47º Edición del IFFR: Impresiones del Festival Internacional de Cine de Rotterdam 2018

David Azar: @DavidAzar93

Lo que inicialmente fue un viaje a la 47º edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) entre cuatro amigos, se convirtió en este texto con las impresiones de una parte de lo que alcanzamos a ver de la extensa programación del certamen. Por motivos de espacio, cada uno seleccionó sus dos películas preferidas del festival y el resultado es lo que sigue a continuación.

Tiempo compartido (Sebastián Hofmann, 2018, México-Países Bajos, 96′)

Cinco años después de presentar su cinta debut Halley (2013), el realizador mexicano Sebastián Hofmann regresa a Rotterdam con Tiempo compartido, una comedia acida en la que dos individuos, completamente diferentes el uno del otro, son víctimas de la monstruosa maquinaria de un proyecto hotelero en una playa ficticia que nos remonta a la plasticidad de Cancún. Un colosal y multinacional complejo turístico, cruel en su gestión de clientela, cínicamente indiferente con sus empleados y tremendamente burocrático, se convierte en la mayor pesadilla de Pedro (Luis Gerardo Méndez), padre de familia humillado y venido a menos por el peor servicio de su vida, y Andres (Miguel Rodarte), eterno empleado del complejo, desgastado, traumatizado y con hambre de venganza.

Hofmann teje una serie de eventos tragicómicos que al principio son graciosos, pero con el tiempo tornan tenebrosos. En lo general, Tiempo compartido es un thriller sobre la espeluznante telaraña de la burocracia donde el personaje de Pedro, desde su posición como consumidor de un servicio, busca hacer valer un principio de respeto y calidad, pero la suerte juega con su paciencia y se ve arrastrado al rincón más oscuro de la incompetencia. En lo particular, se trata de una comedia negra acerca de la artificialidad e inhumanidad de la esfera turística en las playas de México para con sus empleados, donde Andres ha depositado toda una vida de trabajo y no es recompensado de manera justa, sino todo lo contrario, es aplastado y nunca más considerado por su lealtad.

Con Tiempo compartido, Hofmann da un salto abismal en su estilo cinematográfico, tomando riesgos y saliéndose con las suyas con lo que resulta ser un estrepitoso viaje hacia una espiral de terror que nos divierte a carcajadas, pero también nos hace reflexionar qué es lo que deberíamos hacer con nuestras próximas vacaciones.

Hanagatami (Nobuhiko Obayashi, 2017, Japón, 169′)

Nadie estaba preparado cuando Hausu (1977) se proyectó por primera vez en las pantallas japonesas. Incluso hoy en día es un dolor de cabeza tratar de definir el collage ecléctico de Nobuhiko Obayashi: una cinta de terror, comedia y aventura acerca de un grupo de colegialas que pasan las vacaciones en una casa embrujada donde un gato/bruja pretende devorarlas una por una. No es la trama con la que Obayashi conquistó a cinéfilos de todas partes del mundo (y continúa haciéndolo), sino la forma que éste empleó para llevar a cabo su visión: todo tipo de yuxtaposiciones con animación, colores, música, cámara lenta y diseño sonoro hicieron de Hausu la película de culto por excelencia de toda una generación y época.

Cuarenta años han pasado desde que Obayashi fascinó al mundo con su ópera prima, y este año en Rotterdam, con ochenta años de edad bien cumplidos, el realizador japonés y maestro del pastiche regresa con lo que en sus palabras es “su cinta más personal.” Hanagatami se ubica en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y sigue la historia de un adolescente llamado Toshiko y sus nuevas amistades al regresar a Japón después de haber vivido en Amsterdam. En medio del caos de la guerra, Obayashi nos remite a la pureza de la juventud llevándonos una vez más al mundo de la adolescencia, donde personajes de todos los tonos y personalidades hacen de cada escena una fiesta de imágenes coloridas, secuencias bizarras e historias absurdas, todo desde el punto de vista de la amistad. Obayashi no ha abandonado su estilo ecléctico y fascinantemente ridículo, sino que lo abraza en su totalidad, lo abraza por más de dos horas de metraje y demuestra a la audiencia que su creatividad se ha mantenido igual de encendida que hace cuatro décadas.

Gordon So

The Widowed Witch (Xiao gua fu cheng xian ji, Cai Chengjie, 2018, China, 120′)

Screen Shot 2018-02-16 at 2.46.09 PM

En China, la mujer es el segundo sexo. Una mujer viuda, como podrían imaginarse, está obligada a soportar el destino más trágico. The Widowed Witch de Cai Chengjie es una ficción surreal que representa la lucha cotidiana que significa ser una mujer viuda en la sociedad china. Lo genial de esta cinta es la manera en que Cai se apropia de la figura de la bruja. Por definición, una bruja es una mujer que posee poderes mágicos, un ser que oscila entre los planos de lo real y lo fantástico. Esta idea es amplificada por Cai en su uso del color. La mayoría de la cinta es en blanco y negro, pero a veces vemos pequeñas porciones del cuadro adornadas con color, como las luces de Navidad en la guarida de la bruja. Esta escasez de color atribuye un tono débil a la humanidad en un mundo frío y cruel. La cinta nos trata de decir que la mala no es la bruja, si no la sociedad. Por otro lado, la bruja, con su cualidad femenina y voluntad de hierro por sobrevivir, constituye la extrañeza y lo fantástico dentro de una dura realidad; es así como el surrealismo es un estilo acorde para esta película. El juego entre fantasia y realidad sucede en distintos planos. Por momentos, la audiencia no estará segura de si Erhao es realmente una bruja, incluso el mismo personaje se ve igual de confundida, pero cuando llega el momento de la verdad y la gente decide creer que es una bruja, entonces en una bruja se ha de convertir, usando la superstición china a su favor.

The Bold, the Corrupt and the Beautiful (Xuè guān yīn, Yang Ya-che, 2017, Taiwán, 112′)

Hay un refrán chino que dice: “El corazón de la mujer es lo más venenoso.” Ganadora del Caballo de oro de 2017, The Bold, the Corrupt and the Beautiful se mantiene a flote en el estanque de cocodrilos que es la política china, al mismo tiempo que presenta una familia completamente femenina. Como espectador chino, puedo sentir en la sangre lo mucho que resulta espeluznante esta cinta: la crueldad tan característica de China que se transmite de generación en generación, gente que nace y crece en un ciclo eterno de dolor producto de un cierto desamor inherente en esta cultura. Otro refrán chino que dice “Miel en la boca, espada en el estómago” describe fielmente la traición que se esconde bajo la apariencia de los personajes. The Bold, the Corrupt and the Beautiful (la tenaz, la corrompida y la hermosa) refiere a las tres mujeres que protagonizan esta historia. Muchas veces tomé las cosas como se presentaban en la película: un personaje refiere a la tenacidad, el otro a la belleza, y el último a la corrupción… pero cuando más detalles son revelados a través de la repetición de escenas previas, me vi escarbando más profundo en la historia – o tal vez la historia escarbó más profundo en mí – y me encontré de cara a la verdad, una verdad que no podía creer; más revelaciones podrían esconderse debajo de las apariencias. The Bold, the Corrupt and the Beautiful representa el demonio chino con una precisión espectacular, y yo recomiendo ampliamente a los demás herederos de la cultura china que vean esta película (o simplemente quien sea que esté interesado en el tema).

 

Francisco Martins Fontes: @Francisco_MF

Phantom Thread (Paul Thomas Anderson, 2017, Estados Unidos, 130′)

Durante la introducción de este evento especial del IFFR, donde la cinta se proyectó acompañada de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam – la cual dio vida a las piezas melancólicas, inquietantes y románticas del compositor Jonny Greenwood – una de las preguntas que se le hicieron a Paul Thomas Anderson fue si esta cinta se trataba de un trabajo personal. Como si no supiera exactamente qué responder a aquella pregunta, y al mismo tiempo dando la respuesta que probablemente la mitad de la audiencia tenia en mente, el cineasta simplemente dijo: “Pues la escribí yo.”

Anderson ha escrito todas y cada una de las películas que ha realizado, incluso aquellas basadas en fuentes literarias, haciendo de ellas objetos muy personales. Pero incluso más que en cualquiera de sus cintas anteriores, su espíritu parece permear cada aspecto de Phantom Thread. En lo que pudiera ser su producción más clásica, el filme es igual de elegante que los vestidos que vemos en pantalla, y cada detalle es tan meticuloso como su protagonista, Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis en su última interpretación). En su narrativa descubrimos que la obsesión puede llevarnos a resultados maravillosos, pero también puede ser una empresa nociva para el alma. Sin embargo, Phantom Thread – en sí un resultado de la obsesión – contiene un alma ligera con un toque de humor poco convencional que la convierte en una de las películas más divertidas en la filmografía de su director. Sumadas a las increíbles actuaciones de Day-Lewis, Lesley Manville y de la debutante Vicky Krieps, estamos ante una película que fácilmente permanecerá en la memoria del espectador – o quizás en el bolsillo de su abrigo.

Gabriel and the Mountain (Gabriel e a montanha, Fellipe Gamarano Barbosa, 2017, Brasil, 127′)

Es muy raro toparse con una producción brasileña que se desarrolle fuera del territorio de aquel país. Gabriel e a montanha es un ejemplo de lo anterior. A pesar de haber sido enteramente filmada en cuatro países distintos de África, la cinta mantiene una cualidad que los brasileños lograrán reconocer, incluso dentro de su extrañeza. Esto se debe al hecho de que la identidad brasileña está compuesta en gran medida por sus lazos con el continente africano, su gente, religión y cultura.

En su segundo largometraje, el realizador Fellipe Barbosa cuenta la verdadera historia de su amigo Gabriel Buchmann, quien se aventura a recorrer el mundo antes de iniciar un doctorado en el extranjero. El filme sigue a Gabriel en su viaje por África, donde se encontrará repentinamente con la muerte. A través de lazos personales entre el cineasta y su amigo, la tenacidad de rodar las escenas en exactamente las mismas locaciones que fueron recorridas por Gabriel, y apoyándose principalmente en un reparto de actores no profesionales (que incluso conocieron e interactuaron con Gabriel), Gabriel e a montanha se siente tan cerca de la vida al grado de que en ella somos capaces de reconocer gente y situaciones fuera de nuestra realidad. Con una atención al detalle que se agradece enormemente, ésta es una película que puede alcanzar cualquier tipo de audiencia gracias a su honestidad y valentía. Gracias a la hipnótica interpretación de João Pedro Zappa, Gabriel cobra vida en la pantalla como un personaje tanto carismático como complicado que mueve la trama con gracia y agilidad. Es de esta manera que Gabriel e a montanha contribuye en la innovación del cine brasileño.

Galder de Galder

Mutafukaz (Guillaume Renard y Nishimi Shojiro, 2017, Francia, 90′)

Angelino, un huérfano a quien nadie sorprende su aspecto no-humano. Su amigo Vinz, literalmente un esqueleto llameante. Ambos dos jóvenes que malviven juntos en un piso lleno de cucarachas. Dark Meat City, una ciudad californiana ficticia de mala muerte. Una banda sonora que mezcla Hip-Hop y Reggaetón. Unos misteriosos agentes secretos/súper soldados que persiguen a Angelino y Vinz a toda costa. Una película de animación. Suena tan absurdo que le brillan a uno los ojos como platos.

Ésta es la apuesta de la producción franco-japonesa Mutafukaz. Uno de sus directores, Nishimi Shojiro, trabajó en la animación del filme de culto Akira (Katsuhiro Ôtomo, 1988). Para mí, Mutafukaz es la película más sorprendente que he visto en los últimos años junto a la española Psiconautas (Pedro Rivero y Alberto Vázquez, 2015, también producida por Studio 4ºC). Dos cintas de animación para adultos, una categoría poco familiar para el cine producido en cualquiera de los dos lados del Atlántico. ¿Casualidad? Ambas utilizan las ilimitadas posibilidades de la animación para contar historias de una originalidad difícil de encontrar en las ‘carne y hueso’.

Mutafukaz le muestra el dedo de en medio a las convenciones cinematográficas y narrativas apoyándose en un humor despreocupado, referencias culturales con falta de complejos, acción sin pelos en la lengua, cero consideración por el dios ‘realismo’, e invasiones del comic y del videojuego a su estética. Todo esto atravesado por un mordaz puñetazo social y político a múltiples órganos vitales de nuestra actualidad. La película no es perfecta: la segunda mitad resbala (particularmente considerando una decepcionante representación femenina) y llega hasta el final solo gracias al impulso de la salvaje energía de su primera mitad. A pesar de ello, Mutafukaz rebosa tanta pasión y se divierte tanto contándose a sí misma, que solo queda salir del cine con una sonrisa en la cara, deseando volver a los beats de Dark Meat City.

The Guilty (Den skyldige, Gustav Möller, 2018, Dinamarca, 85′)

Las películas que se desarrollan dentro de una sola habitación no son ninguna novedad; ya las han hecho Alfred Hitchcock con Rope (1948) y Sidney Lumet con 12 Angry Men (1957). Entonces, ¿qué tiene de especial la película Den skyldige para hacerla ganar el premio del público en la 47º edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam?

Lumet e Hitchock decidieron desplegar el virtuosismo de la palabra o de la cámara para compensar la restricción de una sola habitación. En cambio, esta película dirigida por Gustav Möller se niega a aceptar que mostrar una sola habitación implique solo ver esa habitación, y entiende suficiente de cine como para saber hacerlo. Así, sin espectacular innovación, Den skyldige revoluciona nuestra experiencia cinematográfica retrayéndose al elemento más básico y muchas veces ignorado del cine moderno: el sonido.

Estaremos pensando ahora en diálogos magníficos y bandas sonoras favoritas, pero Den skyldige hace de su protagonista el paria de los parias, el mayor sujeta velas de esa cita romántica entre imagen y espectador: los efectos de sonido. Aquellos que señalan que está lloviendo; que la persona que habla lo hace desde un coche en movimiento; que una puerta se abre. Así, sin nunca mostrarnos en la pantalla esos eventos, Den skyldige nos los hace ver. Pues, esta vez, la cita no se desarrolla en el lienzo de la pantalla, sino dentro de nuestras propias cabezas. Al ritmo de un trepidante vals auditivo donde intentamos comprender, visualizando internamente unas imágenes que no nos son mostradas, qué es lo que está sucediendo al otro lado de una llamada telefónica al servicio de emergencias.