Anomalía, una animación muy humana

David Azar: @DavidAzar93

ANOMALISA

Desafortunadamente, muchos espectadores vivimos dentro del paradigma de que el cine de animación es una técnica cinematográfica de connotación infantil, y aunque muchos estudios, incluyendo el mismísimo Pixar Animation, han demostrado lo opuesto en varias ocasiones, esta idea prevalece. Muchas veces preferimos pasar por alto películas de animación, se las dejamos a los niños, y ese mismo número de veces podemos perdernos excelentes historias contadas por medio de técnicas visuales impresionantes. Deberíamos darnos el gusto de disfrutar más del mundo animado, pues la variedad ya existe. Yo en lo personal les recomiendo mucho las aportaciones del estudio japonés de animación Ghibli Studios, fundado por el artista de animación y genio Hayao Miyazaki, en 1985.

El año pasado, el Festival Internacional de Cine de Venecia otorgó el gran premio del jurado a una cinta de animación. Se trata de Anomalisa (2015), el nuevo proyecto cinematográfico de Charlie Kaufman, en co-dirección con el animador Duke Johnson. Kaufman es famoso en el mundo del cine por sus guiones con narración abstracta, en los que siempre trata la angustia del ser humano como producto de sus crisis existenciales. La síntesis del cine de Kaufman, podríamos decir, es la del personaje principal como un sujeto incomprendido por la sociedad, cuando en realidad lo que nos quiere transmitir el guionista es que todos somos ese sujeto, pues todos gozamos de esas características humanas, o más bien defectos, que nos hacen seres complejamente imperfectos y absurdos. Anomalisa no es la excepción de la regla, sino la reafirmación de la firma de Kaufman, y esta vez el cineasta optó por colaborar con Johnson (conocido principalmente por la serie animada Mary Shelley’s Frankenhole) para contar su historia por medio de la técnica de animación de stop-motion.

Anomalisa cuenta la historia de la depresión y alienación de un miserable y un tanto famoso autor de libros de auto-ayuda llamado Michael Stone (David Thewlis), quien en un plazo de dos días conoce a Lisa (Jennifer Jason Leigh) y todo parece cambiar en su vida para bien. Así comienza esta magnifica historia que –ojo- de feliz no tiene mucho. Más bien se trata de la inalcanzable búsqueda de un individuo por la respuesta de la insatisfacción que le provoca la sociedad, de esa monotonía que el resto de la gente le refleja y el hartazgo que le ocasiona, incluyendo su propia familia. Esta idea es brillantemente representada con Tom Noonan interpretando las voces del resto de los personajes de la película.

En cuanto al aspecto técnico del proyecto, bueno, se podrán imaginar los meses depositados de excesiva paciencia y trabajo arduo para llegar a simular por medio de títeres una película que trata de evocar la realidad tal y como se nos presenta. Johnson cuenta que tan solo la escena de sexo le tomó seis meses poder animarla de manera que se vea realista y no cómica. La película estaba planeada como un cortometraje, con una duración de aproximadamente 40 minutos, pero el proyecto despegó la creatividad de estos artistas lo cual les inspiró hacer un largometraje. Para una idea más pictórica del proceso de realización de Anomalisa, les compartimos el siguiente video (cortesía de Movie Clips):

El golpe lo da la película justo al final con la estrategia de construir de poco a poco la historia en torno a dudas y situaciones aparentemente sin fundamento, para luego darnos una bofetada cargada de cabos atados. Kaufman cierra su obra maestra con la idea más desgarradora y probable síntesis de la película: se trata de un ciclo vicioso que estamos condenados a repetir el resto de nuestras vidas.

Desde allá: el fin justifica los medios con Lorenzo Vigas

David Azar: @DavidAzar93

Desde allá 1

Como bien ya había mencionado anteriormente, los frutos de Lucía Films se lucieron en la edición 13 del Festival Internacional de Cine de Morelia, y una de sus producciones en particular llamó mucho mi atención. Se trata de la ganadora del León de oro de este año en Venecia: Desde allá (2015) del venezolano Lorenzo Vigas. Se trata de una coproducción entre México y Venezuela en donde Gabriel Ripstein, Guillermo Arriaga y Michel Franco ejercieron de productores por el lado mexicano, y Vigas, Rodolfo Cova y el actor Edgar Ramírez por el venezolano.

La cinta cuenta con los elementos anatómicos típicos de las producciones de Franco: planos sostenidos por mucho tiempo; diálogo seco, golpeado y preciso; travellings por la espalda; y la explosión narrativa al final que libera la tensión que carga toda la cinta a lo largo de su metraje. En mi opinión personal, Vigas maneja mejor tanto la cuestión técnica como la narrativa que el resto de los directores en la cantera de Lucía Films; encuentro en él a un realizador más maduro y con un estilo sobrio que sobresale por encima de sus colegas, incluso cuando incursiona apenas al largometraje con la película en cuestión.

Desde allá es un engaño elegante desde el principio. Se nos pinta de thriller pasional para luego jugar con nuestras percepciones. El personaje de Armando (interpretado por un magnífico Alfredo Castro) representa el arquetipo del minucioso, maquiavélico y determinado a fin de extirpar una espina de la vida. Por medio de rutinas cotidianas y convencionales y prácticas fetichistas e indiscernibles, nos cuesta mucho trabajo definir su personalidad, y esto lo convierte interesante hasta el último momento. El contraste entre Armando y Elder (caracterizado por un joven y talentoso Luis Silva) es brillante; Vigas explora la frontera de las personas en muchos aspectos, desde algo tan imprescindible como la edad hasta conceptos más complejos como el estatus socioeconómico y el entendimiento de la estructura familiar y el patrimonio que ésta representa.

El estudio psicológico de estos dos personajes se concentra en el enfoque humano, sobre todo en el caso de Elder. La relación entre ambos personajes desnuda poco a poco los traumas, temores, deseos y culpas de ambos, pero Elder es el que cuenta con la debilidad emocional más fuerte de los dos, y la manipulación juega un rol importantísimo en la trama. Prefiero no extenderme en este ámbito, pues puede que amortigüe la sorpresa que Vigas tiene preparada para ustedes, de la que puedo presumir que gocé mucho. El final de la película es impactante.

Hay cuestiones inconclusas que el director plantea y nunca termina de explorar, pero que curiosamente no resulta necesario el revelarlas. Por ejemplo, el significado del padre de Armando en sus traumas. Este detalle de la película nos puede llegar a carcomer la curiosidad y muchos dirían que Vigas no supo atar bien sus cabos; yo, más bien, me voy por la idea de una estrategia narrativa que resulta eficaz en el campo del thriller, y que, para ser el primer largometraje del director venezolano, lo ejecutó de manera excelsa.

Quiero concluir con una amplia recomendación de la película que, hago notarles, no es un thriller que todos pudiéramos disfrutar en su totalidad, pero los que lo hagamos lo apreciaremos mucho, entre tantas otras cosas, por su original acercamiento a uno de los temas que siguen siendo tabú incluso en el séptimo arte: la homosexualidad. Desde allá representa una fresca mirada al thriller latinoamericano y también es evidencia de la expansión territorial de Lucía Films.