Phantom Thread; el delgado hilo entre la pasión y la obsesión

Jose Hernández: @josechj7

No suelo ver muchas películas cuya trama gire en torno a una relación de pareja. Tanto así, que cuando las mencionan no tarda en aparecer la filmografía de Woody Allen en mi cabeza, quizá mi única referencia al tema. Mi conocimiento sobre este filme era muy limitado, por no decir nulo, ya que sólo sabía sobre sus nominaciones en los próximos premios de la Academia y había leído unos cuantos tuits en mi timeline dando visto bueno del mismo. Generalmente son más motivos y vivencias los que despiertan mi curiosidad y eventualmente me llevan a mirar por primera vez una película, pero me alegra haber descubierto ésta sin saber qué esperar. Compré mi boleto, una botella de agua, y así sin más me preparé para conocer el 8º filme de Paul Thomas Anderson, El hilo fantasma (Phantom Thread, 2017).

El director estadounidense nos presenta una historia situada en la Inglaterra de los años 50, donde la industria de la moda estaba más que recuperada de la guerra y que tenía por bastión la capital británica. En Londres, Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis en su aparente última interpretación en pantalla) es un reconocido modisto que junto a su hermana Cyril (Lesley Manville) se encargan de vestir a la alta sociedad inglesa. Los vestidos de la casa Woodcock son idealizados por mujeres de todo el país por no ser una simple prenda de vestir, sino piezas de arte cuya perfección se logra gracias a la obsesión de un Reynolds muy exigente con su trabajo. Esta misma obsesión lo lleva a la imposibilidad de mantener una relación duradera con una pareja, mucho menos creer en el matrimonio.

Al principio conocemos a Johanna, una pareja muy breve del protagonista que es “despedida” tras haber molestado a Reynolds en un esfuerzo por recuperar su atención a la hora del desayuno. Woodcock no tiene tiempo para las confrontaciones. Cyril aconseja a Reynolds pasar la noche en su casa de campo y él accede sin pensarlo mucho. En un restaurante de la provincia inglesa, el destino junta a Reynolds con Alma (Vicky Krieps), una joven mesera quien desde ese momento pasará a tomar el papel co-protagónico en el filme. La pareja accede a que Alma viva en la casona donde se confeccionan los vestidos Woodcock. El resto habrá que descubrirlo uno (aprovechen que sigue en algunos cines).

Siendo Phantom Thread la primera película en que Paul Thomas Anderson se encarga por completo de la fotografía, el realizador añade a esta obra algo más humano y personal, apoyado en bellísimos primeros planos y detalles que reflejan fielmente las emociones e inquietudes de sus personajes. El filme nos habla de pasión. De Reynolds Woodcock, atormentado profundamente por la muerte de su madre, de quien aprendió el oficio que elevó a arte; y de Alma, perdidamente enamorada y desesperadamente buscando la manera de conservar a Reynolds bajo los encantos de su afecto.

La rutina de nuestros personajes y la ambientación en la burguesía inglesa de la época -aunque la mayoría de la trama suceda en el interior de la casa Woodcock- van de la mano con la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood (de Radiohead) quien ha colaborado previamente con el director en There Will Be Blood (2007), The Master (2012), Inherent Vice (2014) y Junun (2015). Para Phantom Thread, Greenwood usó una orquesta de sesenta integrantes que entre sutiles movimientos de piano e instrumentos de cuerda con sonidos melancólicos, logran vestir perfectamente la narrativa construida por Anderson. El compositor ha mencionado que la referencia principal fueron las grabaciones de Glenn Gould interpretando la obra de Johann Sebastian Bach.

“La mayoría de la música británica de los 50s es muy amanerada, y si hay algo que éste filme no es, o al menos su protagonista, Reynolds Woodcock, es amanerado. Así que en vez de eso pensamos qué tipo de música escucharía él, y eso me llevó a componer algo más austero, más rígido.” – Greenwood en una entrevista para National Public Radio Inc.

En la misma entrevista, el miembro de Radiohead también habló sobre su relación con Paul Thomas Anderson y cómo fue trabajar con él nuevamente.

“Es un lento proceso de pruebas, en cierta forma. [P.T.A] me mandaba pistas sobre lo que estaba escribiendo, luego el guión y luego secuencias de video. Es un verdadero diálogo: Hablábamos de nuestras ideas hasta llegar a un consenso. Después, empecé a enviarle grabaciones de piano. Él seguía diciendo ‘¡dame más cuerdas!’ incluso usó la frase ‘big-ass strings‘” – Greenwood.

House of Woodcock”, pieza con la que despega el filme, es tocada en repetidas ocasiones a lo largo de sus 130 minutos de duración. Respecto a esta última, Greenwood mencionó:

“Envié una grabación desde mi iPhone de mí tocando el piano y él la repitió y la puso en todo el filme, al punto de que estaba volviendo loco a todos. Luego él dijo: ¿Puedes hacerla más larga, componerla para cuerdas?”

La evolución en las piezas “Phantom Thread I-IV”, además de ser las piezas más destacadas de la banda sonora, nos pone directamente en la psique de los protagonistas, y de golpe nos encontramos ante toda la complejidad de sentimientos que alberga una mente obsesiva. El trabajo de Paul Thomas Anderson me sorprendió y me llevó de la mano por una historia acerca de la frágil línea entre la obsesión y la pasión, producto del amor que le tiene una mujer a un hombre que, a su vez, está enamorado de su arte.