magnate (Héctor Alterio) tiene el poder de quitarle o darle vida a quién él quiera, sin embargo, no tiene la capacidad de prevenir su inminente muerte. El magnate le regala a su hija -con la que mantiene una relación amorosa- un artefacto que le permitirá verlo después de muerto. La hija lo que en realidad desea es que su madre, la Duquesa, muera, así que la manda matar.

El detective Cornelio (Javier Bardem) perdidamente enamorado de la Duquesa, hará hasta lo imposible por que sobreviva.

Remando al viento (1988)

Los protagonistas de este filme son el poeta inglés Lord Byron (Hugh Grant), la creadora de Frankenstein, Mary Shelley (Lizzy McInnerny) y su esposo el escritor Percy Bysshe Shelley (Valentine Pelka). El primero incita a sus dos amigos a escribir una historia de terror. Es así que Mary comienza su obra maestra, Frankenstein. Una cadena de eventos misteriosos, de tragedias, le comienzan a suceder a las personas que rodean a la escritora. Mary, perdiendo la cordura, está convencida de que el monstruo que creó es el que causa todas esas desventuras. Un filme que se esfuerza por recrear cada aspecto de los dogmas del romanticismo hecho para los amantes de la literatura.

Luis Buñuel; el cine mexicano ganó la guerra civil española.

Natalia Martínez: @NataliaMa2

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La guerra civil en España dejó a un montón de personas deambulando entre dos patrias. Los hijos del exilio, nacidos en tierras americanas, seguimos sintiendo ese lazo sanguíneo que nos une a un país que no quiso vernos nacer sobre su tierra árida. Somos los nietos de esos a los que en México llaman gachupines, porque siguen usando boinas, jugando dominó y ceceando, pero que al pisar España los confunden con mexicanos. Es como tener dos madres, la biológica y la adoptiva. Una les dio la vida, la otra los recibió con los brazos abiertos, les dio un techo, sopa y una cama con cobija.

En febrero de 1939, el México posrevolucionario de Lázaro Cárdenas aceptó acoger a una parte importante de los exiliados de la península ibérica. Se embarcaron a nuestro país los intelectuales, científicos y artistas que no encajaban con los preceptos de Franco. Eran miembros de centros que nacieron de la claridad intelectual y de un insaciable deseo por lograr el progreso social a través de la educación como la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Estudiantes, el Museo Pedagógico Nacional, entre muchos otras. Una fuga de cerebros que empobreció la vida cultural de la posguerra española y enriqueció en gran medida a Hispanoamérica.

            “Fue a Daniel Cosío Villegas – encargado de negocios de Portugal, a quien antes que nadie, se le ocurrió la idea que México debía acoger a científicos e intelectuales españoles, para que continuaran sus actividades.”

– Antonio Alarotte, académico del Colegio de México.

Se embarcaron hacía el nuevo continente personalidades como el compositor Rodolfo Halffter, la pintora surrealista Remedios Varo, el arquitecto Roberto Fernández Balbuena, el oftalmólogo Manuel Márquez Rodríguez, el historiador Carlos Bosch García, el ingeniero Oscar Buen, el químico Francisco Giral González. México se nutrió con la llegada de filósofos como María Zambrano, poetas como León Félipe, narradores como Francisco Ayala. Y a esta lista le faltan alrededor de 20,000 nombres más de hombres y mujeres que huyeron para después adquirir el apellido de su patria adoptiva. ¡Cuánto nos regaló España! Basta con decir que el mejor director de cine que ha tenido la península ibérica, nuestro querido Luis Buñuel, se naturalizó Mexicano.

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El exilio republicano español en México aconteció entre 1939 y 1942. Hilando cabos, recordemos que debido a la Segunda Guerra Mundial, las enormes industrias cinematográficas de Estados Unidos y Europa cayeron en picada. Esto brindó la oportunidad a países como México de situarse en el pedestal de las producciones audiovisuales. La renombrada Época de Oro del Cine Mexicano comprendió entre los años 1936 y 1959, este periodo benefició el surgimiento de grandes directores y actores que ahora son íconos de talla global.

Luis Buñuel pisó el ombligo de la luna en 1940, en plena Época de Oro del cine nacional. El padre del surrealismo cinematográfico trabajaba en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, cuando se quedó sin empleo debido a las fuertes declaraciones de uno de sus amigos más cercanos: Salvador Dalí. En la autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí, el catalán describe a Buñuel como un ateo de izquierdas, un hombre cuya presencia era peligrosa para una institución como en la que laboraba.

“Tengo ganas de hacer una película que vaya en contra del gusto de todos, a contracorriente de todas las ideologías. Sí. Una película en contra de los comunistas, de los socialistas, de los católicos, de los liberales, de los fascistas. Pero yo no entiendo de política.  Una película en la que quedara patente mi nihilismo. Una película en contra de Cristo, de Buda, de Siva…” – Luis Buñuel

Sin planes ni un ingreso estable, el cineasta se reunió con Denise Tual. Ella tenía un proyecto en París e invitó a Buñuel a participar. Para ir a la capital francesa había que pasar por México: así fue como este cineasta se topó con un mundo raro del que se enamoró, al que decidió adoptar como su nueva patria. Unos días después ya estaba por comenzar a dirigir el primero de los muchos filmes que haría en tierra mexicana.

Buñuel describía a México como un país surreal, tal vez fue eso lo que lo convenció a quedarse. Comenzó, entonces, el recorrido del controversial creador de Un perro andaluz (1929)empezando por su fallida cinta Gran Casino (1946) hasta Simón del desierto (1964).

Comentemos, pues, algunos de estos filmes. Recordemos que a lo largo de su trayectoria, Buñuel se caracteriza por historias que parten de la crítica social, burlándose constantemente de las prácticas y creencias de la burguesía. Busca remover de los ojos de su público la venda de los preceptos sociales. Nos y se burla de ese mexicano adinerado que predica la caridad cristiana pero se siente cómodo con la discrepancia social, con el vivir rodeado de personas en pobreza.

Los olvidados (1950)

La cinta nos muestra a Jaibo, un joven que recién salido de la correccional mata a Julián, su delator. Vemos esa miseria desesperanzada que convive de la mano con la abundancia en las grandes orbes como la Ciudad de México. Los protagonistas, niños delincuentes, viven en un clima de delincuencia casi natural. Nos muestra la criminalidad juvenil de manera sobria, realista, comprendiéndola desde un contexto social poco incluyente, repleto de disparidades.

“Los gallos o las gallinas forman parte de muchas visiones que tengo, a veces compulsivas. Es inexplicable, pero el gallo y la gallina son para mi seres de pesadilla.” – Luis Buñuel.

Él (1952)

Trata de un hombre rico, católico y piadoso, que consigue contraer matrimonio con Gloria, la novia de su amigo. Contando con la exquisita fotografía de Figueroa, el filme narra la historia de un matrimonio caótico. Vemos a un hombre que parecía ser calmado y refinado, pero que se ve inundado por unos celos que lo llevan a tocar los síntomas de la psicosis, de la esquizofrenia. Un filme repleto de metáforas surrealistas.

Narazín (1958)

Buñuel fue quien dijo “Soy ateo, gracias a Dios”, pero eso no le impidió comprender la importancia de la espiritualidad humana, ponerse en los zapatos del creyente mexicano y llevarlo con maestría a la gran pantalla. El filme, adaptación la novela homónima de Benito Pérez Galdós, cuenta la historia de un sacerdote que tras dar cobijo a una prostituta perseguida por la ley, se ve obligado a marcharse de su pueblo.

“Yo no creo en el progreso social. Solo puedo creer en unos pocos individuos excepcionales de buena fe aunque fracasen, como Nazarín.”

– Luis Buñuel.

El ángel exterminador (1962)

Un grupo de burgueses se reúnen para cenar en una elegante mansión. La fiesta termina y por alguna razón fuera del entendimiento del espectador, los asistentes no logran marcharse. Buñuel, con esta historia, mezcla perfectamente el surrealismo con la denuncia social. Hay humor negro, absurdo y un montón de personas encerradas en un enorme comedor opulento, gente aborregada por las pautas de conducta de las altas esferas. ¿Una cárcel mental?

Fue así como la cinematografía de nuestro país se vio triunfante debido a la recepción de inmigrantes que, agradecidos con tener un lugar al que llamar su patria, nos dejaron riquezas culturales y artísticas sin precedentes.

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Luis Buñuel, a pesar de haber producido sus últimas obras en Francia, nunca se mudó definitivamente de su casa en la colonia del Valle de la Ciudad de México, a la que llamó hogar hasta el día de su muerte. El padre del surrealismo cinematográfico fue mexicano, como lo son los miles de refugiados que ahora se pasean sobre este suelo con el rostro arrugado y con bastón en mano. Son grandes, como lo fue Buñuel y como fue toda la gente que los recibió con los brazos abiertos.

“Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba.”

– Luis Buñuel

¡Qué bueno sería que se le cumpliera ese deseo a Buñuel! Porque seguro se sorprendería al toparse con los cinéfilos mexicanos que aún lo admiran y enaltecen su legado, sus imágenes imperecederos, sus historias inolvidables. Se encontraría con un pueblo que se enorgullece de llamarlo su paisano.