Entre Mods y Rockers: Quadrophenia y la búsqueda de identidad

Jose Hernández: @josechj7

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Jimmy Cooper (Phil Daniels) y Steph (Leslie Ash) en Quadrophenia (1979)

Todos llegamos a una edad en la que, sin percatarnos, realizamos una búsqueda de identidad que influirá en gran medida por el resto de nuestra vida. Esta etapa la definen principalmente nuestros gustos: musicales, cultura popular, deportes, etc. Un momento en el que tal vez reflejemos seguridad en quiénes somos, pero dentro de nosotros existe una batalla por descubrirlo.

La búsqueda de la identidad es el tema central en el primer largometraje que el director británico Franc Roddam llevó a la pantalla grande, Quadrophenia (1979), en el que nos transporta a la Inglaterra de 1960s, época en la que la subcultura Mod vivía su esplendor. El filme gira en torno a los Mods, quienes se caracterizaban por ser chicos de clase media, vestidos con parkas verdes del ejército junto con moda de otros países europeos como Italia, de dónde proviene su transporte insignia: los scooters de Vespa y Lambretta. Escuchaban jazz, soul y ska, consumían anfetaminas y no titubeaban a la hora de enfrentarse a golpes con los Rockers, subcultura basada en el Rock n’ Roll de la época. Estas riñas llamaron rápidamente la atención de los medios, que hacían todo por captar las batallas campales entre Mods y Rockers, las más famosas teniendo lugar en las playas de Margate y Brighton.

Jimmy Cooper (Phil Daniels), nuestro protagonista, vive con sus padres y su hermana. Como el Mod que es, Jimmy pertenece a una banda en la que encontramos a sus amigos Dave (Mark Wingett), Chalky (Phil Davis) y Spider (Gary Shail). Todos en sus años adolescentes, montados en scooters italianos y con “azules” (píldoras) en sus bolsillos. Al principio del filme, Roddam nos presenta una situación de conflicto en unas duchas públicas, ofreciendo un vistazo en la vida de las clases bajas de la sociedad inglesa en aquella época; Jimmy escucha a alguien cantando “Be Bop A Lula” (de Gene Vincent) en la cabina de al lado, a lo que responde cantando “You Really Got Me” (de The Kinks). El sujeto lanza su cepillo de baño a la cabina de Jimmy, éste se levanta listo para un enfrentamiento y descubre que aquel sujeto es su amigo de la infancia Kevin (Ray Winstone), quien recién regresaba de haberse enlistado en el ejército. Ambos van a un café cerca de sus rumbos, donde Kevin, vestido de cuero, se revela Rocker ante nuestro protagonista Mod. Dicha amistad ahora parece no tener lugar en el futuro, pero ésta dura lo suficiente para otorgarnos uno de los momentos más introspectivos del filme: Jimmy confiesa que eligió ser un Mod para no ser como el resto de las personas. Para ser alguien.

Quadrophenia 3
Poster británico de Quadrophenia (1979)

Jimmy también es el protagonista de la ópera de rock homónima escrita por The Who en 1973, obra en la que se basó Roddam para dar vida a Quadrophenia junto con The Who Films. La música de la banda inglesa tuvo que ser arreglada para guitarra y batería por decisión del director, pues originalmente fue compuesta para cuerdas y una gran orquesta. Podría esperarse que el filme gire en torno a la mítica banda, pero ésta no toma un papel protagónico. Salvo por algunas escenas al principio y al final, podría decirse The Who tiene una participación muy sutil, pero esos minutos en que aparece en pantalla son algunos de los momentos más memorables del filme. Uno de éstos tiene lugar en una fiesta en la que Jimmy pone un vinilo en la tornamesa y sale de la habitación apagando la luz, aumentando así la tensión generada por el grupo de adolescentes que eufóricamente bailan y cantan al ritmo de “My Generation.”

En Quadrophenia encontramos escenas con planos cerrados y colores oscuros que capturan la ultraviolencia de estos adolescentes confundidos. Las actuaciones en general son muy buenas, pero si alguien destaca es precisamente el protagonista. Si transmitir perfectamente la gama de emociones que conlleva un proceso de auto-descubrimiento ya de por sí es difícil, a eso le agregamos que el personaje pasa la mayor parte del filme consumiendo drogas y lidiando con una aparente esquizofrenia. El resultado es una soberbia actuación por parte de Phil Daniels en el papel de Jimmy. Dentro del reparto también encontramos a un joven Gordon Sumner, mejor conocido como Sting, vocalista de The Police, en el papel de Ace Face.

“Para el Mod cool, llamado Ace Face, necesitábamos a alguien muy imponente. Ya le había dado el papel a otro actor, pero alguien mencionó ‘deberíamos ver a este chico que era maestro y se volvió músico, vive en Londres y es bien parecido’. Le dije a los actores más rudos del reparto que intimidasen a Sting en una escena improvisada, y a este, que no solo resista la intimidación, sino que le dé vuelta. ¡Los dejó como tontos!” Mencionó Franc Roddam en una entrevista.

Sobre la dirección del proyecto, Roddam aclaró: “La mayoría de los filmes de la época trataban de éxito, especialmente las películas americanas. Siempre eran sobre los tipos más rudos o los mejores amantes. Entonces pensé, es curioso que el 99% de las personas fracasan 99% del tiempo y nunca lo retratamos así en el cine. Con Quadrophenia quise plantear problemas reales, en vez de heroísmo, valentía y coraje.” Roddam también colaboró en el guión; cuando se reunieron, el productor Roy Baird y el manager de The Who le entregaron un guión de 220 páginas, cuando usualmente el formato no pasa de las 120. Por si esto fuera poco, aquel guión lo había escrito un fan de la banda.

Mas allá de la nostalgia que evoca la música de The Who o la representación de una subcultura urbana de un tiempo específico puesta en escena para la gran pantalla, Quadrophenia mantiene su frescura al día de hoy por la esencia de su relato. Ésta es una historia sincera acerca del descubrimiento de una identidad en conflicto y con mucha pasión. Es la vida de Jimmy, un adolescente perturbado con el que todos llegamos a empatizar al final, para bien o para mal.

Fuentes:

Barnes, Henry. (2011) Franc Roddam: from parkas to the perfect shuffle. The Guardian: https://www.theguardian.com/film/2011/nov/09/franc-roddam-quadrophenia-interview

Hamilton, Michael. (1970) 30 Years of Quadrophenia: Director Franc Roddam, from Teesside, speaks. NE 4 Me: http://www.ne4me.co.uk/celebrities-3/quadrophenia-director-roddam-teesside-14.html

The Riot Club: Reflejo inglés del Mirreynato mexicano

FILTHY, RICH, SPOILED, ROTTEN.

The Riot Club douglas booth sam claflin max irons

Natalia Martínez: @NataliaMa2

Elitismo, prepotencia y machismo son tres de las muchas características que describen a los miembros de The Riot Club, una sociedad exclusiva y ancestral de la Universidad de Oxford a la que solamente pueden acceder los hijos de los personajes más relevantes o económicamente privilegiados de Gran Bretaña. Los requisitos para lograr formar parte de este grupo universitario que ha logrado prevalecer generación tras generación, son estar en la cumbre socio-económica, ser hijo de algún político o personalidad distinguido, lucir siempre bien, haber ido a algunos de los colegios posh de Inglaterra y tener la actitud y las ganas de llevar tus impulsos hedonistas al extremo. Diez niñatos, guapos, atléticos y siempre bien vestidos, que parecen inofensivos pero bien son capaces de quebrajar cualquier ley, destruir lo que deseen, conseguir lo que apetezcan, sin encontrarse con ninguna represalia. They can always pay their way out of every mess. El resultado: la impunidad que llevará a aquellos jóvenes atroces a posicionarse detrás de los escritorios más influyentes de la nación. ¿Por qué será que este filme me huele tanto, pero tanto, a México?

“El Mirreynato es un régimen moral donde predominan la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social. El Mirreynato es un régimen en el que todos los mexicanos, de alguna manera, participamos.” Ricardo Raphael, El Mirreynato 

El viernes pasado, en la sala de proyecciones de la Academia de las Ciencias Cinematográficas de España se proyectó por primera vez en la península Ibérica y como parte del 25 Festival de Cine de Madrid, la película de Lone Scherfig: The Riot Club (2014). El filme es un crudo retrato de la alta sociedad británica. Contaba la directora, en la presentación del filme, que lo que quería era poner un espejo frente a las personas que conforman las altas esferas inglesas; hacerlos darse cuenta de su manera de pensar y actuar.

El exclusivo grupo universitario, conformado por diez de los “mejores” niños de Oxford, está claramente inspirado en el Bullingdon Club – grupo al que perteneció el ex primer ministro David Cameron y el anterior alcalde de Londres, Boris Johnson. La fraternidad, así como en el filme, se caracteriza por festejar una cena al año en la que destruyen, bandalizan, el restaurante o el sitio donde hayan decidido llevar a cabo el suntuoso festejo. Al final, no importa qué tanto daño material, físico o psicológico hayan causado, pagarán lo que sea para que nadie se entere del altercado, salir impunes y continuar con sus ambiciosos planes profesionales como si nada nunca hubiera pasado.

Intentaré no entrar en detalles, así compararán ustedes mismos – con algo de nauseas – lo que se narra en The Riot Club con el nepotismo y la impunidad ya esencial en naciones como la nuestra.

Ver el filme, es enfadarse con la dinámica colectiva que carece notoriamente de cualquier lógica humana, de empatía. Es también un excelente pretexto para interesarse aunque sea un poco por los problemas sociales que aquejan y hunden a este país que alguna vez fue grande.

Hace apenas dos años, Ricardo Raphael publicó su libro Mirreynato, la otra desigualdad, su lectura podría formar parte de un ejercicio de estudio sociológico que se remataría con el screening de esta película de Lone Scherfig.

Raphael, a través de este libro, cimentó un análisis de la construcción, acceso y permanencia en el poder mexicano: un estudio de las élites, de la corrupción, la impunidad, el nepotismo y, por ende, la falta de democracia. Esto a través de un montón de extravagantes anécdotas muy parecidas a las de los miembros de The Riot Club. El espectáculo que dan estos jóvenes en sus viajes al extranjero, las reglas que rompen a sabiendas de que no habrá castigo alguno por su comportamiento. “…una tribu urbana que desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana.”

La presunción de arremangarse la camisa para que se asome el rolex, la prepotencia de creerse superior solamente porque papá paga para reparar sus vidrios rotos o porque el hombre de la cadena en el antro se sabe su nombre. El que recaiga su valor como persona en la enorme hebilla de un cinturón Gucci de mal gusto, o en el patrón de un bolso Louis Vuitton. La ostentosidad de un Moët recorriendo los pasillos del antro con luces de bengala que atraiga a mujeres que buscan una copa de esa champaña y, con suerte, ser después madres que inculquen la tradición hedonista. Los proyectos tan banales que financia el progenitor y ese poco interés por saber más, conocer más, informarse más, ser humanamente más que un tipo que va y viene en coches de lujo, sin capacidad de crítica o empatía. Ser los únicos que pueden hacer algo por que las cosas en el país mejoren, pero que su mente siga centrada en factores triviales, fútiles. Si la elegancia es el atributo de la belleza sencilla y culta, todo lo anteriormente mencionado puede bien ser catalogado como naco.

Le comenté a Lone, la directora danesa, lo mucho que se parece su filme al sistema de poder “hereditario” de mi país. Cómo la actitud de los miembros de este grupo se parece en gran medida a la postura de muchos jóvenes mexicanos que no tienen idea del esfuerzo que implica para la gran mayoría el llevar comida a casa. Ricos, bien vestidos, guapos, que consiguen siempre lo que quieren- capaces de pagar su boleto de salida de cualquier complicación- nuestros gobernantes del mañana.

“Mientras se escribía el guión, pensamos en darle a la película un desenlace que le agradara más al público. Optamos, al final, por acercarla lo más posible a la realidad. Y la realidad, la mayoría de las veces, no es algo que guste.” Me comentó.

Así que, por más sorprendente que parezca, esta producción, relativamente nueva y con un reparto que va desde Sam Claflin, Max Irons hasta Natalie Dorman, se parece más de lo que debería a nuestro México actual.

Lo único que me queda decir es que así como hay que leer el libro de Ricardo Raphael, hay que dedicarle dos horas de nuestro tiempo a esta película. Porque es raro que un filme británico se parezca tanto a la realidad en México. Es raro que un largometraje deje a su público con los ojos nublados, la cabeza divagante y un nudo de vergüenza atrancado en la garganta. Es raro, pero para eso está el arte, para denunciar, para sacudir, para despertar y Lone Scherfig lo logró. No en vano fue galardonada en esta edición del Festival de Cine de Madrid con el premio Mirada Internacional.