El universo cinematográfico de Marvel Studios; cómo reinventar el cine de superhéroes

Ramón Treviño: @RamonTrevinoF

Estamos a un pestañeo del estreno de lo que se espera ser la nueva maravilla de Marvel Studios, Avengers: Infinity War (Anthony & Joe Russo, 2018), la cinta que reunirá a veintidós superhéroes en la pantalla grande en un proyecto cinematográfico trabajado por una década.

A lo largo de diez años, Disney y Marvel Entertainment nos han presentado una nueva era de películas basadas en cómics. Iron Man (Jon Favreau, 2008) fue la cinta que abrió la puerta de un universo donde cada personaje de estas historias están unidos por el bien de la Tierra, siempre y cuando el estudio tenga los derechos de autor. Como cualquier niño que creció con cómics y caricaturas, para mi fue algo surreal ver estas figuras de acción cobrar vida, interactuar entre ellos y, más increíble aún, salvar el mundo. Claro, las cintas de superhéroes tiene más de cincuenta años proyectándose en las salas de cine, mas nunca con adaptaciones de este calibre, como fue el caso del hito The Avengers (Joss Whedon, 2012) en su momento, primera pieza ensamble de la saga y cinta que le recaudó 1,519 miles de millones de dólares en taquilla al estudio.

Por otro lado, DC Comics también entró a la arena del universo cinematográfico de superhéroes con un proyecto similar al de Marvel Studios. Sin embargo, el universo DC, inaugurado con Man of Steel (Zack Snyder, 2013), no ha sido tan coherente ni exitoso hasta ahora, a pesar de contar con figuras como Batman, el mejor personaje en la historia de los cómics (no hay discusiones) y a Superman, el emblema estadounidense de la libertad y justicia. Las contrapartes de este par en Marvel son Iron Man y Capitán América. De la mano del director Jon Favreau, el alter ego de Tony Stark (Robert Downey Jr.) sentó las bases de este mega proyecto cinematográfico. Lo más complicado para Marvel, Disney y el productor Kevin Fiege, cabeza de toda esta organización nerd, fue dar vida a Steve Rogers, mejor conocido como Capitán América.

El reciente éxito de Black Panther (más de 930 millones de dólares en taquilla al momento de esta publicación) habla de un renacimiento que el estudio viene cocinando desde 2014. No se trata de una casualidad, sino de una fórmula que se ha trabajado por casi un lustro. En 2011, antes del gran estreno de los Vengadores,  Marvel estrenó Captain America: The First Avenger (Joe Johnston, 2011), un intento decente que de alguna manera quedó corto como introducción del “Cap.” El problema con Rogers y su escudo es que reflejan un personaje muy anticuado. Creado en 1941, como mera propaganda durante la Segunda Guerra Mundial, ¿cuál fue la primera portada del cómic de Capitán América? El mismísimo patriota dándole un puñetazo a Adolfo Hitler.

El Capitán América ha logrado una madurez como personaje líder del estudio a través de los años. Las aventuras fueron más dramáticas y el diseño menos infantil, deshaciéndose del traje azul brillante y rojo vivo que alejaban de la seriedad. Fue allí donde el imperio del entretenimiento entendió que replicar la fórmula del héroe salvando al mundo quedó atrás; necesitaron ingeniárselas para fomentar una nueva historia con un género distinto: espionaje. Para la segunda entrega de Rogers como el protagonista de la historia, Captain America: The Winter Soldier (Joe & Anthony Russo, 2014), Marvel Studios sabía que este personaje un tanto aburrido, poco atrevido y muy estricto con sus ideales necesitaba un giro para generar un mayor interés en el público. Chris Evans regresó para darle vida al Cap; no es el mejor actor del mundo, incluso dentro de los Vengadores, pero sí tiene la chispa necesaria para invertir rédito en él.  Kevin Feige tomó una decisión poco común para la silla de director, que al final fueron dos. Los hermanos Anthony y Joe Russo fueron elegidos para dirigir el filme, cuando su única experiencia para controlar un proyecto de 170 millones de dólares fueron 14 capítulos de la serie de televisión Community (Dan Harmon, 2009-2015). Sin embargo, después de la grata respuesta en taquilla y las críticas favorables con Winter Soldier, Marvel adoptó esta fórmula: colaborar con cineastas independientes con la habilidad de sacar buenas actuaciones a las estrellas de la saga, mientras el control de la historia a grosso modo está en manos de Feige y otros cuantos.

El acierto más importante de los hermanos Russo y Feige fue eliminar el concepto de superhéroe. El azul celeste y rojo vivo fueron sustituidos por un uniforme militar azul marino. Sí, el trama es un cliché, el mejor soldado de una organización secreta encuentra que ésta es corrupta y se convierte en un perseguido. Lo hemos visto por enésima vez, mas funciona en Winter Soldier porque no estamos acostumbrados al género de espía en una cinta de estos personajes que nacieron en viñetas coloreadas. Podemos otros elementos clásicos del cine de espías en esta segunda entrega del Cap. Desde frases como “ama a las personas, pero no confíes en ellas”, hasta el giro narrativo [SPOILER ALERT] en que la cabeza de la súper organización de inteligencia S.H.I.E.L.D.S. es el verdadero villano, interpretado por un magnífico Robert Redford.

Algo con lo que Marvel Studios ha batallado en estos diez años de miles de millones de dólares en taquilla han sido sus villanos. Las historias siempre se enfocan en los protagonistas, cuando en la mayoría de los casos los malos tienen un pasado y/o un propósito muchas veces más intrigante. Este es el caso en Winter Soldier con Bucky Barnes, un villano que comparte características muy similares a las de Rogers. Un némesis en su significado literal. No obstante, esta convención funciona en esta secuela porque se trata de un personaje que conocemos desde la primera entrega. La cercanía que tiene con Cap crea todavía más emociones en el climax.

Es así como las cintas de Marvel y sus propuestas de contar sus historias a través de distintos géneros cinematográficos han enamorado a millones de personas en las salas de cine. Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017), más que una película de superhéroe, es una odisea de ciencia ficción con pinceladas gruesas de comedia; Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017) es una historia de “coming of age”, de un adolescente tratando de salir adelante en la preparatoria y enamorado de la niña más popular de su escuela. Black Panther (Ryan Coogler, 2018), el bombazo del momento, es una narrativa que explora el conflictos de nación, identidad y poder, maquillados con fantásticas secuencias de acción.

Mientras seguimos en esperando con ansias la tercer entrega ensamble del universo cinematográfico de Marvel, proyecto en el que todas las películas anteriores han apostado su narrativa y que junto con su segunda parte definirá el éxito colectivo de toda la saga, les dejamos el avance de lo que se viene en abril: